Romanticismo I. Introduccion General. ARTE
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Arte
Se entiende por R. el movimiento ideológico artístico que se difundió durante la primera mitad del s. XIX, después del hundimiento del Imperio napoleónico, de reacción contra el racionalismo (v.) del s. XVIII y de aparición de los nacionalismos (v.) en Europa.Características y límites del pensamiento romántico. Frente a la ideología racionalista, que representó la Ilustración (v.), y que se negaba a conocer cuanto no pudiese expresarse en forma "universalmente válida", con lo que se ignoraba sistemáticamente tanto los aspectos concretos y particulares de la realidad como diversas facultades humanas (intuición, sentimientos, etc.), el pensamiento romántico considera que el conocimiento racional debe ser sustituido o mejorado por métodos de intuición (v.) e irracionales que permitan captar plenamente la realidad concreta. Más continuador, en cambio, de la ideología ilustrada es el positivismo (v.), que, afectando sobre todo a la filosofía y a las ciencias, se desarrolla paralelamente al R. y en gran medida en oposición a él.Filosóficamene, el R., como la Ilustración, tiene poca consistencia. La ideología romántica concede especial importancia a la experiencia (v.), al margen de toda construcción teórica, y afirma el carácter dialéctico de la realidad (v.), es decir, la contradicción y el cambio permanente son los elementos esenciales de lo real. Por eso considera que cada etapa histórica tiene sus características propias e intransferibles, que la hacen incomparable con cualquier otra, en contra de la idea del progreso (v.), característica de la Ilustración. La realidad del momento no se puede comprender si no es integrándola en un proceso en el que el pasado tiene tanta importancia como el futuro. Comprender un fenómeno fue para los racionalistas descubrir la norma absoluta que lo regía, en tanto que para el romántico la comprensión se logra cuando se conocen los orígenes y se pone de manifiesto la pervivencia del pasado, determinándose su sentido (de ahí la importancia que se dio a la "tradición" en el movimiento romántico).Es claro que estas ideas están en consonancia con las fideístas y tradicionalistas en el campo filosófico y teológico, que llegaban a considerar que únicamente pueden alcanzarse conocimientos ciertos y seguros por medio de la fe o de la tradición, pero nunca por medio de la razón individual; actitud ante la que tuvo que salir al paso el Magisterio de la Iglesia (V. FIDEíSMO Y TRADICIONALISMO).Hay que notar que en el fondo de este aspecto de la ideología romántica, como en otros que se irán viendo, late también un racionalismo, y con él un naturalismo (v.), aunque sea de distinto signo que el ilustrado. El racionalismo ilustrado era más empirista (V. EMPIRISMO), y, por tanto, más débil y superficial, de un ingenuo "optimismo" (que se refleja, p. ej., en su idea del progreso) con tendencia individualista. En el pensamiento romántico hay un racionalismo de signo más idealista (v. IDEALISMO) y en muchos casos más profundo; ejemplo típico es el del filósofo Schelling (v.; 1775-1854); pero a fin de cuentas, sus pretensiones de agotar el conocimiento y comprensión del hombre y de la realidad, y desde bases meramente naturalistas, si bien de forma distinta a los ilustrados, terminará conduciendo su ideología al monismo (v.); y, con él, lejos de cualquier pluralismo (v.), favorecerá las formas de absolutismo propias de los raciónalismos e idealismos (Hegel, Marx). Los escritores románticos estuvieron bastante ligados a las actividades políticas; y ante todo el R. produce una cierta exaltación del liberalismo (éste como ideología participa de la Ilustración y del R.); sin embargo, en política el R. se mezcla con diversas tendencias, hasta con las más totalitarias, pasando de la difusión de ideas liberales a otras más o menos socialistas (suele hablarse del socialismo romántico de SaintSimon, v., y de Fourier, v.); ello está unido a que ideológicamente el R. es permeable a un arco de ideas, en el que no faltan tampoco contradicciones, que van desde el racionalismo crítico kantiano al racionalismo idealista hegeliano (V. RACIONALISMO; MODERNA, EDAD III, 6).Puede decirse que, en lo que pueda considerarse como movimiento con cierta unidad o cohesión, el R. se va disolviendo con la afirmación y disolución de los idealismos y totalitarismos a partir de la segunda mitad del s. XIX. Tuvo mucho positivo. Queda, como aportación suya, una cierta superación del estrecho y débil racionalismo ilustrado y positivista, su aprecio por los sentimientos, lo intuitivo y lo sentimental, su mayor comprensión de la historia y de lo histórico su revalorización de la tradición y de las tradiciones, etc. Como límites o defectos, su excesivo "naturalismo", al menos en algunos de sus representantes, y los inherentes al excesivo acento en lo sentimental, en lo que es un pasajero estado de ánimo, con su falta de equilibrio. Todo ello se refleja en gran parte en los movimientos culturales, literarios o artísticos que le siguieron: como el naturalismo, que a veces se transforma en materialismo, especialmente en literatura (v. NATURALISMO III); el eclecticismo, que afectó sobre todo a algunos sectores de la filosofía y del arte (V. ECLECTICISMO I, 4 y II); y las diversas formas de realismo, entre las que se encuentran las que mejor aprovechan las adquisiciones anteriores, y que abarcan todas las manifestaciones de la cultura y civilización (v. REALISMO II-VI). También se puede mencionar, finalmente, al historicismo (v.) como corriente estrechamente vinculada al R., tratando de aprovecharlo y superarlo a un tiempo; y quizá podría hacerse una observación parecida respecto al vitalismo (v.) y la fenomenología (v.).Frente a la concepción individualista del siglo anterior, el R. afirma la estrecha relación entre el hombre y sus circunstancias sociales e históricas. El hombre existe en relación con la sociedad y para la sociedad, pero ésta no es el resultado de una creación voluntaria, de un pacto entre los hombres, sino que es anterior e independiente de cada individuo concreto, tiene su propia ley y sus fines, que tampoco coinciden con la suma de los intereses individuales. Así, la sociedad, a la que los románticos designan con los nombres de "pueblo" o "nación", tiene una vida propia, con lo cual cada pueblo posee una misión histórica que cumplir. Esta manera de pensar es la que produce los movimientos nacionalistas típicos del s. XIX, en los que se pretende dos cosas: por un lado, conservar las peculiaridades de cada pueblo (de ahí, entre otras cosas, el interés y cuidado de los románticos por recoger y transmitir las tradiciones populares y el folklore, v.) y, por otro, reclamar el derecho de cada nación a disponer libremente de su destino. Otra de las características de la mentalidad romántica es su postura de rebeldía, que en cierto modo representa una contradicción frente a la importancia que se da al pueblo como comunidad con vida propia. El racionalismo de la Ilustración molestaba profundamente a los jóvenes de la nueva generación. Rastreando en el s. XVIII, el alemán Klinger había escrito ya su tragedia Sturm und Drang (Arrebato e ímpetu), 1776, que dio nombre a un movimiento crítico en el que se preconizaba la revuelta del individuo contra la sociedad.El R., que se extiende aproximadamente entre 1770 y 1850, enaltecía, ante las exigencias de la razón, "los derechos del corazón". El mito del héroe se extendió entre la juventud burguesa; pero no el de un héroe inteligente y razonable, sino sobre todo sentimental. El R. fue, antes que nada, un estado del alma y una inquietud que parecía tener como norma fundamental el mantenerse fuera de toda norma. Frente al gusto clásico por el mundo grecorromano, que caracterizó a la generación anterior, los románticos se inclinan cada vez más hacia el mundo medieval, que ellos veían como un periodo misterioso y complejo; las librerías de Europa se llenaron de ejemplares de las Sagas escandinavas, el Romancero español, la Chanson de Roland o el Sigfrido de los Nibelungos y la novela histórica ambientada en la Edad Media, cuyo mejor representante fue el escocés Walter Scott (v.), que se impuso con un éxito extraordinario. El deseo de salirse de lo hasta entonces considerado como correcto y normal llevó incluso a la aparición de una moda en el vestir extravagante y de un género de vida apasionado, que muchas veces terminaba trágicamente en el suicidio o en el duelo.Romanticismo, liberalismo y nacionalismos. Una de las causas que contribuyeron al éxito del R. fueron los levantamientos populares en los países ocupados por las tropas napoleónicas. La ocupación y la posterior resistencia antifrancesa dio a los pueblos un sentimiento de nacionalidad que antes habían tenido en forma más difusa. Al mismo tiempo, como ya hemos señalado, el R. aparece como una reacción frente al racionalismo de la Enciclopedia, que fue a su vez una de las fuentes intelectuales de la Revolución francesa. El movimiento romántico, en sus primeros años, va unido a la ideología de la Restauración en cuanto significaba la liquidación del imperialismo napoleónico y la reacción frente a los principios enciclopedistas de la Revolución francesa. Pero este periodo duró poco; en seguida, el movimiento romántico se colocó al lado del liberalismo (v.); y así se vincularon en gran parte, por medio del R., los movimientos liberales con los nacionalistas, durante esta época.Este hecho tiene una doble explicación. Las características del R., como la defensa de lo irracional, la revuelta del espíritu contra toda norma y la exaltación de lo popular, eran incompatibles con el restablecimiento del absolutismo (v.) o del despotismo (v.) ilustrado, que pretendían imponer en Europa la política de la Restauración y la Santa Alianza. Por eso el R. coincidió pronto con los movimientos liberales que querían una libertad en el campo político y una independencia para los pueblos con peculiaridades propias. Por otro lado, el R. se consolidó en Francia, desde donde se extendió a los países del Mediterráneo, fomentando el aspecto individualista y radical de las poblaciones latinas. El triunfo de la tendencia romántica y del liberalismo en Occidente se puede centrar entre 1828 y 1833.El fenómeno afectó a la mayor parte de los países; aunque no en todos de la misma manera; ya que además, como se ha señalado antes, los románticos, tendentes a una consideración de la sociedad, del pueblo o de su historia por encima del individuo, alientan también, consciente o inconscientemente, ideas políticas de signo idealista "objetivo" y más o menos totalitarias. De todas formas en muchos autores y momentos, sobre todo alrededor de 1830, la moda predominante es el liberalismo. En Inglaterra, su mejor representante es lord Byron (v.), no sólo un extraordinario poeta, sino también un decidido partidario de la libertad del individuo. Sus aventuras y su muerte constituyen un prototipo del romántico liberal. En los países germánicos, el movimiento joven Alemania, cuyo maestro es Heine (v.; 1797-1856), poeta emigrado en Francia desde la reacción de 1830, reúne a todos los románticos liberales.El R. en Francia tuvo, al principio, un tono aristocrático y monárquico; luego, derivó hacia el liberalismo. En 1827, Víctor Hugo (v.) publicó su drama Cromwell, cuyo prefacio se considera un verdadero manifiesto de la nueva escuela; más tarde, su obra Hernani, ya plenamente romántica, fue acogida calurosamente por la burguesía liberal, poco antes del golpe revolucionario de julio de 1830. Lo mismo ocurrió con la música; en 1829, París aplaudió entusiasmado una obra de tema revolucionario, Guillermo Tell, de Rossini (v.); y cuando en 1831 Chopin (v.), exiliado polaco, se establece en París y da a conocer sus obras de exaltación nacionalista, se puede decir que el triunfo del R. en la música es total (v. vi).En los demás países europeos, el R. alcanza iguales éxitos, suscitando en todas partes el nacionalismo literario que, en cierto modo, es precursor y sostenedor de los nacionalismos políticos posteriores (v. 11, 3-5), y que se mezcla con el liberalismo o con otras ideas políticas. Como dice Vicens Vives, hasta entonces Europa sólo había conocido, las literaturas de los grandes Estados. El R. historicista rompe todos los cuadros tradicionales, porque lo bello se da para él en todas partes, en todas las formas liberales y en todas las lenguas. También en España el R. tomó formas liberales con Larra (v.) y Espronceda (v.), aunque, como en otros países, no fueron esas formas las únicas con las que se vinculó (v. iii). En todos los países sometidos a una cultura extranjera o disgregados, como Italia, Hungría, Polonia o Bohemia, el R. impulsó los nacionalismos y las tendencias liberales que dieron origen a los movimientos políticos, como el Risorgimento (v.).V. t.: Los primeros apartados de los artículos siguientes (I 1-V I).A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: J. CHEVALIER, Historia del pensamiento, Madrid 1968; R. SCHNERB, El siglo XIX, Barcelona 1960; P. VAN TIEGHEm, Le Romantisme dans la Littérature européenne, París 1948; L. REAU, L’ére romantique, París 1949; G. WEILL, L’Europe du XIX siécle et l’idée de nationalité, París 1938; F. L’HuILLIER, De la SainteAlliance au pacte Atlantique (1815-1898), Neuchátel 1954; B. MAGNINo, Romanticismo e cristianesimo, Brescia 1962-63; J. HIRSCHBERGER, Schelling y el romanticismo: el idealismo objetivo, en Historia de la Filosofía, II, 4 ed. Barcelona 1972, 235-256.
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