Sefardíes I. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
S. se denominan los judíos oriundos de España. El término s. se contrapone al de askenazi o germánico, con que se denomina a los grupos y comunidades judías procedentes del centro y norte europeos. Esencialmente no hay diferencias entre el judaísmo de una y otra rama, aunque entre ellas existan divergencias algo más que accidentales, que surgieron a raíz de la diáspora de Oriente, consecuencia de la conquista de Jerusalén por el Imperio romano (v. HEBREOS II). La distinta distribución de los grupos judíos por los países occidentales fue causa de las posteriores diferencias entre ellos, pues mientras los judíos, en el Medievo, en centro y norte europeos son objeto de continuas y reiteradas persecuciones, en la península Ibérica, salvado el periodo disipado, primero bajo al-Andalus, después en los reinos cristianos, se desenvolvieron en un clima de amistad, comprensión y tolerancia del que carecían en el resto de Europa. Como ha señalado Epstein, historiador judío de los s., en España "gozaron de mucho respeto personal y caldeóles el sol de la tolerancia", mientras en otros lugares no fue así. Sin embargo, al romperse el equilibrio de las tres razas, las tres lenguas y las tres religiones, característica de la Edad Media hispana, por el predominio de los cristianos, los judíos comienzan a ser considerados como elementos no integrantes de lo hispánico.La expulsión de 1492. La expulsión decretada por los Reyes Católicos -solución correcta y necesaria a la modernidad española- alcanzó de lleno al ser hispánico. Sánchez Albornoz cree que la expulsión coincidió con "la más insospechada coyuntura histórica que jamás se ha presentado en un pueblo; y ese sincronismo castró terriblemente el despliegue del potencial psíquico y económico de España en el instante decisivo de su historia", por lo que la expulsión resultó inoperante por lo tardía. Al decir de Upson Clark, la expulsión significa "el más gigantesco esfuerzo hacia la unidad religiosa que la Historia registra".La nueva monarquía de los Reyes Católicos buscaba la unidad, y los hispanojudíos no eran elementos fácilmente asimilables. Por ello decretaron que todo hispanojudío, sin distinción de edad ni sexo, debería salir de los reinos hispánicos antes del mes de julio de 1492. El número de los que salieron no se ha determinado exactamente; Bernáldez calcula que ascendieron a 35 ó 36.000 familias, es decir, unos 160.000 individuos. Los emigrados tomaron tres direcciones: a) Portugal, que recogió el 50%, pues Juan II les permitió pasar a su reino previo pago de un cruzado por cabeza. Sin embargo, en 1497 fueron obligados a salir; b) al Norte de África llegaban los embarcados en Cádiz y Puerto de Santa María; c) desde los puertos mediterráneos eran llevados a ciudades italianas -Liorna, Génova y Nápoles- o bien seguían hasta Turquía. Excepto , de Liorna, donde Brandel señala afincamiento de hispanojudíos y su activa participación en el comercio mediterráneo, de las demás ciudades italianas fueron expulsados por decretos posteriores de Fernando el Católico. Un reducido número se asentó en los países europeos, y otros pasaron a América (v. t. JUDAÍSMO I, 1 b y c).Los sefardíes después de la diáspora. Los s. siguieron practicando en sus nuevas patrias sus profesiones y actividades; la lengua era lazo que los unía entre sí y los diferenciaba, a su vez, del resto de las comunidades judaicas. Conservaron los apellidos hispánicos, la música (v. III), el folklore, la culinaria. Mantenían entre ellos las diferencias regionales, y así había cabales castellanos (del hebreo cabal, comunidad), de Aragón, andaluces, etc. Su lengua hispánica se llama j;idió (lengua viva) frente al yiddish. (v. YÍDICA, LENGUA Y LITERATURA) o jerga hebraica con elementos eslavos, que hablan los agkenazíes (v. II). Durante los s. XVI y XVII mantuvieron el predominio intelectual que los había caracterizado en los siglos anteriores, pero en el s. XVIII el movimiento de ilustración hebraico o Hashkalá tuvo como principales artífices a los askenazíes, que mantienen desde entonces el predominio intelectual judaico, quedando reservado a los s. los estudios religiosos y exégesis bíblicas. Apegados a su cultura tradicional, ambientados no siempre favorablemente, los s. han dormitado durante mucho tiempo sobre los laureles de sus mayores, con lo que no hacen sino acentuar lo mucho que de hispánico hay en su esencial contextura espiritual y humana.Se calcula que hay unos 2.000.000 de s. en todo el mundo, de los que unos 900.000 hablan ¿idió. Israel cuenta con un millón de s.; de ellos, 300.000 son de habla hispana. En su nuevo Estado han recuperado algo de su antiguo papel; se distinguen del lugar de origen por sus profesiones: así, los que proceden de los Balcanes poseen altos puestos en la Banca, la industria y el comercio. S. son también los dueños de los cines de Tel Aviv, Haifa, etc.; por último, la Israel Discount Bank Limited fue creada y está dirigida por familias s. Turquía vio decrecer el número a causa de la emigración al igual que los países europeos, a consecuencia de la persecución nazi, durante la II Guerra mundial; y los países árabes, por sus relaciones inamistosas con Israel. Perviven comunidades en Francia (Burdeos), Bélgica y Holanda. Nuevas comunidades, de emigración secundaria, se han instalado en España y América (EE. UU., Venezuela, etc.).España y los sefardíes. "La fidelidad cordial del sefardí a su antigua patria", como ha señalado Cantera Burgos, obliga muy directamente a España respecto a los que, por diversas razones, siguen sintiéndose hispanojudíos. Más aún si tenemos en cuenta las no siempre favorables condiciones en que algunas comunidades se desenvuelven, en peligro de perder, y España con ellos, la esencial razón histórica de su existir. Así, en Turquía, los decretos oficiales prohiben la enseñanza del español en las escuelas s.; en Israel, el renacer del hebreo amenaza con la pérdida de la lengua y de la cultura de los hispanojudíos, y hoy día la lengua es el único vínculo entre éstos y los hispanocristianos. La creación del Inst. de Estudios Sefardíes, integrado en el Inst. Arias Montano (1967), y el 1 Simposio de Estudios Sefardíes (1964) son muestras del interés de España por las. cuestiones sefardíes.La formación en España de una corriente de opinión favorable proviene de tiempos de Isabel II, cuando las comunidades judías obtuvieron licencia para poseer cementerios propios, p. ej.,en Sevilla, y, más tarde, la autorización para abrir algunas sinagogas. En 1886, a impulsos de Sagasta, y en 1900, bajo la promoción del Dr. Pulido, se hizo campaña en favor de los s. Con Alfonso XIII, el Gobierno español obtiene de otros Gobiernos concesión de trato especial a los s. de dichos países; en 1924, por Decr. de 20 de diciembre, Primo de Rivera ofrece a algunos s. la posibilidad de readquirir la nacionalidad española. Durante la II Guerra mundial, los consulados españoles salvaron a centenares de judíos, según declaraciones de Weisman al congreso mundial judío de 1945. Últimamente han sido varias las decisiones del Gobierno español que tienden a proteger y ayudar a las comunidades s., entre ellos el DL de 9 en. 1949 concediendo la condición de súbditos hispanos a determinados s. que vivían en Egipto, pues según el mencionado decreto "por su amor a España se habían hecho dignos de tal merced". En la actualidad, razones políticas divergentes entre España e Israel han retrasado, cuando no paralizado, la progresiva comunicación establecida.A. M. BERNAL RODRÍGUEZ.
BIBL.: A. PULIDO FERNÁNDEZ, Españoles sin patria y la raza sefardí, Madrid 1905; F. CANTERA BURGOS, Los sefardíes, "Criterio", Madrid 1949; M. MOLHO, Usos y costumbres de los sefardíes de Salónica, VIII de "B. Hebra¡ coespañola", Madrid-Barcelona 1950; J. M. ESTRuGo, Los sefardíes, La Habana 1958.
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