Ripoll, Monasterio de Santa María de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Historia. Está ubicado en el valle de Ripoll (Gerona), a 630 m. de altitud, en la confluencia de los ríos Ter y Freser -que sin duda influyeron en la semántica del nombre (rivis pollees=Ripoll). Fue fundado por Vifredo I, en 879, como hito valioso en su plan de repoblar la comarca ausonense, y para que sirviera de panteón de la familia condal. Su vinculación a esta poderosa casa condal -un hijo de Vifredo, Rodolfo, ingresó en la comunidad- hace de R. una abadía floreciente, de extenso patrimonio, y algo así como el centro religioso y político de la Cataluña medieval. Indicio de esta opulencia son las sucesivas ampliaciones de su iglesia, cuyas iteradas consagraciones jalonan la historia de sus dos primeros siglos. El acta de su la consagración, 20 abr. 888, se había considerado como el acta fundacional. Pero en 1821, el P. Villanueva publicaba un documento fechado el 2 dic. 880, que supone a R. plenamente constituido, con abad y comunidad. En 935 y 977 tienen lugar la 2a y 3a consagraciones. El acta de esta última es importante, porque en ella el conde-obispo Mirón hace un resumen de la historia fundacional de R., que estaba para cumplir el siglo. El sólido prestigio de R. se afianza con el ingreso, en 1002, del bisnieto de Vifredo 1, el gran Oliba, cuyo abadiato marca el apogeo de R. El será, en su calidad de abad de Cuixá y R. e iniciador de Montserrat, el "patriarca del monaquismo catalán"; él ampliará los edificios monacales y erigirá una nueva basílica, consagrada en 1032; él hará de R. un emporio del saber, hasta convertirse, con Silos, en el mayor centro de cultura de España. Su scriptorium será uno de los más ricos de toda la Península. En 1046, al morir Oliba, poseía 246 ms. El monje Gerberto -luego Silvestre Il- se familiarizó en ella con el árabe y, sobre todo, con la matemática y la astronomía.A la muerte de Oliba, sigue un periodo de turbulencias políticas con repercusión en R., donde dos antiabades se sientan en la sede de Oliba. Para frenar la relajación inherente a tales disturbios, Bernardo II, conde de Besalú, no ve otro recurso que someter R. a San Víctor de Marsella. Era un recurso político a la vez que un aval religioso -San Víctor se hallaba en la cumbre de su influencia- y un tributo a la moda vigente de anexionar monasterios nacionales a las grandes abadías francesas. Esto suponía tener que aceptar los abades impuestos por la abadía madre. Comienza así esa serie de 7 abades nombrados por San Víctor, que cubren el siglo que duró esta sujeción.Para entonces, hacía ya cuatro que San Víctor era abadía benedictina. ¿Lo era también R.? Parece que R. no optó desde el principio por la Regla benedictina, desconocida entonces en España. La primera Historia de Ripoll, escrita en 1147, atribuye expresamente a Arnulfo (948970) la introducción de la Regla de S. Benito en Cataluña. Pese a las observaciones de Dom Lambert, que cree poder interpretar el texto como si se tratase a la regla de Cluny, creo que hay que aceptar este dato en el rigor estricto de la implantación de la Regula Benedicti, y más si se tiene en cuenta la escasa influencia que Cluny tuvo en Cataluña.La dependencia de San Víctor fue, en general, beneficiosa para R. Su prestigio se mantuvo. Los intercambios de monjes entre San Víctor y,R. ensancharon sus horizontes culturales, preparando un nuevo apogeo en la primera mitad del s. XII. La magnífica portada, obra capital de la escultura románica, se ejecuta en este periodo (1150-75), que con el de Berenguer I V cierra el ciclo de entierros condales en Ripoll.Con el s. xci se acaba la edad de oro de R. A partir del s. xin su esplendor se debilita considerablemente y empiezan anotarse signos inequívocos de decadencia. Una prueba significativa es la formación de su scriptorium: en 979 -a un siglo exacto de su fundación-, R. contaba con 66 ms.; en 1008, poseía ya 121 ms.; en 1046, a la muerte de Oliba, son ya 246 ms.; siete siglos y medio más tarde, en 1807, el P. Villanueva sólo registra un aumento de 54 ms. sobre el catálogo de 1047. Es verdad que todavía produce R. una obra de calidad: el Claustro románico. Pero fuera del ala contigua a la iglesia -obra de Ramón de Berga (1172-1205)-, las demás alas se limitan a imitar ésta y el conjunto tardará más de tres siglos en concluirse. Esta segunda era de esplendor termina en 1172, al recobrar R. su independencia. Ahora la moda -contraria a la de un siglo atrás- es ayudar a los monasterios nacionales a desligarse de los extranjeros. Hacia 1200 esta separación es casi universal.Y surge ahora imperiosa la necesidad de agruparse para apuntalar la propia decadencia. A partir del Concilio IV de Letrán (1215), R. pasará a formar parte de la Congregación Tarraconense, de la que no se apartará hasta su supresión en 1835, pese a los esfuerzos que en 1628 se hicieron para anexionarlo a la Congregación de Valladolid, a la que ya pertenecía su antiguo priorato de Montserrat y desde 1409 pujante abadía. El papel que R. juega dentro de la Tarraconense es más bien discreto. Están lejos los días de Oliba. La asistencia a los Capítulos es escasa: de 99 conocidos entre 1219-1661 sólo en 23 está representado R. Hubo, sin embargo, momentos en que R. se puso a la altura de su prestigio histórico: fue durante el abadiato de Jaime Rich (1518-34), en que la presencia de R. es abundante y cualificada, y en 1636, bajo el abad Francisco de Copons. En esta segunda época, varios monjes de R. son elegidos para abades de otros monasterios; durante los s. xvi y xvil parecía obligado que fueran monjes de R. los llamados a las Comisiones para la revisión de las Constituciones y para procuradores en Roma; ocho de sus abades son elegidos presidentes de la Congregación; en 1336, Benedicto XII nombra entre los ejecutores de la bula Summi Magistri o Benedictina en la Tarraconense al abad de R., Hugo Dezbach, que en 1351 será promovido obispo de Seo de Urgell.Al margen de su actuación en el seno de la Congregación Tarraconense, la situación de R. frente a la autoridad política o religiosa pasa por momentos difíciles. En 1296 los ripollenses se enfrentan por primera vez con el abad de R., Ramón de Vilaragut, en una lucha por la emancipación que no acabará hasta cinco siglos más tarde (1755). Desde mediados del s. xv, comienzan las luchas del abad, como señor temporal, con el soberano, y como prelado, con el obispo de Vich. Las diferencias con éste no terminarán hasta que la bula de Benedicto XIV del 22 sept. 1748 dé por zanjado el asunto. Dentro de la abadía -bastante politizada- se forman bandos de opinión, que originan largas sedes vacantes. Los disturbios tomaron proporciones alarmantes durante el abadiato de Pedro Sanz (1623-27), lo que movió a las jerarquías supracongregacionales a buscar un remedio en la anexión de R. a Valladolid, aunque sin éxito. Durante la Guerra de la Independencia (v.), el abad Casaus más que como abad se condujo como un condottiero renacentista, lo que recrudeció las represalias de los ocupantes franceses. El 9 ag. 1835 se clausura la vida monástica en R.; en octubre de este mismo año, sus edificios son pasto de las llamas, en las que perecieron unos 70 ms. Los 230 restantes se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón. En 1885 el obispo de Vich, José Morgades, inicia las obras de restauración de la iglesia, bajo la dirección del arquitecto Elías Rogent. En 1893 pudo procederse a la 5a y, hasta ahora, última consagración de la iglesia de Ripoll.Abaciologio de Ripoll. a) Abades primitivos: 1. Daguino de Gréixer (879-902); 2. Daniel (902-919); 3. Iñigo (919-948); 4. Arnulfo (948-970); 5. Vitisclo (970-979); 6. Sunifredo (979-1008); 7. Oliba (1008-46); 8. Pedro (1047-56); 9. Guillermo Bernardo (1056-68) (antiabad: Adalberto); 10. Daniel (1068-69) (antiabad: Mirón).b) Abades marselleses: 11. Bernardo (1070-1102); 12. Benedicto (1102-07); 13. Gaufredo (1107-11); 14. Gaucelmo (1111-20); 15. Elías (1120-24); 16. Pedro Raimundo (1124-53); 17. Gaufredo (1153-69).c) De elección monacal: 18. Ramón de Berga (11711205); 19. Bernardo de Peramola (1206-12?); 20. Bernardo de S. Agustín (1212?-17); 21. Ramón Dezbach (1217-34); 22. Dalmau Sagarriga (1234-56); 23. Beltrán Dezbach (?-1280); 24. Ramón de Vilaragut (1291-1310); 25. Guillermo de Camps (1310-22); 26. Ponce de Vallespirans (1322-26).d) Abades de nombramiento papal: 27. Hugo Dezbach (1326-51); 28. Jaime de Vivers (1351-62); 29. Ramón Savarés (1362-80); 30. Galcerán de Besora (1381-83); 31. Ramón Dezcatllar (1383-1408); 32. Marcos de Villalba (1408-09); 33. Berenguer de Rejadell (1409-10); 34. Dalmau de Cartellá (1410-39); 35. Beltrán de Samasó (1440-58); 36. Narciso Miquel (1459-60).e) Abades comendatarios: 37. Rodrigo de Borja (146163); 38. Ponce Andrés dez Villar (1463-89); 39. Ascanio Ma Sforza (1490-1505); 40. Francisco de Loris (1506-07); 41. Fadrique de Portugal (1507); 42. Jaime, card. de San Clemente (1507-17); 43. Jaime Rich (1518-34); 44. Clemente May (1536-84).
f) Abades de nombramiento real: 45. Francisco de Pons (1594-1611); 46. Juan de Guardiola (1611-16); "47. Francisco de Senjust (1616-22); 48. Pedro Sanz (1623-27); 49. Francisco de Copons (1633-51); 50. Jaime Meca (165458); 51. Gispert de Amat (1661-64); 52. Gaspar de Casamitjana (1666-96); 53. Benito Sala (1696); 54. Rafael Molner (1699-1704); 55. Félix de Vilaplana (1705-32); 56. Juan de Fluviá (1732); 57. Fernando de Zúñiga (173242); 58. Francisco de Copons (1742-55); 59. Martín Sarmiento (1755: electo); 60. José Oriol y Tord (1756-84); 61. Francisco de Valencia (1784-95); 62. Isidoro de Rocabruna (1795: electo); 63. Francisco de Códol (1796-1806); 64. Andrés de Casaus (1807-16); 65. Francisco de Portella (1816-31); 66. José de Borrell (1833-45).J. GÓMEZ GÓMEZ.
g) Abades titulares: 1. Antonio Ruera, de Montserrat (1913); 2. Anselmo M. Albareda, de Montserrat (1966). BIBL.: Los documentos de la primitiva historia de R. están en MARCA-BALUZE, Marca Hispánica, París 1688, y en VILLANUEVA, Viage literario, VIII, Valencia 1821, carta LX y App. 11-XI. Para la bibl. anterior a 1909, v. Espasa, 51, Madrid 1926, 784; para la posterior a 1909, v. Bulletin d’histoire bénédictine, suplemento bibliográfico de "Revue bénédictine", Maredsous 1907-71, 8 vol. Las tres obras fundamentales son: para la historia general, J. M. PELLICER, Santa María de Ripoll, Gerona 1878, completada con R. D’ABADAL, La fundació del monestir de Ripoll, Montserrat 1962, 187-197; para la historia del Scriptorium, R. BEERS, Die Handchri/ten des Klosters Santa María de Ripoll, Viena 1907, completada por F. UDINA, Los fondos benedictinos custodiados en el Archivo de la Corona de Aragón, Montserrat 1954-55, 399-420; y para el arte, E. JUNYENT, en Catalogne Romane, París 1960.
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