Rendimiento, Leyes Del DER.
Categoria:
Derecho
El fenómeno técnico-económico de la producción (v.) consiste en la transformación de unos recursos o factores productivos en uno o más productos. La herramienta conceptual utilizada por la teoría económica para el estudio de este fenómeno es la función de producción, que relaciona la cantidad de producto obtenida con las cantidades de factores empleadas, bajo unos supuestos tecnológicos dados.Una forma extrema de función de producción es la que supone proporciones fijas en las combinaciones de factores: esto quiere decir que los recursos sólo pueden combinarse en una proporción determinada para dar lugar al producto. Fuera de este caso extremo, se supone que un determinado volumen de producción puede ser obtenido utilizando distintas cantidades de los distintos factores (p. ej., diversas combinaciones de horas-hombre y de horas-máquina). En tal caso, se plantean dos problemas, a saber: ¿cuál es la gama de combinaciones de factores que es técnicamente aconsejable? y ¿cuál, de entre ellas, es económicamente óptima? La primera de estas cuestiones, técnica, es la que aquí se analiza; la otra, económica, se refiere a los costes (v.) de producción.En la teoría de la producción se viene distinguiendo, tradicionalmente, entre el corto y el largo plazo. El primero es aquel periodo para el cual la cantidad disponible de alguno de los factores productivos es fija (p. ej., el tamaño de la instalación o la capacidad directiva), en tanto que en el largo plazo todos los factores son variables. Aunque, en ocasiones, el estudio de las 1. del r. no distingue entre una situación y otra, dichas leyes se refieren, propiamente, al corto plazo; el estudio de las variaciones en los r. de la producción cuando todos los factores son variables constituye el problema de las "economías de escala". En ocasiones se introduce la distinción mediante un cambio de terminología: se habla, así, de productividad (v.), referida al corto plazo, y de rendimiento referido al largo plazo, o sea, al estudio de las economías o deseconomías de escala y de la dimensión óptima de las instalaciones.Se llama productividad marginal de un factor al aumento en el volumen de producto resultante del empleo de una unidad más de ese factor, permaneciendo los demás constantes. Suele suponerse que la productividad marginal de un factor presenta una evolución típica: es admisible que aumente, inicialmente, cuando las cantidades empleadas de dicho factor sean muy reducidas, de forma que el producto crezca más que proporcionalmente para aumentos dados en la cantidad de factor. Pero cuando la cantidad de recurso utilizada sea muy alta, probablemente su uso no será tan intenso como cuando era escaso, habida cuenta de que la cantidad de los otros factores empleados permanece constante: en tal caso, los aumentos de producto resultantes de los incrementos en el empleo del factor serán menos que proporcionales: se habrá llegado a la productividad marginal decreciente. Incluso cabe pensar que la productividad marginal de un recurso pueda hacerse negativa, cuando de tal manera sea sobrante y superflua que no sólo no aumente la producción, sino que la reduzca.En cuanto a la productividad media, es el cociente entre la cantidad de producto obtenida y la cantidad de factor empleada; será creciente cuando la productividad marginal sea mayor que la media, y decreciente en caso contrario.El anterior razonamiento permite establecer la 1. de los r. decrecientes en su sentido más estricto (ley de la productividad marginal decreciente), que Cassels, en un artículo clásico (v. bibl.) enunció así: "En un estadio dado de la técnica y una vez que se alcanza determinado punto, la aplicación de más unidades de un factor variable a otro fijo (o combinación fija de factores) da rendimientos inferiores a los que serían proporcionales". Aunque esta ley se enuncia, en ocasiones, con carácter temporal (p. ej.: "el uso de una unidad adicional de factor eleva el producto menos que proporcionalmente"), esto sólo puede ser un artificio docente: la ley no com para el producto ya obtenido con el que se obtendrá después del empleo de una unidad más de factor, sino el producto que se obtendría con n unidades de un factor y el que resultaría de emplear n+l unidades, permaneciendo constante la cantidad de los demás factores usados.La 1. de los r. decrecientes permite establecer la gama de combinaciones de factores dentro de la cual será técnicamente apropiado trabajar. En la fig. 1, el eje de abscisas mide la proporción capital/trabajo (de izquierda a derecha) o trabajo/capital (de derecha a izquierda), supuesto que no se utilicen otros factores productivos. Las curvas dibujadas son las de productividad marginal y media de ambos factores (se demuestra que, bajo ciertos supuestos, la de la productividad media de un factor coincide con la de la productividad total del otro). Por ello, a la derecha del máximo de la curva de productividad media del trabajo, que coincide con la productividad total del capital, la productividad marginal de éste es negativa; algo parecido ocurre a la izquierda del máximo de la de productividad media del capital. Con ello se delimitan tres "etapas", que son simétricas para ambos factores: la etapa I del trabajo y 111 del capital supone un desperdicio de éste (su productividad marginal es negativa, esto es, el empleo de nuevas unidades de capital disminuye la cantidad de producto obtenida). La etapa 111 del trabajo y I del capital supone un desperdicio de aquél. Luego sólo en la etapa 11 se consigue no desperdiciar, técnicamente, ni un recurso ni el otro: señala ésta la gama de combinaciones de trabajo y capital que resultan técnicamente viables. La elección, dentro de ella, de las proporciones económicamente óptimas (que llevarán a los costes menores posibles) exige la introducción de los precios de ambos factores (v. COSTES).En ocasiones se enuncia la 1. de los r. decrecientes referida a los rendimientos de escala. Si todos los factores productivos varían en una determinada proporción, se puede analizar el cambio experimentado por el volumen de producto: si ha tenido lugar en la misma proporción que los factores, se puede hablar de rendimientos constantes a escala; si lo ha hecho en menor proporción, de rendimientos decrecientes a escala, y si en mayor proporción, de rendimientos crecientes. Cuando, en estos casos, suponemos que todos los factores varían en la misma proporción, no estamos reflejando lo que realmente ocurre: si efectivamente todos los factores se adaptasen, los rendimientos a escala serían siempre constantes. Es, pues, la existencia de algún factor no adaptado (p. ej., la capacidad directiva) lo que explica los rendimientos no constantes a escala.En la versión de la l. de los r. decrecientes que se ha dado más arriba, Cassels exige que la tecnología sea un dato. La ley citada, no es, pues, una ley histórica, sino teórica. Cuando se intenta comprobar en la realidad la existencia de los rendimientos decrecientes, se observa que los límites que en cualquier momento se establezcan están en continuo desplazamiento, debido al progreso tecnológico. La ley sólo es válida bajo una tecnología dada; su aceptación lleva a admitir que existe un límite a la productividad de la tierra tal que, p. ej., no se puede obtener la cosecha mundial de trigo en una maceta. Pero el cambio tecnológico explica también que la productividad media de una parcela de terreno crezca continuamente, no negando la 1. de los r. decrecientes, sino señalando su limitación a una tecnología dada.ANTONIO ARGANDONA.
BIBL.: R. H. LEFTIWCH, Sistema de precios y asignación de recursos, México 1972, cap. 7; M. FRIEDMAN, Teoría de los precios, Madrid 1966, cap. 6; 1. CASTAÑEDA, Lecciones de teoría económica, Madrid 1967, 38 parte; J. M. CASSELS, Sobre la ley de las proporciones variables, en W. FELLNER y B. F. HALEY, ed., Ensayos sobre la teoría de la distribución de la renta, Madrid 1961, cap. 5. Una puntualización interesante a la forma del gráfico de la fig. 1 (que complica el análisis de la misma) es la de O. P. TANGRI, Omissions in the Treatment of the Law of variable proportions, "American Economic Rev." LVI (junio 1966) 484-493.
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