Sefardíes II. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Generalidades. Aun cuando equívocamente llega a llamarse sefardí a todo lo judío hispánico, por literatura sefardí propiamente dicha debe entenderse: la creación literaria de los judíos oriundos de España o a ellos asimilados, producida o transmitida en judeoespañol- desde la primera generación de expulsos y hasta las últimas décadas. Fuera de este marco queda la literatura producida por los s. occidentales (Amsterdam, etc.) en los primeros siglos tras la expulsión. Sus autores son ciertamente de origen hispanoportugués, pero no escriben en judeoespañol: en su casi totalidad debemos considerar tales obras como integrantes de la literatura española, al margen de la localización extrapeninsular, linaje s. o creencia judía de sus autores.El desarrollo de la literatura judeoespañola está en estrecha relación con la historia de la diáspora s. (v. HISPANO-HEBREA, LITERATURA). Se produce o transmite en aquellos lugares donde el judeoespañol se ha mantenido como lengua viva durante más de cuatro siglos: los de todo el Oriente mediterráneo, con los países surgidos tras la desmembración del Imperio otomano, y Norte de África. Sus centros principales por producción y riqueza editorial han sido los que albergaban las más populosas y prestigiosas comunidades: Constantinopla y Salónica, seguidas de Esmirna, Sofía, Jerusalén, Belgrado, etc.Un segundo y decisivo factor histórico es la renovación -por no decir "revolución"- cultural que tiene lugar en las comunidades orientales a partir de mediados del s. XIX y que conmueve todo el antiguo sistema de vida y cultura. Sus causas hemos de verlas en la aparición de brotes nacionalistas en los países balcánicos; en los ecos que despierta el "ilustrado" movimiento de la Haskalá judeorusa y centroeuropea; pero principalmente en el establecimiento de la red de escuelas francesas de la Alliance Israélite Universelle, que canaliza hacia el s. la producción literaria y los valores culturales franceses y europeos. Su más importante consecuencia cultural es que el s. se abre al Occidente a través de la cultura francesa, y que el francés y lo francés influyen de modo decisivo en la literatura, y de modo irreversible en la lengua judeoespañola de las últimas generaciones.La fuerza creadora de la literatura s. ha durado lo que las condiciones históricas y sociales que la hicieron posible: unas comunidades dotadas de fuerte cohesión interna y un vehículo expresivo -el judeoespañol- apto para la creación literaria. Pero ya desde la primera década del s. XX se produce una continua corriente migratoria que debilita los otrora vigorosos núcleos; paralelamente, el judeoespañol va quedando relegado al nivel de lengua secundaria, familiar y finalmente pasiva. Así decae la producción literaria en Oriente, al par que pueden surgir esporádicos brotes -de transmisión, que no de creaciónen los países donde se establecen nuevas comunidades, muy erosionados ya los rasgos hispánicos de su lengua y cultura.2. La lengua: el judeoespañol y el ladino. Los varios millares de obras de la literatura s. nos han llegado en su gran mayoría en textos escritos en caracteres hebraicos, que el hispanohablante o hispanista puede interpretar sin más que conocer el valor fonético de los grafemas hebreos. Sólo en época reciente los propios s. han tendido a sustituir su castiza grafía aljamiada (v.) por otras en caracteres latinos según diversas ortografías. Los textos recogidos de la tradición oral están presentados según el sistema de transcripción adoptado por su editor. Colecciones de literatura s. aljamiada existen en algunas grandes bibliotecas de hebraica en Jerusalén, Amsterdam, Londres, Nueva York, Washington, etc.; y en España, la de Estudios Sefardíes del Inst. Arias Montano (CSIC) en Madrid. No abundan, en cambio, las transcripciones a caracteres latinos de textos s. aljamiados, en ediciones asequibles al lector culto o medio.La lengua de estas obras es un dialecto hispánico; o mejor, un complejo dialectal, dadas las diferencias entrelos varios subdialectos s. Éstas pueden explicarse por el diferente origen peninsular de los judíos formadores de cada comunidad; o bien como producidas en época tardía por desarrollos autónomos, a partir de una antigua koiné en la que se hubieran nivelado las diferencias dialectales originarias, influyendo en su posterior diferenciación las distintas lenguas ambientes.La base histórica del dialecto s. es el español peninsular de la época de la expulsión, que ha sufrido la evolución propia de toda lengua viva. Comparado con el español presenta un carácter arcaico, que destaca más en el aspecto fonético y en el léxico; perviven también formas vulgares y dialectales, dado que la separación s. del tronco hispánico ocurrió cuando esas formas aún no habían sido relegadas por la norma castellana de la lengua oficial. En contacto con las lenguas balcánicas, el judeoespañol ha adoptado ciertos elementos fonéticos y buen número de préstamos léxicos: en mayor cantidad del turco, y en menor del neogriego, búlgaro, serbocroata, rumano, etc. Considerable es la aportación del italiano, lengua de cultura en toda la cuenca mediterránea oriental; y a partir del establecimiento de la red de escuelas de la Alliance, lo es más la del francés, que rebasa los límites del préstamo léxico para afectar también a la fraseología. De carácter distinto es la influencia del hebreo (V. HEBREOS V, 1): los múltiples préstamos responden a la necesidad de designar los conceptos y objetos de la creencia, el ritual y el mundo mental judíos y cumplen una función de términos "técnicos".Sólo en los textos en ladino el préstamo hebraico afecta a la sintaxis. El ladino no debe ser entendido como sinónimo de judeoespañol, ni de lengua de contenido religioso, ni de texto aljamiado; se trata, propiamente, de la lengua calco utilizada para "ladinar", esto es, trasladar servilmente al romance los textos litúrgicos hebreos. El resultado es una traducción que conserva el orden de palabras, régimen y concordancia de la lengua fuente, que traduce cada palabra hebrea por una y siempre la misma palabra judeoespañola, que confiere a ésta todas las acepciones presentes en aquélla, aun cuando no las haya tenido nunca en judeoespañol; que da, en suma, al texto un aire de venerabilidad al par que un contenido hermético, a veces impenetrable sin el auxilio del original hebreo que "traduce".Frente a esa bien definida literatura en ladino o lengua calco está toda la copiosa producción en judeoespañol más o menos literario, en ocasiones algo "ladinoide", que se extiende durante varios siglos y que alcanza su edad de oro en el s. XVIII.3. La literatura: clasificación. Observada en su conjunto y atendiendo a su inspiración, a su temática y a su finalidad, apreciamos una primera división entre literatura "religiosa" y "profana". Pero para entender debidamente esta clasificación debe tenerse en cuenta que para el s. -como para el judío en general- lo "religioso" ha sido una categoría que trasciende lo meramente teológico o doctrinal y que sin límites precisos engloba todo lo que forma parte de su patrimonio mental y vivencial.Entendiendo así el concepto, toda la literatura s. hasta la "revolución" cultural del s. XIX resulta ser literatura religiosa; que en virtud de las consideraciones precedentes debemos mejor denominar patrimonial. Trátase de una literatura judía en su contenido pero netamente hispana en su forma, que responde al deseo del s. de "meldar", esto es, de leer y/o estudiar toda suerte de textos piadosos que complementen la lectura sinagogal de las oraciones litúrgicas. A partir de la citada crisis cultural, la literatura s. comparte lo religioso-patrimonial con otros géneros profanos de reciente adopción, a través de los cuales trata de incorporarse a las corrientes de la literatura europea contemporánea. Está literatura s. adoptada es más francesa que española en su inspiración y está expresada en un neo-judeoespañol ya muy evolucionado, que H. V. Sephiha denomina gráficamente "judeofrañol". Paralelamente a los planos de lo patrimonial y de lo adoptado, a veces entrecruzándose con alguno de ellos, observamos otro: el de la literatura transmitida, que engloba los géneros tradicionales de transmisión principalmente oral.Literatura patrimonial. Dentro de la literatura religiosa el lugar de honor lo ocupa la Biblia, cuya traducción ladinada entronca con los romanceamientos preexílicos. La más antigua versión llegada a nuestras manos está representada por la Torá trilingüe (Pentateuco en hebreo, ladino y neogriego) de 1547 y otros libros bíblicos editados en Constantinopla y Salónica en el s. XVI (su paralelo para los s. occidentales es la Biblia de Ferrara de 1553, de la que derivan las sucesivas reediciones de Italia y Países Bajos). Actualización de antiguas versiones es la de Abraham Asa (Constantinopla 1739-44), primera aljamiada de toda la Biblia; cuyas ediciones sucesivas (Viena) compiten en el s. XIX con la nueva traducción del misionero protestante William G. Schawfler, ampliamente difundida (v. BIBLIA VI, 9 A).También se ladinaron desde temprana época los oracionales litúrgicos de diario y de los ciclos festivos; especialmente populares han sido la versión en ladino de la Hagadá de Pésah (más de un centenar de ediciones) y la del tratadito talmúdico Pirqué abot. El s. XVI nos ha legado otros diversos libros para meldar (Mega del alma, etc.);pero del s. XVII apenas nada nos ha llegado de la producción literaria de los s. orientales (recordemos que la de los occidentales pertenece a la literatura española... en el exilio); ese paréntesis nos lleva al espléndido siglo de oro de las letras sefardíes.Incitados por el declinar de los estudios rabínicos en hebreo, por la frustración mesiánica tras el fracaso del movimiento sabetaico, por la escasez y difícil comprensión de las antiguas ediciones ladinadas, surge en la Constantinopla de la primera mitad del s. XVIII un grupo de autores empeñados, con el apoyo de algunos mecenas, en proporcionar al pueblo la enseñanza religioso-patrimonial judía de siempre, ahora bajo una nueva forma literaria judeoespañola. Entre todos ellos destaca Abraham Asa, quien además de la Biblia tradujo otros varios libros hebreos clásicos de religión, moral, historia, etc.Pero la obra más representativa de este renacimiento literario, y quizá de toda la literatura s., es el Me’am lo’ez. Su iniciador, Ya acob Juli, la concibe como un vasto comentario a la Biblia en el cual tuviera cabida todo cuanto material halájico (de normativa legal y religiosa), agádico (anecdótico-folklórico-legendario), histórico, moral, místico... había desarrollado durante generaciones la comentarística rabínica y fuera capaz de aducir el autor en la ilustración de cada pasaje; el resultado es, más que un libro, todo un sistema, al cual se aplican una docena de autores durante más de siglo y medio.Entre 1730 y 1777 se publican en Constantinopla los tomos del Me’am lo’ez de la Torá (Pentateuco), obra del propio Juli y de sus continuadores Yi§hac Magriso y Yishac Argüeti. Su conjunto forma el Me’am lo’ez "clásico", que alcanzó numerosas reediciones (Salónica, Constantinopla, Livorno, Esmirna, Jerusalén) y una difusión inigualada en todo el público s. de Oriente y de Occidente. En él encontramos todo un compendio de erudición rabínica. La pormenorizada aclaración y explicación del texto bíblico da pie a los sucesivos autores para exponer las instituciones y ritos del judaísmo, su historia y anecdotario, sus normas de convivencia e higiene, sus creencias y principios morales, junto con noticias sobre todas las ramas del saber de entonces y variados datos folklóricos y documentales sobre la vida de las comunidades s. en las que surge; todo ello fundido en una síntesis original de los materiales de acarreo y expuesto en un estilo vivo, casi familiar, que busca llegar tanto a la mente como al sentimiento de sus sencillos lectores -u oyentes de su lectura-; que trata, en suma, de adoctrinar de modo grato: de enseñar, deleitando, "la ma’alá [excelencia] de la Ley santa".Tras un paréntesis de más de siglo y medio, varios autores reemprenden la obra en Salónica y Esmirna con el Me’am lo’ed de otros libros bíblicos. Este Me’am lo’ed "de transición" (mediados del s. XIX) y "nuevo" (finales del XIX y comienzos del xx) pretende pero apenas consigue, ni en planteamiento ni en desarrollo, asemejarse al clásico; el cual sigue gozando de las preferencias del público a través de sus sucesivas reediciones.El más singular género de la literatura s. del siglo de oro es el conjunto de Complas paralitúrgicas, cabezas de familias poemáticas que siguen produciendo retoños durante el s. XIX y aun hasta entrado el xx. Trátase de poemas estróficos que se entonan en ciertas festividades y conmemoraciones del calendario judío y que, lindando con la liturgia sinagogal, nacen para adornarla y acompañarla, para hacer participar al s., por medio de unos textos en judeoespañol, en el significado de la celebración, ya que el de la liturgia hebrea a menudo se le escapa.Dentro de este género destacan las Complas de Purim, conjunto de veintitantos poemas de carácter burlesco que relatan la historia del libro bíblico de Ester con adición de motivos populares, o se ensañan én la burla de los "villanos" de la intriga, o recogen elementos folklóricos recreando el ambiente jocoso que preside la celebración cuasi carnavalesca de Purim. Del s. XVIII son las Complas "viejas" de Purim; a las que se añaden en el s. XIX las Complas "nuevas", y aún más tardíamente las "novísimas". Presentan variados estrofismo (rima zejelesca, estrofa "purímica", etc.) y extensión (desde menos de diez estrofas hasta más de un centenar); y nos han llegado en más de 60 ediciones, desde el s. XVIII hasta entrado el XX, de una decena de ciudades distintas.Al folklore de Tu-bisbat, que celebra el renacimiento de la Naturaleza tras el rigor invernal, pertenecen las Coplas de las flores y las de los frutos, de Yehudá Cal’í; en ambas, distintas variedades vegetales disputan sobre sus propios méritos invocando valores sensoriales o relativos a su función ritual. También del s. XVIII son la media docena de Quinot de Tis°á beab, poemas endechescos que lamentan la ruina de Jerusalén y otros sucesos luctuosos de la historia judía remota. Paralelamente, las Complas de Hanuká, las de Pésah, las de Sabu’ot o Simhat Torá desarrollan motivos propios de las festividades judías del mismo nombre.Otro tipo de Coplas es el de las admonitivas. Su núcleo inicial lo forman, en el s. XVIII, las cuatro englobadas bajo el nombre de Tojáhat megulá, de Hayim YornTob Magula, que muestran la futilidad de las glorias de este mundo y tratan de enderezar los caminos del hombre hacia Dios. Análoga intención religioso-admonitiva tienen las posteriores Coplas (o Cantiga) de castiguerio -algunas dialogadas- y del felek; los epígonos del género, "nuevas" Complas del felek, confundidas en algún caso con las "novísimas" de Purim, presentan un carácter más satírico y burlesco y la crítica se ejerce sobre el costumbrismo cotidiano. De contenido más o menos histórico son las Coplas de Tebariá, en las que se cantan las alabanzas de la ciudad de Tiberíades o de los venerados maestros que en ella vivieron, o la salvación milagrosa de su comunidad judía en una de las guerras locales.El más destacado poema del género coplesco es el titulado Coplas de Yosef hasgadic, publicado en 1732 a nombre de Abraham Toledo y reeditado en los s. XVIII y XIX. El relato de las desventuras y venturas de José el casto, basado en última instancia en el pasaje bíblico (Gen 37 y 39-45), aparece penetrado de motivos de la comentarística rabínica, hábilmente entretejidos por el autor, y aderezado con curiosos datos folklóricos y costumbristas. Por su fluida versificación, vivo estilo, riqueza léxica, lirismo, agudeza y fuerza expresiva podemos considerar estas Coplas como uno de los mejores, si no el mejor poema de toda la literatura sefardí.En el s. XIX, junto a la reedición de antiguas Complas y creación de nuevas, continúa produciéndose abundante literatura para meldar: libros de prescripciones litúrgico rituales, o de ética y moral, o colecciones de historias piadosas, cuentos, anécdotas y relatos de más o menos remota fuente rabínica, etc. La historia, limitada hasta entonces a la traducción de crónicas hebreas clásicas (La vara de Yehudá, el Yosipón), cobra incremento en este periodo y en el posterior: tanto la general, judía y de las naciones, como la particular de acontecimientos concretos (guerras contemporáneas), de comunidades judías (Viena, Vidín, Salónica) o de personajes (Sabetay Ceví, Montefiore, Dreyfus..., incluso Napoleón). En estas obras hallamostanto el dato documental de primera mano como la refundición y divulgación de cosas sabidas. Y es precisamente ese carácter de vulgarización un elemento dominante en toda la literatura s. posterior a la profunda renovación de mediados del s. XIX.Géneros adoptados. Vehículo principal de los nuevos modos literarios adoptados de la literatura europea contemporánea es -la prensa periódica, género nacido a mediados del s. XIX y a cuyos últimos estertores estamos ahora asistiendo; su época de mayor esplendor se sitúa entre la última década del s. XIX y segunda del XX. Conocemos más de tres centenares de periódicos en judeoespañol, de distinta duración, periodicidad y carácter: de información general (judía y no judía), de difusión ideológica, culturales, recreativos, humorísticos o de todo un poco. Periódicos y revistas como -por mencionar algunos títulos- El Avenir, La Buena Esperanza, El Burlón, La Época, El Imparcial, El Meseret, El Pueblo, El Telégrafo, El Tiempo y tantísimos otros son ciertamente reflejo fiel de la vida interna, de la evolución, inquietudes, deseos y esperanzas de los s. durante casi un siglo de crisis; pero a la vez han supuesto una ventana por la cual entró en las comunidades de Oriente la brisa -si no el vendavaldel "esclarecimiento", las nuevas ideas del "progreso"; y con ellas penetraron también las nuevas formas y géneros literarios de Occidente adoptados por la literatura s.: narrativa, teatro, poesía de autor...Las novelas, así como el teatro, se publican tanto en la prensa periódica -a veces como folletón encuadernablecomo en ediciones independientes -a veces por entregasenmarcadas o no en series literarias o en colecciones auspiciadas por periódicos u otros organismos culturales. Son escasas las novelas originales s.: la mayoría de los textos han sido "tresladados" (`traducidos’), o bien se han "imitado", "adaptado", "aranjado", "resumido" o "reescrito" a partir de originales en otras lenguas. Entre los "manipuladores" s. cabe señalar nombres como Alexandr Ben-Guiat, Elia Carmona, lelomó I. Cherezli, Isac Florentín, David Fresco, Alexandro Pérez, etc.Hay en judeoespañol versiones de novelas hebreas de la Haskalá y posteriores; pero muchísimo más abundantes son las de autores franceses del prerromanticismo y romanticismo (Prévost, los Dumas, Hugo) y en mayor escala posrománticos: E. Sue, X. de Montépin, P. Decourcelle, Ponson du Terrail, A. Assollant, É. Gaboriau y otros de segunda fila. Tanto el hebreo como el francés son a su vez la vía a través de la cual se traducen al judeoespañol obras de la literatura yidiá (v. YíDICA, LENGUA Y LITERATURA) o judeoalemana y de otras literaturas europeas (Shakespeare, Goethe...). Además del tema judío -pasado remoto junto a vivencias modernas o ideales sionistas- predomina la temática sentimental, cuando no sensiblera, y de aventuras. De singular importancia nos resulta el tema "español": expulsión de los judíos, conversos, Inquisición...Al margen de la no bien documentada existencia de un antiguo teatro tradicional, el teatro de autor es también género adoptado que aparece en la literatura s. en las últimas décadas del s. XIX. A su difusión y arraigo contribuyen su utilización en las escuelas y la organización de funciones por sociedades comunitarias y/o en ciertas festividades. No pocos autores s. escriben teatro original en judeoespañol: Sabetay Y. Djaen, Aharón Y. Hazán, Aharón Menahem, Laura Papo, etc.; otros escriben obras en turco (Jacques Loria), francés (Santo Semo) o hebreo (Baruj I. Mitrani). Junto a esta creación original destaca la traducción de obras de autores judíos (Salom `Alejem, Ansky, A. Goldfaden, etc.) o del teatro europeo en general (Shakespeare, Alfieri, Goldoni, Tolstoi, etc.) y especialmente francés; de éste fueron traducidas y representadas en judeoespañol varias obras de Moliére, algunas de Racine y numerosas de autores contemporáneos como E. Rostand, H. Bataille, H. Bernstein, G. Courteline, E. Labiche, O. Mirbeau, M. Pagnol, etc.La temática del teatro traducido es variada. En el de cuño s. encontramos obras que reflejan un localismo comunitario junto a otras que desarrollan la problemática que provocan los "tiempos modernos". Abundan las inspiradas en episodios del pasado bíblico-heroico (José y sus hermanos, la reina Ester, los Macabeos) o situados en una menos remota y siempre viva España de inquisidores y criptojudíos. No faltan obras de tema judío general, ni farsas, comedias de enredo, etc. de contenido no judío.La poesía "de autor" es también género moderno. Aparece abundantemente en la prensa periódica y, en menor escala, en colecciones independientes, como las de Abraham Capón, Yosef Herera, Alexandro Pérez, lelomó lalem, etc. Su estructura formal es bastante simple: pareados que casi más parecen prosa rimada y los tipos estróficos ya conocidos de las coplas paralitúrgicas. Especial mención merecen los poetas populares Sa’adi Haleví y Ya’acob A. Yoná: editores de libricos de cordel en los que recogen versiones de poemas patrimoniales, aparecen ellos mismos como autores de nuevas Complas, a semejanza de las antiguas, y el segundo además como recolector de poemas tradicionales de transmisión oral.Tradición oral. Paralelamente a los géneros patrimoniales y adoptados, fluye en la literatura s. la corriente ininterrumpida de los géneros tradicionales de transmisión oral: en prosa, las consejas y los refranes; y en verso, la lírica y el romancero. Su transmisión no es patrimonio exclusivo de los s. orientales: excelentes versiones se han recogido de las comunidades norteafricanas, especialmente del Marruecos hispanohablante. Y aún, hasta hoy mismo, es posible recogerlas en cualquier país (Estados Unidos, Francia, Israel..., hasta España) en donde more un s. suficientemente conocedor de sus tradiciones folklórico-literarias.Las consefás, cuentos populares de transmisión oral, nos proporcionan versiones a la vez que reinterpretaciones s. de la cuentística popular hispana, a las que se han sumado temas y motivos de la narrativa folklórico-popular de los pueblos turco-balcánicos y norteafricanos vecinos de los s.; de modo que tanto por una como por otra vía han penetrado en las consejas s. abundantes elementos del folklore panoriental, el cual también se hace presente a través del otro formante del género: la literatura hebrea de carácter agádico. Algo análogo puede decirse de los refranes, de los que tanto gusta el s.: hay versiones del tesoro paremiológico panhispánico, junto a traslados literales o compendiados de la sabiduría tradicional judía y de los pueblos vecinos.Las vertientes lírica y romancística de la poesía tradicional -cantica y romanza en la denominación s.- se entrecruzan con frecuencia. La primera nos ofrece la pervivencia de estrofas, versos, formulaciones de la antigua lírica española del Siglo de Oro; y junto a ella, un variado repertorio de canciones, tanto de invención s. como adaptadas de los sarkís turcos, de la poesía popular balcánica, de la europea occidental e incluso de la hispánica moderna. Su tema preferido es el amoroso, con toda su secuela de manifestaciones; pero también es frecuente la canción cumulativa, la infantil, la de circunstancias, etc. Entre estas últimas destacan las canciones propias de los acontecimientos más destacados del ciclo vital(ritos de tránsito): para el nacimiento, los cantos de parida, de cuna, de viola o de circuncisión; para el matrimonio, los de novia o de boda; y para la defunción, los desgarrados cantos de muerte o endechas. Como tránsito se ha considerado también el viaje de un judío piadoso a la santa tierra de Israel, celebrado en algunas comunidades con cantos de redención, cuyo eco resuena en los más tardíos himnos y cantes de exaltación sionista.Pero ha sido el romance la canción preferida del s., o mejor, de la s. hasta la última generación, llegando a ocupar un lugar fijo en celebraciones del ciclo vital y litúrgico. El romancero es, sin duda, el género más conocido de la literatura judeoespañola; la amplísima bibliografía sobre el tema nos muestra hasta qué punto se han beneficiado su conocimiento e investigación de la accesibilidad de las versiones y de que los estudiosos occidentales, al hallar prontos los materiales en la voz viva de cualquier s., no hayan tropezado con el obstáculo -más aparente que real- de la grafía aljamiada.El núcleo del romancero s. lo forman los romances antiguos anteriores a la expulsión; a ellos se unen romances nuevos, llegados a las comunidades expulsas en las migraciones de criptojudíos de los s. XVI y XVII, y aun nuevos romances originales s. a imitación de los hispánicos, basados en temas judaicos o derivados de baladas tradicionales panbalcánicas. En el Norte de África, la penetración española tras la guerra hispano-mora (v. ÁFRICA, GUERRAS DE I) supone una remodelación del repertorio romancístico s., en el que se integran temas del neo-romancero peninsular, especialmente a través de versiones andaluzas. En su conjunto, el romancero S. presenta un carácter más bien arcaico; conserva temas perdidos en la tradición peninsular. Advertimos en él una tendencia a rechazar finales cruentos y un cierto proceso de "descristianización", es decir, erosión o sustitución de ciertas expresiones que puedan suponer adhesión o participación activa a creencias o en devociones cristianas.Preciso es señalar que las versiones hodiernas de los géneros de transmisión oral suponen un débil canto de cisne de la literatura s., irremediablemente abocada a su ocaso definitivo. Ya no se creará más literatura en judeoespañol; pero sólo a través del conocimiento de la aljamiada producida durante cuatro largos siglos -patrimonial, adoptada, transmitida- podrá llegar a ser cabal el que se tenga de las letras hispánicas en su compleja universalidad.JACOB M. HASSÁN.
BIBL.: Es fundamental la sección de Sefardismo de la rey. Sefarad (Madrid). Para generalidades, v. Actas del 1 Simposio de Estudios Sefardíes (Madrid 1970). No existe ningún estudio de conjunto sobre literatura sefardí. Como antología, M. MOLHO, Literatura sefardita de Oriente, Madrid 1960. Como repertorio bibliográfico, A. YAARI, Catalogue of Judaeo-Spanish Books in the Jewish National and University Library, Jerusalem, Jerusalén 1934. Sobre lengua, M. L. WAGNER, Caracteres generales del judeoespañol de Oriente, Madrid 1930; H. V. SEPHIHA, Le Ladino, judéo-espagnol calque: Deutéronome..., París 1973. Sobre poesía paralitúrgica, M. ATTIAS, Judeo-Spanish "Coplas de Purimn, en Sefunot, II, Jerusalén 1958; 1. M. HASSÁN y E. ROMERO, Quinot paralitúrgicas: edición y variantes, en Estudios sefardíes, I, Madrid 1973. Sobre teatro, E. ROMERO, El teatro entre los sefardíes orientales, en Sefarad XXIX-XXX (1969-70). Para canciones líricas, M. ATTIAS, Cancionero judeoespañol..., Jerusalén 1972; M. ALVAR, Endechas judeo-españolas, 2 ed. Madrid 1969; íD, Cantos de boda judeo-españoles, Madrid 1971. Sobre romances, R. MENÉNDEZ PIDAL, catálogo del romancero judío-español, en Cultura española, IV-V, Madrid 1906-07; P. BÉNICHOU, Romancero judeo-español de Marruecos, Madrid 1968; M. ATTIAS, Romancero sefaradí..., 2 ed. Jerusalén 1971; S. S. ARMISTEAD y J. H. SILVERMAN, Judeo-Spanish Ballads from Bosnia, Filadelfia 1971; íD, The Judeo-Spanish Ballad Chapbooks of Yaeob Abraham Yoná, Berkeley, etc., 1971.
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