Ribalta, Familia HIST.
Categoria:
Historia
Los pintores Francisco y Juan R., menos conocidos fuera de España de lo que fuese justo, deben figurar entre los hispanos de categoría internacional, y su importancia en la formación de la gran escuela española es extraordinaria.Francisco Ribalta. En el ambiente de inquietud que reinaba en El Escorial, en Madrid y Toledo, a fines del s. XVI, adquiere la plenitud de su talento uno de los más grandes pintores hispánicos: Francisco R. No bastó la rotunda afirmación del gran artista, que se firmaba "Francisco Ribalta, catalán", ni el testimonio de sus contemporáneos Lope de Vega y Diego de Vich, para que le fuese reconocida su catalanidad. Francisco R. pasó la mayor parte de su vida en el reino de Valencia y dejó en la región la mayor y mejor parte de su obra. Puede ser considerado como el padre de la escuela valenciana (v.) realista. De aquí el tenacísimo afán de los eruditos valencianos o castellonenses, Orellana, Tramoyeres, Tormo y Espesati, de hacerle natural del antiguo reino. Ayudaba a esta versión el hallazgo de sendas partidas bautismales en Castellón referentes a dos Franciscos R.; la una de 5 mar. 1550, y la otra de 25 mar. 1551. Un erudito catalán, J. M. Madurell, ha resuelto el problema en 1947 con el hallazgo en Solsona (Lérida) de documentación que acredita de manera definitiva el nacimiento del pintor en esa ciudad.Con razón Elías Tormo establece que la formación artística de Francisco R. tuvo lugar en Madrid, o, por mejor decir, en el triángulo El Escorial, Madrid, Toledo. Es posible un contacto con el Greco, y en el alcázar madrileño o en El Escorial pudo estudiar a los grandes venecianos, cuya influencia en su pintura es indudable. Confirma esta teoría el que en 1582 el pintor fechase en Madrid su primera obra conocida: el gran lienzo que representa la Crucifixión de Cristo, actualmente en el Ermitage de Leningrado, obra de juventud, pero en la cual ya se advierte el vigor y el colorido característico de Ribalta. En 1597 estaba en Valencia. Es posible que le atrajese a la ciudad del Turia, entonces en plena vitalidad económica y artística, la protección del patriarcavirrey Juan de Ribera, santo prelado que hacía compatible la austeridad de su vida con su amor a las bellas artes y a la cultura. El patriarca realizaba entonces su fundación del Colegio de Corpus Christi, conocido en Valencia por El Patriarca, al cual se ha llamado "El Escorial valenciano", y ofrecía a un gran pintor, como ya lo era el catalán, trabajo abundante, prestigioso y bien pagado. El taller de R. fue pronto el más famoso de Valencia.Juan Ribalta. Parece que entonces (1597) le nacía a Francisco R. un hijo, al cual puso por nombre Juan. Juan R., excelentemente dotado y criado en un taller en el cual el conocimiento del oficio era tan profundo, fue, desde su primera juventud, discípulo y colaborador de su padre. Con razón hace notar el erudito valenciano Marcos Antonio de Orellana la dificultad de separar la obra del padre de la del hijo, en constante contacto. Según Palomino, que se refiere a la obra de ambos, "no se distinguen cuáles sean del padre y cuáles del hijo, y sólo hay alguna mediana diferencia en que la manera del padre fue algo más definida y la del hijo algo más suelta". Era un mismo taller en el que ambos artistas, de idéntica técnica, trabajaban en colaboración muy íntima. La documentación del retablo de Andilla permite suponer que los bocetos solían ser de Francisco, y de Juan su realización. Conocemos escasísimas obras que sean sin duda, atribuibles a Juan: la ejecución del retablo de Andilla, según bocetos de Francisco; el Apóstol adquirido no hace mucho por el Prado; y acaso una pintura al reverso de una lámina de cobre grabada y firmada por Juan en el museo de Bilbao. Juan R. casó con una dama de calidad: Mariana de la Serna. Fue además de pintor poeta y como tal intervino y obtuvo premio en el certamen con que se celebró en Valencia, en 1620, la beatificación de Tomás de Villanueva. Padre e hijo murieron en Valencia en fechas muy próximas: Francisco el 13 en. 1628, y Juan el 9 de oct. del mismo año.Obra conjunta. La obra del taller de los R. es copiosísima y siempre de alta calidad. Aun cuando muy mermada por la dispersión motivada por la desamortización y por los incendios de iglesias durante la Segunda República, aún pueden estudiarse sus piezas capitales. En ellas se advierte una gran seguridad en el dibujo, una extremada finura en la captación de la calidad de las cosas, y la brillantez y la luminosidad del color. Afiliado el taller, como el de todos los pintores de su tiempo, al tenebrismo realista de Caravaggio (v.), infunde a sus temas una espiritualidad hondamente sentida. No haremos sino hacer notar estas cualidades en algunas de sus obras maestras. Alcanzó la máxima reputación el gran lienzo que sirve de telón para ocultar el crucifijo gótico que sólo se descubre los viernes en el altar mayor de la iglesia del Colegio del Corpus Christi. Representa la Institución del Santísimo Sacramento, dispuesto en forma perpendicular, con acierto extraordinario en la composición, en el carácter de los personajes, retratos algunos de ellos, y en el colorido. Palomino consideraba este lienzo como una maravilla. Una serie excepcional está constituida por los cuadros pintados para el retablo mayor y para otros lugares de la cartuja de Portaceli, en Valencia. Antonio Ponz había descrito y encomiado el que representa el Abrazo de Cristo crucificado a S. Bernardo, según la visión descrita por el P. Rivadeneira, y que hoy está expuesto en el Prado. Por la dulzura del rostro de Jesús, por la expresión mística del santo y por la calidad, digna de Zurbarán, del hábito blanco de éste, es una de las más bellas obras de pintura religiosa en España. Sin duda, la pieza capital de Francisco R. es el cuadro que representa a S. Francisco enfermo, confortado por un ángel músico, que se veneraba en el convento de Capuchinos de Valencia y que, adquirido por Carlos IV, figura en el Prado. Por su composición, por su intensa espiritualidad, por su calidad insuperable y por el color, es una de las piezas capitales de la pintura barroca europea. En el museo de Valencia se conservan algunas de las obras más importantes del taller: el autorretrato del padre, representado como S. Lucas pintando a la Virgen; la pequeña Santa Cena, también en sentido perpendicular, con influencia de Juan de Juanes; los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, inspirados en Durero, sin duda a través de grabados. La obra del taller, con intervención más o menos directa del padre y el hijo, es copiosísima en todo el reino de Valencia y de muy diverso valor.Lo más importante de la obra de los R. es de carácter religioso. Tuvo fama Francisco de buen retratista, y de su capacidad para esta manera son testimonios los retratos que figuran en sus cuadros religiosos, pero la copiosa serie ¡cónica de personajes ilustres del reino de Valencia, que encargó Diego Vich para el convento de la Murta, cerca de Alcira, hoy en el museo de Valencia, es obra de taller. La huella de Francisco R. en la pintura valenciana es imponderable. Se dice que en su escuela se formó José Ribera (v.) y su influencia se advierte en los principales pintores del XVIII.MARQUÉS DE LOZOYA.
BIBL.: D. F. DARBY, Francisco Ribalta ano his School, Cambridge (Mass.) 1938; C. G. ESPRESATI, Ribalta, Barcelona 1948; D. ANGULO, Pintura del siglo XVII, en Ars XV, 1971.
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