Siria VII. Iglesia Oriental. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
En la actualidad residen en S. dos Patriarcados nominales de Antioquía separados de Roma: el melquita y el jacobita (V. ANTIOQUíA DE SIRIA V y VI).Patriarcado melquita ortodoxo de Antioquía. Después de la ocupación árabe en el s. VII, los melquitas (v.), que seguían la liturgia siria, se pasaron gradualmente a la liturgia bizantina de Constantinopla, abandonando su antigua liturgia propia. Aunque en un principio quisieron permanecer al lado de Roma, con el tiempo, estos cristianos siro-antioquenos bizantinos se inclinaron del lado de Constantinopla, contra la jurisdicción de Roma. A ello contribuiría no poco la institución, por los latinos, de un patriarcado latino en la misma Antioquía. Aun así, su patriarca Teodosio V firmó en el Conc. de Lyon (v.), en 1274, el acta de unión con Roma, junto con los demás ortodoxos constantinopolitanos. Al no aceptar la unión el pueblo bajo, el patriarca Teodosio prefirió resignar su sede a ser traidor a la palabra dada. Pero el patriarcado como tal volvía al cisma, aunque quedaran acá y allá algunos católicos dispersos. Nueva unión en el Conc. de Florencia (v.) donde el patriarca melquita antioqueno aceptó los decretos unionísticos; el patriarcado volvió a caer en el cisma cuando los turcos ocuparon el territorio, cortando todo contacto con Occidente. No obstante, parece que seguía una cierta tendencia a la unión con Roma, por lo que los constantinopolitanos intensificaron su influencia religiosa sobre los antioquenos melquitas. Al morir en 1724 el patriarca Atanasio III, fue escogido para sucederle Serafín Tanas, que había estudiado en Roma, y tomó el nombre de Cirilo VI (1724-59). Hubo una reacción por parte del partido antirromano, que escogió, por su parte, al ortodoxo Silvestre de Chipre, que desplazó al patriarca católico Cirilo, con la aprobación expresa de los turcos. Cirilo se retiró a un monasterio del Líbano. Desde ese momento existe ya una doble serie de Patriarcas bizantinos o melquitas en Anquioquía, el católico como sucesor de Cirilo, y el ortodoxo como sucesor de Silvestre.Se siguió una persecución violenta contra los católicos, que fueron obligados por las autoridades turcas a la sumisión al patriarca ortodoxo. Por su parte, los ortodoxos, siempre controlados por los bizantinos, recibían de Constantinopla indefectiblemente Patriarcas de origen, no sirio, sino griego. Hasta que en 1899 consiguieron se les diera un Patriarca de su propia raza y pueblo; lo fue mons. Melecio Daoumani, que sucedía al griego depuesto el año anterior, mons. Spiridion. Falleció en 1906, y fue reemplazado por otro nativo sirio, mons. Gregorio IV Haddad, a despecho de las intrigas de Constantinopla. Éste moría en 1928, y a su muerte estalló una crisis interna, que dividió a los melquitas sirios en dos bandos: el de Damasco y el del Líbano. Fracasaron todas las tentativas ulteriores de conciliación, por lo que hubo durante algún tiempo dos Patriarcas ortodoxos melquitas. La crisis duró dos años. Al morir en 1933 el patriarca Arsenio Haddad, quedó reconocido por todos el otro patriarca, Alejandro Tahhan, aunque no desaparecieron del todo las discusiones. En la actualidad, este patriarcado cuenta con unos 435.000 fieles.Patriarcado jacobita de Antioquía. Los jacobitas (v.) de S., como dice Janin, surgieron bien de un cisma que de una herejía. Una gran parte de clérigos y fieles se negó a aceptar las decisiones del Conc. de Calcedonia (v.) que condenó el monofisismo (v.) eutiquiano, porque creían -erróneamente, por cierto- que se oponía a la doctrina de S. Cirilo de Alejandría. Desde el 451 hasta el 518 en que intervino el emperador Justino, hubo en Antioquía una situación ambigua, entre seguidores y enemigos del Concilio. En la sede antioquena alternaban patriarcas ortodoxos (católicos) y monofisitas, según que los emperadores bizantinos se mostraran o . no partidarios del Concilio. El más célebre de todos fue el patriarca Severo de Antioquía, que dio un fuerte impulso al monofisismo verbal, a la vez que impugnaba el monofisismo real de Eutiques. Justino se inclinó por la recta doctrina del Concilio, y su sobrino Justiniano (v.) hubiera acabado con el cisma, si por otro lado su esposa, la emperatriz Teodora, no se hubiera mostrado favorecedora de los descontentos. Por su intervención fueron consagrados dos nuevos obispos disidentes, que sucedieran a los encerrados en las cárceles o enviados al destierro: el monje Teodoro, consagrado como obispo de Bostra, de toda Arabia y de Palestina, y que desaparecía luego sin dejar rastro de su persona; y el también monje Jacobo Baradeo, quien, como obispo de Edesa, extendió su jurisdicción a S., Mesopotamia y Asia Menor. Éste es el fautor propiamente de la Iglesia siria monofisita de Antioquía, a la que daría, de su nombre de Jacobo, el apelativo común de jacobita. Su origen puede datar del 543, fecha de su consagración episcopal.Con ello comenzaba una doble jerarquía, pues los jacobitas solían fundar sus obispados en las ciudades en que ya existían los católicos. Luego tuvo lugar la invasiónárabe, recibida y bien aceptada por los monofisitas, como reacción contra los bizantinos. La misma buena inteligencia con los árabes habría de ser una desgracia para los jacobitas, pues una buena parte de ellos se pasaría progresivamente al mahometismo. No obtuvo éxito la reconquista de S. por los bizantinos en el s. X, pues muchos de los jacobitas prefirieron trasponer las fronteras sirias. Durante el s. XIII hubo varias tentativas de unión, pero sin resultado positivo. Y así siguieron hasta el s. XVl. En el XVII se les unió, sin esperarlo de su parte, una buena fracción de los cristianos rebeldes del Malabar, que aceptaron la jurisdicción y el rito siroantioqueno. A partir del siglo anterior, la historia de los monofisitas sirios se resume casi toda ella en las gestiones llevadas por un lado para la constitución de una Iglesia siria católica unida, y por otro en las persecuciones de los que quedaban como jacobitas contra todos los partidarios de esa unión. Desde entonces ha perdido vigor el patriarcado jacobita, pues va ganando terreno el catolicismo entre sus adeptos. En sus tiempos de mayor esplendor, los jacobitas de S. llegaron a tener hasta 20 metropolitas y 103 obispos. A fines del s. XVI ya no había más que 20 diócesis. En la actualidad sólo son siete metropolitas y dos obispos, con unos 130.000 fieles.Á. SANTOS HERNÁNDEZ.
BIBL.: Á. SANTOS, Iglesias de Oriente, II, Santander 1963, 88-96 y 310-314.
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