Relieve II. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Cuando analizamos un r., fijamos nuestro interés en aspectos tales como estilo, convenciones, temática y material; evidentemente, no se consiguen los mismos efectos plásticos con un r. de estilo románico o renacentista, ya que la estética de ambos momentos culturales es de significados distintos. Por otra parte, es interesante las convenciones propias de algunos estilos, épocas o pueblos productores de estas formas artísticas; el románico, p. ej., se sirve de la ley del "marco", que hace que las figuras se adecuen al espacio que las contiene, a la ley del "esquema" (las figuras están sujetas a rígidos esquemas geométricos), y a la sujeción a la llamada "perspectiva ideográfica", que representa a mayor escala la figura del personaje principal y a escala más reducida la de sus acompañantes. La temática o los temas que el artista ha elegido, o se ha visto impulsado a elegir, tienen mucho que ver con el gusto de una clientela que sufraga los gastos. En relación con ésta, se podría hablar de un r. cortesano, religioso, triunfalista, cte., que cumple una finalidad específica dentro del contexto sociohistórico a que pertenece. Con respecto al material, el barro, la piedra, los metales y las maderas se emplean con toda suerte de variantes. Ellos condicionan, en cierto modo, el resultado de la obra, hasta tal punto que un rechazo de los materiales tradicionales adoptando otros nuevos implica un replanteamiento de la obra.Después de estas consideraciones, y ya con mayor detenimiento, es preciso efectuar la "lectura" del r. concreto, que nos emite su mensaje, nos presenta sus modalidades narrativas, sus cualidades formales, su finalidad expresiva... y presentar la complejidad de la obra, pues son muchos los factores que intervienen en su configuración.Ambigüedad del relieve e historia. Dentro del campo de las expresiones plásticas o del lenguaje del arte, resulta difícil establecer demarcaciones. En lo que se refiere al r., la materia pictórica adquiere en ocasiones tal grosor que adopta formas sobresalientes del plano (del cual emerge), hasta tal punto que se transforma en un r. tridimensional colorístico, gozando de la unidad del punto de vista del cuadro. Otras veces, la materialidad de la obra ya no es propiamente pictórica sino que el material proviene de un mundo ajeno al de la pintura tradicional: telas de arpillera, plásticos, elementos de desecho..., los cuales han sido incluidos en un marco. Recordemos aquí las obras de M. Millares. Por otra parte, la interconexión entre esculturas de bulto redondo y r. que, aunándose, refuerzan el mensaje es algo muy usado en los túmulos renacentistas o barrocos (v. ESCULTURA II, 3).Haciendo un breve recorrido a través de la historia del r., a partir del mundo cristiano primitivo (para el r. de la (Antigüedad, v. 1), vemos que es muy utilizado por los artistas cristianos, sobre todo en los sarcófagos y en los marfiles de pequeño tamaño. En los comienzos, antes del s. IV, hay indecisión en los temas; desde ese siglo, la temática es religiosa; la iconografía cristiana se fija en representaciones que conjugan escenas del N. T., prevaleciendo los temas referentes a la vida de Jesús, con los del A. T., para resaltar la idea de continuidad de la ley mesiánica.Pero cuando el Bajo Imperio romano, ya en palpable decadencia, anuncia su escisión a fines del s. iv y cuando el arte paleocristiano (v.) ha recogido su herencia, los pueblos bárbaros irrumpen en las tierras de Occidente. En España, los relieves visigodos, fruto de la culturización progresiva del pueblo godo, y los relieves rrzozEl Imperio, en sus territorios orientales, continúa ahogado en una serie de conflictos internos hasta que, en cl s. VI, por obra de Justiniano I (v.), Bizancio se erige en cabeza del resto de las ciudades. El relieve bizantino, de pequeñas proporciones y labrado en materiales de gran riqueza, es heredero directo del arte romano-cristiano. Los trabajos en marfil son los más generalizados (V. MARFILES). Destaca, en este sentido, la cátedra de Maximiano, del s. VI, que aparte de ofrecernos historias sacras nos permite apreciar una decoración vegetal y figuras de animales de influencia oriental, a través de la estética mesopotámica que el artista bizantino ha asimilado. Los dípticos consulares, que proliferan sobre todo en los s. V y VI, constituyen ejemplos que habrán de influir, al difundirse por Occidente, en el nacimiento del r. románico. Esculpidos preferentemente en las portadas de las catedrales y en los capiteles de los claustros, la temática de los relieves románicos, con ser fundamentalmente religiosa (sobre todo la de la portada, que representa una visión microcósmica del universo), no excluye los asuntos profanos que se vinculan generalmente a los capiteles de los claustros y a ciertos detalles insertos en los grandes conjuntos. Durante el s. XI, las figuras son de un r. muy plano y de pliegues muy convencionales, pero a medida que avanzamos al gótico el r. se hace más sobresaliente, las figuras adquieren mayor naturalidad, pierden el hieratismo tan rígido del siglo anterior y los pliegues se distribuyen de forma más suelta en torno a la figura.
El relieve gótico es de carácter naturalista y hacia 1400, por primera vez, incluye la representación del paisaje. Los retablos y las sillerías de coro con grandes respaldos, bancos y misericordias, son lugares idóneos para el cultivo del r. Los sepulcros con forma de túmulo o de arco rehundido en el muro permiten contemplar r. de gran belleza. El relieve renacentista trata de resucitar los ideales plásticos de la Antigüedad greco-romana y abandona el carácter religioso-narrativo y propagandístico del arte gótico en pro de una representación unitaria, que adopta en muchos casos las convenciones de la perspectiva. Podríamos hablar, pues, de un neoclasicismo renacentista que, en los primeros tiempos, se inspira directamente en los r. de los sarcófagos romanos (recordemos el púlpito del baptisterio de la catedral de Pisa por Nicolás Pisano, v.) para más tarde afianzar su lenguaje con la utilización de un sentido de la perspectiva y del paisaje, que se configura en diversos planos, como lo atestiguan los r. de las puertas del baptisterio de la catedral de Florencia, obra de Ghiberti (v.).El relieve rnanierista está fuertemente influido por la obra de Miguel Ángel; la tensión y el movimiento contenidos, que pugnan por salirse del espacio que limita la composición, son perfectamente asimilados por artistas como A. Berrugucte (v.) y Juni (v.) en lo que respecta a España. El relieve barroco gusta de actividades movidas y violentas, a través de diagonales que, en ocasiones, proyectan la composición hacia el espectador y busca los juegos de luces y sombras en relación con el modelado. La figura principal de este periodo es el italiano Bernini (v.). En lo que concierne al relieve actual, se acentúa la problemática de su propio carácter, es decir, ¿se puede hablar solamente de un arte del r. o tendremos que matizar más diciendo que se trata más bien de un r. pictórico, de un r. escultórico, de una pintura-r., de un r. pictórico escultórico...? Como ejes significativos nos remitimos a las obras de los pintores Canogar y M. Millares, que más que pinturas elaboran un r. pictórico, o a las de los escultores Francisco y Julio Hernández, en donde los r. son parte integrante y necesaria para sus creaciones de bulto redondo, pues con ellos introducen al espectador en un ambiente o marco en el que se mueven figuras de acentuado realismo pero que, paradójicamente, consideradas en el conjunto total, producen la impresión de una realidad fantasmagórica.M. DEL C. BLANCO JIMÉNEZ.
BIBL.: J. M. AZCÁRATE, Alonso Berruguete, Valencia 1963; A. BLANCO y M. LORENTE, Catálogo de la escultura, Madrid 1969; M. y M. FAGIOLO DELL’ARCO, Bernini, Roma 1967.
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