Psicología I. Psicología Filosófica. FIL.
Categoria:
Filosofía
1. Nombre. La P. filosófica es el estudio filosófico de los vivientes, en cuanto entes. El racionalista Ch. Wolff (v.) la denominó "P. racional", y con él empieza la separación entre "P. racional" y "P. experimental" o "empírica", que por ser muy tajante y surgir en un contexto de dualismo de alma y cuerpo, razón y sentidos, es el origen de muchos de los actuales problemas de la Psicología. Actualmente a la P. filosófica o racional se la tiende a llamar Antropología (v.), aunque esta denominación restringe el objeto, y además suele aplicarse más bien a ciertos estudios sobre la cultura, y no propiamente a una investigación metafísica. Los autores que hablan de Antropología trascendental entienden por tal una filosofía del hombre que utiliza un método e ideología determinados, dependientes sobre todo de Kant (v.) y de Heidegger (v.). Los que hablan de Fenomenología (v.) del hombre entienden por ella o el método de Husserl (v.), o bien una simple descripción de acciones humanas. El nombre más apropiado de la P. racional sería el de P. metafísica, Metafísica de los vivientes o Metafísica del hombre.2. Lugar de la Psicología dentro de la Filosofía. La Metafísica (v.) -centro de la Filosofía (v.)- estudia la realidad desde la más amplia y radical perspectiva, es decir, más que aspectos particulares de lo real estudia la realidad en cuanto real, simplemente en cuanto es; la experiencia inmediata ya hace ver que la realidad (v.) es múltiple, está formada por el conjunto de muchos entes; de ahí que se diga que el objeto de la Metafísica es el ens (ente), es decir, todas las cosas en cuanto actuadas por el esse (ser), por el acto de ser, que es el acto de todos los actos (v.). El ente (ens) es por su concreto acto de ser (esse), pero no es su ser: lo tiene por participación (habens esse), recibido y contraído por una forma (v. ESENCIA, que es potencia de ser, potentia essendi) con la que integra el concreto ente. En el universo hay muchas especies de entes, dispuestas admirablemente en grados: las especies superiores recogen de un modo más alto la perfección de las inferiores, y las trascienden. Estos grados proceden de que el acto de ser (actos essendi) -que de por sí es plenitud total, lo que sólo conviene a Dios, que es su ser- se vuelca con más o menos intensidad, marcada por la forma específica, que recibe según su medida al ser (esse) del ente (v. SER). Así se explica que todos los entes convengan en las perfecciones del ser (unidad, bien, acto, etc.) pero de manera gradual.La Metafísica tiene entonces un doble camino: primero, un ascenso vertical del ente por participación al Ser por esencia, por la exigencia de la causa; segundo, recorrer la geografía gradual-ascendente del ser participado (esse participatum), viendo en cada nivel cómo se realiza la razón de ente (ratio entis), para así ascender al Ser con más vigor. Así lo hace la Metafísica de la naturaleza (V. COSMOLOGíA), y luego la P. metafísica, queno es pieza aislada de la Filosofía, sino parte material de la única Metafísica. No por eso pierde originalidad, pues no repite por deducción las conclusiones de una supuesta "Metafísica general", porque el ser no es un género, sino un acto que se entrega diversamente en los entes y en las partes de los entes.3. Método. El de la Metafísica está en el conocimiento del ente (ens) -el primer conocimiento, y en el que se resuelven todos los conocimientos-; pero por la debilidad de nuestro entendimiento (v.), empezamos conociendo al ente en lo sensible, de modo impreciso y potencial (v. CONOCIMIENTO). Conocemos las cosas en cuanto que son en acto, pero vamos del acto más conocido para nosotros (quoad nos), a lo potencial y al acto más intenso en sí (quoad se). En consecuencia, el acceso al ente por participación tiene como tres momentos, de gran trascendencia para el método de la P. metafísica: a) Procedemos de lo externo a lo interno: de los accidentes a la sustancia y a la forma de la sustancia, y de ella al acto de ser (esse), y siempre resolviéndolo todo en el ens singular, en el individuo concreto, llamado también supuesto (suppositum); por eso, la P. metafísica no concluye partiendo de una idea abstracta de ser (esse comrnune), sino que intensifica cada vez más la comprensión del ente, por el aporte de la experiencia. b) Ascendemos de los grados ínfimos del ser a las especies superiores, y por el uso de la analogía reencontramos el acto, la causa, la sustancia, etc., de modo más alto y puro en los entes que tienen más carga de ser; por tanto, la P. metafísica ha de hacerse en continuidad con la metafísica de lo corpóreo (Cosmología), y comenzando por las formas de vida más sencillas. c) Aunque el alma propia nos sea más inmediata que las cosas externas, todos experimentamos la gran dificultad en conocernos; aprehendemos directamente las cosas exteriores a nosotros, y de modo secundario, condicionado por el conocer directo, podemos reflexionar sobre nuestros actos -en una percepción positiva de la vida espiritual-, y explorar nuestra interioridad, llegando así a las propias potencias activas y al alma misma, y siempre en cuanto que somos, en la resolución al ente singular que es el individuo o suppositum, que por ser espiritual se llama persona (v.).En consecuencia, la P. metafísica sólo se puede hacer después de la metafísica de los entes externos (Cosmología), y no empezando directamente por el yo, o por el método del cogito, que invirtiendo el proceso condujo a un abismo entre el espíritu y la materia. La P. metafísica lleva a conocernos de dos modos: por la percepción reflexiva sobre nosotros, que empieza por nuestros accidentes no sensibles (el obrar espiritual) y así penetra más adentro; y también por analogía con lo sensible, por lo dicho antes sobre los grados del ser y el conocer humano.En conclusión, la P. metafísica sigue un método ascensional-intensivo, que termina siempre resolviéndose en el ente singular. Sería perjudicial plantear una P. metafísica de la esencia (v.), y no del individuo concreto o suppositum. Primero, porque sólo es el concreto, y todo lo demás es en cuanto es en él, de modo que si se pierde el individuo concreto se pierde el ser; segundo, porque sólo el individuo o supuesto es el totum concreto, pues la esencia es sólo una parte (la parte formal sustancial) del concreto, pero no todo el concreto. Si la P. metafísica se refiriera a la esencia, pasaría a declinar en ciencia particular, porque las ciencias particulares tratan de aspectos parciales --partes- del ente, mientras que la Metafísica se dirige al todo.4. Visión de conjunto de los temas de la Psicología filosófica. Todo ente es una cierta forma (v.) , sujeto del acto de ser. Pero algunas formas imperfectas no subsisten en sí, sino en un sujeto potencial que las recibe, la materia (v.); y lo que subsiste, el ente, no es sino el compuesto, que es a su vez potencia participante del ser (potentia essendi). Pero como la forma es acto de la materia, la materia recibe el acto de ser (esse) por la forma, y no al revés. Ésta es la estructura del ente corporal. Como los grados de perfección son un ascenso en el orden del acto, los grados de lo corpóreo se dan en la medida en que el acto formal, por tener más intensidad de ser, va paulatinamente superando la potencia material. Para conocer estos grados nos fijamos en los grados del obrar, pues cada ente obra en cuanto es en acto (v.).En este ascenso se llega a los entes que tienen vida (v.): los vivientes se caracterizan por tener un obrar espontáneo (procede de su sustancia) e inmanente (termina en ella) (cfr. S. Tomás, Contra gentes, IV,11, y Sum Th. I, q18, a3); este obrar más actual nace de un mayor predominio de la forma sobre la materia (cfr. Sum. Th. I, q78, al), y se da en grados en la vida vegetativa, animal y humana. A la forma vital la llamamos alma (v.). Esta elevación alcanza los grados más altos cuando se llega a una forma que ya no entra en composición con materia, actuándose plenamente en su límite propio: es el ente espiritual o espíritu puro (los ángeles). En la cumbre de los entes con vida está Dibs (v.), cuyo obrar no sólo procede y termina en el mismo, sino que es su Ser, por lo que tiene la vida plenamente, es la Vida y la fuente de toda vida.El hombre (v.) está en una situación peculiar. Tiene operaciones en las que no toma parte ningún órgano corporal -aunque la actividad orgánica superior condicione su ejercicio-, como son el entender y el querer libre; por tanto, debido a la proporción entre obrar, forma y ser de la forma (agere, forma y esse formae), un obrar inmaterial es fruto de una forma que tiene el acto de ser (esse) en sí misma, y no en cuanto recibida en materia; el alma humana subsiste, por tener más ser: es una forma que es sustancia, y a esto le llamamos alma espiritual. Pero a la vez, el alma humana es acto sustancial de un cuerpo proporcionado, al que le comunica su acto de ser -del cual el cuerpo participa según su modo propio-, de manera que el acto de ser (esse) del cuerpo y del alma es único, el de cada sujeto humano. Y así el hombre está como en la frontera entre lo material y lo espiritual: es una unidad de forma y materia, pero su forma, a la vez que es acto del cuerpo, al que organiza y mueve, es una sustancia espiritual, que rebasa completamente el cuerpo, aun estando en él, y por él limitada de algún modo. De un alma así emanan potencias activas totalmente inmateriales, en cuanto es sustancia espiritual (V. ENTENDIMIENTO; VOLUNTAD), y otras potencias activas que actúan a ciertos órganos del cuerpo (v.), en cuanto es forma del cuerpo (cfr. para este desarrollo, S. Tomás, De Spir. creat. q.un, a2; y Contra gent. 11,68). La materia del cuerpo humano, quantitate signata, individúa a la especie hombre al recibir al alma espiritual como forma, y es también el principio de la multiplicación de la especie humana en muchos individuos. El alma espiritual, ya individuada por su cuerpo, compone la sustancia del hombre, que se prolonga en todos sus accidentes, individuados en esa sustancia (incluidos en ellos sus acciones y relaciones), y este todo es la potencia del ser (potentia essendi) completa, el sujeto del acto del ser (actus essendi), que llega del alma al cuerpo, y de la sustancia a los accidentes de cada uno. Y ese todo actuado por el ser es lo que subsiste, y se llama persona (v.) (el subsistente de naturaleza racional), el ente humano concreto y singular que es y que actúa, indicado por los términos yo, tú, él.Por ser sustancia espiritual, el alma humana no puede educirse de la materia (pues en ese caso tendría el esse dependiente de la materia, por la proporción entre fieri y esse) sino que es creada por Dios; pero como es forma del cuerpo, Dios la crea infundiéndola en un cuerpo apto, generado por los padres, que transmiten así a una nueva persona la naturaleza humana en su parte material. Lo que no llega a ser por transformación, tampoco deja de ser así; por eso el alma no pierde el acto de ser (esse) con la disolución del cuerpo; como sustancia inmaterial, carece de principio interior de corrupción y permanece siempre en el ser (inmortalidad natural), individuada y distinta de las otras almas, pudiendo realizar perfectamente sus operaciones espirituales, aunque de otro modo (V. ALMA; INMORTALIDAD II).Como todo ente por participación, el hombre entero se ordena al Ser por esencia como a su fin. Pero por ser sustancia espiritual, el alma humana tiene una orientación a Dios especialmente directa: su fin y perfección está en que por el conocimiento y el amor trascienda todo el orden de las creaturas y alcance a Dios, su primer principio. Se abre paso así el tema de la Ética (v.) y Moral (v.), del que la P. metafísica no debería separarse, para considerar al hombre íntegramente.Para que el estudio del tema del hombre no se empobrezca y para que siga caminos fructíferos es urgente tarea recuperar la verdadera metafísica del hombre, en el cuadro completo de la metafísica del ser. Para hacer esto se cuenta con la doctrina cristiana del hombre, y en el terreno filosófico y teológico con las profundas investigaciones de S. Tomás de Aquino (v.).5. Indicaciones históricas. Como todas las cosas tienen perfecciones, valen, viven, obran, etc., en cuanto que tienen ser -el acto de todo acto-, la consideración de las cosas en cuanto son parece fundante para todas las ciencias, justamente llamadas parciales o particulares porque cogen al ente en diversos aspectos, pero sin llegar a su acto más profundo, el ser. Con razón la Metafísica es la ciencia universal, del todo -fuera del ser no hay nada-, pues todo lo cubre no sólo extensivamente, como la Lógica, sino intensivamente.La P. de los antiguos (p. ej., Aristóteles) depende de una metafísica que a lo más llega a la forma, a la esencia. Por eso alcanzan el alma, incluso su espiritualidad e inmortalidad. Advierten bien que lo corpóreo exige une realidad más actual y operativa, fuente de la armonía y movilidad corporal, y así llegan al alma -al alma del cuerpo humano, y a un principio del universo que sería el Anima mundi, o las Ideas o Especies, o una Inteligencia-: con más o menos precisión llegan a un primer principio del mundo, pero no lo ven como Ser, y a un principio formal del hombre, pero sin verlo como habens esse, lo cual da lugar a grandes deficiencias en el tema de las relaciones entre el hombre y Dios.La P. filosófica que inicia Descartes (v.) surgió en un ambiente cristiano, que conocía el ser de las cosas (conocía la Creación), pero va a declinar otra vez en la forma, aunque con dos notas especiales: primero, declina en la forma hombre (antropocentrismo) (la metafísica antigua, aunque defectuosa, tenía una dirección de trascendencia, al menos en los mejores autores); segundo, se va a exigir a la forma hombre que lo funde todo tan fuertemente como el Ser de las metafísicas cristianas. Por eso, mientras los antiguos llegan al alma sin llegar al ser, esta dirección cartesiana "quiere" fundar el ser en el hombre, lo cual confiere a la investigación metafísica un tono que ya no es natural, sino más bien forzado y voluntario.Esto no podía realizarse bien a menos de dejar de considerar al hombre como habens esse, es decir, abandonando la Metafísica. Por eso muchos autores de esta corriente van a coger al hombre sólo en lo que hace, en su acción (pensar, libertad, trabajo, etc.), asumida como el fundamento de todas las cosas. Es natural entonces que la antropología se considere como el saber fundamental, y que el resto de las ciencias tiendan a operar una reducción a su sentido antropológico. Según ciertas etapas, se observa en muchos ambientes un predominio normativo total de alguna ciencia del hombre: historia, psicología, sociología, biología, lingüística, lógica en algunos sectores anglosajones, política en ciertos movimientos (especialmente el marxismo) (v. RACIONALISMO). Tomar una parte del hombre y tratarla como un todo, y no en su unión al verdadero todo, el suppositum, es una pretensión "totalitaria" que acaba por desintegrar al hombre, por lo que no puede extrañar entonces una crisis de la filosofía del hombre, privado de unidad y fundamento (v. t. III, 1-2).Puede concluirse de aquí la urgente necesidad de una metafísica del hombre, que lo fundamente en el ser. El hombre no es la fuente del ser; si así lo fuera, sería verdad que toda metafísica es antropología, como proclamaba Feuerbach (v.), denominador común del marxismo (v.), positivismo (v.) y existencialismo (v.), y de sus inspiradores clásicos, Hegel (v.), Kant (v.), Descartes (v.), etcétera (v. IDEALISMO; RACIONALISMO). Por el contrario, la antropología ha de resolverse en sede metafísica, porque el hombre es ente por participación, y no se explica sin el ser, cuyo principio total es el Ser subsistente. No será suficiente plantear la P. metafísica bajo el único fondo de la vida, la inteligencia, etc., sino que hay que alcanzar al mismo esse (v. REALISMO).6. Psicología metafísica y experimental. La P. experimental (v. II) es una ciencia particular de los fenómenos aprehensivos y tendenciales de los animales y del hombre, llamados "psíquicos". Centrada sobre todo en la vida sensitiva, estudia procesos de conducta por observación. Por lo restringido de su objeto y de su método empírico, es muy limitada para conocer el "todo" del hombre real; por eso tiene más éxito cuando estudia el obrar sensitivo, y casi ninguno cuando entra en juego la operación espiritual, ante la que no cabe el "experimento", so pena de tomarla por alguno de sus efectos, al medirla con instrumentos desproporcionados. Sus estudios verdaderos encuentran su significado profundo si se hacen a la luz de la metafísica psicológica, de la que esta ciencia necesita más que otras, por la índole de su objeto espiritual, y para salvaguardar la unidad del ente humano.Aunque situadas en planos diversos, de hecho se comprueba que no hay límites precisos entre las dos. Corresponde a la P. metafísica orientar, guiar, corregir y juzgar las conclusiones de los estudios empíricos del psiquismo, dándoles una última explicación inteligible, puesto que si son verdaderos y seguros pueden tratarse metafísicamente, por ser algo del ente. Normalmente, esas conclusiones confirmarán en ámbitos parciales la doctrina del ser del hombre. Pero la P. metafísica es independiente de los experimentos, porque su objeto propio, el serdel ente humano o viviente, por ser lo más profundo y universal, se manifiesta en las experiencias más ordinarias y comunes, para una inteligencia debidamente disciplinada; por lo que la P. metafísica, partiendo de la experiencia y de la observación empírica, no necesita de complejas experimentaciones dirigidas más bien a escudriñar en ángulos especiales (v. II).Si el tema de las relaciones entre P. metafísica y experimental hoy no es pacífico, se debe a que esta última nació con muchos presupuestos de la filosofía cartesiana y racionalista, en la línea de la ruptura insalvable entre una metafísica de la esencia y una ciencia de lo fenoménico, divorciadas por faltar una metafísica del ser. Un paso importante más de esta ruptura se da con Kant, cuyo triple rechazo de un conocimiento especulativo del alma, de la inmortalidad y de la libertad va a tener un gran peso posteriormente. Debido a esto, con frecuencia los actos espirituales serán reducidos a epifenómenos de lo sensitivo, o incluso a una sublimación morbosa de las capas inferiores (Nietzsche, Freud y Marx con su concepto de alienación). Otras veces se dará a lo psíquico una función fundamentante, reduciendo lo real, la moral, la religión, etc., a "idea", "sentimiento", "fe", "tendencia", etcétera.En la historia reciente de la P. empírica se observa también alguna recuperación imprecisa de puntos aislados de la metafísica del ser, por fuerza de la misma realidad de las cosas. Así, p. ej., la P. de la percepción (v.) vuelve a la unión entre inteligencia y sensibilidad, y a una concepción más total del conocer; con la "intencionalidad" (v.) se intenta recuperar algo del realismo; se descubre la importancia de la personalidad (v.), en contra del fenomenismo; se redescubre la finalidad en los procesos vitales, etc. (v. 11, 4 y III, 6). Con todo, este proceso está todavía muy mezclado en muchos sectores con presupuestos que tienden al antropocentrismo; la P. científica de bastantes autores debería purificarse de supuestos materialistas, incorporar la verdad de la persona humana como habens esse, estudiar al hombre bajo la guía de los actos espirituales, y romper con los límites del fenomenismo o del actualismo. Esto significará, indudablemente, un cambio profundo y un potenciamiento de esta ciencia.V. t.: FILOSOFÍA I, 4; ÉTICA I.JUAN JOSÉ SANGUINETI.
BIBL.: M. BARBADO, Introducción a la Psicología Experimental, 2 ed. Madrid 1943; R. BRENNAN, Psicología general, 4 ed. Madrid 1969; C. FABRO, L’Anima, Introduzione al problema dell’uomo, Roma 1955; íD, Percezione e Pensiero, Brescia 1967; H. D. GARDEIL, Initiation á la philosophie de Saint Thomas d’Aquin, 111: Psychologie, París 1966 (tiene al final una selección de textos de S. Tomás); É. GtLSON, Le thomisme, 6 ed. París 1972 (El tomismo, trad. castellana, Buenos Aires 1951); íD, D’Aristote á Darwin et retour, París 1971 (sobre el origen del hombre); A. MILLÁN PUELLES, La estructura de la subjetividad, Madrid 1967; J. RASSAM, La métaphysique de Saint Thomas, París 1968 (cap. 3°, para la situación metafísica del hombre); P. SIWEK, Psychologia metaphysica, Roma 1956; S. TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, gq75-89; íD, Sumnza contra Gentiles, libro II; íD, In de Anima; íD, Quaestio disputata de Anima y De Spiritualibus creaturis; R. VERNEAUX, Filosofía del hombre, 3 ed. Barcelona 1971; y las obras citadas en la BIBL. del art. siguiente (II).
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