Revolución Francesa HIST.
Categoria:
Historia
1. Los antecedentes. Toda r. tiene una larga preparación intelectual con una acumulación de acontecimientos políticos. La R. f. estalla en 1789, pero previamente a esa fecha se han acumulado, durante el s. XVIII, circunstancias que la preparan y que podrían resumirse de la siguiente manera: 1) Aparición de una conciencia política representada por una clase social, la burguesía, que, estando en posesión de gran parte de la riqueza del país, quiere tener también influencia política. 2) Situación económica del Estado francés (en 1789 tenía un déficit de 125 millones de francos), cuyo Gobierno en crisis está incapacitado moralmente para una exigencia de impuestos ante el temor de la impopularidad. 3) Incapacidad del Antiguo Régimen para resolver los problemas nacionales e internacionales que una nueva época plantea. Gaxotte dirá que "la Francia del Antiguo Régimen era un edificio muy grande y muy viejo que, a lo largo de quince siglos, habían ido construyendo 50 generaciones. Cada una había dejado allí su huella, siempre agregando algo, pocas veces demoliendo o reduciendo. Digamos anticipadamente que la obra de la Revolución modificó sensiblemente el edificio, sin destruirlo en sus cimientos". 4) Larga preparación ideológica en los ilustrados. 5) Una serie de inventos e ideas que pugnan por ser debidamente aprovechados y extendidos (Galileo, Kepler y Newton forman los eslabones de una cadena de descubrimientos científicos que influyen en el concepto de las cosas). 6) Lucha por la independencia norteamericana, cuya Constitución empieza a regir justamente el mismo año en que estalla en Francia la R., es decir, en 1789 (V. ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA IV, 5). 7) Acción de la masonería (v.).Por otro lado, la R. industrial iniciada hacia 1760 se había desarrollado en Inglaterra (v. GRAN BRETAÑA IV, 2); el iluminismo era especialmente alemán, pero la Ilustración (v.) y el triunfo de la lógica y la razón eran esencialmente franceses. Todos estos países se habían visto influenciados mutuamente por el despertar de las nuevas ideas, y si Francia se había rezagado, en cierto modo, en el desarrollo de la R. industrial, a pesar de que las instalaciones metalúrgicas Creusot databan de 1781 y de que el "tipo moderno de gran industrial existía antes de la Revolución", en cambio, en el orden doctrinario había absorbido buena parte de las ideas políticas de Inglaterra. La Cyclopaedia británica de E. Chambers (1728) fue un motivo de imitación por parte de Francia; un grupo de filósofos tomó sobre sí la tarea de ofrecer a su país un instrumento de difusión cultural que se convirtió a la vez en una máquina política: la Enciclopedia (v.). El hecho de que los franceses utilizasen una Enciclopedia para suministrar a la burguesía francesa un libro de lectura, a través del cual poder difundir nuevas ideas y descubrimientos, revela que en el pueblo francés era fácil encontrar un índice elevado de gentes ilustradas. De ahí el éxito de la Enciclopedia, cuyo primer volumen apareció en 1751, mientras el 28 volumen, el último, se publicó en 1772, con unas tablas adicionales que aparecieron en 1780 (V. ILUSTRACIÓN I, 3a).Junto a la función de la Enciclopedia se une la labor de tres escritores que han pasado por ser los clásicos doctrinarios de la R., aunque ninguno de ellos llegara a alcanzar la fecha del comienzo de la misma. Uno de ellos, Montesquieu (v.; 1689-1755), teorizaría la separación de poderes (v.) en tres sectores, legislativo, ejecutivo y judicial, doctrina llevada a la práctica por la Revolución. Otro escritor, Voltaire (v.; 1694-1778), fue, con su espíritu crítico afilado e irrespetuoso, el debelador de las concepciones de la Francia del Antiguo Régimen y de todas las ideas y formas tradicionales, abonando el camino de su erradicación por los revolucionarios. Completa el grupo J. J. Rousseau (v.; 1712-78), que con su concepto de la soberanía (v.) popular, que procede de abajo y no de arriba, daría la idea clave para fundamentar el Nuevo Régimen. Finalmente, el abate Siéyes (v.), que publica en 1789, año de la convocatoria de los Estados Generales, un folleto titulado ¿Qué es el tercer Estado?, en el cual se preguntaba y contestaba: "¿Qué es el tercer Estado? Todo. ¿Qué tiene? Nada. ¿Qué quiere? Llegar a ser algo".Si estos hombres están preparando la conciencia de un nuevo despertar para Francia, en el bando contrario encontramos, como personificación de un Antiguo Régimen que se tambalea, a Luis XVI (v.), bondadoso, nada aficionado a la guerra, fácil de manejar, pero a la vez obstinado en la continuidad de un régimen que había recibido de sus mayores en las mismas condiciones que él quiere conservar. Pero desde que Luis XIV (v.) escribe el Manual del perfecto soberano y estima que nada hay más elevado para un hombre que dedicarse a la tarea de gobernar a sus semejantes, hasta el instante en que Fénelon (v.), preceptor de Luis XV, publica su Telémaco algo ha sucedido en el mundo sumamente grave, porque Fénelon ofrece como el antimanual del perfecto soberano, considerando que nada hay más odioso que ser gobernante de sus semejantes. Más cerca de este criterio que del expresado por Luis XIV, para Luis XVI en sus artes de gobierno todo son dudas. La situación -del Estado francés es sumamente precaria; el país, que cuenta con 22 millones de hab., es una nación rica, pero el Estado es pobre.2. Etapas de la Revolución. La convocatoria de los Estados Generales, Asamblea que no se reunía desde 1614, supone el comienzo de las distintas etapas por las que atraviesa la R. f. y que, durante un periodo de 15 años, hasta la proclamación del Imperio (v. NAPOLEÓN i), conoce uno de los movimientos más importantes de la Historia, cumpliéndose durante todo este periodo un ciclo dinámico y fecundo en transformaciones. Los Estados Generales se reúnen el 4 mayo 1789 y se convierten el 17 de junio siguiente en Asamblea Nacional. El número de representantes era de 1.196, de los cuales 598 pertenecían al tercer Estado, 308 al clero (de éstos 205 correspondían al bajo clero), y el resto estaba constituido por diputados de la nobleza. El proceso por el cual esta transformación tiene lugar se debe a que, habiéndose impuesto que la representación se hiciera por individuos y no por cuerpos o clases, la mayoría correspondía a los representantes del tercer Estado. Añádase a esta circunstancia el hecho de que la verificación de poderes se hizo en común, lo cual significaba el abandono de la separación de estamentos en las deliberaciones parlamentarias. La resistencia que opusieron los nobles y el alto clero motivó que el 17 de junio, a propuesta del abate Siéyes, considerando que el tercer Estado representaba el 96% de la nación, se declarara constituida la Asamblea Nacional. Fue éste el primer acto revolucionario cumplido y el primer fracaso del poder real.El 20 de junio, tres días más tarde de que se hubiese constituido la Asamblea Nacional, fue ésta a reunirse enla Sala des Menus y, encontrándose la puerta cerrada, los asambleístas pasaron a la de leu de Paume, donde J. S. Bailly (1736-93) les conjuró a que no se separaran hasta que se hubiese concedido una Constitución a Francia. El día 23 Luis XVI declara que todas las decisiones que tome la Asamblea reunida ilegalmente serán anuladas y ordena que se retiren sus diputados. Cuando Luis XVI se aleja, el gran maestro de ceremonias, marqués de Dreux-Brezé, les dice a los diputados: "¿No han entendido lo que les ha dicho el rey?" Bailly contesta: "La nación reunida en Asamblea no puede recibir órdenes". Y Mirabeau (v.) añade: "Id a decir a vuestro señor que estamos aquí reunidos por la voluntad popular y que no saldremos si no es por la fuerza de las bayonetas". Al conocer la noticia de este diálogo el pueblo invade los patios del palacio de Versalles, y el ejército confraterniza con él. Luis XVI, ante esta actitud, exclama: "Bien, si no quieren marcharse que se queden". Y el rey pide a los representantes de la nobleza y el clero que se unan a la Asamblea Nacional. Pero mientras tanto reúne 25.000 soldados en Versalles y sustituye a J. Necker (1722-1804), el célebre banquero, por V. F. Broglie (1718-1804). Cuando esta noticia se conoce en París, se constituye la Guardia Nacional y se toma la Bastilla. Dos días más tarde, el rey vuelve a reponer a Necker, acude a París, consiente la visita del marqués de La Fayette (v.), que ha aceptado el nombramiento de jefe de la Guardia Nacional, y éste le entrega una escarapela tricolor, con lo cual Luis XVI recibe el título de "renovador de la libertad francesa".
Coincide esta etapa con otra transformación del 9 de julio al convertirse la Asamblea Nacional en Asamblea Constituyente, cuya duración se extiende hasta el 14 sept. 1791. En este periodo, de dos años, Francia intenta darse una Constitución, objetivo principal de las representantes que habían acudido a la convocatoria de los Estados Generales. La vieja idea de la separación de poderes se impone en esos momentos, y la Constitución del 91 es claramente monárquica, pero también democrática. Establece el principio de la soberanía popular a la vez que la separación de poderes, y el establecimiento de un gobierno representativo. El poder legislativo pertenece a diputados elegidos por sufragio restringido; el poder ejecutivo, al rey; y el poder judicial, a los jueces elegidos. La Constitución distinguía dos clases de ciudadanos: activos y pasivos; solamente los primeros tenían poder para delegar o representar los poderes de la nación, y tal distinción se basaba en las condiciones de fortuna. Para ser ciudadano activo, era preciso tener 25 años de edad y pagar una contribución directa igual al valor de tres jornadas de trabajo; de este moda, se contabilizaron 4.298.000 ciudadanos activos contra 3 millones de ciudadanos pasivos. El poder legislativo sería ejercido por 745 diputados, elegidos para un periodo de dos años, quetrabajarían en asamblea única, indisoluble y actuando con carácter permanente. La Asamblea tenía la iniciativa y el voto de las leyes; fijaba la cifra de las contribuciones, y el reparto entre los departamentos; ordenaba y vigilaba el empleo de los fondos públicos y decidía de acuerdo con el rey la declaración de la guerra y el establecimiento de la paz. Esta Constitución, que conservaba a Francia todavía dentro de las normas monárquicas, significaba un auténtico viraje en el concepto tradicional de la monarquía (v.), porque a la vez que se elaboraban todos los artículos de que se componía la Constitución, al frente de la misma se establecía una declaración de los derechos humanos contenidos en 17 artículos, en la que a imitación de la declaración de los derechos del hombre establecidos en Norteamérica quedaba claramente expuesta la importancia que el individuo adquiría dentro de la sociedad contemporánea (V. DERECHOS DEL HOMBRE III).
Durante este periodo de la Asamblea Constituyente y paralelamente a los trabajos de la misma, vivió Francia una serie de acontecimientos que iban creando en el país el ambiente de una revolución (V. FRANCIA V). París se pronunciaba a favor de la acción emprendida y aprobaba todos los actos de la misma. Los acontecimientos descritos, que crean un abismo entre el pueblo y el rey, desencadenan un estado psicológico conocido con el nombre de la Grande Peur, que cronológicamente hay que situar entre el 20 jul. y el 1 ag. 1789. El 4 de agosto de ese mismo año, el vizconde de Noailles propuso a la Asamblea la abolición de los derechos feudales y la supresión de los derechos de clases. El establecimiento de una justicia gratuita y la admisión de todos los franceses a todos los empleos proclamaba la igualdad que con la proclamación de la libertad y la fraternidad formaron el gran tríptico de la Revolución francesa. Si durante los meses de julio y agosto los acontecimientos se sucedieron de un modo apremiante y significativo, las jornadas de octubre tuvieron una resonante importancia. Dado que la reunión de los Estados Generales se celebraba en Versalles y que las noticias que llegaban de las reuniones de las asambleas en algunas ocasiones se difundían de una manera alarmante entre el pueblo de París, el 5 de octubre por la mañana una manifestación de mujeres parisienses se dirigió a Versalles, seguidas por varios millares de hombres, obreros sin trabajo en su mayoría, y acompañados por la Guardia Nacional emprendieron el camino hacia la residencia real. La situación que provocó la presencia de todos estos manifestantes en Versalles decidió al rey a regresar con ellos a París el 6 de octubre y se organizó así una de las manifestaciones de debilidad real más penosas que se registran en la historia de la Revolución. El pueblo había triunfado; varios días más tarde, el 16 de octubre, la Asamblea trasladaba también su lugar de reuniones a París.Como consecuencia de estos actos, el Rey y la Asamblea, los dos únicos poderes legales existentes entonces; se encontraban en cierto modo a dictado de las determinaciones que tomara el pueblo de París. Entre todos los diputados de la Asamblea, posiblemente sólo en uno podía apoyarse el Rey, y si hubiera seguido sus consejos tal vez hubiera podido encauzar las fuerzas sueltas de la Revolución. Se trataba del vizconde de Mirabeau, el cual había intentado servir de mediador entre el Rey y la Asamblea y, con su gran poder oratorio, con su control sobre los diputados y el prestigio que le confería la libertad de pensamiento de que hacía gala, se propuso salvar a Francia y la Monarquía y hacer triunfar a la vez la Revolución. Pero sus esfuerzos se vieron interrumpidos por su muerte, en abril de 1791. Esta circunstancia, unida a que el establecimiento de la Constitución Civil del Clero (12 jul. 1790, causa directa de la terrible guerra civil en la Vendée) obligaba al Rey a servirse de uno de los sacerdotes constitucionales, creó en el ánimo de Luis XVI el deseo de escapar de Francia y de salir de la comprometida situación en que día a día se hacía más difícil su permanencia. Es así como preparó su huida, que tuvo lugar en la noche del 20 al 21 jun. 1791. Descubierto en Varennes, Luis XVI regresó a París. Con este acto, algunos diputados se consideraron libres del compromiso de lealtad hacia la Monarquía y comenzó a formarse el núcleo del partido republicano.El siguiente paso, dentro de la etapa de la R., es" el de la Asamblea Legislativa, que duró desde el 1 oct. 1791 al 20 sept. 1792. Un año escaso en que Francia entra en una situación comprometida, puesto que se encuentra en guerra con las naciones éuropeas. La proclamación de la guerra venía determinada en cierto modo por las distintas posiciones de los partidos políticos que se habían ido formando durante este periodo revolucionario. De un lado, los jacobinos (v.) eran del criterio de que la R. debía realizarse primero en Francia para que, una vez triunfante en este país, pudiera ser llevada a las naciones vecinas. Del otro lado, los girondinos (v.), sin dejar decaer el triunfo total de la R., tenían un concepto distinto acerca del éxito y de las posibilidades de la misma creyendo que si Francia se encerraba no podría permanecer rodeada por una serie de potencias en las que se mantenía como sistema de gobierno la monarquía absoluta. Por consiguiente, los girondinos eran partidarios de llevar la R. por medio de la guerra y luchar en el exterior contra los enemigos de la Revolución. Uno y otro partidos tenían figuras eminentes. Entre los girondinos, figuraban J. P. Brissot, Dumouriez, 1.-M. Roland, P. V. Vergniaud, Geusonné y Condorcet (v.). Su tesis se resume en frases y declaraciones como éstas: "La guerra es necesaria, la opinión pública la provoca, la salvación pública impone su ley", o "Francia ha llegado a ser el pueblo más notable del universo: es necesario que su conducta responda a su nuevo destino... Digamos a Europa que diez millones de franceses inflamados en fuego delibertad, armados de espada, pluma, razón y elocuencia, son capaces, si se les irrita, de cambiar ellos solos el aspecto del mundo y hacer temblar a los tiranos en sus tronos de arcilla". Entre los jacobinos, Danton, Marat, los hermanos Robespierre, G. Couthon, B. Barére, SaintJust, Collot d’Herbois, Fouché (v.), tienen otro lenguaje: el del terror.
No cabe la menor duda de que personalidades sobresalientes existían en uno y otro partido, y era una cuestión de teoría y de táctica lo que haría prevalecer una u otra posición dentro del ciclo revolucionario. En la primavera de 1792, los girondinos ocupan el poder y declaran la guerra al Imperio austriaco y después a Prusia. La razón principal era el establecimiento en la frontera de Francia y del Imperio austriaco, en Coblenza, de los refugiados franceses, que observaban la evolución de la R. con esperanza de volver a entrar en Francia apoyados por los ejércitos de estas potencias: Existía además un ambiente de guerra contra Francia por parte de las potencias, desde el momento en que en agosto de 1791 se hizo la declaración de Pillnitz (Sajonia) en la cual el emperador Leopoldo 11, hermano de María Antonieta, y el rey de Prusia, Federico Guillermo 11, hacen pública su intención de intervenir a favor de Luis XVI, a condición de que todos los soberanos de Europa estuvieran dispuestos a actuar conjuntamente. Es así como la guerra encuentra un buen clima tanto por parte de los franceses como de las otras potencias, y si al comienzo el resultado de las armas fue victorioso para Francia, bien pronto la situación militar de este país estuvo en peligro. En estos momentos psicológicos, Brunswick, jefe de los ejércitos prusiano y austriaco, publica un manifiesto en el que dice que todos los guardias nacionales que fuesen cogidos con las armas en la mano, así como todo ciudadano que tratara de defenderse contra los invasores, sería castigado como rebelde al rey. Este manifiesto levanta un auténtico clamor en Francia y provoca una reacción popular a favor de la participación en la guerra contra los ejércitos extranjeros. Todos los cuerpos de las provincias acudieron al llamamiento de París con motivo de celebrarse el aniversario de la Federación, y los representantes de Marsella se presentaron cantando un himno que había compuesto un oficial de ingenieros, Rouget de PIsle, que tomó el nombre de Marsellesa y se convirtió en el himno nacional.Paralelamente a la guerra en el exterior, Francia pasaba en el interior a un estado de terror y, cuando en el mes de septiembre la situación parecía más comprometida en el orden militar, el 20 sept. 1792 los ejércitos de la R. obtuvieron la victoria de Valmy, de la que Goethe opinó que los que habían presenciado aquella batalla podían decir que habían asistido a un acontecimiento histórico. La noticia de la victoria coincidió con el establecimiento de la Convención. Ambos acontecimientos, en el orden interior la Convención y en el exterior Valmy, suponen el comienzo de uno de los periodos más dramáticos e importantes de la R., pues la Convención es el de la primera República en Francia. La Convención dura tres años, desde 21 sept. 1792 a 26 oct. 1795. La nueva Constitución establece una forma de gobierno en que el poder ejecutivo es confiado a los cuidados de la propia Convención, es decir, es una asamblea la que deberá ejercer el poder ejecutivo. Razón por la cual rápidamente surgen los comités, como el de Salud Pública, que establece un gobierno fuerte, enérgico, pero a la vez también anárquico y terrorista, como nacido de la voluntad popular, si bien encabezado por una fuerza dictatorial cate es la de Rabespíerre, ti terror, periodo en el que es ejecutado el rey Luis XVI y la reina Márí§ Antonieta (v.), alcanza su clímax en septlenlbre de 1793, pero la persecuelón que se hace incluso de quienes han par= ticlpado en la R, y los ataques a directivos del partido girondino, hacen que este terror, cuya duración alcanza 10 meses, sea destruido por la reacción thertnitorí§n§ del 27 jun. 1794, con lo que se produce la caída de Robes= pierre y se da paso a una nueva Constitución, la del a. 111 (1793), en la que se crea un nuevo sistema de gobierna, dando el poder a un Directorio (v,).Puede decirse que dentro del calendario revoluciona= rió, con la terminación de la Convención, 1á R, f. ha finalizado. En 1825, Berryer, abogada y orador realista, dirá ante una Asamblea contrarrevolucionario: "No oi= visaré nunca que la Convención ha salvado a mi pal s". La figura de Robespierre, llamado el incorruptible, ha sida en cierto modo una creación de la R. que busca a su tirana frente a la anarquía del poder ejecutivo y trata de encauzar las conquistas revolucionarias personificadas en un sólo ser. No deja de ser curioso el hecho de que, habiéndose propuesto la R. f. en sus comienzos limitar el poder ejecutivo del Antiguó Régimen, encabezado por el rey, en cuya persona confluían todos los poderes, al terminar el ciclo revolucionario y después de haber pasado por etapas cómo la de la Convención, surja en toda su potencia el poder ejecutivo, nuevamente encabezada por otro personaje, en este caso Napoleón. Robespierre ha sido la etapa intermedia, cuando la R. no estaba todavía madura para aceptar una dictadura, pero sobre todo parque tampoco Robespierre estaba capacitado para encauzar la R. en su aspecto de exigencias populares: su sentido de la austeridad, una cierta locura liquidadora de las debilidades humanas, una pasión justiciera largo tiempo reprimida y puesta de manifiesto en los días de la Convención hacen de Robespierre el hombre frustrado que a su vez destruye también la Revolución,El Directorio dura cuatro años, desde octubre de 1195 a noviembre de 1799. Durante este periodo, Francia se agita por pasiones tanto de las izquierdas como de las derechas, unos parque ven que se les arrebata las conquistas revolucionarias y otros porque aprovechan los momentos de debilidad de la R, para hacer prevalecer los derechos rae "dos y combatidos por la misma. El Directorio, cu a figura mas sobresaliente es Barras, hace frente a toas estas conspiraciones y sale triunfante contra el partido realista en el golpe de Estado de 18 fructidor (4 sept. 1797) y contra el partido jacobino el 22 florea( (11 maya 1798). Juzgar lo que ha sido la R. f, solamente podría hacerse comparando la transformación que en Europa supone este vasto acontecimiento, en el que sucumben los antiguos regítnenes políticos, las viejas tno= narqufas, la renovación de las clases sociales; pero, en definitiva, es ante todo y sobre todo el triunfo de la bur? guesía, cuya predominio marca los destinos de tildó el s. xix europeo.
V. t.: CONSULADO FRANCÉS.J.LOUCA.
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