Renaixenca
Categoria:
Cultura
Concepto. Se designa con este nombre el movimiento restaurador de la lengua, la cultura y la literatura catalanas, que se produce, después de tres siglos de decadencia, en el s. XIX más o menos, al calor del romanticismo (v.). Sin embargo, una definición así de la R. resulta incompleta e incluso algo ingenua, dado que, contrariamente a lo que ocurre con movimientos paralelos de reivindicación de culturas minoritarias, el impulso inicial no surge sólo del romanticismo ni su desarrollo se cierra con él, sino que continúa pujante hasta la actualidad. El clima romántico contribuyó a la restauración, pero como las raíces eran mucho más hondas también las consecuencias sobrepasarían los límites cronológicos de aquel fenómeno históricoliterario.En su conjunto, el movimiento de la R. es complejo y hasta contradictorio. Tradicionalmente se entiende por R. el periodo incluido entre la aparición de la composición de Bonaventura Carles Aribau (v.) A la Patria (Trobes), más conocida con el título de Oda a la Patria, en la rev. "El Vapor" del 24 ag. 1833, y la presentación en los Jocs Florals de 1877 de L’Atlántida de Jacinto Verdaguer (v.), obra que representa la consolidación del movimiento y el instante crítico en que se clausuraba gloriosamente o sobrevivía, como ocurrió en realidad. Un hecho importante en este periodo fue la restauración de los Juegos Florales en 1859.Por otro lado, el término Renaixenca, con que hoy nos referimos al movimiento, fue aplicado con posterioridad, cuando éste se había ya consolidado y posiblemente por influencia de una revista que apareció con este título. Conscientes, pues, de la relatividad del término, intentaremos describir las principales líneas de su evolución y desarrollo, sus hitos más importantes y, sobre todo, procuraremos dejar bien clara la cuestión de los orígenes, una de_ las más controvertidas por historiadores y literatos.Orígenes: siglo XVIII. Los historiadores de la cultura catalana están cada vez más convencidos de que los verdaderos estímulos de la R. hay que buscarlos en el siglo anterior, en el XVIII, aparentemente la época de mayor decadencia de estas letras y de mayor presión de la cultura castellana, con la política centralizadora de los Borbones. Hasta principios de dicho siglo, y a pesar de la decadencia de la literatura catalana y de la progresiva influencia de la castellana, la lengua catalana era todavía lengua oficial de las instituciones de gobierno de los países catalanes. La toma de partido, por parte de las tierras que habían constituido la antigua confederación catalanoaragonesa, a favor de la causa del archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión (v.) española, motivó las represalias de Felipe V (v.), que abolió sus privilegios e impuso la lengua castellana como oficial en Cataluña, Valencia y Baleares. Una medida parecida había sido adoptada por Luis XIV en las tierras francesas de habla catalana. Sólo en la isla de Menorca, que quedó en poder de los ingleses hasta 1781, se mantuvo el catalán como lengua oficial hasta esta fecha.Bajo el clima absorbente y centralizador de los Borbones empiezan a notarse los primeros síntomas de voluntad de recobramiento de la personalidad cultural catalana. En primer lugar, las tierras catalanas experimentan a lo largo del s. XVIII una triple expansión, demográfica, comercial e industrial, precedente del auge económico del s. XIX. Coadyuvó a ello el permiso que en 1778 diera Carlos III a los catalanes para comerciar libremente con América y la labor realizada por la Junta de Comercio de Barcelona, que no solamente se preocupó por encontrar mercados para los productos catalanes, sino que se afanó en crear en Barcelona escuelas y cátedras para la formación de buenos artesanos y patrocinó la publicación de las Memorias sobre la marina, el comercio y las artes de la antigua ciudad de Barcelona (1779-92), de Antonio de Capmany (1742-1813), trabajo ejemplar, no sólo por su método, sino que pretendía además despertar la conciencia catalana, a fin de que se sintiera capaz de emular el floreciente comercio de la antigua Corona de Aragón.Por otro lado, algunas instituciones y personalidades empiezan a preocuparse seriamente por la historia y la lengua de Cataluña. La Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, constituida en 1752 bajo los auspicios de Fernando VI, se propone investigar el pasado histórico de Cataluña y confeccionar un diccionario de autoridades de la lengua catalana. Además de estos grandes proyectos, que la Academia no llegó a realizar, pero que fueron germen de posteriores empresas, en sus sesiones se trataba exclusivamente temas de la historia, de la lengua y de la literatura catalanas. A la vez, un buen número de historiadores, en relación o al margen de la Academia de Buenas Letras, se proponía investigar o reconstruir el pasado histórico de Cataluña.La personalidad más sobresaliente en este campo es, junto con Capmany, la de Jaime Caresmar (1717-91) y sus discípulos del monasterio de Bellpuig de les Avellanes (Lérida). En el campo de la investigación lingüística hay que destacar la labor del canónigo Antonio de Bastero, autor de la Crusca provenzale. Bastero, como los filólogos del s. XVIII, creía que el catalán (v. CATALUÑA V) y el provenzal (v.) habían sido una misma lengua en la Edad Media y que la gloria literaria de ésta correspondía también a la catalana. Así se formuló la teoría de la llamada lengua "lemosina", término que se usaba con frecuencia desde el s. XVI para referirse al catalán. Atribuir al catalán, o por lo menos hacerle partícipe, del prestigio literario medieval de la lengua de oc no dejaba de representar un gran honor para él, que además de encontrarse en plena decadencia había sido privado de sus derechos. En el reino de Valencia aparece también en el s. XVIII un grupo de gramáticos y lexicógrafos, que intentan resucitar el uso literario de la lengua. El s. XVIII formula, pues, el tópico de la lengua lemosina, al cual, en el s. XIX, al manifestarse la R., se adscribirán todos los ideales de reivindicación. Finalmente, en la Univ. de Cervera, creada como represalia contra Barcelona, se originó un núcleo de interés por los estudios de la historia y el derecho catalanes, alrededor de su gran maestro José Finestres (1688-1777), íntimo amigo de Gregorio Mayáns (v.; 16991781), filólogo, escritor y erudito. De Cervera habría de salir precisamente la primera generación de escritores de la R. propiamente dicha.Consecuencia de todo lo expuesto es que, a finales del s. XVIII y a principios del XIX, empieza a intensificarse y dignificarse el uso literario del catalán; se airean públicamente en la prensa cuestiones de ortografía y de gramática, lo cual es indicio de que interesaba; surgen grupos de escritores que reclaman el uso exclusivo de la lengua catalana; alguna voz manifiesta la necesidad de que la literatura catalana vuelva a renacer con el esplendor que tenía en la Edad Media. Quizá la R. se hubiera producido en ese momento, de no haber ocurrido la invasión napoleónica, con los consiguientes efectos de la guerra de la Independencia (v.).Evolución: el romanticismo. Toda esta tradición reivindicativa de la lengua y de la cultura es recogida, una vez terminada la guerra contra los franceses, en la Gramática i apología de la !lengua catalana (1815) de José Pablo Ballot (1760-1821). La defensa de Ballot halló su respuesta en un poema titulado Les Comunitats de Castella de Antoni Puigblanch (1775-1840), en el que se advierte ya un cierto tono prerromántico.Hacia 1823 entran en España los primeros aires del romanticismo europeo, precisamente por Barcelona y a través de la rev. El Europeo, confeccionada por el grupo que se denominaba "Escuela romántico-espiritualista", en la que figuraba Aribau (v.). Los ideales románticos, con su afición por el medievo, su valoración de los antiguos restos, su gusto por la poesía popular y tradicional, -su exaltación de la personalidad y su afirmación de la libertad de los pueblos, tenían que hacer germinar todos estos impulsos latentes. El Europeo tuvo una vida muy corta, a causa de las circunstancias políticas, pero 10 años más tarde otra revista, El Vapor, toma su relevo y continúa la difusión de las teorías románticas. En El Vapor apareció, como se ha dicho, la Oda a la Pátria de Aribau. Simultáneamente, de las prensas de Barcelona y Valencia salieron numerosas traducciones al castellano de Walter Scott, Goethe, Schiller, Byron, Chateaubriand, Mme. de Staél, Manzoni y otros, que ejercieron una auténtica influencia en las jóvenes generaciones.Dejando a un lado Les Comunitats de Castella de Puigblanch y la Oda a la Pátria de Aribau, las primeras manifestaciones del romanticismo en Cataluña se producen en castellano: son novelas históricas al estilo de Walter Scott. Algunos de estos escritores catalanes románticos continuarán haciéndolo siempre prácticamente en castellano, como Juan Cortada (1805-68); otros, en cambio? cuando el movimiento desemboque en el cultivo de la lengua propia, darán en ella lo mejor de su producción literaria, como Manuel Milá i Fontanals (v.; 181884). Así, pues, hay un momento en que romanticismo y R. coinciden, sin olvidar que este fenómeno no se produce hasta años después de inaugurado el romanticismo.Desarrollo: la generación de Milá i Fontanals. Entretanto, se producen fenómenos que no hay que desdeñar: en 1832 el exiliado José Melchor Prat publica una traducción catalana del N. T.; al año siguiente aparece la Oda a la Pátria de Aribau; en 1836, dos obras decisivas: Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de los escritores catalanes... de Félix Torres i Amat (17721847), de gran solvencia científica, y Los condes de Barcelona vindicados de Prósper de Bofarull (1777-1859). De todas maneras, tanto la Oda a la Pátria, como todos estos esfuerzos no dan aún un resultado inmediato. El movimiento romántico catalán, al principio, había de caracterizarse, además de su expresión en castellano, por una actitud meramente arqueológica, de contemplación y estudio del pasado, y esto tanto los que militaban en el ala conservadora del movimiento como los que tuvieron veleidades liberales en su juventud o fueron siempre fieles a estos principios. La generación de Milá i Fontanals, a la que pertenece Pablo Piferrer (1818-48), empieza a escribir en castellano. Milá llegó aún a incorporarse al movimiento restaurador de la lengua, pero Piferrer, como Manuel de Cabanyes (1808-33) o como Jaime Balmes (v.), no pudieron hacerlo porque murieron jóvenes. Esta misma actitud estaba representada en las islas Baleares por José María Quadrado (1819-96) y el grupo que se reunía alrededor de la rev. La Palma, que difundió allí los ideales románticos; y en el país valenciano lo representa, con ciertas diferencias, la personalidad de Vicente Boix (1812-80).De la misma generación de Milá y de Piferrer era un hombre que tuvo desde un principio una fe ciega en las posibilidades de la lengua y que mantuvo a lo largo de toda su trayectoria vital una actitud conservadora: Joaquín Rubió i Ors (1818-99), conocido como Lo Gayter del Llobregat. En 1839 y 1840 empezó a publicar composiciones en catalán en el Diario de Barcelona, y en 1841 las recogió en un volumen con el mismo título de su seudónimo, Lo Gayter del Llobregat. Rubió es quien de una manera más decidida recoge la herencia literaria de la Oda a la Patria de Aribau, por una parte, y, por otra, la apologética de Ballot. Respondiendo al mismo espíritu de la obra de Rubió apareció en 1843 la primera revista en catalán, Lo Verdader Catalú. Rubió, por otro lado, creó el mito del "trovador" y, a imitación suya, surgieron en Cataluña una pléyade de "juglares", "gaiteros" y tañedores hipotéticos de los más varios instrumentos, que, aunque de muy poca calidad literaria todos ellos, con sus cantos nostálgicos y dulzones -que pretendían remedar la antigua lírica trovadoresca (v. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA)-, indiscutiblemente ayudaron a crear un clima literario. Rubió contagió su entusiasmo a Milá i Fontanals, que al principio, como Piferrer, era un escéptico respecto a las posibilidades de la lengua catalana. En 1854 Milá creía que ésta era incapaz de expresar sentimientos a la altura de Lamartine o de Schiller. Sin embargo, Milá se integró poco a poco en el movimiento; en 1859 presidió la llamada restauración de los Juegos Florales y defendió en ellos el uso exclusivo de la lengua catalana, y sus composiciones escritas en su idioma materno, a imitación de las baladas nórdicas, figuran entre lo mejor escrito en ese periodo.Difusión y propagación del movimiento. Actitud muy parecida a la que al principio tenía Milá la representaba en Mallorca José María Quadrado. El movimiento romántico mallorquín cobró dinamismo y eficacia gracias a la intervención de Tomás Aguiló (1812-84) y su primo Marian (1825-97), especialmente de este último, quien realizó una fecunda labor primero en Mallorca y luego Valencia y en Barcelona, donde estuvo como bibliotecario. La obra de erudición y recolección de piezas tradicionales de Marian Aguiló es, junto con la de Milá, una de las más decisivas de esa época. Por otra parte, en Valencia, Tomás Villarroya (1812-56) daba ejemplo con una composición patriótica al estilo de Aribau y de un espíritu parecido al de Rubió.A todas estas figuras siguen, en Cataluña, a muy poca distancia de años, las de: Antonio de Bofarull (1821-92), autor de la primera novela catalana moderna, L’orleneta de Menargues o la Catalunya agonitzant (La huérfana de Menargues o la Cataluña agonizante), 1862, Víctor Balaguer (v.), Francisco Pelagi i Briz, Aniceto de Pagés i de Puig (1843-1902) y Jaime Collell (1846-1932), que forman la llamada generación de los Juegos Florales. En las Baleares, al grupo inicial de los Aguiló, se adhieren José Luis Pons i Gallada (1823-94), Pere d’A. Penya (1823-1906), Jerónimo Rosselló (1827-1902) y Tomás Forteza (1838-98). Y en Valencia no se debe olvidar a: Jacinto Labaila (1833-95), Teodoro Llorente (1836-1911) -el más importante-, Vicente Wenceslao Querol (1836-89) y Constantino Llombart (1848-89).En 1859 fueron restaurados solemnemente los Juegos Florales de Barcelona, bajo la presidencia, como se ha dicho, de Milá i Fontanals, a quien acompañaban en el consistorio Antonio de Bofarull, Víctor Balaguer, Joaquín Rubió i Ors, M. V. Amer (1837-1912) y J. L. Pons i GallarrQa. Toda la poesía que se produjo desde la restauración de los Juegos hasta la aparición de L’Atlántida es convencional, cerrada en los tópicos patrióticos y tradicionales, costumbristas e incluso folklóricos de las tierras catalanas, y de una calidad literaria nada envidiable, si se exceptúan las piezas aludidas de Aribau, Milá y algunas de Rubió, Marian Aguiló, Pons i Gallarga y Víctor Balaguer.Complejidad y pervivencia de la Renaixenga. Existían latentes dentro del movimiento, desde sus orígenes, las dos corrientes propias del romanticismo: la liberal y la conservadora. Liberales fueron en su juventud Aribau y Milá, pero luego evolucionaron; conservador fue siempre Joaquín, Rubió i Ors. El movimiento, sin embargo, no presentó al principio ninguna concreción ni ninguna proyección política. Quizá el único que de una manera más teórica que práctica llega hasta cierto punto a formularla es Rubió i Ors. Pero una vez ya en marcha el movimiento, Víctor Balaguer pretende darle una plasmación liberal y, lo que ya es más sorprendente, una justificación del mismo orden; Balaguer es el primer defensor de la tesis de que el padre o iniciador de la R. es Antonio Puigblanch, de quien ya se ha hablado, liberal en todas sus consecuencias durante su vida, y no Aribau -liberal en su juventud y luego conservador-, como se venía creyendo. Víctor Balaguer es quien da pasión al movimiento, e incluso su visión de la historia está profundamente teñida de esta pasión suya. Balaguer, al final de su vida, habría de renegar de su catalanismo (v.), pero sus ideas liberales cuajaron, como también las conservadoras. Así, el movimiento literario-cultural tuvo pronto implicaciones políticas que perdurarían, y que no es del caso analizar aquí. Pero quizá, por este camino de la política, la R. consiguió salvarse, una vez pasado el momento histórico del romanticismo. Otros factores coadyuvaron también a su perduración; entre ellos, el más importante fue el auge industrial de la Cataluña del s. XIX. Esta implicación de factores culturales, políticos y económicos quizá permita comprender mejor la complejidad del movimiento y de paso justifique su supervivencia.A. COMAS PUJOL.
BIBL.: G. DÍAZ PLAZA, Pre-romanticisme i Pre-renaixenca, en De literatura catalana. Estudis i interpretacions, Barcelona 1956; M. DE MONTOLIU, Aribau i la Catalunya del seu temes, Barcelona 1936; J. M. MIQUEL I VERGÉS, Els primers romántics dels Pdisos de llengua catalana, México 1944; J. VICENS VIVES, Industrials i polítics del segle XIX, Barcelona 19’58; E. JARDI, Antoni Puigblanch i ele precedente de la Renaixenpa, Barcelona 1960; 1. MIRACLE, La Restauracíó dels locs Florals, Barcelona 1960; J. RUBIó I BALAGUER, La RenaixenCa, en Moments crucials de la histdria de Catalunya, Barcelona 1962; F. SOLDEVILA, Els elements tradicionals i ele orígens de la RenaixenCa literaria catalana, "Rev. de Catalunya" 17 (noviembre 1925); fD, Els elements nous en 1’origen de la RenaixenCa catalana, "Rev. de Catalunya" 18 (diciembre 1925); fo, El Romanticisme i el comeneament de la Renaixenea literaria catalana, "Rev. de Catalunya" 19 (enero 1926).
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