Romanticismo II. Literatura Universal. LIT.
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Literatura
1. Prerromanticismo.Hacia 1730-40, cuando el clasicismo (v.) se hallaba en floreciente vitalidad, despierta en Inglaterra un movimiento distinto, opuesto a la modalidad literaria establecida, manifestándose otras aspiraciones que debían culminar en el Romanticismo. Los objetivos de la nueva tendencia se sintetizan en la Naturaleza como motivo estético, el sentimentalismo moral, el estímulo del espíritu filantrópico y religioso, y, finalmente, el amor al campo, sentimiento natural en Inglaterra.-Los precursores del R. inglés y del europeo son Thomson, Richardson, Young y Gray. El más lejano es el escocés lames Thomson (1700-48), que anuncia la aurora del movimiento con su temprano Winter (1726), y a partir de él se experimenta una floración poética, que refleja un contacto más íntimo con la Naturaleza. The Saasons (Las estaciones), 1726-30, es un poema descriptivo de 5.541 versos blancos, de clásica sencillez, que presenta una pintura del paisaje según la rotación anual, en la que alternan las distintas circunstancias de la vida. Aquí aparece por primera vez en la poesía moderna el verdadero sentimiento de la Naturaleza, y en cualquiera de las estaciones se la halla descrita con sincera vitalidad. Thomson aportaba a la poesía de su tiempo elementos en los que jamás se había soñado anteriormente; 30 años antes Rousseau (v.) había expresado los sentimientos de éste en el mismo estilo. En Francia le imitaron Saint-Lambert,
en Les Saisons (1769), y Roucher, en Le Mois (1779); y en España, Mor de Fuentes con Las estaciones (1819).
A Rousseau también se? le había adelantado Samuel Richardson (v.) con sus detalladas novelas de fondo moral; con él entraba en las literaturas inglesa y del continente la novela moderna epistolar, idealista y sentimental: Pamela (J740-41), Clarissa Harlowe (1747-48) y Sir Charles Grandison (1753-54) demuestran una calidad literaria que triunfa por encima de la moraleja. Prévost traducía al francés las novelas de Richardson a medida que se publicaban; Rousseau decía que en ninguna lengua se había escrito nada que se acercase a Clarissa, y Diderot las alababa calurosamente en el Eloge de Richardson (1761). La novela richardsoniana pasó a Francia con La Nouvelle Héloise de Rousseau en 1761, a Alemania con el Werther de Goethe en 1774, a Italia con Le ultime lettere di (acopo Ortis de Ugo Foscolo (v.) en 1799, extendiéndose por Europa y Norteamérica. En España está representada por La Leandra (1797) de Valladares, La Serafina (1798) de Mor de Fuentes, y La filósofa por amor (1799) de Tójar.Contemporáneo de Thomson y Richardson es Edward Young (1683-1765), el autor de los Night Thoughts (Pensamientos nocturnos), 1742-45, escritos bajo el apremio de sucesivas desgracias personales. Es una obra meditativa en la que, armonizando los sentimientos de dolor y la emoción de la noche, el poeta se abandona a largas reflexiones en torno a la vida, la muerte y la inmortalidad. Consta de unos 10.000 versos blancos, y termina con una "consolación" de carácter teológico. Lo sobresaliente de Young es el ambiente misterioso de tristeza, la escenografía de noche y de muerte que envuelve su lamentación. Young aporta a la literatura más subjetivismo que Thomson e inventa el nocturno sepulcral. Le Tourneur lo tradujo al francés en 1769. Young es especialmente importante en la literatura prerromántica española por el poema Las ruinas: pensamientos tristes (entre 1749 y 1751) de Torrepalma (1706-67); la consciente adaptación de Cadalso (v.) en sus Noches lúgubres, en prosa dialogada, compuesta "imitando el estilo de la que escribió en inglés el Doctor Young"; y la simpatía ambiental que hacia Young y su obra se encuentran en La noche y la soledad de Meléndez Valdés (v.).Thomas Gray (1716-71) interesa por su afortunada Elegy Written in a Country Churchyard (Elegía escrita en un cementerio de aldea), 1750, un canto de atardecer, escrito en el cementerio de la aldea de Stoke-Poges, que comienza describiendo con nostálgico sentimiento el declinar del día y los sonidos y colores del ambiente, y después evoca a los que reposan en aquel solitario lugar, que fueron un tiempo quienes llenaron la aldea de vida, laboriosidad y animación. De sus delicados versos se desprende un melancólico aliento prerromántico de repercusión europea.Si Thomson, Richardson, Young y Gray representaban cuando menos cuatro aspectos fundamentales de la ideología prerromántica, James Macpherson (1736-96) simboliza el interés por el pasado, otro de los importantes tópicos del R.: los Frag,ments of Ancient Poetry, Fingal, Temora y demás poemas que publicó desde 1760 hasta 1765, fingiendo que eran traducciones en prosa de poemas gaélicos compuestos por el bardo Ossian, fueron recibidos en Europa con unánime entusiasmo. Las primeras versiones alemanas datan de 1763, y Le Tourneur tradujo completo a Macpherson al francés en 1777.De no poca categoría son los prerrománticos posteriores, W. Cowper (v.), R. Burras (v.) y W. Blake (v.), superiores en cualidades imaginativas a los poetas aludidos anteriormente. Sin embargo, porque son más íntimos, por su originalidad menos universal, y por su temática coyuntural no tan atrayente y asequible, su producción careció del eco europeo alcanzado por los grandes precursores. Pero como es de suponer, la tendencia hacia el .R. estaba apoyada además por el sector vivo de la crítica literaria inglesa de la época, que impelida por las mismas exigencias ideológicas o emotivas, abría importantes avenidas. Joseph (1722-1800) y Thomas Warton (1728-90), E. Burke (v.), Richard Hurd (1720-1808) y Hugh Blair (1710-1800) defienden el derecho de la imaginación por encima de los de la razón en materia artística y manifiestan que la Naturaleza es la fuente primaria de la obra literaria.Parece establecido que los ingleses son los románticos más prematuros, sobre todo en actividad creadora: Thomson se adelanta a Gessner, Richardson a Rousseau, Young a Cadalso y a Jovellanos, Gray a Pindemonte, Cowper a Cienfuegos. No obstante, la primera batalla que se da en el campo de las ideas estéticas tuvo lugar en Suiza y Alemania (1740-41) entre Bodmer y Breitinger contra Gottsched, en la que este tenaz neoclásico fue derrotado por los críticos de Zurich, influidos ya por la dirección que tomaba la literatura inglesa. Los orígenes del elemento pasional de carácter romántico y con valor de época en la literatura es muy probable que se deban a Francia, con Manon Lescaut (1731) del abate Prévost (v.). Esta nueva modalidad literaria, originariamente inglesa, pasa al continente por vía directa o mediante traducciones francesas. En Italia, el abate Cesarotti traduce a Macpherson, Alessandro Verri imita a Young en Le Notti Romane al Sepolcro de’Scipioni (1792-1804), y Pindemonte hace lo propio con Gray en I Cimiteri e I Sepolcri (1806). Los prerrománticos españoles traducen a Macpherson (Ortiz, 1788), a Young (Escoiquiz, 1789), a Pamela (en el decenio 1790), a Thomson (Mor de Fuentes, 1801), a H. Blair (Munárriz, 1798-1801), a Burke (Dehesa, 1807), y por ese tiempo Fernández Guerra traduce también la Elegía de Gray.2. Romanticismo. En Europa se extiende con presteza al cambio de orientación. En Francia, La Nouvelle Héloise (1761) y L’Émile (1762), de J.-J. Rousseau (v.), suponían un ataque al clasicismo desde su propio suelo, y una expansión del sentimentalismo literario y del idealismo naturalista educativo por todo el mundo europeizado. Un refuerzo distinto en el camino idealista y sentimental lo representa Bernardin de Saint-Pierre (v.), que con su novela Paul et Virginie (1788) señala la dirección de Chateaubriand (v.) y el despertar del sentimiento religioso en Atala (1801), René (1802) y el Génie du christianisme (1802).En Alemania, los albores del nuevo movimiento están representados por F. G. Klopstock (v.), la fundación de la Unión poética de Gotinga y el "Almanaque de las Musas" en 1771. Sus odas se publicaron en 1771 y los últimos cantos del Messias en 1773. Werther y Carlota se emocionaban leyendo sus versos, lo que significa que el vínculo que unía a Goethe y Klopstock era tan auténtico como el que le relacionaba con J. G. Herder (v.), a quien solía visitar en Estrasburgo por los años 1770-71. J. W. Goethe (v.) y F. Schiller (v.), impulsados ideológicamente por J. G. Herder (1744-1803), formaron el movimiento Sturm und Drang (arrebato e ímpetu), de liberación individual, sentimiento y amor a la Naturaleza, y empezaron a lanzar sus obras prerrománticas de fama universal: Werther (1774), Egmont (1787-90) y Faust (1808-32), Don Carlos (1787), Maria Stuart (1800) y Wilhelm Tell (1804), que abrían para Alemania y Europa los cauces del Romanticismo. Ya se han indicado los críticos de Zurich, Bodmer (1698-1783) y Breitinger (1701-76), tan alerta a partir de 1720 a las señales inglesas; pero falta mencionar al suizo Salomon Gessner (1730-80) por sus acabados idilios rurales de un vigor lírico comparable al de Klopstock. La respuesta prerromántica española fue abundante y temprana, y otras naciones oirán la llamada en menor escala; pero en toda Europa aparecerán voces más o menos individuales que delatarán la aurora del R.El movimiento romántico se manifiesta en su plenitud al mismo tiempo en Inglaterra y Alemania, y presenta características comunes. En primer lugar, es extraordinario el paralelismo cronológico entre los lakistas (v.) y los grupos alemanes, cuya eclosión tiene lugar en la frontera de los s. XVIII y XIX (1798-1803). Mientras en Francia aparecen en esta época precursores como Chateaubriand, Mme. de Staél (v.) y Nodier, en aquellos países florece el triunvirato lakista inglés formado por Wordsworth (v.), Coleridge (v.) y Southey, y los grupos alemanes constituidos por los Schlegel (v.), Tieck (v.), Novalis (v.), Brentano (v.), Arnim y los hermanos Grimm (v.), escritores todos ellos que entran de lleno en el marco del Romanticismo. Las características comunes entre los románticos ingleses y alemanes son: el amor a la Naturaleza; el interés por la poesía popular del pasado; la afición por el romancero, las leyendas históricas medievales y el teatro español del Siglo de Oro; el impulso dramático de Shakespeare; y la ideología roussoniana (v. t. I).3. Inglaterra y Alemania. El Romanticismo inglés, que venía preparándose a lo largo del s. XVIII, desde Thomson a Burns, floreció durante los primeros 30 años del XIX, como una consecuencia natural de los cambios internos que se estaban operando en el mundo de las ideas y los sentimientos. Fue un movimiento psicológico más que doctrinario, que respondió a unas exigencias internas mejor que a ningún afán de oposición a unas reglas estéticas pretéritas o de contradicción hacia las aspiraciones que habían constituido la esencia de la época precedente. Es un distintivo de los románticos ingleses el hecho de que no formaron escuela. La semilla de Thomson fructifica en el distrito de los lagos, al NO de Inglaterra. Allí vivió Wordsworth durante casi toda su vida, y allí concurrieron, atraídos por lazos de amistad y parentesco, primero Coleridge y después Southey, y con la publicación de las Lyrical Ballads (1798), por Wordsworth y Coleridge, se puede afirmar que arranca el nuevo movimiento en Inglaterra.W. Wordsworth (v.) es el poeta que, con palabra familiar, directa, profunda y sencilla, enseña a los hombres a ver en la Naturaleza el espíritu de la belleza y bondad esparcidas en ella por el Creador. Estas características se muestran ya en sus primeros poemas de Lyrical Ballads, pasan por los Poems (1807), y continúan con mayor o menor inspiración hasta el final de su larga vida. S. Coleridge (v.) es el soñador entusiasmado con los accidentes extraordinarios que transporta al lector a las regiones de lo sobrenatural y viste a sus sombras de un mágico poder de captación del que da muestras en The Rime of the Ancient Mariner (1798), Kubla Khan (1797) y Christabel (1797-1800). Robert Southey (1774-1843), más narrativo e historiador, viajó por Portugal y España, y se interesó siempre por la historia y la literatura españolas. El fue quien sintió con más fuerza el tirón romántico de las leyendas históricas españolas, como demuestran su traducción de la Chronicle of the Cid (1808), su versificación de la leyenda Garci Fernández (1809), y su importante poema Roderick, the Last of the Goths (Rodrigo, el último godo), 1814. Mucho más escribió Southey sobre España, y (como a Wordsworth) la guerra de la Independencia le inspiró varios poemas, además de su History of the Peninsular War (Historia de la guerra peninsular), 1822-32.Al margen de los poetas de los lagos, pero pertenecientes a la misma época y participando del mismo movimiento, encontramos a Walter Scott (v.) y Thomas Moore (1779-1852). Scott sigue la corriente narrativa iniciada por Southey y, espoleado por Macpherson y Thomas Percy (1729-1811), se siente atraído por la poesía medieval popular y legendaria de su país. También se interesó por España, escribiendo en 1811 su Vision of Don Roderick. Pero no es el camino de la poesía en el que Scott iba a alcanzar su reconocida celebridad, y a partir de 1814 empieza con Waverley a publicar su serie de novelas históricas (31 en total), y con The Antiquary (1816), Rob Roy, I vanhoe (1819), Kenilworth (1821) y Quintin Durward (1823), etc., proyecta el género por Europa y Norteamérica.Scott acertó en el estilo de narración que el mundo romántico pedía; sus obras se traducían a todas las lenguas europeas con asombrosa celeridad, y en todas las naciones brotaban cultivadores del género histórico: Ainsworth, B. Lytton, Disraeli (v.) y el card. Wiseman (v.) lo practicaban en Inglaterra; Victor Hugo (v.) y Dumas (v.) en Francia: Manzoni (v.) en Italia; López Soler, Larra (v.), Espronceda (v.) y Gil y Carrasco (v.) en España; Almeida-Garret (v.) y Herculano (v.) en Portugal; Alexis y Hauf en Alemania; Gogol (v.) en Rusia y J. F. Cooper (v.) en Estados Unidos. Junto con lord Byron (v.), Scott es la fuerza literaria de más poder expansivo del R. europeo. El resurgimiento del regionalismo medieval que Scott llevó a cabo en Escocia, en el sector poético narrativo, lo intenta Moore en Irlanda con poesías de carácter lírico; sus Irish Melodies (1807-35), composiciones cortas que se acompañan con música de canciones populares irlandesas, le conquistaron el título de poeta nacional.A unos 15 ó 20 años de distancia de la publicación de The Lyrical Ballads, aparecen Byron, Shelley y Keats, los tres grandes poetas de muerte prematura. Este segundo grupo romántico difiere de los lakistas en su cortante expresión de disconformidad ante la sociedad de la época, en su arrogante, desesperada y despectiva actitud vital, su desprecio a la moral establecida y su encendido idealismo, sus distintas preocupaciones estéticas y su atracción por el mundo helénico. De modo semejante a los lakistas, no constituyeron una escuela poética, aunque sí un grupo natural relacionado por la amistad y otras coincidencias. Lord Byron (v.) es la figura más importante del R. inglés y la de mayor resonancia internacional. De temperamento exaltado y espíritu aventurero, anhelante de singularidad y de acción, rebelde e impetuoso, desdeñoso y burlón, a pesar de su estilo descuidado y de su intencionado y prosaico realismo, posee una fuerza arrebatadora y un calor humano que lo sitúan al lado de los máximos poetas. Lírico, dramático y, sobre todo, narrativo, sus cuentos en verso, Childe Harold (1812-18) y Don f uan (1819-23), conquistaron al mundo romántico con la fuerza de su enorme vitalidad.Su influencia es de las más amplias que presenta la Historia de la Literatura a partir del Renacimiento. Grande fue la sugestión que Byron ejerció en los maestros del R. francés, como Hugo, Lamartine (v.), Vigny (v.) y Musset (v.); y le siguen, experimentan su influencia o se inspiran en él: Guerratzi y Prati en Italia, Platen y Grabbe en Alemania, Mickiewicz (v.) y Slowacki (v.) en Polonia, Pushkin (v.) y Lermontov (v.) en Rusia, Lenau y Petófi (v.) en Hungría, Tegner (v.) en Suecia, y sus ecos (y su actitud) repercuten en el mundo de habla española desde Heredia, Echeverría (v.) y Espronceda (v.) hasta Bartrina, Bécquer (v.) y Núñez de Arce (v.). P. B. Shelley (v.) y John Keats (v.), aunque importantísimos, no tienen fuera de Inglaterra la resonancia que merecen por su obra. Ambos son líricos sobresalientes, cuyo valor fue reconocido inmediatamente en su patria, pero que, por sus peculiares condiciones, la apreciación de su poesía en el extranjero ha sido más bien tardía. La eléctrica e idealista vibración de Shelley y la inigualable perfección de Keats, como líricos, no tiene precedentes ni seguidores. Sus odas, sonetos y poemas líricos son inimitables.El Romanticismo alemán aparece ca. 1800 y se agrupa en principio en tres activas escuelas: Jena, HeidelbergBerlín y Stuttgart. Los románticos de Jena fueron un conjunto de jóvenes que procedían de la Aufklürung de Berlín, y que, sintiéndose vinculados por ideales y tendencias literarias comunes, coincidieron en 1789 alrededor de los hermanos Schlegel, J. L. Tieck y Novalis, siendo su órgano de expresión "Athenáum" (1798-1800). Pero el activo grupo tuvo corta duración como tal, y la muerte de Novalis en 1801 y el viaje de Tieck a Italia en 1804, seguido de sus dos años de permanencia en ese país, redujeron prácticamente a su fin la escuela de Jena. La de Heidelberg pertenece a esta primera época y, aunque es menos importante que la de Jena, cuenta con Arnim, Brentano (v.), los hermanos Grimm (v.) y el pensador y publicista J. J. von Górres (v.). Pero el desplazamiento de Arnim y Brentano a Berlín en 1808 disolvía prematuramente el grupo para tomar allí contacto con Fouqué, Chamisso y Eichendorff (v.), y constituir una nueva fase del movimiento romántico alemán. El último grupo es el de la escuela de Suabia, que en esta región y en Stuttgart unió en 1810-30 varios poetas de relieve. Carece del ropaje doctrinal y metafísico de la escuela de Jena, su inspiración es local, popular y rural, y éticamente se opone a la libertad moral proclamada por los Schlegel. Uhland es el jefe del grupo; pero Kerner es el más romántico, Mórike el más poeta y Lenau el más desesperado. Sin embargo, la figura poética más inspirada del R. alemán, Heine (v.), no procede de ninguna de estas escuelas, ni tampoco tiene relación directa con ninguna de ellas el celebrado y fantástico cuentista E. T. A. Hoffmann (v.).Sin disminuir la eficacia de dichas escuelas como impulsoras del movimiento ni su importancia colectiva, lo verdaderamente interesante en la producción literaria son las individualidades, la selección de escritores, sin la cual no podría hablarse de R. alemán. Sobresalen August y Friedrich Schlegel (v.), ambos notabilísimos críticos; el primero, introductor de Shakespeare, la traducción de cuyos dramas se consideró una sólida aportación al movimiento; y el segundo, el formulador de los principios del R. con sus brillantes aforismos publicados en "Athenáum". J. L. Tieck (v.) fue un dramaturgo de carácter lírico, creador de un teatro poético influido por Calderón (v.), el español a quien ciertos románticos alemanes situaban por encima de Shakespeare.F. L. Novalis (v.), el genio más conspicuo de la escuela de Jena, a quien la muerte de su amada le inspiró Hymnen an die Nacht (Himnos a la noche), 1800, maravillosa expresión de su profundo lirismo. Idealista puro, con sus "fragmentos", publicados en el segundo número de "Athenáum", formulaba la doctrina religiosa, filosófica, moral y artística del R.; su ensayo Die Christenheit oder Europa (La cristiandad o Europa), 1799, publicado en 1826, constituyó un acendrado reconocimiento de la Edad Media como comunidad político-religiosa, que indica la reacción catolizante del Romanticismo. La máxima realización de Achim von Arnim (1781-1831) y K. M. Brentano (v.) fue su publicación Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del niño), 1805-08, tres volúmenes de canciones populares, de sueños ideales del pasado, que constituyen la aportación máxima del grupo de Heidelberg.La literatura verdaderamente creadora del círculo romántico trasladado de Heidelberg a Berlín la producen los poetas y novelistas Adelbert von Chamisso (17811838) y J. von Eichendorff (v.). Aparte sus notables narraciones en prosa, éstos son quienes con el impulso lírico reflejado en el sentimiento de las canciones populares y los romances del primero (coleccionados en 1831), y la mágica interpretación de la Naturaleza en las poesías del segundo (1837), proporcionaron vertebración poética al grupo berlinés. La escuela de Suabia tiene tres representantes ilustres: Johann L. Uhland (1787-1862), maestro del romance histórico, mejor conocedor del mundo medieval que los poetas de Heidelberg, y, por tanto, un intérprete superior y más realista de la vida del pueblo en sus poemas de tradición popular; y Eduard Mórike (1804-75), el lírico de más categoría del grupo y uno de los mejores del periodo: espiritual, evasivo, refrenado, su poesía (1838) posee el encanto de la sencillez y la verdad. Dentro del marco de la escuela de Suabia, aunque en este caso fuera un austro-húngaro, tenemos a Nikolaus Lenau (1802-50), el lírico de más fuerza que había conocido Austria desde Vogelweide (v.). Lenau era byroniano por la vertiente pesimista; pero distinto de Byron, fue incapaz de sobreponerse a la desesperación y acabó en la locura. En sus poemas (1840) volcó como nota dominante su escepticismo y su desesperación.La figura poética más universal e indiscutible del R. alemán es H. Heine (v.), uno de sus últimos vástagos, pero el más sobresaliente. Acaso su ironía, su burlona actitud de la sinceridad romántica, su capacidad de autocrítica, parecen una contradicción de las manifestaciones del alma alemana y de su revelación dentro del movimiento romántico; a pesar de todo, su Buch der Lieder (Libro de canciones), 1827, le convirtió en el poeta más conocido de su país. Su nueva colección de poesías (1844) y su Romanzero (1851) reforzaron su fama. Quizá su aportación más impresionante sean sus cuadros del mar del Norte, Die Nordsee, en los que demuestra ser el poeta alemán que ha sentido con más frescor y hondura la magia y el misterio del mar.Doblemente, por su categoría intrínseca como dramaturgo y por su interés por el teatro español del Siglo de Oro, es preciso citar al austriaco Franz Grillparzer (v.): Blanka von Castilien, Der Traum ein Leben (El sueño es vida) y Die Jüden von Toledo (Los judíos de Toledo), admirable adaptación del drama de Lope de Vega, su autor favorito, atestiguan su interés por España y la influencia de ciertos aspectos de la Historia y la Literatura españolas en el R. internacional.4. Francia, Italia y Portugal. Si el R. inglés se caracteriza por su empuje creador, y el alemán por la formulación ideológica, el Romanticismo francés presenta aspectos de levantamiento nacional. Con el mismo vigor que en Francia se había defendido un tiempo el neoclasicismo (v.) después se atacaría el baluarte de las tres unidades, el buen gusto y la razón. El primer cenáculo romántico francés lo formó Charles Nodier (1783-1844), director de la Biblioteca del Arsenal, en 1823, alrededor del cual, y en el salón de la misma, se juntó un grupo de jóvenes escritores, entre los que se contaba Victor Hugo (v.). Pero el verdadero lanzamiento público del movimiento arranca de 1828, cuando este último se declaró su caudillo y en el préface de su drama Cromwell expuso el manifiesto de la nueva escuela. Las ideas contenidas en este prólogo no eran necesariamente originales; se habían hecho concreción creadora en Inglaterra y se habían promulgado y llevado a la realidad en Alemania y en la misma Francia; pero Victor Hugo las supo organizar eficazmente en forma de arenga combativa, y sus gritos de " ¡Abajo la división de géneros; abajo las reglas del gusto!" tenían que levantar a la nueva generación.Como escribe T. Gautier en su Histoire du Romantisme: "El préface de Cromwell resplandeció ante nuestros ojos como las Tablas de la Ley sobre el Sinaí". En realidad, sus argumentos eran muy discutibles; pero a la vez encerraban mucha verdad, ilusión y una estusiasta necesidad de revelación. Shakespeare, W. Scott y Byron empujaban por un lado; Goethe, Schiller y las escuelas románticas alemanas, por otro; la España medieval, Calderón y el teatro del Siglo de Oro presionaban la imaginación europea desde el Sur. El estreno de Hernani (25 feb. 1830), un drama de tema español de la época de Carlos I, de cierto parecido con Romeo y Julieta, enfrentó decisivamente a los románticos contra los clásicos, y la juventud romántica se hizo dueña del campo. Gautier, que rozaba entonces los 20 años, escribe a 37 años de distancia: "Para esta generación Hernani fue lo que Le Cid para los contemporáneos de Corneille. Todo el mundo joven, bravo, enamorado y poético recibió su impulso". El autor de Hernani escribirá obras de teatro tan bellas y más completas y dramáticas, "pero ninguna, añade Gautier, ejerció jamás sobre nosotros semejante fascinación". Por sus 60 años de actividad en el campo de la poesía, el drama y la novela, y por sus valores literarios intrínsecos y su influencia en el extranjero, Victor Hugo es la figura más prominente del R. francés.El segundo gran poeta del periodo es Alphonse de Lamartine (v.). En realidad, se adelantó a Victor Hugo; pero de temperamento introspectivo, publica silenciosamente sus Méditations poétiques (1820-23), las primeras de las cuales (1820) contienen sus más lánguidos sentimientos centrados en la figura de Elvira (Mme. Charles), una joven cuya muerte (1817) dejó una melancólica estela de luz e ideal en el corazón del poeta. Lamartine escribió también poesía lírico-narrativa como Jocelyn (1836) e idilios novelados que, como Graziella (1849), son vivos ejemplos de su arte, bañado de una cristiana caridad y un nostálgico idealismo por los hombres, la Naturaleza y las cosas sencillas. Alfred de Vigny (v.) es una de las figuras más puras de su generación y uno de los tres o cuatro grandes líricos de la Francia del s. XIX. Participó algún tiempo en el movimiento romántico, pero su naturaleza fina y discreta le apartaba de las multitudes, y la enfermedad de su mujer, unida a otras razones, le hacía abandonar París para ir a vivir en el campo, sin sentir nostalgia de la gloria conquistada con la sublimidad lírica de sus Poémes antiques et modernes (1825), sus narraciones de soldado Servitude et grandeur militaires (1835) y del éxito alcanzado por su drama Chatterton (1835). Como afirmaba Gautier en 1863: "Pocos escritores han realizado como Alfred de Vigny el ideal que nos formamos del poeta". Esta frase sintetiza e implica una aspiración romántica. Sus poemas Eloa ou la Soeur des Anges (escrito en 1823), La Maison du Berger (1844), La Mort du Loup y Le Mont des Oliviers (1843) son una muestra de su temática y posibilidades expresivas. Su desesperanza y su estoico pesimismo son fruto del exagerado idealismo de esta generación.Alfred de Musset (v.) es el poeta más característico del periodo romántico francés. Verdadero hijo del siglo, el R. no fue para él una tendencia literaria, sino una forma de vida, que agostó, entre sus tempranos éxitos literarios, su constitución física y sus apasionados y tormentosos amores con la escritora G. Sand. Sus poemas más sentidos y acabados son: La Nuit de Mai (1835) y La Nuit de Décembre (1835), llenos del sufrimiento que en su alma había dejado su ruptura con G. Sand; y La Nuit d’Aoút (1836) y La Nuit d’Octobre (1837), en los que si bien se remansa un nostálgico recuerdo, delatan una actitud más tranquila y comprensiva hacia la vida. Estas cuatro "noches" constituyen un diálogo elegíaco entre la Musa y el Poeta. Estos poemas, su apasionada Confession d’un Enfant du Siécle (1836) y sus cuentos y narraciones en prosa, arrebataron a la juventud del periodo romántico, y su aliento ha alcanzado todavía a las generaciones de nuestros días. Théophile Gautier (v.), el interesantísimo testigo del movimiento romántico francés, se interesó, como Musset, por España y escribió sobre ella: España (1845). Gracias a él se conocen de primera mano las inquietudes, la pasión, el amor, la embriaguez y las aspiraciones que empujaban a la juventud de su época. Pintor convertido en escritor y poeta, sus poemas Émaux et Camées (1852) delatan una admiración y un dominio de la forma que le sitúan como puente entre el R. y el parnasianismo (v.). En otro aspecto, su actitud apunta hacia Baudelaire (v.). Interesa recordar al poeta Béranger (1780-1857), que con su musa agresiva y displicente puede haber influido en algún aspecto de Espronceda; y la escritora George Sand (v.), relacionada con nombres relevantes del mundo artístico y literario del momento, que presenta con sus novelas una visión algo poetizada de la realidad. Con Stendhal (v.) y Balzac (v.) la novela desemboca en el realismo (v.).El Romanticismo italiano, aunque responde en general a las características europeas, está orientado por el anhelo político de liberación y el de consecución de la unidad nacional. Por estas causas, es menos liberador en el sentido individualista, y difiere sobre todo de los de Inglaterra y de Alemania, que son más contemplativos y tienden a abrir las puertas expresivas del mundo interior. Se han citado los nombres de algunos precursores, como Cesarotti y Foscolo; no puede faltar el de Vicenzo Monti (v.), conocedor e introductor de Shakespeare, Milton, Young, Rousseau y Klopstock, y hay que contar con la presencia física de Byron, Shelley y Keats en Italia, donde murieron los dos últimos. Sin embargo, y a pesar de la presión nacionalista, el R. italiano presenta un tono moderado comparado con otras literaturas: es discretamente sentimental, imaginativo, idealista y, por encima de todo, patriótico.Giacomo Leopardi (v.) es el cantor de la vida triste, la miseria, las limitaciones físicas y espirituales, y los anhelos de libertad y felicidad que jamás pudo vivir. Un encuentro oportuno con Manzoni (v.) hubiera podido reorientar su vida. Pero ello no ocurrió en el momento favorable, y cuando conoció a éste en Florencia, en1827, su personalidad estaba ya cristalizada en un pesimismo sin remisión. Sin religión, desvanecidas sus inquietudes patrióticas, apagada su fe en la felicidad que todo ser puede esperar del mundo, para Leopardi pierde valor la vida, y el mundo gime dentro de él en un dolor cósmico. Las Canzone (1824), elegías e idilios (1817-22) y los Canti (1834-36), compuestos en versos precisos de clásica contención, revelan emotivamente su atormentado pensamiento, su actitud de retirada ante las incitaciones de la vida. Le Ricordanze (1829) y La Ginestra (1836) son poemas en los que se manifiestan al vivo la calidad y las cualidades líricas del desdichado poeta. Leopardi murió en 1837, a los 39 años.
Alessandro Manzoni (v.) tuvo mejor fortuna. En 1805 estuvo en París, en contacto con el materialismo enciclopedista, pero su matrimonio en 1808, con una joven ginebrina que se convirtió al catolicismo, le devolvió la fe; esta fe, junto con el fervor de unos amigos íntimos, le sostuvo en los contratiempos. Su larga vida le concedió el don de sentirse respetado por su pueblo y ver unificada la nación italiana. Manzoni escribió poesía, drama y novela. Sus obras más conseguidas en estos géneros son Il Cinque Maggio (1821), La Pentecoste (1822), poemas en los que se manifiesta la fuerza unificadora y amorosa de la religión y el sentido providencial de la historia; la tragedia Adelchi (1822), en la que se escenifica la ruina del reino lombardo en Italia; y la novela histórica I promessi sposi (Los novios), 1827, que narra las vicisitudes de dos enamorados de la región lombarda, durante la dominación española en el s. xvti. La luz, la armonía y el equilibrio son características de la imaginación de Manzoni, y sus creaciones poseen el sello de la experiencia de la vida.El R., en su vertiente cristiana y su belleza moral y patriótica, está representado sobre todo en Silvio Pellico (v.), quien, con su conocidísima narración Le mie prigini (Las prisiones), 1832, expresa con suave serenidad, que no oculta los hechos, los sufrimientos padecidos por él y sus compañeros en las cárceles austriacas. También interesa recordar la obra literaria de intención política del patriota Massimo D’Azeglio (1798-1866), y las traducciones que de Byron y Scott hizo Giuseppe Niccolini (1788-1850).El Romanticismo portugués, como el español (v. in), adopta las características generales del europeo, y con los antecedentes de la guerra de Napoleón y la civil entre los partidarios del rey Miguel (v. MIGUELISTAS) y los liberales (1829-33) predominan los sentimientos de independencia y la ideología liberal. No presentó el aspecto de una revolución literaria y no precisó abrirse paso con oposición ni debates críticos. El movimiento tiene antecedentes, y aunque el s. xviii portugués estuvo dominado por el arcadismo italiano (v. PORTUGAL ix), Portugal recibió ecos del prerromanticismo europeo, singularmente inglés. Hacia 1816, la marquesa de Alorna alternó con Mme. de Staél en París, recibiendo de ésta las ideas románticas; ella fue la primera en traducir a los poetas alemanes. A partir de 1820, Almeida-Garret (v.) adquirió ciertas nociones del R. leyendo a Schlegel, Y aceptó las ideas de Mme. de Stai;l referentes a la literatura como expresión de una sociedad. Almeida-Garret fue desterrado a Inglaterra en 1828, y de regreso de este país en 1832, fue considerado como un gran liberal y jefe del movimiento romántico portugués.El R. en Portugal aparece hacia 1825 y perdura hasta 1860. Los dos grandes artículos de Herculano (v.) sobre el estado de la literatura nacional (1834) señalan definitivamente las nuevas direcciones, y las revistas románticas "Trovador" y "O Novo Trovador" aparecen en 1844 y 1851 respectivamente. En el Portugal de este periodo se sigue más bien a Scott que a Byron, a Lamartine más que a Victor Hugo, y se prefiere lo histórico a lo legendario.Almeida-Garret descubrió en Inglaterra el interés de las baladas (v.), el goticismo prerromántico y la novelística histórica de Scott. Con su poema Camóes (1825) inicia la reforma romántica. Su tema es la vida de Camoens (v.) y la composición de Os Lusíadas, con el cual se demuestra su sentido nacional. En parecida línea se halla Dona Branca (1826), poema escrito en verso libre, cuyo motivo principal es la conquista de Algarve. Aquí su vena épica está encendida de pasión y patriotismo. El lírico que había en él se revela en Folhas caídas (1853), poemas subyugadoramente apasionados, llenos de deliciosa amargura, naturales y armoniosos, en los que el poeta descarga su corazón, oprimido por unos tardíos amores inspirados por la vizcondesa Luz.Aunque había escrito novelas históricas, la verdadera reforma en este género tenía que llevarla a cabo A. Herculano (v.). La marquesa de Alorna había despertado previamente en él su gusto por la poesía y la literatura histórica alemanas. Herculano es lírico, novelista e historiador. Como liberal, tuvo que emigrar a Francia en 1831, y allí entró en contacto con la novelística histórica y la Historia (Scott, Chateaubriand, Thierry), con los escritos de Lamennais, y la poesía de Lamartine y Vigny. Pero distinto de Vigny, Herculano era un cristiano convencido, y su inspirada fe se manifiesta en A Cruz mutilada, una de las composiciones más relevantes de la poesía religiosa del periodo. Sin embargo, su obra más consistente (aparte la de historiador científico) se reúne en su serie de narraciones históricas, Lendas e narrativas (1837-44), con las que inauguraba las dos direcciones que habían de predominar en el género: la novela histórica y la rural. Su aportación más sobresaliente consiste en un cambio de método: sacrificar la acción y la precipitada secuencia de acontecimientos en favor de la selección y la síntesis, que reconstruye con más profundidad y vigor imaginativo la ilusión de lo real.De la vena rural de O Parocho d’aldeia de Herculano deriva la novela campesina de Júlio Dinis (v.) As Pupillas do Sr. Reitor (1866) y otras como Os Fidalgos da Casa Mourica (1873), en las que se trasluce un ambiente de pureza, amor y confianza, que Castelo Branco (v.) no comparte en sus Novellas do Minho (1862). La obra más importante de Castelo Branco es, sin embargo, su novela Amor de perdido (1862), sentimental, apasionada y trágica, a la que opone él mismo su antítesis en Amor de salvado (1864).5. Otros países. Para Rusia, como para Polonia, el R. no consiste en un cambio de estilo en su historia literaria, sino que significa el despertar de su literatura nacional. Es sabido que la europeización rusa y polaca se realiza en el s. XVIII; pero la campaña rusa de Napoleón y quizá otras causas más enérgicas, aunque menos visibles, sacuden el sentimiento nacional y con él despierta de verdad la literatura de estos países. El primer precursor del R. fue A. Zhukovski (1783-1852), que con sus traducciones de poetas ingleses y alemanes destruyó el mito, de la posición absoluta que ostentaba la literatura francesa y abrió en su patria las puertas del Romanticismo. En 1802 tradujo la Elegía de Gray, el drama de Schiller sobre la doncella de Orleáns, y poemitas de Uhland y Goethe. Su amor al oficio era tanto que en 1839 visitó el cementerio de Stoke-Poges, leyó sobre el terreno la elegía de Gray y la tradujo de nuevo en hexámetros con más fidelidad y acierto que la primera vez. Pero los grandes nombres del periodo romántico ruso son Pushkin, Lermontov y Gogol.A. Pushkin (v.) y M. Lermontov son dos figuras que encarnan al poeta romántico de tendencia byroniana. Ambos son excelentes escritores, sufren destierros al Cáucaso a causa de sus ideas liberales, coinciden en su desenfado, exigen de su juventud y cualidades más de lo permisible, y mueren jóvenes a consecuencia de un duelo. Pushkin es superior a Lermontov; los diez años más que vivió contribuyeron en su madurez. Pero los dos son vibrantes escritores en verso y prosa, líricos apasionados que fundieron sus ideales y su vida en una sola pieza moldeada al estilo de lord Byron. Pushkin destaca por su poesía lírica, sus extensos poemas El prisionero del Cáucauso (1821) y Eugenio Onieguin (inacabado, 1823-31), su drama histórico Boris Godunov (1831) y la novela La hija del capitán (1836). Lermontov recoge la primacía de Pushkin por poco tiempo, y demostró ser un digno sucesor. Es uno de los mejores líricos de Rusia, y en realidad el más grande heredero de las esperanzas frustradas, pues su vida se truncó a los 27 años, y, con su muerte, la corriente de la poesía nacional que había empezado en el reinado de Alejandro I toca a su fin. Su poema El demonio (1829-39) se inspira en Byron y Vigny. La canción sobre el zar Iván el Terrible, el guardia personal y el mercader Kalashnikov (1838), de tema popular ruso, procede estructuralmente del cuento en verso byroniano, pero es un poema que muestra una absoluta independencia de creación. Un héroe de nuestro tiempo (1840), de factura escéptica y despectiva, netamente byroniana, es una apasionante biografía novelada, de interés psicológico y analítico, del personaje central en vísperas de un duelo, que constituye una profecía de la muerte del poeta. N. Gogol (v.), novelista y dramaturgo, con sus obras tan auténticamente rusas, como Taras Bulba (1834), El gabán (1835), El inspector (1836) y Las almas muertas (1824), presenta un cuadro de la sociedad de su época que, fundidos el sentimiento, la observación y lo cotidiano y lo grotesco que puede ofrecer la vida, señala el camino del realismo.En Polonia sobresalen los poetas A. Mickiewicz, Juliusz Slowacki y Zygmunt Krasirfski (1812-59). Mickiewicz (v.) es un vigoroso poeta que conserva su originalidad a pesar de inspirarse en Goethe y Byron. Su obra principal es Pan Tadeusz (El señor Tadeusz), 1834, epopeya de la vida campesina polaca de alta calidad artística y humana, que puede considerarse como el poema nacional. También escribió poesías líricas y Konrad Wallenrod (1828), una importante novela histórica. Slowacki y Krasiriski, que como Mickiewicz también tuvieron que emigrar al extranjero, presentan características distintas; el primero es autor de poemas narrativos en la línea de Byron, corno jan Bielecki, el drama Mazzepa (1840), y composiciones líricas como Oda a la libertad (1830) e Himno a la Madre de Dios; el segundo, en sus poemas La aurora (1843), Salmos del futuro (1845) y Salmos de buena voluntad, augura para su patria un futuro esperanzador, basado en que el porvenir debe apoyarse en las cualidades positivas de los hombres y no en el odio y la venganza. Tanto Slnwacki como Krasiríski sintieron la influencia de Mickiewicz en su poesía, y ambos escribieron dramas. Slowacki, en 1841, con su Príncipe inflexible, hizo una adaptación de El príncipe constante, de Calderón. Es imprescindible mencionar por último al novelista histórico H. Sienkiewicz (1846-1916), cuya tardía novela romana Quo Vadis? (1896) derivada de Scott, y más directamente de Bulwer Lytton y Wiseman, se ha hecho conocida y famosa en todo el mundo europeizado.La oleada romántica se extiende por toda Europa, alcanzando con diferente empuje y características a todos los países. En Hungría, la figura por excelencia es S. Petófi, poeta apasionado y gran patriota, que murió Jovencísimo en Sighisoara, en defensa de su patria contra Rusia y Austria. Sus arrebatados poemas combativos como La canción de los perros y La canción de los lobos (Poesías completas, 1849) constituyen una lección de ética nacionalista y un ejemplo de su sincera y vibrante personalidad poética. El R. coincide muy frecuentemente con el despertar de los nacionalismos o con la afirmación de los mismos. En Dinamarca, A. T. Oehlenschláger (v.) introduce a Goethe, a Schiller y al drama romántico en los países escandinavos, y en sus poemas derivados de los eddas y las sagas explota con renovado vigor la tradición mitológica e histórica de los países nórdicos. H. Ch. Andersen (v.) será, sin embargo, quien tenga la fortuna de alcanzar la universalidad con la entrañable y poética melancolía de sus inimitables narraciones escritas a lo largo de 1835-72. En este periodo, Noruega forcejea para conseguir su autonomía cultural frente a Dinamarca, y el poeta H. A. Wergeland (v.) es la personalidad más representativa: político y teólogo, sus poemas más sobresalientes son La creación, El hombre y El Mesías (1845).En Suecia, el poeta más prominente es E. Tegner (0, que influido por Oehlenschláger, Ossian, Young, Goethe y Byron escribe una colección de composiciones lírico narrativas -la Saga de Fritiof (1825)- de amor y guerra, que le elevan a la categoría de poeta nacional. E. J. Stagnelius (v.) es otro de los poetas de renombre por sus composiciones líricas agnósticas, Los lirios de Sharon (1821); Los mártires, en cambio, describen la religiosidad de los primeros cristianos y Las bacantes (1822) son una dramatización del mito de Orfeo. La rev. "Phosphoros" agrupaba las actividades de la escuela romántica sueca llamada de los "fosforistas", de derivación alemana; la escuela llamada de los "góticos" cantaba sus aspiraciones basándose en la mitología escandinava y la poesía de los escaldas. Finlandia aporta al R. su formidable literatura popular, y Elias Lónnrot (1802-84), el meritorio recopilador folklórico finés, con su formidable poema narrativo Kalevala (1835, unos 12.000 versos; 1849, unos 23.000 versos), además de composiciones líricas, romances y leyendas, comprendidos en El tocador de arpa (1840), contribuyó de modo definitivo al despertar de la literatura finesa y proporcionó un monumento inapreciable a la universal.El movimiento romántico llegará hasta donde alcance la cultura europea. El R. norteamericano aglutina una gran variedad de elementos religiosos, sociales y políticos, circunstancialmente distintos a los de Europa, pero que responden a una parecida pulsación emotiva, liberadora, imaginativa, pasional y sentimental. Los primeros románticos norteamericanos son a la vez los inicialmente reconocidos por Europa. En la novela sobresalen el medievalismo y pintoresquismo internacionales de W. Irving (v.); la primera explotación directa del material autóctono norteamericano realizada por J. F. Cooper (v.); y las narraciones misteriosas y terroríficas de E. A. Poe (v.). Este es a su vez el primer poeta norteamericano que -causa impacto dentro y fuera de su patria. A él le siguenH. W. Longfellow (v.), el limpio y sentimental poeta de inspiración y musicalidad marcadamente tennysonianas, y la musa posromántica, libérrima, individualista, característicamente americana de W. Whitman (v.). No hay que olvidar a dos novelistas de verdadera profundidad y magnitud: N. Hawthorne (v.) y H. Melville (v.). Ambos son alegóricos; revelador de la maldad y el pecado en las relaciones sociales y humanas, el primero; empeñado en resolver el misterio del hombre en su lucha contra las fuerzas negativas que se enfrentan a su paso, el segundo.
Incluso a Australia llega, aunque atenuada, la onda romántica, y en Charles Thompson (1806-83) y Charles Harper (1817-68) encontramos ecos de este amplio movimiento. Thompson escribe sus derivativas, pero interesantes, Wild Notes from the Lyre of a Native Minstrel (Notas selváticas de la lira de un trovador autóctono), 1826, y Harper, de superior calidad poética, publica sus Thoughts (Pensamientos) en 1845. En Harper se diferencia ya la poesía del mero verso y puede considerársele como el precursor de la poesía australiana. Más adelante aparecen cuentos y narraciones con ansias de color local, y novelas de colonización.El R. es un fenómeno literario importantísimo y más vasto que el Renacimiento (v.); pues mientras éste, literariamente, permanece dentro de unos determinados límites estéticos (si bien alcanza en ellos hitos de inigualable calidad), el R., con su problemática individual y social y su complicación circunstancial, penetra profundamente en los sectores más recónditos del alma humana, llegando a cubrir en extensión toda la geografía del mundo europeizado, y mezclándose con diversas ideologías y políticas.ESTEBAN PUIALS.
BIBL.: T. GAUTIER, Histoire du Romantisme, París 1874; M. MENÉNDEZ PELAYo, Historia de las ideas estéticas en España (siglos XVIII y XIX), Madrid 1883-91; E. OSPINA, El Romanticismo, Madrid 1923; H. G. DE MAAR, History of Modern English Romanticism, Oxford 1924; A. FARINELLI, 11 romanticismo nel mondo latino, Turín 1927; 1. L. MCCLELLAND, The Origins of the Romantic Movement in Spain, Liverpool 1937; O. ELTON, A Survey of English Literature 1730-1880, 6 vol., Londres 1912-28; L. REYNAUD, Le Romantisme. Ses origines anglogermaniques, París 1926; P. VAN TIEGHEnt, Le préromantisme, París 1930; fD, Le mouvement romantique, París 1940; íD, Le romantisme dans la Iittérature européenne, París 1948; E. PUIALS, El Romanticismo inglés. Orígenes, repercusión europea y relaciones con la literatura española, Santander 1969; A. BASAVE, El Romanticismo alemán, México 1964; M. BRION, La Alemania romántica, Barcelona 1971.
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