Sevilla II. Historia. HIST.
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Historia
El nombre de S. procede del término árabe Isbiliyya, con el que se denominó la ciudad y su entorno desde la dominación musulmana (712). La historia propiamente dicha de esta provincia comienza con el poblamiento ibérico, del que hay referencias documentales. Los datos de un poblamiento anterior corresponden a la Prehistoria, y sus fuentes son arqueológicas. Del musteriense (100000-35000 a. C.) se han encontrado restos en cuevas de Guadalcanal, al N de la provincia. Al Bronce I (I1I milenio a. C.) pertenecen los dólmenes de las cuevas de la Pastora y Matarrubilla en Castilleja de Guzmán y Valencia del Alcor respectivamente, ambas en la comarca de Él Aljarafe, al O de la provincia. Carmona, casi en el centro de la provincia, ha proporcionado abundante material de la cultura campaniforme (v.), al comienzo de la Edad de los Metales (II milenio a. C.). Sobre este sustrato cultural prehistórico, que abarca gran parte de la provincia, se asienta la civilización de Tartessos, ya histórica, que ha dejado notables exponentes de orfebrería en El Carambolo, del s. VI a. C., y de eboraria (marfil) en Carmona.Comienzos históricos. S., pues, perteneció a la organización política, cultural y económica de Tartessos (v.), destruida por los cartagineses en torno al 500 a. C., y se relacionó con los fenicios y griegos. La población ibera conocida era la de los turdetanos (v. TURDETANIA), que se supone descendientes de los tartesios. Hasta la dominación cartaginesa, posiblemente la localidad más importante fuera Carmona. No se descarta la probabilidad de que en ésta se asentara la capitalidad de Tartessos. Otras localidades iberas de interés, donde dominaban los turdetanos, eran: Écija, Osuna y la actual capital de la provincia. Con el dominio cartaginés se interrumpe la relación comercial con los griegos y se pierde el sentido de la monarquía centralista que parece ser que existió con los tartesios. La economía, latifundaria, giraba en torno a la ganadería y a la producción de trigo, vino y aceite. Una especie de nobleza rica y un proletariado pobre, con mano de obra esclava, marcaban el contraste social que ha mantenido esta provincia durante muchos siglos. El culto al toro (v.) formaba ya parte de la tradición del pueblo sevillano.Dominación romana e invasiones. El dominio cartaginés en toda España termina en la batalla de Ilipa (Alcalá del Río), en el 206 a. C., durante la segunda Guerra púnica (v.). La resistencia de los habitantes de Astapa (Estepa) fue similar a la que años más tarde opusieron Sagunto y Numancia, pero resultó inútil. De este modo, la actual provincia de S. pasa a poder de los romanos, formando parte primero de la Hispania Ulterior y luego de la Bética (v.), que se constituye en el 27 a. C. A esta provincia romana se unen (12-7 a. C.) las tierras de la Baeturia (v.), que en parte correspondían a la actual provincia sevillana. Camino de la penetración romana hacia el S fueron el valle del Guadalquivir y este mismo río, navegable, para las embarcaciones de entonces, hasta la altura de la actual Lora del Río. El Guadalquivir constituía la vía de salida de los productos que se obtenían en la provincia.La dominación romana no se efectuó sin resistencia. Luxinio de Carmona y algunos pueblos de la Baeturia se sublevaron en los a. 197-196. Itálica (v.), fundada por los romanos en el 205 a. C., junto al emplazamiento de laactual Santiponce, tomó parte en las luchas entre sertorianos y metelanos. Notables poblaciones eran, además de la citada Itálica, primera ciudad romana en España, las siguientes: Carmo (Carmona), Hispalis (Sevilla), Ilipa (Alcalá del Río), Astigi (Écija), Urso (Osuna), Astapa (Estepa), Marcia (Marchena), etc. Poblados de cierto interés defensivo eran: Celti (Peñaflor), Axati (junto a la actual Lora del Río), Canamia (Alcolea del Río), Naeva (Cantillana), Caura (Cora del Río), Nabrissa (Lebrija), Orippo (cerca de Dos Hermanas), etc. La provincia de S. no sólo estaba altamente urbanizada sino que también asimiló bien la romanización, pues ya contaba con un pasado cultural elevado. Astigi e Hispalis eran dos de las cuatro sedes de los conventos jurídicos en que se dividía la Bética. La jurisdicción de ambos sobrepasaba los límites de la actual provincia de S., que administrativamente no se corresponde con su pasado histórico.Desde que la navegación se dificulta aguas arriba de Hispalis y se deseca el brazo del río junto al cual se asentaba Itálica, ésta pierde importancia en favor de Hispalis. Así, ya desde época romana, esta población se constituye en cabeza de la actual provincia. César la denomina Iulia Romula; era la pequeña Roma hispánica, bien fortificada, pero de menor importancia que la Córdoba romana y califa]. El nombre de Hispalis, de origen fenicio (Ispal), que S. Isidoro recoge en sus Etimologías, quizá aluda a los palos de las viviendas levantadas en el Guadalquivir.La cristianización de S. comienza antes del s. III por lo menos. La ciudad es destruida, y asesinada la mayor parte de su población, por el vándalo Gunderico (427). A la dominación vándala (411-429) en la provincia sucede la de los suevos (441-456) y la de los visigodos (486-712), sobre una población hispano-romana que apenas se mezcla con los pueblos bárbaros y cuyos lazos con Roma se rompen al terminar el Imperio romano de Occidente (476), aunque persiste la cultura de base romana.Las incursiones de los visigodos (v.) en la Bética datan del 421, y su dominio efectivo en estas tierras no está suficientemente aclarado; aunque puede darse como posible la fecha del 486 (otros creen que antes de la caída del Imperio romano), lo cierto es que la Bética conserva cierta autonomía hasta el reinado de Atanagildo (551-567). Los ostrogodos Teudis (531-548) y Teudiselo (548-549) establecen su corte en S. Durante el reinado de Leovigildo (v.; 568-586), se produce la rebelión de su hijo S. Hermenegildo (v.; 582), nombrado gobernador de la Bética (579), con residencia en S., y convertido al catolicismo. La conquista de S. por las tropas de Leovigildo (584) termina con la escisión de esta zona, en la que sobresalen los arzobispos de S., S. Leandro (v.) y S. Isidoro (v.). Es posible que los bizantinos ocuparan la ciudad de S. (aunque por poco tiempo), llamados por Atanagildo (551), que se levanta contra el opresor visigodo Agila, a quien derrota con ayuda de los bizantinos cerca de S. Las diferencias religiosas entre dominadores (arrianos) y dominados (católicos) no terminan hasta la conversión oficial de Recaredo 1 (v.) y su pueblo visigodo al catolicismo (589).Desde el 712 hasta su conquista por Fernando III el Santo (v.; 1248), S. es dominio musulmán. Algo más de medio milenio de dominación supone bastante para su acontecer histórico. El emir `Abd al-`Aziz fija su residencia en la capital sevillana (714-716), que, desde la constitución del emirato independiente y durante el califato de Córdoba, es decir, del 756 a 1031, es la segunda ciudad más importante de al-Andalus (v.). De su vida económica en esa época puede citarse la cría caballar en las islas del Guadalquivir, al S de S., y la explotación de hierro al N de la provincia. Después del saqueo, durante siete días, de la capital sevillana por los normandos (844), el emir Abderramán II ordena edificar las atarazanas, para la construcción y reparación de barcos, y las murallas. Durante el emirato, hasta la conquista de Écija y S. (913) por Abderramán III (v.), la provincia hispalense mantiene cierta autonomía con la familia Hayyáy, de estirpe árabe. S. era una de las coras o provincias en que se dividía el califato y tenía a su frente un gobernador, que representaba al califa.El reino de Sevilla. Desaparecido el califato (1301), se forman las taifas de Carmona y S. Ésta absorbe a la primera y abarca también parte de las taifas de Córdoba y Granada. Este conjunto territorial, que conquista Fernando III, es lo que se conoce como reino de S. El cadí sevillano Abú-l-Qásim Muhammad ibn `Abbád, fundador de la dinastía de los `Abbádíes, se declara independiente e intenta unir las taifas árabes contra las beréberes. Con su hijo al-Mu’tadid (1042-69), que en 1063 (en este mismo año se trasladan los restos de S. Isidoro de S. a León) se hace tributario de Fernando 1 de Castilla y León, S. se constituye en el centro político de la Andalucía occidental unificada, en la que incluyen las taifas de Mértola (1044), Huelva y Santa María de Algarve (1052), Niebla (1053), Algeciras (1058), Ronda (1059), Silves (1063), Morón (1066), Carmona, Écija y Almodóvar (1067), Arcos y Jerez (1068), y, durante el reinado de al-Mu’tamid (1069-91), el último `Abbádí, se agregan las taifas de Córdoba (1077) y Murcia (1078). El reino de S. llegó a limitar con Toledo, Badajoz y Granada. Para los avatares de los cristianos bajo el dominio musulmán, v. MOZÁRABES (y, luego, III).La independencia del reino de S. termina en 1091, al ser anexionado por los almorávides (v.) a su imperio. Los almohades (v.) conquistan en 1147 S., que pasa a ser la segunda capital, después de Marrakech, del imperio almohade. Terminado prácticamente el predominio almohade en la Península (1212), renace el reino de S., que no tiene ya la extensión ni la importancia que en la segunda mitad del s. XI, y que políticamente depende de los almohades de Marrakech. Alfonso IX de León fracasa en la conquista de S. (1213), que al fin consigue Fernando 111 de Castilla, en cuyo poder caen Osuna (1239), Écija (1240), Alcalá de Guadaira (1246), Carmona y Alcalá del Río (1247), y la capital (1248), en la que reside Fernando III hasta poco antes de su muerte (1252).Tanto este monarca como su hijo y sucesor Alfonso X dan un gran impulso a las atarazanas. En 1254 se crea el Estudio General Literario. Las tierras conquistadas a los musulmanes son repartidas entre los conquistadores, atendiendo a su condición social, y éste. es el origen de muchos de los latifundios del agro sevillano, y uno de los factores que han contribuido a la marcada estructuración clasista de la sociedad sevillana. La capital es sede del almirantazgo de Castilla, desde su creación en la segunda mitad del s. XIII (cfr. F. Pérez-Embid, El almirantazgo de Castilla hasta las Capitulaciones de Santa Fe, Sevilla 1944). Algunas plazas (Écija y Carmona, p. ej.) se pierden en el reinado de Alfonso X de Castilla (v.; 1252-84), con motivo de la sublevación de los mudéjares, pero se recuperan en ese mismo reinado, excepto Utrera, definitivamente conquistada en 1340. Ciudad y provincia viven una larga época de inestabilidad hasta el reinado de los Reyes Católicos (1474-1504), que logran pacificar a la nobleza. De mayores consecuencias fue el enfrentamiento entre el duque de Medina-Sidonia, que poseía amplios territorios en la provincia de S., y el marqués de Cádiz.Segunda gran época. El descubrimiento de América (1492) marca para S. el comienzo de su segunda gran época (la primera fue en la segunda mitad del s. XI), que termina a principios del s. XVIII. En 1503 se crea la Casa de Contratación (v.) con sede en S., aprovechando la tradición mercantil y náutica de la ciudad, de cuyo puerto se calcula que salían unos 100 buques, a mediados del s. XVI, con destino a las Indias. Hasta 1529, el puerto sevillano era el único donde se efectuaba el embarque y desembarque de mercancías comerciables con las Indias, y aunque después se autorizaran otros puertos, el monopolio comercial hispalense continúa de hecho hasta el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz en 1717. Asimismo, el control de personas que querían desplazarse a las Indias, y otras funciones otorgadas a la Casa de Contratación, hacen de S. una gran ciudad, cuya población de 1.500 hab.en 1431 pasa a 45.000 en 1520 y a 121.900 en 1588. En 1470 contaba con imprenta. El antiguo Estudio General se transforma en Universidad, por obra de Rodrigo de Santaella (s. XV). De gran poder gozaba la asociación mercantil Univ. de Mareantes de Nuestra Señora del Buen Aire. En 1548 se crea la Univ. de Osuna, desaparecida en 1820. La corona se hace cargo en 1555 de los yacimientos de oro y plata descubiertos en las cercanías de Guadalcanal por Martín y Diego Delgado; pero su explotación se abandona en el s. XVIII.Desde la peste de 1649 se inicia la decadencia de S., que se acentúa con el terremoto de 1751 y la Pragmática de comercio libre de 1778, aunque la Soc. Económica de Amigos del País (1775) y la actividad de Pablo de Olavide contribuyeran a un cierto desarrollo económico y cultural. S. fue sede, durante algún tiempo (1809), de la junta Suprema Central constituida a raíz de la invasión de las tropas francesas (1808), que ocupan y saquean S. en 1810-12. De 1814 a 1818 actúan en las proximidades de Écija siete bandidos, llamados los Siete Niños de Écija, que se renovaban cuando desaparecía alguno, y entre los que fueron famosos Antonio de Legama, Pablo de Aroca y Juan Palomo. En 1833 se constituye la provincia de S., con algunas variantes respecto a sus actuales límites. Desde 1838, S. es uno de los centros del antiesparterismo, y toma parte en la insurrección de 1843, tras la cual, por el bombardeo a que había sido sometida, se la denomina "invicta" y se añade una corona de laurel a su escudo. Isabel II concede a la ciudad la celebración de la Feria de Abril (1847).Desde la Revolución de 1868 (v.), S. y su provincia se han visto afectadas por las insurrecciones, el descontento del campesinado, el movimiento cantonalista (1873), la propaganda demagógica y actividades subversivas, que culminan en la segunda República (v.; 1931-36). Contra el desorden se levanta el general Sanjurjo (v.) en S. (1932), pero fracasa. Triunfa, en cambio, la sublevación del general Queipo de Llano, que el 19 jul. 1936 une S. al Movimiento Nacional. Terminada la Guerra española (1939), la capital ha experimentado un gran auge, pero la provincia acusa los efectos negativos de la emigración, a causa de la escasa industrialización y del latifundismo. Casi la mitad de la población sevillana (1.327.190 hab.) reside en la capital (548.072 hab.), y el alto crecimiento vegetativo de algunos núcleos urbanos se ha visto descompensado por una fuerte emigración. Tal es el caso de Osuna, p. ej., que de 23.250 hab. en 1950 ha pasado a tener 21.413 en 1965.CARLOS R. EGUIA.
BIBL.: J. GUICHOT PARODY, Historia de la ciudad de Sevilla y pueblos importantes, Sevilla 1875; S. MONTORO, Biografía de Sevilla, Sevilla 1970; I. DE LAS CAGIGAS, Sevilla almohade y últimos años de su vida musulmana, Madrid 1951; A. BALLESTEROS BERETTA, Sevilla en el siglo XIII, Madrid 1913; J. GONZÁLEZ, Repartimiento de Sevilla, Madrid 1951; F. AGUILAR, La Sevilla de Olavide, Sevilla 1970; A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, Orto y ocaso de Sevilla, Sevilla 1946; J. M. DE MENA, Historia de Sevilla, Sevilla 1973; y la bibl. de II.
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