Reportaje MEDIOS
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Medios de Información
Si exceptuamos, en periodismo, todo lo que sea comentario, crónica y acaso también la "noticia químicamente pura", el resto es r. Porque reportar, del latino reportare, equivale, en esencia, a informar, es decir, a llevar al lector un hecho o suceso que se considera digno de ser divulgado. Del latín reportare se originó el sustantivo francés reportage, españolizado en r., que podría definirse como género periodístico informativo de estilo directo puro; una narración informativa de vuelo literario, concebida y realizada según la personalidad del escritorperiodista.En sentido amplio, pues, r. equivale a información (v.); en un sentido más estricto el r. se diferencia de la información pura y simple porque en él hay más libertad expositiva para el reportero (v.). La información escueta nos da el esquema de un hecho o suceso; el informador debe someterse al imperativo periodístico llamado de la pirámide invertida: ha de narrar siguiendo un orden descendente, de mayor a menor interés, procurando llevar al principio de su relato la parte más noticiosa del mismo. En el r. se hacen más concesiones a la manera de hacer del periodista. La entrevista (v.), p. ej., es un tipo de r. Y no sabemos de ningún director de periódico que, al encargar a uno de sus redactores una entrevista, le dé una pauta inflexible, le dicte un canon para su quehacer. Todo lo más, se dan consejos de enfoque, pero no reglas de procedimiento. Cada periodista, ante su mesa de trabajo, desarrollará su r. "a su aire". Si no sucediera así, imperaría en el periodismo la monotonía y no la variedad.Casi todos los periódicos, por no decir todos, y salvo casos de intencionada deformación de los hechos, dan la noticia (v.) casi con las mismas palabras; sucedió tal cosa, a tal persona, en tal sitio, a tal hora de tal día, de tal manera y por tales razones o causas. Es decir, que todo periodista, al redactar una noticia, suele desarrollarla de un modo muy parecido y, en ella, contesta a las seis preguntas-clave que nos dan los seis elementos constitutivos de la misma: qué, quién, dónde, cuándo, cómo y por qué. La información que desarrolla la noticia no es más que una ampliación de los elementos antedichos. El r. sobre el hecho noticioso es ya un trabajo más personal, que pone el acento periodístico allí donde el reportero ve o entiende que está el material digno de ser dado a conocer al gran público. Los grandes rotativos suelen coincidir entre sí por las noticias; se diferencian por sus r., por lo que nos cuentan del amplio y variopinto mundo, cuajado de material informativo, no siempre indispensablemente noticioso. Ningún periódico del mundo silenció, p. ej., la muerte de Stalin, pero fueron diferentes los r. sobre el tema.Todo es posible en el r.: desde la gran catástrofe hasta la historia, tierna y humana, del niño que convive solo con un perrito en la chabola de un suburbio. Se puede hacer r. de todo y con todo. Reportar o, como dicen los argentinos, "reporear", equivale a relatar, informar, comunicar, propalar o divulgar. Y podría decirse que el r., aun siendo hoy esencialmente periodístico, es tan antiguo como la Humanidad. Ya en el Génesis, cuando se cuenta o narra el principio del Mundo, se nos está dando, en cuanto al modo del relato, un r. de la Creación: "Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo... Dijo Dios: ’Haya luz’; y hubo luz... Dijo luego Dios: ’Haya firmamento en medio de las aguas’... " (Gen 1).Análisis diferencial. Para una mayor precisión del concepto interesa distinguir los rasgos diferenciales del r., según la pauta seguida para la crónica periodística (v.) y el editorial (v.). En cuanto al estilo, en el r. se impone el estilo directo puro, es decir, se cuenta o narra sin comentario alguno, sin "editorializar". Recordemos aquí que estilo directo es aquel en virtud del cual "el escritor desaparece, no se le ve"; sólo se ve lo que cuenta o narra. No hay margen para la interpretación del suceso narrado; a veces, hasta la adjetivación resulta improcedente; no se trata de decir de una mujer que es "bellísima", sino que procede describir su belleza; ni de un hombre que es "muy alto", sino que debe decirse su estatura aproximada; ni de una montaña que es altísima, sino que han de darse los metros sobre el nivel del mar. En el estilo directo, pues, no se explica, se muestra; no se razona, sino que se hace razonar. Se dice cómo son las cosas, cómo las ve el periodista, sin comentario alguno. Salvo este imperativo estilístico, el reportero goza de libertad expositiva. Una libertad, bien entendido, condicionada por la necesidad y la obligación de informar. El r. debe ser lo más completo posible: no pueden quedar lagunas ni vanos expositivos; nada debe quedar a medio decir.La forma del r., aun reconocida la libertad de que hablamos, debe ser narrativa-descendente. El buen reportero empieza su trabajo como quiere, a su modo, sin olvidar nunca la importancia periodística del primer párrafo. Un buen r., como el buen filme o la buena novela, ha de tener un buen arranque, un principio con "garra" que cautive al lector desde la primera línea. Se impone, por tanto, un comienzo atractivo, un desarrollo interesante y un final concreto. A diferencia de la novela, que puede tener un final vago, indeterminado, impreciso, el r. debe terminar cuando el periodista ya no tiene nada interesante que decir.Por su enfoque, sentido y significación, estamos ante un género periodístico marcadamente impresionista y acusadamente realista (v. PERIODISMO II). Al reportero se le exige una gran fidelidad a los hechos y una buena dosis de sinceridad narrativa; hay que contar las cosas como las vemos, como realmente creemos que son. El tan discutido realismo en el arte resulta indiscutible en el periodismo informativo (v. PERIODISMO IV). El autor del r. debe estar siempre en segundo plano. Importan los hechos que se narran. El protagonista aquí es el suceso externo, el mundo en torno. Nada o poco importa la estimativa del reportero; interesa más su acuidad sensitiva y su facilidad narrativa.Tema, pues, del r. es, puede serlo, todo. El buen reportero no carece nunca de temas. Cualquier asunto, bien visto, puede dar materia para un r.; todo depende de la sensibilidad periodística y del "sexto sentido" profesional. Como al rey Midas se le convertía en oro cuanto tocaba, al auténtico reportero se le convierte todo en r. El quid está en saber a qué tema dedicaremos una breve información y a cuál consagraremos todo un gran r. Finalmente, diríamos que, el propósito del r. es, simplemente, el de informar con todo detalle y amplitud. Por el r. objetivo, sincero y honesto fluye gran parte de la historia contemporánea: la vida de los hombres de nuestro tiempo, sus descubrimientos, sus éxitos científicos, sus dramas históricos, su modo de ser y de pensar. "Pulmón del periódico -dice Verpraet-, el reportero le aporta el aire fresco del exterior, lo pone en comunicación con la vida del mundo, renueva sin cesar su sangre y... sus títulos" (o. c. en bibl.).Reportero y reportaje. Ya ante las cuartillas, en la mesa de trabajo, al reportero se le piden, entre otras, las siguientes cualidades y exigencias "de laboratorio": serenidad, imparcialidad y contención del entusiasmo. Nada de excitarse ni de hablar en voz alta. Un sano escepticismo ante los hechos nunca viene mal. El reportero es un detective de cosas y personas. Casi como el gran personaje del novelista Georges Simenon, el comisario Maigret, el reportero inicia su actuación muchas veces cargado de interrogantes, para acabar su trabajo repleto de respuestas. El reportero no es el Sherlock Holmes de las extrañas deducciones, sino el Maigret de la paciente y concienzuda información inductiva. Ante el lenguaje, al reportero se le recomienda: oraciones cortas, párrafos breves, palabras conocidas y precisas; lenguaje sencillo, variado y eficaz. Mucha atención a los nombres geográficos y de las personas. Nada de "ensaladas literarias". Nada de generalidades, sino precisión. Atribución de los hechos: indicar la fuente informativa. Mainar pide al reportero actividad, ingenio y perspicacia. "... Poniéndose el periodista -escribe- en constante contacto con el público, frecuentando los lugares donde éste se congrega, haciendo de la memoria un fonógrafo donde todos los ruidos y las frases sueltas se registran, y una película de cinematógrafo en que se fotografía el movimiento y la vida; para luego, del fonograma y la cinta, sacar aquello que pueda interesar: reforzando detalles, aclarando veladuras y dando eco a lo que se recogió con vaguedad rumorosa".El gran reportaje. Lo que Mainar pedía al periodista de fin de siglo o de principios del actual lo realizan perfectamente hoy los r. filmados, con sonido y color. Por ello, por la competencia que supone el r. televisado, la prensa, de un tiempo a esta parte, cultiva mucho el gran r., con firmas literarias de primera fila. Por muy sensible y experto que sea un cameraman, nunca podrá suplir su máquina al cerebro humano y a la pluma descriptiva de un gran escritor.Se habla de gran r. cuando este género periodístico alcanza su más alto vuelo literario. Se trata, en esencia, de un relato de cierta importancia que capta sucesos relevantes de tipo social, político o literario, a propósito de un hombre, de un grupo de hombres o de un suceso, en apariencia anodino o minúsculo, al que un escritor auténtico sabe dar realce y prestancia. Los americanos suelen llamar r. en profundidad al que se adentra en los hechos; al que dice más que la mera información; al que se sale, en suma, de los límites escuetamente informativos del círculo noticioso. El gran r. está en el justo medio entre el periodismo y la literatura. El periodismo, porque al reportero se le exige, ante todo, informar objetiva y verazmente. Es literatura porque el autor goza aquí de una gran libertad expositiva.Se ha dicho que el gran r. es un nuevo género literario, "un verdadero naturalismo, nacido del fracaso del naturalismo en la novela". No se crea por lo dicho que el gran r. es género de minorías. Lo que no son mayoría son los grandes reporteros, pues no todo el mundo, incluso escritores de reconocida fama, sirven para este menester. Como ha dicho Danjou, el tema, asunto o suceso del gran r. ha de ser tratado de un modo asequible a todo el mundo. O sea, que estamos ante un género periodístico mayoritario. El escritor de salón, el esteticista de turris eburnea, no suele ser nunca buen reportero. "Cuando un reportaje es demasiado docto, dice el autor citado, el gran público no lo lee y el reportero pierde la partida". Por ello el gran r. ha de satisfacer igualmente a la minoría cultivada que a la mayoría menos culta. Ello sin olvidar el crecimiento del nivel medio cultural y de la consecutiva apetencia de lectura en el hombre. El gran r., en suma, eleva al periódico por encima de sí mismo. Y cumple una granmisión cultural entre los lectores: los informa y, al propio tiempo, conforma sus gustos, afina el paladar literario de las gentes. Porque la información ejecutada con altura, con nivel literario y precisión periodística, puede ser (lo es) una poderosa fuerza educativa. Enseña a los hombres a enfrentarse con el mundo con mirada limpia y espolea la sana curiosidad de los lectores.
G. MARTÍN VIVALDI.
BIBL.: JOHNSON Y HARRY, El reportero profesional, México 1966; R. FELL y G. MARTÍN VIVALDi, Apuntes de periodismo, Madrid 1967, cap. 8; íD, Curso de Redacción, 4 ed. Madrid 1967, 350, 354-356; H. DAN1ou, Le grand reportage en Problémes et techniques de Presse, París 153-164; G. VERPRAET, Métiers de l’information moderne, París 1965, 36-39; AZORÍN, El artista y el estilo, Madrid 1946, 298-304; 1. HERRAIz, Reporterismo, en El periodismo, teoría y práctica, 2 ed. Barcelona 1955, 14-100; 1. HOHENBERG, El periodista profesional. Guía para el reportero moderno, México 1962, 111-138, 198-210, 230-231, 263-392; 1. L. MARTÍNEZ ALBERTOs, Apuntes de clase de Redacción periodística. Los géneros periodísticos, Pamplona 1962; C. WARREN, El nuevo reportaje, Madrid 1964.
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