Realismo IV. Literatura Española. LIT.
Categoria:
Literatura
Ciñéndonos a la literatura española, encontramos un fondo realista como nota dominante de toda ella. Pero, como dice Menéndez Pidal, es una especial manera de r. "que nace de la sobriedad estética y psíquica y lleva al autor a una sencillez general de poetización. Este realismo -sigue diciendo- no consiste en un verismo inerte..., sino en concebir la idealidad poética muy cerca de la realidad, muy sobriamente, hasta lograr la transustanciación poética de la realidad, tocando de subjetividad, de emoción... las complejas particularidades de lo inmediato aprensible" (o. c. en bibl. 1, p. XXXVII).Pero admitir al r. como característica exclusiva de la literatura española, junto al popularismo, no es del todo exacto, como ya mostró Dámaso Alonso (cfr. o. c. en bibl.). Esta faceta realista ha corrido, de manera inexorable, a la par del idealismo. Así, en la literatura medieval, desde las jarchas a las cantigas de amigo, y desde el Poema de Mio Cid al Romancero, surgen las dos tendencias, hasta culminar esa divergencia en la juglaría y la clerecía. La línea realista en la literatura española es vigorosa y acusada, pero no exclusiva. Ahí tenemos, para demostrarlo, las novelas de caballerías y sentimental, frente a la picaresca. No cabe duda de la preponderancia de lo realista, a veces como reacción, por cansancio, de la tendencia opuesta. Pero lo llamativo es la coexistencia y ensamblaje perfecto de los dos aspectos en obras cumbres, como la Celestina, en toda la producción renacentista, y sobre todo, en el Quijote. Y es notable el hecho de que en momentos de exacerbado anhelo idealizante, como el romanticismo (v.), surja otro movimiento de signo opuesto, el costumbrismo (v.), hermano menor del r., ya que éste viene a ser un costumbrismo que se ensancha y se supera.Este ambiente prepara el camino a la escuela realista del s. XIX español, que derivará hacia los derroteros del naturalismo, pero siempre con matices idealistas. Y si avanzamos en las letras españolas, veremos a los hombres del 98 debatirse entre lo real y lo ideal; y a las generaciones posteriores, balancearse desde el surrealismo (v.) extremado a la atenta contemplación de la vida. Y aún en nuestros días, se nos presenta la poesía social (v.) frente a la evasiva. Porque, en realidad, idealismo (v.) y r. no son más que dos modos de entender la literatura en todos los tiempos.En el siglo XIX. Centrándonos ahora en el s. XIX, época del movimiento realista por antonomasia, tratemos de estudiar los rasgos que lo definen. Este r. nace, en parte, como oposición al subjetivismo romántico y se encuentra con el camino abonado por una tradición y por el costumbrismo inmediato; éste, inspirándose en las experiencias ambientales, deja abiertas las puertas del r. decimonónico. Se da primacía a la observación y a la experiencia, mientras la imaginación se bate en retirada. Así, pues, la vida social contemporánea juega un papel importante con relación a esta literatura, y aparecerán por doquier el ambiente local con sus costumbres y sucesos, detalladamente plasmados. Se procurará, casi siempre, acomodar el lenguaje a la situación y a los personajes, pero destaca el predominio del habla familiar y coloquial. Por supuesto que con estas premisas se deduce fácilmente que el género literario más idóneo para este movimiento es la novela, la importante novela del XIX, que aún sin llegar a las cumbres de la novela rusa de Dostoievski, Tolstoi o Gogol, ni a las de la inglesa, ni a la francesa naturalista, que tanta influencia ejerció en España, representa un hito en la narrativa literaria española. Esto no implica el olvido del teatro realista español.Pero es evidente que los novelistas, a pesar de la teoría stendhaliana del "espejo a lo largo del camino", encuentran gran dificultad en plasmar la realidad sin transformarla. Por la naturaleza de toda novela, algo artificiosa, tratarán de descubrir el fondo de lo aparente con muy distintos propósitos. Pero, dado que las acciones presentadas tienen un agente, y que el novelista las interpreta, siempre debemos entender este r. de una manera relativa; y más aún cuando, como en el caso de Pérez Galdós, la obra se centra en el estudio del hombre, y se trata de hacer psicologismo desde este ángulo. Todo este movimiento, de modo aproximado, se localiza cronológicamente a partir de 1875, cuando ya han aparecido las primeras novelas de Pérez Galdós (v.). Y no carece de interés fijarse en las circunstancias sociales del momento. La burguesía se desarrolla, aunque con cierto retraso respecto a la europea, e impone su concepción de la vida. El ambiente político se hace cada vez más conservador y es palpable el cansancio de las luchas, por lo que se anhela la tranquilidad y el gozar de la vida. Y esa vida será el tema de las novelas de la época.Desde el punto de vista ideológico, se acusa una gran efervescencia e inquietud en unas minorías considerables, que extienden su preocupación al terreno más pragmático de lo económico-social, a la par que se incrementa el progreso material. En el campo de la moral se vive una lucha de ideas: hay un bagaje de sensiblería y supersticiones, que un grupo de vanguardia ataca, sin la prudencia necesaria para no pasarse al extremo opuesto. Por otro lado está el núcleo conservador, con una moral "casera". Ante esta situación, los novelistas toman una actitud: unos reaccionan como católicos (Alarcón, Pereda, Valera); y otros (Pérez Galdós, Clarín) toman una postura heterodoxa y, a veces, anticlerical. Y como bien dice Torrente Ballester, son todos ellos ingenuamente maniqueos, tratan "el bien" y "el mal" como dos entidades existentes per se y en constante lucha. En esto, indudablemente, vemos una nota des personalizado ra, hacia una mayor objetividad. Y es de notar que sin haberse escrito una sola novela religiosa en esta época, son numerosas las que ofrecen un problema de tal carácter.La situación política de aquellos lustros es compleja, pero dominantemente conservadora, excepto en algunas zonas. De todos modos, en la novela realista se nos ofrecen como dos posturas antagónicas: la de los apasionados reaccionarios y la del tradicionalismo conservador. Pero lo que difícilmente se encuentra en ellas es una imparcialidad crítica. En general, puede decirse que el r. español es subjetivo en algunos aspectos. Los novelistas quieren basarse en la realidad, pero exigen que ésta se adapte a su cosmovisión, y en vez de presentarnos aquélla en su totalidad, la estilizan, fragmentan y acoplan a sus ideas y fines. Porque la novela realista, en su absoluta mayoría, encierra una finalidad docente; y no sólo las llamadas novelas "de tesis", sino las más ajenas a este aspecto.Novela realista. Dentro de ella podemos discernir un grupo que se ciñe a lo regional (con preferencia por lo rural) y otro de ambiente ciudadano. Pero aún es más clara la distinción entre las que tienen por protagonista a la Naturaleza (Sotileza, Peñas arriba y otras, de Pereda), y las que, sin ser enteramente psicológicas, se centran en los personajes y en la sociedad, como suele hacer Pérez Galdós. Y precisemos que, cuando hemos hablado de novela regional, no nos referimos a la regionalista, sino a la auténticamente paisajística y natural.En la novela realista suelen distinguirse las siguientes etapas: 1) Una fase inicial, representada por Fernán Caballero (v.) y P. A. de Alarcón (v.). La primera parte de un costumbrismo popular, andaluz y folklórico, y llega a rozar la técnica y el espíritu realistas. Alarcón representa la transición del costumbrismo hacia la cumbre del r. hispano, sin desligarse totalmente del romanticismo. Es agudo observador de lo circundante y en sus novelas extensas se acusa un ingenio muy vivo; acierta en la descripción de las bajas pasiones de una sociedad mediocre. Con él adquiere gran importancia el elemento narrativo.2) El momento culminante de la novela realista está representado por Pereda, Pérez Galdós , tradicionalista y conservador, es el cantor del mar y de la montaña santanderina. Cuando intenta hacer novela "de tesis" (Don Gonzalo González de la Gonzalera, La Montálvez) no logra la perfección que en sus otras novelas, en que la Naturaleza aparece encuadrada en blanco y negro, sin matices cromáticos, pero con vida y en acción, con atención también a la psicología de los personajes.Pérez Galdós hace al hombre eje de sus novelas, y en algunas nos presenta una pintura (a veces abultada) de la época. Tiene obsesión por la problemática religiosa y la tolerancia, que trata bajo tres aspectos diferentes en Gloria, Doña Perfecta y La familia de León Roch. En ellas enfrenta como dos mundos: el católico tradicional y el liberal de la época. Es digno de mención cómo evoluciona su obra y las distintas etapas por las que atraviesa. Unos años de afición naturalista, en la década de 1880, preceden a su etapa psicológica y a la más tardía idealista (de Nazarín a Misericordia). El naturalismo de Pérez Galdós se limita a una cierta crudeza en el tema erótico, y en sus estudios psicológicos no cala hasta el fondo del alma. Pérez Galdós es el más positivista de su generación. Atiende, sobre todo, a la clase media y popular, a la que adapta su lenguaje.J. Valera (v.) es un liberal, bastante escéptico, que deja en su obra estas dos características propias. No es un puro realista, y podría afirmarse que con él comienza la caída de este movimiento literario, que siempre creyó "importado y extravagante". Como él mismo afirmaba, de la realidad sólo le importa lo significativo y no lo efímero o accidental, y por ello defendió siempre la leve idealización de lo real y atacó la inmoralidad vulgar del naturalismo, pues, para él, "el arte es una imitación formal con realidad propia". En un estilo arrogante, de buen gusto, fino e irónico, hace también sus intentos psicológicos. En realidad, su postura es ecléctica: se apropia del r. y lo funde a un eco romántico aún vigente.3) Una última etapa en el movimiento realista viene marcada por la descomposición del mismo hacia dos vertientes: la naturalista y la idealista sentimental; la primera influenciada por el naturalismo francés, pero a mucha distancia de él (v. NATURALISMO III). Se admira y defiende a Zola (v.), pero las novelas españolas de esta tendencia no están movidas por un determinismo psicológico ni por una tesis científica; apenas se supervalora lo patológico y morboso, y el pesimismo no es tan acusado, salvo en Blasco Ibáñez (v.). Pérez Galdós abrió brecha en este naturalismo junto a Pardo Bazán (v.), Clarín (v.) y el propio Blasco Ibáñez. Aunque todos coinciden en lo esencial, cada uno tiene notas peculiares y distintivas. Si en la Pardo Bazán, defensora a ultranza de la corriente naturalista francesa, podemos hablar de un r. extremado hacia el naturalismo, debido a una pose masculinizante, en La Regenta de Clarín se podrá estudiar la mezcla de un naturalismo suave con el psicologismo, o el plano romántico-realista, que Baquero Goyanes vio en Su único hijo. Y aunque se ha visto en Blasco Ibáñez al más genuino representante del movimiento francés, conviene poner en su punto esta afirmación y no olvidar la nota grosera que empaña su obra. El detallismo descriptivo de los bajos fondos es innegable, así como el carácter negativo y pesimista de toda la obra, pero le falta densidad, profundidad psicológica y conocimiento del hombre para poder ser parangonado con los novelistas franceses.La vertiente idealista de ese r. aparece en Palacio Valdés (v.) y en el P. Coloma (v.), o en la última época de Pérez Galdós. Palacio Valdés, de carácter bondadoso y sentimental, se inclina más a un costumbrismo ambiental, pero idealizado. Se opone al naturalismo, excepto en algunos momentos del principio de su creación, porque, como él dice, "es más interesante estudiar al hombre como hombre que como animal". Es un novelista poeta que admite un realismo subjetivo, y que presenta en sus novelas un denso panorama de la vida española de finales del s. XIX y comienzos del XX. El P. Coloma, que se inició también como costumbrista con sus escenas, retratos y cuentos, desemboca al fin en la corriente realista. Esboza el carácter de los personajes y suele hacer crítica social, pero es importante saber que verifica en sus novelas a muchas personas reales (así en Pequeñeces). Su finalidad es netamente moralizadora. Esta curva descendente del movimiento realista y naturalista se vio sujeto a los cambios del gusto estético y a que, como dice Torrente Ballester, los novelistas se olvidaron de "la gran lección de Cervantes: que la novela es una realidad su¡ generis, con sus propias leyes internas y sin comparación con la realidad empírica" (o. c. en bibl., 90).Teatro. El drama romántico tardío está muy distante del exaltado romanticismo de 1835. Se empieza a olvidar lo fantástico, y la mirada se dirige a lo cotidiano y circundante, con el hombre como eje. Son características del teatro realista un cierto eclecticismo resultante de los últimos destellos románticos y de la observación de la vida, una finalidad docente, y una vasta curiosidad porlos aspectos externos de lo real y por el colorido local. La más genuina representación de esta tendencia es la llamada alta comedia, comedia urbana de sociedad acomodada, cuyas principales figuras son Ventura de la Vega, López de Ayala (v.) y Tamayo y Baus (v.). Ninguno de ellos logra una obra excepcional y, con frecuencia, acusan cierto tono prosaico. Ni El hombre de mundo, o El tanto por ciento, Consuelo o Lo positivo, ni aun Un drama nuevo logran la perfección. La alta comedia de López de Ayala muestra un agudo sentido de la observación, y describe detalladamente la sociedad y sus componentes. Su finalidad es de signo antipositivista, mientras en los dramas realistas de Tamayo y Baus domina lo moralizador. En Un drama nuevo, la mejor obra dramática de la segunda mitad del s. XIX, se conjugan lo ficticio y lo real; y en una técnica bastante lograda del "teatro dentro del teatro" resuelve con facilidad la convergencia de los dos planos. Después de estos representantes del r. dramático, hay una vuelta al romanticismo, con Echegaray (v.), cuando todo un teatro menor, de sainetes y zarzuelas, se hace eco del costumbrismo folklórico.Poesía. Quizá no haya poesía puramente realista. Por ello, nos fijamos en la producción poética coetánea al r. En primer lugar, Rosalía de Castro (v.), poetisa regional obsesionada por su terruño, cala en el sentimiento del alma gallega, en el sabor popular de su folklore y en la Naturaleza. Al mismo tiempo, se nos presenta como poetisa de una realidad social. Campoamor (v.) se deja llevar por las corrientes del momento, lo mismo que Núñez de Arce (v.). Aquél, escéptico y desengañado, prosaico y superficial; éste, con retórica sonoridad y propósito moralizante, nacido de un espíritu lleno de duda. Y, junto a ellos, poetas de menor importancia, como Ruiz Aguilera, Manuel del Palacio, el murciano Medina, y Gabriel y Galán (v.), poeta de sensibilidad natural, conservador y hogareño, que se fija descarnadamente en lo rural, dentro de su poesía regional. Tanto las Extremeñas como Castellanas nos ofrecen ese mundo, tan sentido y vivido por él.He aquí, pues, un movimiento literario característico de todas las letras europeas y con su presencia en las españolas durante la época de la Restauración. Constante histórica de la literatura española, que cristaliza particularmente en la novela, más o menos a partir de 1875.V. t.: III;NATURALISMO IV.C. HERNÁNDEZ ALONSO.
BIBL.: R. MENÉNDEZ PIDAL, Caracteres primordiales de la Literatura española, introducción a Historia general de las literaturas hispánicas, I, Barcelona 1949; A. L. OWEN, Psychological Aspects of Spanish Realism, "Hispania" (California) XIV (1931); G. TORRENTE BALLESTER, Panorama de la literatura española contemporánea, Madrid 1965; M. BAQUERo GOYANEs, Realismo y utopía en la literatura española, "Studi Ispania" I (1962); íD, La novela española en la segunda mitad del siglo XIX, en Historia general de las literaturas hispánicas, V, Barcelona 1953; D. ALONso, Escila y Caribdis de la literatura española, "Cruz y Raya", Madrid 1933; G. CEVALLos GARCÍA, Caminos de España. El realismo en el Siglo de Oro, Cuenca (Ecuador) 1947; N. GONZÁLEZ Ruiz, Los orígenes del realismo en España. Fernán Caballero, "Bulletin oí Spanish Studies" V (1928).
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