Relieve I. Arqueología. ARTE
Categoria:
Arte
Dentrode . laescultura, el r. presenta las figuras en resalto sobre una superficie, llamándose alto, medio o bajo, según que sobresalgan del plano más de la mitad de su grueso, la mitad o menos que ésta. Cuando no sobresale del plano del fondo, se llama huecorrelieve. Los técnicas variaron según las épocas, pero fueron utilizadas desde el Paleolítico superior, con altorrelieves solutrenses o magdalenienses (como los de Cap Blanc representando caballos, o las mujeres de Laussel) o bajorrelieves sobre hueso y asta, abundantes en Francia (v. RUPESTRE, ARTE).Egipto. Los r. tinitas más antiguos los conocemos mal, aunque parecen reducciones de modelos de la II dinastía; el bajorrelieve monumental tuvo su precedente en las estelas funerarias con figuras incisas de Abidos (v.), cuyo apogeo lo marca la del Rey Serpiente; a su decadencia, florecen los talleres de Sagqára y Helwán. En el r. se desarrollan todos los convencionalismos del arte egipcio; así, en los muros se graban en hueco sobre las paredes exteriores y, en ligero saliente, en los interiores para evitar la erosión o por la iluminación. Su sentido ritual permitió representar en las tumbas escenas agrícolas y ganaderas, con la obsesión por la nutrición del difunto pintadas sobre el r. directamente o sobre una capa de estuco. En el Imperio antiguo, desde la V dinastía, aparecen bandas de jeroglíficos y escenas rituales, que se perpetúan en el Imperio medio hasta la dinastía XVIII; su papel es esencialmente decorativo, con inscripciones monumentales o temas simbólicos o con cuadros rituales fijados desde muy antiguo (jubileo real, caza con red de los enemigos, más tarde temas militares); tras Akhenaton, que mandó grabar escenas en relación con el culto del Sol, Ramsés II introduce un r. profundo de excelente calidad plástica, en hueco, tanto en el interior como en el exterior e incluso vaciando los antiguos r. salientes; las formas se alargan mucho, pintándose con colores fuertes (rojo, amarillo, castaño), y se reproducen escenas triunfales que acabarían representando siempre la batalla de Kadesh.Una nueva forma fue impuesta por Ramsés III, y se volvió a los r. huecos exteriores en el periodo etíope, afinándose más en el saíta; la XXX dinastía tiende al r. de bulto completo. En el r. funerario, la estela (v.) marca el punto donde se realizaba el culto.En el Imperio nuevo, las mastabas (v.) se decoraron con r. que representan la vida familiar y privada del difunto y que cubren la totalidad de las paredes de la tumba salvo el zócalo inferior (mastaba de Ti); en el Imperio medio se añade el tema de la navegación póstuma del muerto, y bajo Amenofis III se desarrolla el r. al mismo ritmo que la gran pintura, adquiriendo especial elegancia y vivacidad en los talleres de Tell el-Amarna; las escenas de la vida corriente se sustituyen por temas religiosos de adoración y funerarios, que copian las viñetas del Libro de los muertos (v. EGIPTO III).Oriente Próximo. El r. adopta cierta uniformidad por las mutuas influencias entre los diversos países; así, en Palestina (v. PALESTINA II), la estela de Moab del Louvre (s. IX a. C.), con una divinidad que apunta con su lanza hacia la tierra, tiene influencias mesopotámicas, egipcias y cretenses, y lo propio podemos decir de los finos r. sobre marfil hallados en Megiddo. La influencia egipcia es aún mayor en Fenicia, con numerosos bajorrelieves como el del dios Baal de Ras Samrah (v. UGARIT), de principios del II milenio a. C. los ricos marfiles de la misma procedencia con escenas de la vida de los reyes, o el gran olifante tallado en un colmillo de elefante. Un vigor especial y cierta originalidad tienen los bajorrelieves sobre rocas muy duras de los hititas (v. HITITAS IV), rupestres o sobre ortostatos (piedra vertical que sirve de soporte); entre los primeros, p. ej., el friso de dioses de Yazili-Kayalikaia (s. XIII a. C.), el águila que protege la puerta de Alak Huyük, o el dios de casco cornudo del portal de la muralla de Hattussas; la inspiración mesopotámica se nota claramente en algunos r. de Karkemis y en otros de Malatya, que representan cacerías reales (s. IX a. C.).En Mesopotamia (v. MESOPOTAMIA IV) se desarrolla el r. con muchas variantes, a través de las diversas etapas históricas, pudiendo ordenarse estilísticamente por medio de la copiosa colección de cilindros sello que dejan como impronta un r. rectangular. Los ejemplos más característicos son, en el periodo de Yemdet Nasr, el vaso de alabastro de Warka con escenas de ofrendas; en el periodo dinástico, plaquetas de año nuevo con el tema del banquete, o genealógicas como las de Ur-Nansé, patesi de Lagas con el rito de fundación de un templo o de libación, o la de Dudu con símbolos religiosos. Especialmente famosas son: la estela de los buitres, que conmemora la victoria de Eannadu, rey de Lagas, sobre Umma, protegido por el dios Ningirsu; de la etapa de Akkad, la de Naram Sin derrotando a sus enemigos (mediados del III milenio); de la época neosumeria, la estela de Gudea y la del famoso código de Hammurabi con el rey ante el dios solar Shamash. Son de notar también los kudurru (lajas ovoides) kassitas con símbolos divinos y actas de donación, y estelas elamitas de buen arte, como la del rey Ontash-Gal. Los más extraordinarios r. son los asirios desde Asurnasirpal (s. IX a. C.), y el obelisco negro de Salmanasar III; del s. VIII a. C., los que representan asedios de ciudades de Tiglatpileser y los lamassu o toros alados que flanqueaban las puertas del palacio de Sargón II en D>Ir-larrukín (Khorsabad o Jursabád) y los de Senaquerib; finalmente los del s. VII a. C. con vivas escenas de caza y de guerra de Asaradón y Asurbanipal. En estos r. se muestra la gran maestría para la figuración, con extraordinario realismo de animales, especialmente caballos, leones ("la leona herida"), etc. Un tipo especial de r. es el de ladrillos de barro moldeado y vidriado de Susa y, sobre todo, la puerta de Ishtar en Babilonia. Esta técnica, que se imitaráen Persia, utiliza colores vivos, como el azul y el amarillo, y representa, esencialmente, animales fantásticos (grifos) y reales (toros, leones).Mundo egeo. El r. se desarrolla a consecuencia del progreso de la glíptica y de la joyería, en estilo geométrico hasta mediados de la Edad del Bronce, e influencia posterior del Próximo Oriente (v. EGEA, CIVILIZACIÓN), con escenas muy movidas en los vasos de esteatita (rhyton de los segadores, 1600-1450; vaso del jefe de Hagia Triada, 17001600; cubiletes de oro de Vafio, máscaras funerarias de oro de Micenas, marfiles micénicos).Persia y otros pueblos. El r. fue parte importante en la decoración de Persépolis (v.), de influencia mesopotámica; frisos continuos en las rampas de acceso a la Apadana, con los temas del león atacando al toro y desfiles de guardias, cortesanos y tributarios y toros alados (v. IRÁN III). En otros lugares hay r. rupestres, como las tumbas de Artajerjes II y Darío I en Nags-i-Rustam (s. V a. C.), o el de Dascilón en Bitinia. El r. en ladrillo esmaltado ha dejado ejemplos extraordinarios en Susa (v.), y los arqueros, esfinges y leones de Persépolis.Poco añadieron a la historia del r. los cartagineses con sus estelas funerarias de imitación griega, los etruscos (v. ETRUSCOS II), o los pueblos de la Edad del Hierro europea, entre los cuales los iberos nos han dejado excelentes muestras en Osuna.Grecia. El r. griego sigue fielmente el desarrollo de la esculturá de bulto, aunque adaptado a sus características peculiares; se determinaron los lugares donde podía implantarse y sus normas en relación con la significación del sitio que ocupaba; así el friso dórico se fijó en las metopas que se decoraban con los trabajos de Herakles o con las aventuras de Teseo, la Gigantomaquia o la lucha de centauros y lapitas, todo ello en escenas aisladas, aunque éstas reunidas formasen un tema único; el friso jónico, continuo, proporcionó mayor libertad y permitió desarrollar una acción única (procesiones, cacerías, batallas, carreras). El desarrollo fue lento; valgan como ejemplos el tesoro de los Sifnios en Delfos (550-525), con friso ordenado en el que los carros caen sobre los intercolumnios, y una Gigantomaquia en el lado norte, en dirección hacia la fachada; y el friso de la galería exterior del Partenón, ordenado por Fidias (v.), de forma que la Procesión de las Panateneas hasta la presencia de los dioses siguiera la misma disposición en el r. que en la realidad (v. GRECIA III). Los frisos decorativos tienen cierto carácter geométrico (grecas, meandros) y se componen de molduras, ovas, astrágalos, palmetas y rosáceas que llegan a la maestría extraordinaria del tholos de Epidauro. El r. se separa del templo; así en basas de estatua como la de la Acrópolis de Atenas con escenas deportivas, del s. VI a. C. En esa época, precisamente, se desprende de la influencia oriental y sigue el camino de la pintura mayor, que por desgracia conocemos sólo por los vasos pintados.En Delfos (v. DELFOS III), en el tesoro de Sicione (570560), el robo de los toros por los Dioscuros nos documenta sobre los principios; en la transición del arcaísmo al naturalismo se llega, en el s. V a. C., al estilo severo; del primer cuarto de dicha centuria son La exaltación de la flor, de Farsalia, y el bello tríptico Ludovisi con el nacimiento de Afrodita; el clasicismo llega a la cima con Fidias (r. del Partenón, v. ATENAS II) y el establecimiento del canon de Policleto (v.); a fines del s. V a. C. los r. de la balaustrada del templo de Atenea Niké, en la Acrópolis de Atenas, y los de Calímaco, introducen el llamado ropaje mojado, que acusa ostensiblemente las formas femeninas; tras las innovaciones del estilo de voluptuosidad tranquila de Praxiteles (v.) y del de Lisipo (v.) y de las formas ardientes y atormentadas de Scopas (v.), encontramos de éste y sus discípulos, como característicos de la segunda mitad del s. IV a. C., las amazonomaquias de Bassae y del Mausoleo de Halicarnaso; en ese tiempo se fijan los convencionalismos del r. funerario, desarrollado desde la época arcaica a la helenística como el resto de la estatuaria, aunque con la servidumbre de la forma rectangular de la estela y de su remate en forma de frontón o semicírculo; la evolución podemos verla desde las estelas de las ninfas de la Acrópolis a la de Aristion (s. VI a. C.), del hoplita moribundo (fines del VI a. C.) y a la de Demokleides con una curiosa visión del paisaje; del s. IV a. C. tenemos la copiosa colección procedente del Cerámico de Atenas, de fuerte realismo, con escenas de tocador o de despedida (Mnesaretes, Amenokleia, Hegesos, Orfeo y Eurídice, cte.).El helenismo desarrolla el gusto por los cuadros de género; se inicia el friso de exaltación de personajes reales (sarcófago de la cacería de Alejandro Magno, Museo de Constantinopla). Muy significativa es la placa de bronce de la fuente Minoe de Delos (s. III a. C.), y más aún el gran friso del altar de Pérgamo dedicado por Eumenes II (197-159) para conmemorar la victoria sobre los gálatas, con una Gigantomaquia que sólo pretende exaltar la gloria de los reyes.Roma. El r. desarrolla el gusto de los romanos por lo narrativo, asociado a su poca inventiva, que les lleva a una imitación directa de la naturaleza sustituyendo los conocidos motivos ornamentales geométricos griegos por follajes de hojas y ramas, guirnaldas, vides y otros elementos tomados en parte de los cultos báquicos, con tendencias naturalistas cada vez más ostentosas y pesadas (v. ROMA II). El Imperio impone un r. dependiente del arte historicista y narrativo, que utiliza con preferencia el bajorrelieve para alabanza del Emperador; el Ara Pacis de Augusto sienta unas bases en relación con modelos egipcios y asiáticos, y el punto máximo del desarrollo se alcanza con los frisos espirales de las columnas decoradas con escenas militares (Trajano, Marco Aurelio). Es importante considerar que el principio de este arte arranca de la victoria de Roma sobre las monarquías helenísticas; aparece así la decoración pictórica, el r. de estuco y el friso escultórico. Entre los s. I y III, el r. mantuvo un puesto importante en el conjunto del arte romano, fuertemente historicista, añadiéndose a los temas conocidos el de la religión estatal, como en el friso de Domicio Ahenobarbo (s. II) con una suovetaurilia (sacrificio de cerdo, oveja y toro) y el cortejo de Anf itrite y Neptuno, o el r. de El aire, la tierra y el agua del Ara Pacis: son frisos de inspiración griega, pero con una tendencia peculiar.En pleno Imperio, la época flavia desarrolla el gusto por la perspectiva y los juegos de sombras y de luz, como vemos en el arco de Constantino (en los medallones de Domiciano), en los de Tito y Vespasiano, y en los r. del foro y la cancillería de Nerva. Trajano implanta el espíritu y el estilo romanos en los r. historiadores, con paisajes como fondo de las escenas militares de su columna del foro; pero continúa la inspiración griega en otros frisos del foro o en el arco de Benevento; con Adriano se llega a un neoaticismo, un tanto frío, pero muy correcto, como se aprecia en la Isis del Louvre, en las cacerías del arco de Constantino, en los numerosos relieves mitológicos y en los primeros sarcófagos con relieve que constituyen un género escultórico que se desarrolla durante la crisis del s. III y alcanza gran importancia en el s. IV. Los Antoninos verán la introducción de los sarcófagos con nichos y de los r. mithraicos, que repiten la escena del dios en la cuevasagrada realizando el sacrificio del toro. Con Septimio Severo, la influencia oriental es más patente, como muestran los r. de la puerta de los Argentarios o el sarcófago asiático de Sidamara. Así se llega a las últimas muestras del r. histórico en el arco de Galerio, en Salónica y en la base del obelisco de Teodosio en Constantinopla o en el grupo de los tetrarcas, en pórfido, de Venecia. El cristianismo sigue utilizando el r. en los sarcófagos y en distintas partes de los accesorios litúrgicos, especialmente a partir del s. iv.V. t.: ESCULTURA II.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: C. ALDRED, Art in ancient Egypt, Londres 1950-51; CH. PICARD, La sculpture antique, París 1926; E. COURBAUD, Le bas-reliel romain á réprésentations historiques, París 1899.
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