Publicano HIST.
Categoria:
Historia
Palabra aceptada en las traducciones castellanas de la Biblia, simple transcripción del latín publicanos, que mejor se traduciría por recaudador de impuestos. El término sólo aparece en el N. T., debido a que el cargo que significa es una institución romana de la época de la República. Anteriormente, en época de dominación persa, ya se cobraban en Palestina impuestos (Esd 4,13; 7,24), e incluso en tiempos antiguos (Esd 4,20), pero hasta la época del N. T. no se cobraron de forma sistemática, de modo que exigiera el cargo fijo de recaudador o publicano. Palestina (v.), como territorio sujeto a la dominación romana, debía pagar impuestos, que iban a parar al erario público de Roma, al menos los impuestos directos o per capita (otros podían quedar en manos de reyes vasallos). Los impuestos no solían ser cobrados por empleados romanos, sino por particulares indígenas, que recibían el cargo, bien graciosamente, bien por medio de subasta en arrendamiento. El cargo de p. era sin duda apetecible por el tanto por ciento de los impuestos cobrados. Para asegurar la eficacia del pago, los p. tenían a su servicio empleados subalternos. Por eso se distingue entre p, y "jefe de publicanos". Zaqueo (v.) era uno de estos jefes de p., y Le 19,1 subraya que era rico. Dado que los p. tenían que pagar el arrendamiento, con los demás gastos del cargo, no sólo eran solícitos en exigir el cobro, sino que a menudo, particularmente, sin duda, los subalternos, que tendrían que entregar la mayor parte del tanto por ciento al jefe de p., eran arbitrarios en la valoración y tarifación de los casos particulares (cfr. por ej., Lc 3,12-13; 19,8).Como además los impuestos representaban, en una materia siempre odiosa, la dominación extranjera, los p. eran generalmente mal vistos por el pueblo; odio que los representantes de la independencia nacional, los fariseos, elevaban a tesis teológica. Los fariseos consideraban a los p. como pecadores, hombres fuera de la Ley, despreciables, absolutamente vitandos y ya por principio y definición condenados; y, en consecuencia, criticaban a Jesús por el "delito" repetido: "come y trata con pecadores y publicanos" (Mt 9,11, 11,19; Le 15,1). El mismo Jesús se acomoda a este modo de hablar, sin duda para hacerse entender dentro de una mentalidad adquirida: hay que amar a los enemigos y no sólo a los amigos, cosa que hacen hasta "los pecadores y publicanos" (Mt 5,46; Le 6,33); y en la corrección fraterna, agotadas sin éxito todas las posibilidades, Jesús sanciona sobre el incorregible: "tenle como al gentil y al publicano" (Mt 18,17), es decir, como "excomulgado".Sin embargo, la actitud del Evangelio no enjuicia desfavorablemente a los publicanos. En primer lugar, el cargo como tal no es malo ni produce impureza o excomunión automática. S. Juan Bautista no dijo a los p. que abandonaran su cargo, sino que fueran justos en su desempeño y no sobrepasaran arbitrariamente las tarifas señaladas por la autoridad (Le 3,12-13). Igualmente Jesús acogía a los p. y no rechazaba las invitaciones que le hacían para comer en su casa, gestos que le granjeaban, como se ha visto, las críticas de sus adversarios. Incluso eligió a un p., Leví o Mateo (v.), para formar parte del grupo de los Doce Apóstoles, columnas de la Iglesia. El Evangelio se detiene con predilección en la vocación de este p., lo mismo que en el gesto que Jesús tuvo con el jefe de p., Zaqueo. Mateo estaba precisamente sentado en su despacho de impuestos cuando el Señor pasó y le llamó. pl lo dejó todo y le siguió; y más tarde, en agradecimiento, le invitó a un banquete, al que acudieron también sus colegas (Mt 9,9-13 y par.). Por su parte, Zaqueo, jefe de p. del distrito de Jericó, recibió la visita de Jesús, a quien había tratado de ver, sin respetos humanos, subido en un árbol. Y en su casa, puesto en pie, para mayor solemnidad, dijo: "Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres, y si en algo defraudé a alguien, le daré cuatro veces más" (Le 19,1-10).Esta actitud de Jesús indica que entre los p., generalmente despreciados, y por encima de su posible venalidad e injusticia (que el mismo Zaqueo no descarta), había hombres de gran corazón, muy aptos para el Reino de Dios. Pero hay que subrayar que lo que le interesaba a Jesús era la disposición espiritual más que la vida pasada. No se niega el pecado ni se le minusvalora. Los dos pasajes citados afirman el verdadero motivo de la actitud de Jesús: "No necesitan médico los sanos, sino los que están enfermos", y, después de citar el texto de Oseas "misericordia quiero, que no sacrificio", añade: "Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mt 9,12-13). Zaqueo era también "hijo de Abraham", es decir, podía aspirar a la salvación prometida a los creyentes, "porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Le 19,10). La actitud esencial para entrar en el Reino es la conversión (cfr. Mt 3,2), y ésta no es posible sin ser pecador, es decir, sin sentirse pecador y confesarlo. Los fariseos no entraron en el Reino porque se sentían justos, y el Señor no había venido a llamar a esta clase de "justos". Nos hallamos, pues, en la esencia del mensaje cristiano y de la actitud que requiere. Y es tan importante, que Jesús lo va a remachar en dos famosos textos. Para ilustrar cuál debe ser la actitud del hombre ante Dios, elige los dos tipos opuestos: un fariseo y un publicano. El fariseo, "santo y justo", es repelido por Dios; el p., que se reconoce pecador, es aceptado y justificado (Le 18,9-14). Esto fue dicho contra aquellos "que se tenían por justos y despreciaban a los demás" (Le 18,9), lo mismo que las parábolas de la misericordia (Le 15,1-3 y ss.). Y el mismo juicio lanzará Jesús, ya sin parábolas ni ambages, contra los fariseos: "En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas os suplantan en el Reino de los cielos" (con todo el sentido del verbo proagousin, que no es tanto "llegar primero" cuanto "suplantar", "quitar la vez"). Y el motivo no es que sean en sí mejores ni peores, sino que aquéllos creyeron en la predicación, mientras que los fariseos ni creyeron ni se convirtieron (Mt 21, 31-32). Motivo, pues, de actitud.Esta contraposición de actitudes encierra una lección perenne: el vicio de creerse "justo" es el parásito del hombre religioso, lo más repelente a Dios, mientras que la simplicidad de un hombre como el p. sólo espera tal vez un gesto como los que prodigó Jesús para abrirse a una conversión total y sincera.M. REVUELTA SAÑUDO.
BIBL.: F. JOSEFO, Ant. ]ud., 12,4,3; PLINio, Hist. Nat. 33,2,34; C. GANCHO, Publicano, en Enc. Bibl. V,1331-1332; H. HOLZMEISTER-S. ZEDDA, Storia dei Tempi del N. T., Turín 1950, 66-67.73; G. CANFORA, t pubblicani, "Rivista Biblica" 3 (1955) 145-164,
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