Repoblación (reconquista) HIST.
Categoria:
Historia
Repoblar es volver a poblar, y puede entenderse como sinónimo de colonizar. Nos referimos aquí a la R. humana en la época de la Reconquista (v.), es decir, desde la invasión de la Península Ibérica por los musulmanes (711) hasta la capitulación de Granada (1492). No obstante, la R. del país continuó y comprendió también la de Canarias; aquí se considera únicamente la que concierne a los territorios ganados a los musulmanes (se incluye el condado de Portugal, pero no el reino). Tierras hubo de Galicia, Asturias y Cantabria, así como de Navarra y condados pirenaicos, en las que el dominio musulmán fue más teórico que efectivo, más jurídico y político que de hecho. Estas tierras constituyeron los fundamentales núcleos repobladores. Castilla nace con la ayuda y R. de gentes de Cantabria y Vasconia, en el centrooeste y este respectivamente.
l. Primeros núcleos de Repoblación. No siempre, durante la Reconquista, se puede hablar de R.; en muchos casos se trata de simple poblamiento, pues nadie puede repoblar lo que antes no había sido poblado. Se pueblan también territorios yermos, que cristianos y musulmanes habían arrasado; así ocurre con la R. del Duero. Según la Crónica Albeldense, la tierra hasta el Duero era un yermo (se entiende la comprendida entre el reino de Asturias y el río Duero). Alfonso I de Asturias (739757) y su hermano Fruela asolaron esta zona. Refiriéndose al primero, la crónica citada dice que "en todos los centros, villas y aldeas que ocupó, mató a los pobladores árabes, y a los cristianos se los llevó consigo a la patria". La patria era Asturias, primer núcleo de la Reconquista, que se extendía hasta el Nervión.La R. es un complemento de la Reconquista. Pero no siempre es posible la R., porque se carece de gente para llevarla a cabo. Parte de la población hispanogoda existente a principios del s. VIII, y que no era muy numerosa, huyó después de la batalla de Guadalete (v.) y de la caída de las principales ciudades como Mérida, Toledo, etc. Unos se refugian en los montes de Asturias y otros pasan a Francia e Italia. Así, pues, en los primeros años de la Reconquista, hay dos núcleos de población bien diferenciados: musulmanes en al-Andalus (v.) y cristianos en el reino de Asturias (v.). En los demás territorios, convive la escasa población cristiana y musulmana. El islamismo permite esta convivencia cuando se trata de creyentes, sean cristianos o judíos. La influencia franca en Cataluña reduce el elemento musulmán en su población; en cambio, son más numerosos los judíos. Estos y algunos cristianos permanecen en tierras de al-Andalus. Cuando se recrudece la persecución musulmana a los mozárabes (v.), mediado el s. IX, éstos abandonan el Sur y, en su camino hacia el Norte, constituyen un importante elemento repoblador. Los reyes aprovechan también sus incursiones en territorio musulmán para llevarse la población mozárabe hacia las zonas de Repoblación. Los prisioneros de guerra, los cautivos que los guerreros hacen en sus algaradas, engrosan el número de los campesinos, necesarios para trabajar la tierra, ya que los judíos se dedican principalmente al comercio.,La R. confirma la ocupación de hecho de la tierra conquistada. Esta, además, contribuye a conformar la estructura socio-económica de la España medieval, de la que es consecuencia la España moderna. Por el modo de llevarse a cabo la R., se originan diversas clases sociales, y también diferentes estructuras agrarias: minifundios y latifundios. La economía de la sociedad medieval era fundamentalmente agraria; en España, desde la creación de la Mesta (v.), era ganadera. La vida giraba en torno a la tierra; el hombre era considerado según su mayor o menor dependencia con respecto a la tierra que cultivaba o que simplemente pisaba; la riqueza se cifraba en la posesión de la tierra. No obstante, hubo en la Reconquista un sector de población, los caballeros, que pueden calificarse los "sin tierra", elegidos por su fuerza, habilidad, etc., normalmente entre segundones de familias nobles, para constituir la mesnada de un rey o de un magnate. Cuando no combatían, se dedicaban a la caza como entretenimiento. Militarmente, adquieren importancia desde el s. IX, por la necesidad de emplear el caballo en la lucha, que normalmente se desarrollaba lejos de los lugares de poblamiento.
2. Los repobladores. En las primeras fases de la R., un incentivo es la propiedad territorial, la independencia de todo señorío, el disfrute de derechos, la posibilidad de sentirse y ser libres, la elección de autoridades. Con el tiempo, el pequeño propietario que ha repoblado lo conquistado o lo abandonado, busca la protección de un señor y, sin dejar totalmente de ser libre, se convierte en vasallo a través de la ceremonia de homenaje, en la que señor y vasallo contraen su compromiso: de protección el uno, y de servicio el otro. Una compleja norma jurídica de derechos y obligaciones preside las relaciones entre señor y vasallo. La clientela de tipo territorial en la que un propietario se acoge al amparo de un señor da origen a la behetría, institución que continúa el patrocinio territorial practicado en el Imperio romano y entre los visigodos. Hombres de behetría hubo en los reinos astur leonés y castellano. Su situación jurídica se regula en las leyes de León (1017 y 1020), que les consideran libres, con capacidad para disponer de sus bienes y heredades.El censo de behetrías (Becerro de behetrías) hecho en la primera mitad del s. XIV registra 628 poblaciones de behetría entre las 2.070 poblaciones existentes en Castilla. Prácticamente, el límite meridional de la behetría es la línea del Duero. Cuando la Reconquista sobrepasa esta frontera, la R. llevada a cabo por los concejos de realengo (s. XII) no necesita de la behetría, cuya evolución se acusa en el s. XII, cuando las behetrías leonesas comienzan a transformarse en tierras de señorío eclesiástico. El desarrollo del régimen señorial (v.) en Galicia impide el mantenimiento de las behetrías y, desde el s. XIII, motiva el movimiento de población desde tierras señoriales a behetrías. Una de las motivaciones, entre otras, en los movimientos de población durante la Reconquista es la búsqueda por el hombre de su libertad, que los señores procuran coartar para mantener su poderío y preeminencia, y que los reyes amparan para que la población libre, acogida a la protección de la corona, sirva de contrapeso al poder señorial. Además había otras motivaciones, espirituales, patrióticas, etc., que unían a unos y a otros.En líneas generales, los repobladores se dividen en dos grandes clases: vasallos (siervos y hombres libres) y señores. El maulado de la España cristiana es similar al maula (v.) de al-Andalus. Entre los hombres libres, se distinguen los que lo son por nacimiento y los esclavos manumitidos o libertos. El cristianismo influye para que aumente el número de éstos, que en la R. constituyen parte esencial de la mano de obra agrícola, y toman parte en el fonsado o ejército real y en la hueste. Al igual que los hombres libres de nacimiento, se someten a la protección de un señor, haciéndose sus vasallos. Los señores eran eclesiásticos (obispos y abades) y laicos (muchos de ellos nobles). La R. facilita la emancipación de los siervos (v.). La presura (v.), que se practica como sistema de R. hasta el s.XI, les hace libres. La simple ocupación de la tierra da derecho a poseerla; a veces se hace necesaria su roturación; condición indispensable para la ocupación de la tierra es que ésta no tenga dueño.Existía diferencia entre los siervos personales y rurales (adscripticios). Los primeros residían en casa del señor, dependían directamente de él y se ocupaban de las faenas domésticas. Los segundos vivían de su trabajo y pagaban censo, en especie o dinero, a su señor. Este elemento humano no sólo fue básico en la R., sino que también participó en la Reconquista, mediante los servicios de anubda, hueste y cabalgada, a que se obligaban. El tiempo de acudir a la hueste para los que recibían soldada era ilimitado en un principio; ya avanzada la Reconquista, se limitó a tres meses (Ordenamiento de Alcalá, 1348). Los que no recibían soldada sólo participaban en la hueste tres días a su cargo y otros tantos a costa del rey. La cabalgada, que en principio era el golpe llevado a cabo por la caballería para destruir, saquear y hacer prisioneros, llega a confundirse con la hueste desde el s. xtt, pues al igual que ésta ya participa la infantería. La anubda consistía en un servicio de vigilancia y guardia en fronteras, fortalezas, ciudades, etc.De la R., como ocupación permanente de las tierras para su laboreo, se descartan desde el s. XII los componentes de la mesnada, institución que aparece entonces, originada en la comitiva regia de la Alta Edad Media y que regula el fuero de Castrojeriz (974). Pero cuando reciben beneficios de tierras, como pago a sus servicios, se unen a los cada vez más numerosos repobladores de la Reconquista.La ocupación de la tierra en Aragón contó con la colaboración de los campesinos musulmanes, quienes, a pesar de haber sido despojados de sus tierras por los conquistadores, las continuaron trabajando, bien como aparceros o como colonos asociados. Estos campesinos, llamados exáricos, que abundaban en el valle del Ebro (Navarra y Aragón), pagaban rentas al nuevo dueño de las tierras que ellos cultivaban y pueden considerarse dentro del sector de población musulmana denominado mudéjar (v.), que desde los primeros tiempos de la Reconquista convivía con los cristianos en sus reinos. La R. favoreció también, sobre todo desde el s. XI, las migraciones de los iuniores o campesinos descendientes de colonos hispanorromanos, los cuales podían abandonar la tierra para desplazarse a otras zonas de mayor interés para la R. del país.Desde el s. XII principalmente, la asamblea de vecinos o concejo se transforma en municipio y célula fundamental para la R. Los municipios rurales y urbanos se situaban en tierras de realengo dependientes del monarca; los señoriales, en tierras solariegas, correspondientes a los señoríos solariegos. Este tipo de señorío, exclusivamente de carácter económico, por cuanto el agricultor se limitaba a pagar un censo por el disfrute de la tierra y a prestar trabajo en dominios reservados al señor, fue permitido por los reyes, los cuales impidieron la proliferación de los señoríos jurisdiccionales, que comportaban vasallaje. Los dominios señoriales se extendieron por Andalucía, desde la Reconquista del valle del Guadalquivir en el s. XIII. Los reyes se opusieron a los señoríos jurisdiccionales por cuestiones de justicia, por asegurar su jurisdicción o no fraccionarla en exceso. La R. llevada a cabo en las tierras de realengo al N de Despeñaperros evitó un exceso de división del poder, pero nadie pudo impedir que unas cuantas familias nobiliarias se adueñaran de la mayoría de las tierras y llegaran a competir con los dominios patrimoniales de los reyes.La sociedad española resultante de la Reconquista es distinta a la europea feudal, a causa precisamente de la Repoblación. r_sta, con el sistema de presura (aprisio en Cataluña) practicado hasta el s. XI, facilitó la existencia de una sociedad de hombres libres, en la que los vínculos de dependencia no eran los mismos que, p. ej., caracterizaron la sociedad francesa. En Cataluña, no obstante, por formar parte de la Marca Hispánica (v.), dependiente de los francos, puede decirse que existió una sociedad feudal. En el resto de España, aunque se emplea la palabra feudo (desde el s. xii, por influencia francesa) como sinónimo de beneficio, el feudalismo (v.) no constituye el sistema político de la mayoría repobladora que va dando vida a los reinos de España. Solamente se imitan instituciones feudales.3. Cartas de población. Desde los primeros siglos de la Reconquista, se emplean las cartas pueblas (v.) como instrumento jurídico de Repoblación. Las conceden los reyes y los señores, tanto laicos como eclesiásticos, y también las órdenes militares. En su forma primitiva más simple, regulan la tenencia de la tierra, a modo de contrato agrario colectivo. Posteriormente, reglamentan la vida de la localidad, las relaciones de sus habitantes con su señor, etc., dando así origen al Derecho municipal. Es difícil la distinción entre la carta puebla o de poblamiento y la carta municipal que se concede la comunidad para su organización y funcionamiento. Las cartas pueblas constituyen el germen de los fueros (derechos) locales, pues en ellas se hacen constar los derechos de la población que sirven de estímulo para que se efectúen asentamientos. Una de las cartas pueblas más antiguas que se conoce es la dada por el conde Nuño Núñez a unas familias de la Montaña que traslada a Brañosera (824), en el valle de este nombre, que comprende la zona limítrofe de las actuales provincias de Burgos, Palencia y Santander. Esa carta puebla es también conocida como fuero de Brañosera, confirmado por el conde Fernán González (v.), quien repuebla la villa de Sepúlveda (940), casi dos siglos después de haber sido conquistada por Alfonso 1 de Asturias. Este hecho repoblador tardío con respecto a la Reconquista se repite en otras villas y ciudades. La R. asegura en muchos casos el dominio efectivo y definitivo, pues la población cristiana actúa de contrapeso en relación con la musulmana, evitando la defección de ésta o la pérdida de la ciudad por traición de sus moradores judíos. En algunos documentos, no se aprecia la diferencia entre carta de población y carta de fuero. Otros, sin embargo, son bastante claros, pues se otorgan cuando ya existía poblamiento y se refieren a órganos de gobierno, instituciones penales y procesales, mercados, tributos, etc. La bondad de los fueros sirve de estímulo para atraer más población a la ya asentada. No puede olvidarse que la R. fue una labor de siglos, con periodos de despoblación o de estancamiento, a causa de epidemias, malas cosechas, etc. En una economía agraria cerrada, de escasa producción, con poco comercio, malos transportes, peores vías de comunicación y apenas medios adquisitivos, como la medieval española, las hambres eran extensivas y afectaban mortalmente a amplias zonas. El hambre en España del 748 al 753, a causa de la sequía, contribuye a la emigración de musulmanes a África. Esto constituye un factor negativo de Repoblación. Las condiciones de vida, la higiene, una medicina incipiente, etc., tampoco favorecen al aumento de población necesario para que la R. pueda realizarse con generosidad. Estas múltiples circunstancias condicionan el lento desarrollo de la Reconquista, de tal modo que R. y Reconquista se entrelazan mutuamente sin distinción a veces de causa y efecto. Pues si bien la R. se llevaba a cabo como consecuencia de la Reconquista, ésta era favorecida a veces por el efecto repoblador. Tal es el caso de la R. de Castilla: da origen al condado e impulsa la Reconquista en una tierra que es fronteriza.4. Actividad repobladora. La R. en gran escala había comenzado después del fracaso de las expediciones musulmanas a principios del s. IX, que es cuando se repuebla al S de Orduña y en Reinosa, en la orilla izquierda del Ebro, río que se llena de castillos en sus inmediaciones. La toponimia alude a este tipo de construcciones, repitiéndose con frecuencia el nombre de Castrillo antepuesto a los de: Villasandino, Hornillos, Tardajos, Muño, etcétera. A partir de la victoria cristiana en Polvoraria (878), comienza una nueva actividad repobladora.Factor de R., al margen de la Reconquista pero en esta época, es el camino de Santiago (v.), en el que surge la población de Santo Domingo de la Calzada, fundada en 1094 (provincia de Logroño). En la misma ruta, Alfonso VI repuebla Logroño, cuyo fuero, otorgado en 1095 y confirmado por Alfonso VIII en 1168, se aplica a otras poblaciones. Fue frecuente que una misma carta puebla sirviera para varias ciudades. También en la ruta jacobea, Sancho V Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, con quien se inicia la expansión aragonesa por Levante, puebla Puente la Reina y Estella (1090); en Aragón, puebla Luna (1094). Hospitales, albergues y monasterios constituyen núcleos de poblamiento, que los reyes protegen. En Castilla son, además, centros de vida económica los monasterios de San Félix de Oca, San Pedro de Cardeña (a 10 Km. de Burgos, territorio repoblado en el s. ix), Covarrubias, Arlanza, Santo Domingo de Silos y San Salvador de Oña. En torno al monasterio de Santillana, existente por lo menos desde el s. Ix, se forma la población de Santillana del Mar, a la que Fernando I concede fuero en 1045. Colonias de francos se asientan en Pamplona, Estella, laca, Nájera y Burgos. En León, la población de Sahagún crece en torno al monasterio, situado en el camino de Santiago y cuyo territorio repuebla Alfonso III.La R. en Asturias comienza con Alfonso I (739-757), quien lleva hacia el N a cristianos que recoge en sus campañas devastadoras por Ávila y Segovia. De este modo, queda despoblada la Meseta, pero se repúeblanPrimorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza y las Bardulias, así como la parte marítima de Galicia. En el reinado de Alfonso II (791-842), algunos monjes de Andalucía se trasladan al monasterio de Samos (v.; provincia de Lugo), fundado probablemente a mediados del s. VIII. Según los Anales castellanos (814), hubo movimientos de población desde los Picos de Europa al N de las actuales provincias de Palencia y Burgos, en las llamadas Bardulias, que los árabes denominaban al-Qilá`, por los castillos que allí se levantaban. En el reinado de Ordoño 1 (850-866), los mozárabes perseguidos en al-Andalus se trasladan al Norte. El monarca repuebla Tuy, Astorga, León y Amaya. Alfonso III (866-910) dirige la R. del valle del Duero, especialmente Zamora; y consolida la R. de Burgos y Castrojeriz (v. ALFONSO III DE ASTURIAS). También envía a algunos magnates a repoblar en Norte de Portugal. El conde Odoario repuebla Chaves.
Con la R. del Duero, la Reconquista entra en una fase de ofensiva. Los repobladores son en su mayoría pequeños propietarios libres, lo que impide la extensión del latifundio en la zona del Duero. Algunas de estas pequeñas propiedades van a parar a manos de obispos o abades a través de las donaciones por el alma, que se hacían después de la muerte. Esto y las concesiones regias contribuyen a la formación de los grandes señoríos eclesiásticos. García 1 de León repuebla Toro, Roa, Clunia, Haza, San Esteban de Gormaz y Osma (912). La fortaleza de Madrid (Mayrit en textos árabes), cuya fundación como primer núcleo histórico se atribuye al emir Muhammad I en la segunda mitad del s. ix, es conquistada por Ramiro II de León (931-951), pero la población no recibe fuero hasta 1202. Después de la victoria de Simancas, en la provincia de Valladolid (agosto 939), Ramiro II repuebla Salamanca, Alhándega, Ledesma, Ribas, Baños y Peña, es decir, el valle de Tormes. Algunas ciudades vuelven a repoblarse tras su conquista definitiva. Así ocurre con Salamanca, reconquistada en 1065, pero que no se repuebla de nuevo hasta después de la caída de Toledo (1085), por encargo de Alfonso VI a su yerno Raimundo de Borgoña, quien también repuebla Ávila. La R. de Salamanca continúa en el s. xii con la llegada de francos, mozárabes, portugueses, castellanos, etc. En el límite de las actuales provincias de Palencia y Segovia, cuyo territorio había comenzado a repoblarse con gente de Castilla, Ramiro II crea el condado de Monzón para Aznar Fernández.La gran obra repobladora del reino asturianoleonés estuvo a punto de perderse a fines del s. X, por las 52 campañas de Almanzor (v.), quien saqueó Zamora ’y asaltó Salamanca (986), destruyó Santiago (997) e incendió el monasterio de San Millán de la Cogolla (1002), además de conquistar numerosas plazas. Fernando I I (115788) concede especial atención a la R. de la Extremadura leonesa. Repuebla Ciudad Rodrigo, Ledesma, Mansilla, Mayorga, Villalpando y Benavente. La R. de Ciudad Rodrigo, que quedó en manos de los nobles y recibió fueros en 1161, junto con Ledesma, se realizó con la oposición del municipio de Salamanca. Alfonso IX (v.) repuebla la zona fronteriza con Portugal y concede nuevos fueros, confirmando a su vez los de Zamora (1209). Conquistada definitivamente Cáceres en 1227 (por primera vez la conquistó Alfonso VII en 1142), el monarca la otorga fuero en 1229, aun con la protesta de la Orden de Santiago, que se consideraba con derecho sobre la ciudad, la cual había recibido de Fernando II en 1170. Las órdenes militares (v.) contribuyen a la conquista de Mérida y Badajoz (1230), donde los caballeros de Alcántara reciben grandes extensiones. En Extremadura, y más tarde en el valle del Guadalquivir, con los repartimientos efectuados por Fernando III de Castilla y León (v.), la R. se lleva a cabo con poca gente en relación con el territorio que se trata de ocupar. Los más beneficiados por las concesiones reales fueron los nobles y las órdenes militares, cuyas grandes propiedades han caracterizado la estructura agro-social del latifundio andaluz y extremeño, aún apreciable en nuestros días. La poca población al S del Tajo favorece también el desarrollo de la ganadería lanar, con detrimento de la agricultura.El reino de Castilla (v. CASTILLA II) se repuebla con la intervención de los municipios, cuyas .milicias también participan en la Reconquista. En el s. XII, con el auge mercantil y la animación de la vida ciudadana, la R. es más urbana que rural. El auge demográfico experimentado un siglo antes permite la concentración en núcleos de población cada vez mayores. Los reyes dedican sus esfuerzos a la recuperación de ciudades, que procuran repoblar inmediatamente después de su conquista. Así hace el primer rey de Castilla Fernando I, cuando conquista Lamego (1057), Viseo (1058) y Coimbra (1064), en la zona portuguesa del reino. En la R. de Coimbra intervienen mozárabes. La ocupación de Viseo se asegura mediante la R. de su entorno y castillos próximos. Alfonso VI (v.) es consciente de la escasez de población para repoblar territorios y por ello prefiere hacer vasallos a los musulmanes que conquistar sus ciudades. No obstante, se apodera de Toledo (1085), con ayuda de los mozárabes residentes en la ciudad, que repuebla, así como la Extremadura castellano-leonesa. En el reinado de Alfonso VIII (1158-1214), se impulsa la R. de la costa cantábrica y se fija la expansión de castellanos y aragoneses por el tratado de Cazorla (1179), que detiene el avance aragonés por Levante en la costa alicantina. La conquista de Extremadura y el valle del Guadalquivir en el siglo siguiente hacen de Castilla el reino más amplio de la Península. Pero los 5 millones de hab., que se calcula que tenía Castilla a mediados del s. XII, resultan insuficientes para la R. de las tierras ganadas al Islam. La alta nobleza se incorpora nuevos señoríos que proceden de repartos. A pesar del movimiento de colonos desde el Norte hacia el Sur, la densidad de población en Andalucía continúa siendo escasa.La R. de Murcia, cuya conquista había quedado reservada a Castilla por el tratado de Almizra (1244), la lleva a cabo Alfonso X (v.), una vez recuperado el territorio, después del levantamiento de 1264. Se repueblan los principales centros urbanos como Murcia, Cartagena, Lorca, etc. Para evitar la despoblación y el abandono de zonas cultivadas, que se habían producido en otros territorios, se hace obligatoria la vecindad como condición para conservar la tierra. La prohibición de enajenar la tierra durante unos años tiende a evitar la emigración. Desde 1296, se detiene la R. castellana en Murcia, al ocupar este reino Jaime II de Aragón (v.), quien lleva gente aragonesa, en contra de los derechos de Fernando IV de Castilla. Por la sentencia de Torellas (1304), Alicante, Elche, Orihuela y Villena se incorporan a la Corona de Aragón. En los siglos siguientes, sin apenas actividad reconquistadora, poco puede hablarse de Repoblación.Una de las características de la R. en los territorios de la Corona de Aragón es la permanencia de la población rural musulmana. El sistema de repartimiento se lleva acabo antes que en Castilla, pero en cambio no son tan numerosos los latifundios. La R. de la zona oscense comienza con Pedro I, después de la conquista de Huesca (1096) y Barbastro (1101). Avanzada de la R. son los fuertes que el monarca construye en tierras de nadie. Alfonso I (v.) conquista y repuebla Zaragoza (1118), Tudela, Calatayud y Daroca (1120). Su derrota en Fraga (1133) hace retroceder la frontera y se despueblan Daroca y Barbastro (ésta, parcialmente). En su reinado, se efectúa la R. de Soria. Como resultado de sus correrías por tierras musulmanas, traslada unos 10.000 mozárabes al valle del Ebro, donde se permite la permanencia de la población musulmana y judía. Ramón Berenguer IV (v.), en quien se unen Aragón y Cataluña, vuelve a repoblar Daroca (1142). Después de conquistar Tortosa (1148), Lérida, Fraga (1149), Alcañiz y Monforte (1157), repuebla una amplia zona, aplicando desde Belchite a Teruel (Alfonso II conquista esta ciudad en 1171) el fuero de Sepúlveda, que perdona los delitos a quienes se establecen en zonas fronterizas. La R. de Cataluña hasta el s. xi es dirigida principalmente por los monasterios benedictinos y por los nobles, que se adueñan (por ocupación o aprisco) de grandes extensiones cultivadas por colonos.
La R. del reino de Valencia, que incorpora a la Corona de Aragón Jaime I (v.), es de carácter señorial en la zona norte (Castellón y comarca del Maestrazgo), y reservada al rey en el Sur, donde se realizan repartimientos entre los conquistadores y los nuevos colonos, que se asientan sobre todo en los centros urbanos, permaneciendo la población rural casi totalmente musulmana. La población cristiana que acude a repoblar estos territorios procede de Barcelona, Teruel, Daroca y Calatayud, pero en número insuficiente a las necesidades de Repoblación. En líneas generales, la R. del Levante español, con las expulsiones de moriscos (v.), se prolonga hasta mucho después de acabada la Reconquista; prácticamente, hasta el s. XVII.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: L. GARCÍA DE VALDEAVELLANO, Curso de historia de las instituciones españolas, Madrid 1968; C. SÁNCHEz ALBORNOZ, Estudios sobre las instituciones medievales españolas, México 1965; fD, Las behetrías: la encomendación en Asturias, León y Castilla, Madrid 1924; A. Roca TRAVER, Cuestiones de demografía medieval, "Hispania" XIII (1953); VARIOS, La reconquista española y la repoblación del país, Zaragoza 1951; C. SANCHEz ALBORNOZ, La repoblación del reino astur-leonés, "Humanidades" XXVI, Buenos Aires 1936, 37-56; fD, Despoblación y repoblación del valle del Duero, Buenos Aires 1966; J. DE LA CONCHA, La presura. La ocupación de tierras en los primeros siglos de la Reconquista, 2 ed. Madrid 1946; J. CERDA, Fueros municipales, en Nueva enciclopedia jurídica Seix, V, Barcelona 1960; J. M. LACARRA, La repoblación de las ciudades en el camino de Santiago, en Las peregrinapiones a Santiago de Compostela, I, Madrid 1948, 465-497; fD, A propos de la colonisation "franca" en Navarre et Aragón, "Annales du Midi" LXV (1953) 331-342; M. DEFOURNEAUX, Les franpais en Espagne aux XI= et XII, siécles, París 1949; T. SOUSA SOARES, O repovoamento do norte de Portugal no seculo IX, "Biblos" XVIII, Coimbra 1942; J. PÉREZ DE URBEL, Los vascos en la repoblación de Castilla, Bilbao 1945; J. GONZÁLEZ, Repoblación de la Extremadura leonesa, "Hispania" X (1943) 194-273; fD, Repartimiento de Sevilla, Madrid 1951; H. SANCHO DE SOPRANIs, La repoblación y el repartimiento de Cádiz por Alfonso X, "Hispania" (1955) 483-539; J. CEPEDA, Notas para el estudio de la repoblación de la zona del Tajo, Valladolid 1955; J. F. RIVERO, Reconquista y repobladores del antiguo reino de Toledo, Madrid 1966; 1. M. LACARRA, La repoblación de Zaragoza por Alfonso el Batallador, Madrid 1949; J. M. FONT Rlvs, Algunos aspectos jurídicos de la repoblación murciana, Murcia 1961; fD, El repartimiento de Orihuela. Notas para el estudio de la repoblación levantina, Barcelona 1965; M. GUAL, La Corona de Aragón en la repoblación murciana, Barcelona 1962; J. E. MARTÍNEZ FERRANDO, Estado actual de los estudios sobre repoblación en los territorios de la Corona de Aragón, Barcelona 1962; J. DE LAS CAGIGAS, Minorías étnicoreligiosas de la Edad Media española, Madrid 1947-49; J. M. LACALLE, Los judíos españoles, Barcelona 1964.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.