Revolución de 1830 HIST.
Categoria:
Historia
Significa un triunfo del liberalismo (v.) en gran parte de Europa occidental. Desde la ruptura con el Antiguo Régimen con motivo de la Revolución francesa (v.), la burguesía formada por ricos industriales y comerciantes, y donde también tenían un importante papel los intelectuales, se agitaba continuamente, buscando de una u otra forma su definitivo acceso al poder. A esta circunstancia se unía el afán nacionalista de independencia de los pueblos que estaban sometidos a otra potencia más poderosa. Este movimiento liberal se refiere, pues, tanto a lo político como a lo intelectual, económico e internacional. En lo político buscaba un régimen parlamentario y constitucional en el que se reconociesen los derechos individuales, si bien con un efectivo predominio de las clases medias acomodadas. En lo intelectual surge el fenómeno del romanticismo (v.), que anteponía el sentimiento y la emoción a la razón, en gran parte como reacción al clasicismo y al racionalismo ilustrado de los s. XVII y XVIII (V. ILUSTRACIÓN). En su aspecto económico se oponía al proteccionismo aduanero y a que el Gobierno regulase el comercio y la industria. Por último, en el campo internacional aspiraba a liberar a los pueblos oprimidos y a que lograsen su independencia nacional.1. La Revolución en Francia. El estallido de esta R. tiene su origen en Francia durante el reinado de Carlos X, quien, al contrario que su hermano Luis XVIII, quería imponer un régimen conservador a ultranza. El monarca Borbón no estaba dispuesto a hacer concesiones a la oposición y encargó a Peyronnet, ministro de Justicia, la redacción de unas ordenanzas que fueron promulgadas el 26 jul. 1830 y que venían a decir lo siguiente: 1) se suspendía el régimen de libertad de prensa existente; 2) se disolvía la Cámara recientemente elegida; 3) el número de diputados se reducía a 258, y la Cámara sería elegida por cinco años, renovable en su quinta parte cada año; con ello se pretendía apartar a algunos burgueses inoportunos; 4) se convocaban nuevas elecciones para septiembre.Los industriales y comerciantes de París decidieroncerrar sus tiendas y talleres en señal de protesta, lanzando de esta manera a la calle a los obreros, que quedaron a disposición de los agitadores. Al día siguiente, 27 de julio, la agitación aumentó y los estudiantes participaron también en ella. El Rey envió al mariscal Marmont, duque de Ragusa, mayor general de la guardia real, para que dispersase a los perturbadores del orden. Mientras tanto, unos 30 diputados liberales reunidos en casa de uno de sus principales dirigentes, Casimir Périer, rehusaron apoyar la insurrección y encargaron a Guizot que preparase el texto de una protesta contra las ordenanzas. En la calle, Marmont consiguió reprimir de momento la agitación, a costa de algunos muertos y heridos. Pero esta calma fue sólo momentánea y, al día siguiente, la insurrección volvía a tomar cuerpo, ahora con más fuerza. Una masa de gente en la que se mezclaban obreros, guardias nacionales, estudiantes y antiguos militares, ocuparon las calles y obligaron a rendirse a los cuerpos de guardia que se encontraban aislados; levantaron las calles, construyeron barricadas y enarbolaron la bandera tricolor, lanzando gritos de " ¡Abajo los Borbones! ¡Viva la República! ¡Viva el Emperador! ". Las fuerzas de Marmont fueron atacadas desde las ventanas y los tejados de las casas con toda clase de proyectiles.
M. J. La Fayette (v.) y Laffitte, diputados liberales, que en ocasiones anteriores habían intervenido en conspiraciones contra el régimen de la Restauración, no se atrevieron todavía a salir de la legalidad y optaron solamente por adoptar el texto preparado por Guizot. Las tropas reales se estaban haciendo fuertes alrededor del Louvre, pero algunos de sus soldados desertaron y pasaron a engrosar las filas de la insurrección. El 29 de julio se levantaron seis mil barricadas en las calles de París. Antiguos militares y alumnos de la Escuela Politécnica maniobraron con objeto de asaltar el Louvre por la orilla izquierda del Sena, y lo consiguieron en el primer descuido de Marmont. Sobre el mediodía, la capital estaba enteramente en manos de los insurrectos. Las tres jornadas habían costado 200 muertos y 800 heridos a las tropas reales y 1.800 muertos y 4.530 heridos a los revolucionarios.Abdicación de Carlos X. Los diputados liberales, reunidos ahora en casa de Laffitte, se decidieron por fin a tomar las riendas del movimiento, para evitar que cayese en manos de los republicanos. La Fayette se hizo cargo de la Guardia Nacional, y el general Gérard, de las tropas regulares. Se nombró además una comisión municipal compuesta por Laffitte, Casimir Périer, el general Mouton, Schonen y Audry de Puyraveau. Carlos X, recluido en Saint-Cloud y asustado por el cariz que tomaban los acontecimientos, abdicó en su hijo el duque de Burdeos. Pero ya era demasiado tarde y los insurrectos no aceptaron este arreglo. El Rey se retiró a Rambouillet y el 3 de agosto abdicó ante una comisión de revolucionarios.En París, la Guardia Nacional y los jóvenes estudiantes, dueños del Ayuntamiento, se inclinaban por la implantación de la República. Los intelectuales y diputados liberales que se reunían en casa del banquero Laffitte proponían, conducidos por el periodista Adolphe Thiers (v.), transferir la corona al duque de Orleáns: la solución orleanista permitiría limitar lo más posible las consecuencias de un levantamiento que se había iniciado y desarrollado fuera de ellos. En el momento en que parecía que podía estallar un conflicto entre las dos tendencias, el anciano general La Fayette intervino una vez más, utilizando su gran prestigio, para convencer a los republicanos de que aceptasen la monarquía de Luis Felipe de Orleáns (V. ORLEÁNS, CASA DE). Más que un cambio de dinastía en el trono francés, las jornadas de julio de 1830 tuvieron la importancia de proporcionar el triunfo a la burguesía y de reafirmar ideas liberales (V. t. FRANCIA VI).2. La Revolución en Bélgica. La rapidez del triunfo de la R. de julio en Francia hizo estremecer a toda Europa, en donde los movimientos liberales y nacionalistas venían gestándose durante ese primer tercio del s. XIX. El primer país en donde se sintieron las consecuencias de esta R. fue Bélgica (V. BÉLGICA IV, 3).Los Países Bajos reunían en un solo Estado a belgas y holandeses, cuyos sentimientos e intereses eran totalmente opuestos. Los primeros eran en su gran mayoría católicos, sentían simpatías por los franceses y entre ellos florecía la clase burguesa, dedicada a la industria. Los holandeses, por el contrario, eran tradicionalmente hostiles a los franceses; en general, predominaban los protestantes y se dedicaban principalmente a la agricultura y al comercio. El rey holandés Guillermo 1 gobernaba autoritariamente a los Países Bajos, ofendiendo una y otra vez el patriotismo de los belgas, a los que impuso la lengua y funcionarios holandeses, dejó la enseñanza en manos de inspectores protestantes, restringió la libertad de prensa, ganándose la enemistad de los liberales y también la de los grandes hombres de negocios, al obligarles a contribuir desproporcionadamente al pago de los intereses de la gigantesca deuda (V. HOLANDA IV, 4).El 25 ag. 1830 se promovieron en Bruselas graves incidentes, dirigidos por el liberal De Potter, en los que participaron agentes franceses que enarbolaban la bandera tricolor. Todas las ciudades belgas siguieron a la capital y se organizó una Guardia Nacional. Guillermo I pidió ayuda al rey de Prusia, pero Francia hizo saber al monarca holandés que cualquier intervención del ejército prusiano provocaría la intervención de las fuerzas francesas, con lo cual se impidió actuar a Federico Guillermo III. Ante la imposibilidad de dominar la insurrección por la fuerza, los holandeses se retiraron (27 septiembre) y poco después, el 4 de octubre, un Gobierno provisional belga, formado por una comisión administrativa de liberales y católicos, proclamó la independencia. Este Gobierno organizó la administración y la justicia y promulgó unos decretos restableciendo la libertad de enseñanza, ue culto, de asociación y de prensa. El 27 de octubre se reunió en Bruselas el Congreso Nacional, compuesto de 200 miembros, y el 7 feb. 1831 se votaba la Constitución de Bélgica.Francia e Inglaterra favorecieron de momento la causa belga. Los líderes conservadores, Metternich (v.) y el zar Nicolás 1, no pudieron hacer nada por impedirlo, ya que estaban ocupados, el primero con los desórdenes de Alemania e Italia, y el segundo con la sublevación polaca. El Congreso ofreció la corona de Bélgica a Leopoldo de Sajonia-Coburgo, protegido de Inglaterra, el cual se hizo aliado de Francia al casar con María Luisa de Orleáns, hija de Luis Felipe. También en Bélgica se implantaba una monarquía constitucional y triunfaban el nacionalismo y el liberalismo.3. Fracaso de la Revolución en Polonia. La fiebre de liberalismo que sacudía a Europa no pudo triunfar en todos los países donde se intentó implantar un régimen político de ese signo. Así ocurrió en Polonia (v. POLONIA iv), unida a Rusia desde 1815 como reino satélite, siendo su rey el mismo Zar, que llevó a cabo una política autoritaria, hiriendo los sentimientos nacionalistas de los polacos. Desde el advenimiento de Nicolás I (diciembre 1825), sucesor de Alejandro 1, aumentaron las dificultades (V. ROMANOV, DINASTÍA). El movimiento nacionalista comenzó a tomar fuerza y a organizarse en sociedades secretas. Existían dos partidos: por una parte, los moderados, que aceptaban al Zar como Rey de Polonia y se conformaban con una mayor autonomía del país; de otro lado, los liberales, que se creían con la suficiente fuerza para construir una gran Polonia independiente, republicana y liberal. La actitud hostil del Zar, ante las revoluciones de Francia y Bélgica, provocó el estallido de la sublevación en Varsovia, que se inició en la Academia de Cadetes el 29 nov. 1830.Los insurrectos llevaron a cabo una matanza de funcionarios rusos, y el gran duque Constantino, virrey de Nicolás I en Polonia, hubo de retirarse con sus tropas. La R. se extendió a las provincias orientales y se proclamó la independencia de Polonia, nombrándose dictador al general Chlopicki. Pero la ayuda que esperaban recibir de Occidente no llegó, y el Zar Nicolás envió inmediatamente un ejército para someter a los sublevados. Las discrepancias internas y las desavenencias entre los polacos facilitaron la victoria a Nicolás I, en una guerra que duró desde enero a septiembre de 1831. La represión rusa fue muy dura. Se abrogó la Constitución liberal, concedida en 1815 por el zar Alejandro, el Reino de Polonia fue anexionado al Imperio ruso como una provincia conquistada y el país fue ocupado por el ejército del Zar, dispuesto a reprimir cualquier rebrote de nacionalismo. El fracaso de la R. de 1830 constituyó un duro golpe para las aspiraciones nacionalistas y liberales de los polacos.4. Intentos revolucionarios en Italia. También en Italia los sucesos de 1830 desencadenaron la agitación en algunas de sus regiones, aunque pronto fue reprimida por Austria (v. ITALIA V, 6). A finales de 1830 y principios de 1831 se registraron en Módena movimientos liberales que derrocaron al duque Francisco IV de Este (v. MóDENA, DUCADO DE II). Esta R. se extendió victoriosamente a Parma y la Romaña, donde también se destituyeron los gobiernos de María Luisa y del papa Gregorio XVI respectivamente. Este último pidió ayuda al emperador Francisco I, quien envió un ejército, restableciendo pronto la situación. Francisco IV mandó al cadalso a Menotti, jefe de los insurrectos en Módena. Si bien esta intentona del liberalismo italiano fracasó de momento, a partir de entonces el sentimiento nacionalista y antiaustríaco de los italianos fue aumentando en años sucesivos (V. RISORGIMENTO). En los años siguientes (1831-33) las sacudidas de la R. también habían de alcanzar a España, Portugal y Suiza, en donde, después de no pocas violencias, habrían de instaurarse en el poder regímenes de tipo liberal.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: C. J. H. HAYES, Historia política y cultural de la Europa moderna, I, Barcelona 1953; V. PALACIO ATARD, Manual de Historia Universal, IV, Madrid 1960; B. MIRKINE-GUETZEVITCH, Études sur les mouvements libéraux et nationaux de 1830, París 1932; F. PONTEIL, L’éveil des nationalités et le mouvement libéral, París 1960; E. LABROUSSE, Comment naissent les révolutions, en Actes du Congrés Historique du Centenaire de la Révolution de 1848, París 1948.
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