Sicilia II. Historia. HIST.
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Historia
Edad Antigua. Inicialmente comprendida, al parecer, dentro de los límites de la civilización micénica, S. se encontró después aprisionada entre la civilización semítica de los fenicios por Poniente, y la griega por Levante. Los jonios fundaron las colonias de Náxos, Lentini, Catania y Zancle (Mesina). los dorios las de Siracusa (v.) y Megara, y los cretenses la de Gela. En el s. VI a. C. se produjo un movimiento de expansión con la fundación de las grandes ciudades de Siracusa, Agrigento (v.) y Selinonte. La colonización griega provocó, sin embargo, una serie de sublevaciones indígenas que dieron lugar, en el s. V a. C., a las dictaduras democráticas y después dinásticas de Gela y Agrigento, y a la oligarquía de Siracusa (v. MAGNA GRECIA). Los cartagineses (v.) intentaron contener la expansión griega, pero fueron derrotados por las fuerzas conjuntas de Agrigento y Siracusa (480 a. C.).Tras la guerra entre Esparta y Atenas, comenzó en S. la lucha entre las colonias dorias y jonias, que provocó la intervención de Atenas. Esta amenaza ateniense indujo a todas las colonias a unirse y proclamar la independencia de S. con respecto a Grecia (424 a. C.). El ejército ateniense fue así duramente derrotado por los siracusanos (413 a. C.). De ello se aprovecharon los cartagineses, que en el 409 destruyeron varias ciudades. Siracusa emprendió la lucha bajo la dictadura de Dionisio I (405-367), que derrocó a los cartagineses y transformó el Estado siracusano en uno de los más potentes del Mediterráneo. A su muerte, S. fue presa de la anarquía, de la que se aprovecharon los cartagineses. Siracusa supo rehacerse, primero bajo la oligarquía de Timoleón y, más tarde, bajo la dictadura de Agatocles. Fallecido éste (289 a. C.), S. recayó en la anarquía, encontrándose así nuevamente bajo la amenaza cartaginesa. Las colonias griegas se vieron entonces obligadas a buscar ayuda en el rey Pirro (280 a. C.), pero a continuación delchoque entre Roma y Cartago, S. se vio envuelta en las guerras púnicas (v.). Conquistadas Agrigento y Siracusa (212 a. C.), los romanos expulsaron de S. a los cartagineses, tomando posesión de su primera provincia. S. se transformó así en el granero de Roma. En el 43 a. C., Sexto Pompeyo se adueñó de la isla, pero en el 36 a. C. fue recuperada por Augusto, que la hizo provincia senatorial.Edad Media. Caído el Imperio romano, S. pasó, en parte, al control de los vándalos, pero las discordias internas hicieron fácil la conquista de la isla por parte de los bizantinos (535), que la convirtieron en provincia propia con Siracusa por capital. Pero S. fue víctima de varias revueltas militares, que culminaron con la de Eufemio, en el 826. Éste pidió ayuda a los árabes, que aprovecharon la ocasión para conquistar S. (831-878), la cual pasó de este modo a ser una provincia del Estado aglabí hasta el 910 y, más tarde, de los Fatimíes egipcios, transformándose en el 960 en principado hereditario bajo la dinastía de los Kalbíes (948-1040), que inició en la isla una gran acción de renovación cultural y resurgimiento económico, fraccionando el latifundio e introduciendo nuevos cultivos. Pero una guerra civil determinó la caída de los Kalbíes y la ruptura de la unidad política de S. En 1061 el emir de Siracusa, para defenderse del de Agrigento, pidió ayuda al conde normando Roger, el cual aprovechó la circunstancia para conquistar la isla (1061-91).Bajo los normandos, S. recuperó su unidad política. Éstos eliminaron la anarquía feudal, transformaron el ejército en un instrumento en manos del rey y centralizaron la administración de la justicia y las finanzas. Roger I I (1113-54) hizo de Palermo (v.) la capital del nuevo reino, y favoreció el arte y la cultura. S. tuvo que afrontar una grave crisis interna, en el reinado de Guillermo I (1154-66), que fue resuelta por su sucesor Guillermo I I (1166-89), quien llegó a un acuerdo con el emperador Federico Barbarroja (v. FEDERICO I DE ALEMANIA), dando como esposa a la heredera de la dinastía normanda, Constanza, al heredero de la dinastía sueba Enrique VI (1184). Muerto Guillermo II, tras una primera y desafortunada incursión en Italia, Enrique VI de Alemania (v.) conquistó S. y ciñó la corona imperial en Palermo (1194). La casa sueba se convertía así en señora directa de S. A la muerte de Enrique VI (1197), Inocencio III hizo prestar juramento de vasallaje de la viuda, Constanza, y al pequeño Federico, transformando la isla en una prolongación del Estado Pontificio. Pero a su muerte, Federico II de Alemania (v.), coronado Emperador por Honorio III (1220), se desinteresó de Alemania e intentó actuar en S. según su ideal político.Dominada la nobleza insular y alejados los legados pontificios, con despiadada energía transformó.S. en el primer Estado verdaderamente moderno, haciendo pasar el poder, a través de las Constituciones de Melfi (1231), del feudalismo a una rígida y centralizada burocracia, y sofocando las aspiraciones de autonomía de las ciudades comunales, puestas bajo el control de funcionarios nombrados por el rey. En la corte de Palermo de Federico II floreció también un gran movimiento cultural que dio origen, con la escuela poética siciliana, a la lírica italiana. Muerto Federico II (1250), fue coronado rey de S. su hijo Manfredo, quien en pocos años adquirió gran dominio en Italia; pero fue derrotado por la oposición pontificia, que para vencerle se sirvió de Carlos de Anjou (v.), coronándole rey de S. (1265).El derrumbamiento de la potencia normando-sueba y el establecimiento de los angevinos tuvo como consecuenciael traslado de la capital de Palermo a Nápoles y la sustitución de la vieja aristocracia normando-sueba por una nueva y rapaz aristocracia francesa. Esta situación provocó en Palermo una insurrección antifrancesa (Vísperas Sicilianas, v.; 1282), que no tardó en extenderse por toda S. Al espontáneo movimiento popular se sumó una conjura suebo-aragonesa, que indujo a los sicilianos a ponerse bajo la protección de Pedro III de Aragón (v.). La guerra contra los angevinos terminó con la victoria aragonesa, pero cuando Jaime II de Aragón (v.) intentó ceder S. al Papa, los sicilianos se sublevaron de nuevo, eligiendo como rey al hermano de aquél, Fadrique II (1296-1337), y reanudando la guerra contra los angevinos.Con la paz de Caltabellota (1302), S. pasó a la dinastía aragonesa, que intentó en un principio favorecer las libertades comunales contra las intemperancias de los nobles feudales, pero éstos adquirieron un poder preponderante en el Parlamento, una asamblea de origen normando dividida en tres ramas: feudal o nobiliaria, eclesiástica y nacional (diputados de las ciudades reales). Esto provocó continuas luchas entre feudatarios y comunas y poder regio, llevando a S. a una profunda decadencia política, a la que se sumó una grave crisis económica determinada por la despoblación de los campos, la fuerte competencia peninsular de los típicos productos agrícolas sicilianos (cereales, algodón y azúcar) y por la transformación en pastos de vastas zonas de cultivo. El nombramiento como rey de S. de su hijo Pedro (1337-42) hizo renacer una interminable guerra contra los angevinos y el Papado. A Pedro le sucedió Luis (1342-55), y a éste Fadrique III (1355-77), y S. se vio desolada por la lucha interna de las dos facciones de catalanes y angevinos. Tras una breve victoria de éstos, Fadrique recuperó el poder, y en 1372 se firmó una paz según la cual S. se reconocía vasalla de Nápoles y del Papa. Pero la lucha interna se reanudó cuando Pedro IV de Aragón (v.) hizo coronar rey de S. a su segundogénito, Martín el joven (1392-1409), y concluyó con el reconocimiento por parte de ambas facciones del nuevo rey Fernando I de Aragón, en cuya persona se unían los reinos de Aragón y S. (1412). El envío de su hijo Juan como virrey puso fin a la independencia de la isla, y comenzó el periodo de virreinato.Al conquistar Nápoles (v.) Alfonso el Magnánimo (1441), S. fue unida al reino de Nápoles (v. ALFONSO V DE ARAGÓN). El nuevo soberano, si bien contribuyó a difundir en la isla el nuevo espíritu humanístico, también favoreció los abusos de los barones locales, con lo que la historia del virreinato se estructuró en una tensión continua y en un equilibrio inestable entre el poder central del virrey y los poderes locales de los barones árbitros del Parlamento.Edades Moderna y Contemporánea. En la época de Fernando el Católico (v. FERNANDO II DE ARAGÓN), S. fue virreinato separado del de Nápoles, pero el intento del virrey Moncada de imponerse a los barones suscitó las revueltas de 1516 y 1517. A diferencia de los otros dominios españoles de Italia, en S. fue posible instaurar el tribunal de la Inquisición (1487), que procedió a la expulsión de los hebreos (1492), con grave daño para la economía insular. En la época de Carlos V y Felipe II, S. participó activamente en la lucha contra los berberiscos de África septentrional, mas no obtuvo por ello ningún beneficio. Tras un breve periodo de coyuntura favorable (150183), S. cesó definitivamente de ser una gran exportadora de cereales y cayó en una grave depresión económica, que causó las dos insurrecciones antiespañolas de 1647-48 (Palermo) y 1674-78 (Mesina). Por el tratado de Rastatt (1714) S. era cedida a Víctor Amadeo II de Saboya. Ocupada de nuevo por iniciativa de Alberoni (1718), por la paz de La Haya (1720) S. pasaba a Austria, pero a continuación de la guerra de Sucesión polaca (paz de Viena, 1738) S. volvía a España bajo Carlos de Borbón, conservando, no obstante, su autonomía de virreinato. Los propósitos reformadores de la Corte napolitana chocaron contra los intereses de los barones, y el virreinato, iluminado por Caracciolo (1781-86), no logró poner las bases de una auténtica eversión feudal; es más, tuvo como consecuencia el dar nuevo alimento al tradicional autonomismo siciliano.Durante el periodo napoleónico, S. permaneció fuera del área de influencia francesa, refugio de los Borbones bajo el control militar inglés, que logró convencer a los barones para adoptar un régimen constitucional basado en el modelo inglés. Durante el movimiento insurreccional de 1820 (v. ITALIA V), S. emprendió el camino del autonomismo y tuvo que sufrir la represión militar napoleónica. La represión de los nuevos movimientos de 1837 provocó el desbordamiento de las sectas mazzinianas y el acentuamiento del abismo existente entre los Borbones y S. La revolución estalló violenta en 1848, pero en 1849 el poder borbónico era restaurado por la fuerza. En 1860 Garibaldi (v.) desembarcó en Mesina con 1.000 hombres, y en poco tiempo conquistó la isla. Al sentimiento autonomista de la burguesía se habían sumado las reivindicaciones sociales de los campesinos. Pero Garibaldi defraudó tanto a la masa campesina como a los propietarios, que para restablecer el orden solicitaron la intervención piamontesa y saludaron con alegría la solución de Cavour (v.) del plebiscito para la anexión al reino de Italia (21 oct. 1860).La anexión a Italia no resolvió, sin embargo, los graves problemas de S., que continuó aplastada por una estructura económica atrasada y de profundas divisiones clasistas. Se desarrolló así una fuerte corriente de oposición antigubernativa, que en la mayoría de los casos degeneró en revueltas (1866) y que dio origen a un profundo movimiento socialista revolucionario (Fasci siciliani), violentamente anegado en sangre (1894). A pesar de todo, S. siguió caracterizándose por la presencia de los latifundios, de propietarios absentistas, de sociedades secretas (la Mafia, v., cuya misión era proteger de la justicia a cuantos se enriquecían con el dinero público y organizar el contrabando), un estado de rebelión endémico y de gran emigración. A esto se añadieron tremendos desastres naturales: terremoto de Mesina (1908), erupción del Etna (1910). El fascismo llegó como producto de importación y se quedó como superficie burocrática, pero como consecuencia también el antifascismo permaneció como un sentimiento general que la mayoría de las veces se identificaba con la vieja idea separatista. S. fue ocupada por los angloamericanos en 1943, naciendo entonces el Movimiento para la Independencia de S. (MSI) que tuvo poca fortuna, pero que contribuyó al hecho de que en la Constitución de la República italiana (art. 116) fuese concedido a S. un estatuto autónomo especial.GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: S. F. ROMANO, Breve storia della Sicilia, Turín 1964M. AMARI, Storia dei Mussulmani in Sicilia, Catania 1933-39; E. PONTIERI, Ricerche sulla cris¡ della monarchia siciliana riel sec. XIII, Nápoles 1965; íD, Il riformismo borbonico nella Sicilia del Sette e dell’Ottocento, Nápoles 1965; F. DE STEFANO y F. L. ODDO, Storia della Sicilia dal 1860 al 1910, Bar¡ 1963; S. F. ROMANO, Storia dei Fasci siciliana, Bar¡ 1959; R. ROMEO, Mezzogiorno e Sicilia nel Risorgimento, Nápoles 1963; P. TOGLIATI, La questione siciliana, Palermo 1965.
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