Riesgo FIL.
Categoria:
Filosofía
La palabra r. procede quizá del latín resecare, estar en lugar peligroso. Es el peligro inherente que acompaña a una determinada actividad. El concepto de r. es de uso antiguo dentro del pensamiento. Platón, p. ej., en el Fedón, dice que el r. (kindynos) es algo bello y que una de sus formas de producirse es la admisión por el hombre de aquellas creencias u opiniones que no presentan una total certeza, de manera que en su aceptación como verdaderas por el entendimiento humano se corre un r. (114d). También Aristóteles, en su Política, al estudiar la constitución de Creta, dice que la exención de responsabilidad en los gobernantes y el poder vitalicio que no esté regulado por leyes, sino que dependa del arbitrio del que dirige el Estado, implica un r. (11,7,1272). Pero en estos pensadores la noción de r. es algo esporádico y no tiene claro y preciso significado ni posición dentro de su filosofía.En la Ética y Moral en general, puede decirse que el r. es algo implícito en la libertad humana (v.) y en su consiguiente responsabilidad (v.): el r. del pecado (v.); r. que, en el cristianismo, a partir de la Revelación que culmina en la Encarnación del Hijo de Dios (v. JESUCRISTO) y en la Redención (v.) operada por Él, se transforma en esperanza (v.). En Gnoseología, también puede hablarse de un cierto r. de alguna manera implícito en el problema del conocimiento (v.): el r. de error (v.), o el r. de la duda (v.), frente a la verdad (v.) o a la certeza (v.). Modernamente, en las doctrinas existencialistas, el r. se presenta como un concepto de alguna manera básico y fundamental. Nos ocuparemos aquí especialmente del existencialismo moderno; para completar el estudio del r. remitimos a los artículos sobre los temas que se acaban de señalar, especialmente LIBERTAD y RESPONSABILIDAD (pueden verse también: PREMIO Y CASTIGO; PROBABILIDAD Y PROBABILISMo; etc.).En el existencialismo (v.) el r. es una consecuencia de la libertad, de la elección y de la decisión existencial que el hombre tiene que hacer. Un análisis de los condicionamientos productores del r., según los modernos "filósofos de la existencia", llevaría a lo siguiente: 1) La noción de posibilidad (v.); sólo porque al hombre se le presentan una pluralidad de posibilidades puede surgir el r.; en un universo anclado en una rigurosa necesidad (v.), en que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera, el r. es, en cuanto tal y en sentido propio, inexistente; podrá nacer el temor, pero nunca el riesgo. 2) Unida a lo posible, se precisa de la libertad para que nazca el r.; sólo porque el hombre es libre puede optar por lo uno o lo otro, por una entre diversas posibilidades, con el consiguiente riesgo. 3) De manera inmediata, es en la elección y en la subsiguiente decisión en la que radica el r.; y precisamente por ello el existencialismo hablará de la "angustia de la elección" y de la "dialéctica de la alternativa". Estos tres elementos que intervienen en la gestación del r. están nítidamente expuestos por N. Abbagnano: "Esta pretensión implícita en la decisión está fundada sobre una indeterminación efectiva, esto es, sobre la posibilidad de que las cosas se desarrollen de distinta manera de aquella que decido; pero también está fundada sobre el asumir, por mí que decido, este riesgo y sobre la consideración de todas las posibles garantías que puedo conseguir" (Introducción al existencialismo, México 1955, 18).Como se ve, en el análisis existencialista del r. falta la consideración de otros elementos fundamentales; y esas ausencias son las que parece le abocan a un concepto trágico, en algunos nihilista, de la angustia (v.). Entre esas ausencias, notemos en primer lugar la de la ley moral; se pone el obrar humano en dependencia únicamente de la voluntad y de su libertad: sólo sería "bueno" y "moral" el acto plenamente libre (v. SITUACIÓN, ÉTICA DE LA), y no se considera la ley (v.) como guía y ayuda para la bondad del acto humano y para la realización de su misma.libertad (v. t. EXISTENCIALISMO IV). Además, tampoco se considera, o incluso algunos la niegan, la dependencia humana respecto a Dios, dependencia cuyo reconocimiento no es esclavitud, sino liberación (v. LIBERTAD I-II); se elimina así la esperanza (v.), e incluso el optimismo y la alegría (v.) en las dificultades y riesgos. Sin embargo, estas ausencias están más o menos acentuadas en los diversos "filósofos de la existencia", incluso en algunos existencialistas de tipo cristiano, como G. Marcel (v.), no se dan; y así sus análisis son menos o más aceptables. En el primer caso, cuando faltan o se niegan estos otros elementos, el análisis existencialista aboca a un materialismo (v.) o a alguna forma de panteísmo (v.), o de nihilismo (v.) más o menos declarados.Ya en Kierkegaard (v.) la noción de r. adquiere una gran importancia; y se presenta íntimamente ligada a la tríada posibilidad-libertad-elección; una de sus obras, O lo uno o lo otro, refleja ya en su mismo título toda la problemática de la elección ante la alternativa; el hombre se encuentra ante la necesidad ineludible de elegir, de ahí su grandeza y su miseria. Esta elección reviste tres modalidades, correspondientes a los "tres estadios en el camino de la vida", el estético -en el sentido etimológico de la palabra, del griego aisthesís, sensación-, el ético y el religioso; la elección estética es la más superficial, ya que queda anclada en el ámbito de la polaridad placer-dolor; la elección ética representa un nivel más elevado, ya que mediante ella el hombre actúa en el seno del estadio ético, es decir, dentro de la esfera de la vida social y de las normas que la regulan.En ambas elecciones, estética y ética, hay un r., ya que éste es inherente a toda elección; pero es en la elección religiosa en la que el r. asumirá toda su magnitud y toda su angustia; es el estadio religioso en el que el hombre no sólo supera la esteticidad, sino también la eticidad, según Kierkegaard, mediante una "suspensión de la ética" en virtud de la llamada de Dios -como acontece en el sacrificio de Isaac por Abraham-. Pero ¿cómo se sabe que efectivamente la voz de Dios nos ha hablado?; ningún signo exterior, dice Kierkegaard, puede servir de guía; es el hombre, por su propia subjetividad, el que tiene que decidir; y precisamente por la ingente trascendencia de esta decisión es por lo que surge el temor y el temblor y por lo que nace, necesaria e indisolublemente unido a ella, el riesgo. Éste, que en la elección estética es mínimo y aparece pujante en la ética, para Kierkegaard alcanza caracteres trágicos en la religiosa; se manifiesta aquí un influjo, o dependencia, de la concepción protestante (luterana) de la religiosidad y de la fe (v.), que son entendidas sólo subjetivamente, carentes del contrapeso de la objetividad.En Heidegger (v.), uno de los existenciales o estructuras ontológicas del Dasein (ser-ahí) es la "interpretación" (Verstehen); en virtud de ella, el Dasein se presenta como un "poder ser", como inmerso en una multiplicidad de posibilidades; el Dasein no es algo concluso y terminado, sino que está en constante gestación y tiene continuadamente que interpretar su propio ser, o sea, que elegir sus posibilidades. La Verstehen se manifiesta en el "proyecto" (Entwurf); éste es una consecuencia del "poder ser" inherente al Dasein; para el Dasein, existir es proyectar y proyectarse, es decir, determinarse a sí mismo en el abanico de sus propias posibilidades. Ahora bien, dado que toda elección es una determinación creadora del ser del Dasein, y dado que toda elección decisiva implica la realización de una posibilidad y la aniquilación de las restantes, es fácil ver el r. corrido por el Dasein en la elección. De ahí que toda elección existencial lleve implícito el r. y la angustia (v.), como ha puesto de relieve con toda precisión V. Jankelevitch en L’alternative (París 1938). En Heidegger, en concreto, el r. en la elección toma su carácter trágico si tenemos en cuenta que de ella se deriva el que el Dasein adopte una existencia "auténtica" o "inauténtica"; también hay que tener en cuenta que en Heidegger falta la consideración de la relación del Dasein con Dios.Para Jaspers (v.), el r. va unido necesariamente a toda decisión existencial, ya que en ella el hombre se hace a sí mismo (Existenzerhellung, 2 ed. Berlín 1948, 403 ss.); la libertad es un quererse a sí mismo, y en la decisión el yo se manifiesta como autocreador, en cuanto prescinde de los motivos que sobre él actúan y le confiere un valor absoluto; somos libres si, dando de lado a los diversos condicionamientos, decidimos desde nuestra interioridad; en la elección y decisión existenciales no hay una justificación por móviles o motivos, sino que en ellas el yo se pone y se afirma a sí mismo; por ello decisión y personalidad se identifican: el hombre es necesariamente, y en ello estará el constitutivo formal de su "humanidad", electivo. De aquí el r. inherente a toda elección existencial; se elige libremente, pero en la elección yo me hago a mí mismo y tengo que asumir sus consecuencias; yo soy tal como he querido ser, sin que pueda disculpar mi ser "a causa de las circunstancias", dado que, como se ha visto, la decisión se deriva de la intimidad del yo, prescindiendo de los motivos exteriores. El r. jasperiano es el r. propio de la soledad creadora, ya que es el yo, solo y aislado de todo "condicionamiento", el que se crea a sí mismo ("condicionamiento" entendido en un sentido más bien agnóstico).En Sartre (v.), también el r. va ligado a la libertad posibilitadora de la elección; el hombre es libre precisamente porque no es, o sea, porque carece de una esencia ya constituida; el hombre no es, sino que se hace; y las demás cosas no son libres porque tienen una esencia ab ovo fija y constituida, porque son desde su nacimiento esto o aquello, con unas propiedades claramente determinadas; no sucede así en el hombre, que tiene que irse construyendo su esencia, que tiene que hacerse así o de esta otra manera: "L’existentialisme tient, au contraire, que chez I’homrne --et chez 1’homme seul- 1’existence précéde 1’essence. Cela signifie tout simplement que I’homme est d’abord et qu’ensuite il est ceci ou cela" (Action, 27 dic. 1944). El hombre tiene, pues, que elegirse a sí mismo, y en la aceptación de esto -y no en el abandonarse en los brazos del on (el man heideggeriano), es decir, en el aceptar la existencia inauténtica- radica la autenticidad del ser humano y su grandeza; por esta causa dirá Daniel en L’áge de raison (París 1945, 18): "Je voudrais ne me tenir que de moi-méme". Ahora bien, la conciencia de que el hombre se hace a sí mismo, y la responsabilidad a esto inherente, pone de manifiesto el r. que va unido a cada una de las diversas elecciones, ya que en ellas el hombre se muestra como creador y aniquilador: creador de la realidad de lo que antes era mera posibilidad y aniquilador de todas las demás posibilidades no elegidas. Es este carácter creador y aniquilador el que liga indisolublemente el r. a todas y cada una de las decisiones existenciales del hombre. Por cuya razón podrá decirse que el hombre "está condenado" a ser libre. La razón por la que en Sartre todas estas verdades parciales se radicalizan y se convierten en "verdades absolutas", falseándose así y adquiriendo un carácter nihilista y contradictorio, está fundamentalmente en la negación de Dios y en su materialismo.J. BARRIO GUTIÉRREZ.
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