Recaredo I
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Biografía GER
Rey visigodo de España que reinó del 586 al 601. Al subir al trono, R. tenía experiencia en cuestiones de gobierno, ya que en vida de Leovigildo (v.) había ejercido las funciones de gobernante asociado como corregente a su padre, en forma de dux de alguna provincia. De este modo, la sucesión al trono se hizo de modo, si no totalmente hereditario, sí al menos sin elección previa. Sureinado supuso un gran cambio con respecto al de su padre, y un paso más en el proceso de unificación de la España visigoda; él consiguió el éxito allí donde Leovigildo había fracasado: en lograr la unidad espiritual de su pueblo.El primer hecho importante que acometió R. al comenzar su reinado fue su conversión al catolicismo, y a continuación el intentar convencer a su pueblo para que hiciese lo mismo. Las causas de este cambio respecto a la política religiosa de su padre, que había perseguido duramente a los católicos, fueron varias: en primer lugar, una convicción personal consecuencia de la influencia católica de su madre; después, si no el sentimiento, sí al menos la comprensión de la superioridad de las ideas católicas sobre las arrianas, así como también la mayor categoría y unidad de su Jerarquía eclesiástica, las conversiones que aumentaban en el pueblo godo, aun dentro de la misma nobleza y también el nuevo elemento católico que suponía el reino suevo (v.), recién asimilado al reino. Por último, hay que tener en cuenta las razones políticas: la corona tenía necesidad de apoyo frente a la rebeldía de la nobleza, y este apoyo en ningún sitio podía encontrarlo mejor que en la fuerte y bien organizada Jerarquía eclesiástica católica. También, al conseguir la fusión entre los dos pueblos, visigodo (v.) e hispanorromano, se evitaría la posible ayuda de este último a enemigos de la corona visigoda, como bizantinos y francos.A los diez meses de reinado, R. convocó en Toledo una reunión de obispos de ambos credos, para que cada uno presentase en una controversia las pruebas en que se apoyaban sus respectivos dogmas; al final de ella, el rey se convirtió al catolicismo, dando públicamente las razones espirituales y terrenales que le llevaban a ello. Gran parte de la nobleza y del pueblo le siguió, ayudando a estas conversiones el hecho de no ser necesario un nuevo Bautismo, sino simplemente una imposición de manos y la bendición de un sacerdote católico. A la conversión siguió la restitución de bienes confiscados en el reinado anterior, y la dotación de algunos monasterios e iglesias, como la de S. María de Toledo. La manifestación pública y solemne de estas conversiones tuvo lugar en mayo del 589, en el III Conc. de Toledo (v.), en el que ante los obispos católicos, presididos por S. Leandro (v.), metropolitano de Sevilla, se hizo pública profesión de la fe católica y condena del arrianismo, mediante la lectura del mensaje real o thomus, suscrito por el rey y la reina. A continuación siguió la declaración de la nueva fe por parte de obispos, magnates y pueblo.Con esta conversión consiguió R. la unidad entre godos e hispanorromanos y una mayor fuerza para la monarquía, que, sin embargo, a partir de ese momento, adquirió un sello eclesiástico, al sufrir una mayor intervención de los obispos en el poder. A pesar del aparente asentimiento general, a consecuencia de esta conversión se produjeron sublevaciones en el interior del reino por parte de la nobleza arriana, a la que se excluía a partir de ese momento de ocupar cargos palaciegos, militares y en la administración, y que se sentía molesta por ello y también por la devolución de bienes a los católicos. Una de ellas fue en la Septimania, en la que los condes Granista y Vildigerno, y el obispo arriano Ataloco, se levantaron en armas en el 587, ayudados por Gontrán, rey de los francos, siempre deseoso de conseguir la región de la Galia Narbonense. Una segunda sublevación tuvo lugar en la Lusitania, dirigida por el obispo Sunna y los condes Witerico y Segga, que fueron sometidos por Masona, obispo católico de Mérida. Por último, dentro del mismo palacio, hubo una conjura por parte de la viuda de Leovigildo, Godswinta, y el obispo Uldida, aunque fue descubierta a tiempo. Quizá haya que relacionar con ella un nuevo ataque de Gontrán a la Septimania, en la que llegó hasta la ciudad de Carcasona. El ejército visigodo, dirigido por el duque Claudio, gobernador de la Lusitania, alcanzó un gran triunfo sobre los francos, que nunca más volvieron a insistir en sus reivindicaciones sobre esta región. Se firmaron las paces definitivamente y Gontrán autorizó el matrimonio de Clodosvinta, hija de Childeberto, con R., lo que ya había intentado anteriormente el rey visigodo sin éxito. Sin embargo, y a pesar de esta autorización, el matrimonio no debió de celebrarse.Alguna otra conspiración hubo, como la de algunos palatinos dirigidos por el duque Argimundo, y otra de los siempre rebeldes vascones. En cambio, las relaciones con los bizantinos, situados en el Sudeste de la Península, mejoraron bastante, sobre todo gracias a la intervención del pontífice S. Gregorio. Al morir, R. dejaba solucionado el mayor problema que hasta entonces había tenido la España visigoda: la barrera espiritual que suponía la diferencia religiosa. Eliminada ésta, el reino godo conseguiría mucho más fácilmente la unidad territorial. Le sucedió su hijo Liuva II, al producirse su muerte en Toledo, en diciembre del 601.M. S. AMBLÉS REY.
BIBL.: M. TORREs LóPEz, España visigoda, en HE 111, 1963; M. HERNÁNDEZ VILLAESCUSA, Recaredo y la unidad católica, Madrid 1890; A. FERNÁNDEZ GUERRA y A. HINOJOSA, Historia de España desde la invasión de los pueblos germánicos hasta la ruina de la monarquía goda, Madrid 1890; F. DAHN, El reino de Toledo, en Historia Universal, IV, dir. W. ONCREN, Barcelona 1918.
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