Psicología Colectiva SOCIOL.
Categoria:
Sociología
1. Psicología colectiva y Psicología social. Aunque se trate de ramas de la Psicología (v.) relativamente modernas y con tendencia a diferenciarse, exponemos en este artículo una visión de conjunto, con un enfoque más psicológico, que facilite el conocimiento de las relaciones mutuas y su alcance respectivo, mientras en la voz PSICOLOGÍA SOCIAL se trata el mismo tema desde un punto de vista más sociológico. También la voz PSICOLOGÍA DE MASAS complementa el presente trabajo.Concepto y evolución histórica. La expresión P. social surge históricamente antes que la de P. colectiva. El psicólogo inglés McDougall (1871-1938) escribe en 1908 la Introduction to social Psychologie. Desde entonces, el catálogo de las publicaciones con éste o parecido título es numerosísimo. Una de las más recientes e interesantes, Der Mensch als sociales Wesen de Ph. Lersch (v.) se ha editado en castellano bajo el título de Psicología social (Barcelona 1967).El objeto de la P. social (v.) es el estudio de la convivencia humana y, más precisamente, de las relaciones recíprocas entre individuo y sociedad. Un primer problema, la distinción entre Sociología (v.) y P. social, trata de resolverse atribuyendo a la primera la consideración de las formas de convivencia como sistemas objetivos con leyes transpsicológicas propias. Mientras el límite de la Sociología sería el individuo, éste, en cuanto principio configurador de la vida social, se convierte en el punto de partida y cuestión principal de la P. social. Que la separación real entre ambas disciplinas no puede ser clara ha determinado que en los EE. UU. se reúnan bajo el concepto superior de social sciences (Lersch, o. c.). Por esta misma razón la P. colectiva, que surgió como un capítulo de la P. social dedicado al estudio de la dinámica de los grupos humanos concretos, no sólo tiende a adquirir mayor precisión conceptual, sino que, como especialidad psicológica, su entidad es más clara. De ahí que para la investigación psicológica de la dimensión social de la vida humana -pudiendo emplearse indistintamente una y otra expresión-, resulte preferible entre los psicopatólogos, sobre todo,, la de P. colectiva. A medida que el estudio de las relaciones (v.) humanas va adquiriendo más importancia en lo laboral, económico, político y pedagógico, las aportaciones de la Psicopatología (v.) son más estimadas. Y entre los sociólogos actuales (Gurvitch, p. ej.), la P. colectiva tiene primacía sobre la P. social, como se representa gráficamente en el esquema adjunto. Sin embargo, es más importante advertir que las diferencias de enfoque y método de las escuelas psicológicas acaso sean más notables en esta parcela de la Antropología que en otras.Para el behaviorismo o conductismo (v.) lo social es una trama de estímulos y reacciones; lo importante es lo característico de la conducta (v.) del individuo en situaciones multiindividuales. La P. genética (v.) y la P. evolutiva (v.) contemplan preferentemente la influencia del medio social en el desarrollo de la personalidad (v.). El psicoanálisis (v.) de la primera hora trató de comprender analógicamente lo social desde lo individual. Las direcciones sintéticas y culturales posteriores (v. PSICOLOGÍA PROFUNDA) critican aquella intervención y acentúan el valor psicológico de los trastornos graves de la vida colectiva (guerras, p. ej.), de los mitos (formas políticas, por ej.), y aun de cualesquiera manifestaciones (artísticas, científicas, deportivas, etc.) de grupos humanos diferenciados.En todo caso, históricamente, el desarrollo de la P. social y la P. colectiva se ha hecho desde la P. individual, aunque los problemas que éstas contemplan tuvieron una consideración tan antigua como la propia existencia humana.2. Origen de la sociedad. El primero de estos problemas es el origen mismo de la sociedad. Frente a las tesis del positivismo (v.) filosófico (p. ej., el "contrato social" de Rousseau; v.), el pensamiento occidental había admitido tácitamente la constitutiva dimensión social de la vida humana (v. SOCIEDAD II, 2). Son bien conocidas la definición aristotélica del hombre como zoon politikon y las doctrinas platónicas sobre el origen del Estado. S. Tomás de Aquino considera la vida en comunidad (v.) como algo naturalmente necesario. Cuando la P. nace como ciencia experimental, W. James (v.) distingue la conciencia de la autopercepción individual de un sí mismo social específico, como una imagen de valor de lo que el individuo es para los demás. McDougall (o. p.) revela la existencia de aptitudes, movimientos y actitudes psíquicas ordenados a la formación de colectividades. Toda la P. posterior, desde el psicoanálisis (v.) a la fenomenología (v.), consideran como algo instintivo -constitucional y exigido por la vida- las tendencias sociales. Pues a la naturaleza social del hombre le corresponde esencialmente también un factor irracional, íntimamente experimentable. Martin Buber (v.), cuya influencia en la analítica existencial y en su proyección terapéutica es tan notable (v. PSICOTERAPIA), al definir la vida humana como "existencia de los hombres con los hombres" afirma que tanto la relación con el tú como la vivencia del tú son el núcleo fundamental de dicha realidad.La ontológica estructura referencial de la vida en general alcanza su plenitud en el hombre, en tanto las referencias vitales del individuo no quedan reducidas a la simple relación sujeto-objeto. En primer lugar, dicha relación es, en general, experimentada íntimamente y de un modo peculiarmente significativo (v. VIVENCIA), aunque puede formularse y proyectarse como conocimiento, acción o sentimiento. En segundo lugar, este sistema de relaciones se completa con la máxima y más específica de las referencias: la relación personal del hombre con los demás hombres, cuya característica singular, a diferencia de lo que acontece en las relaciones de objeto, es la mutualidad. Sólo así se hace posible la individualidad de la persona (v.) expresable en la forma gramatical del nombre y el pronombre. Sin embargo, el conocimiento del otro o de los otros no se realiza por analogía partiendo del propio conocimiento. Es cierto que de nuestro yo (v.) tenemos conciencia sólo en tanto actúa (v. CONCIENCIA PSICOLÓGICA), pero la percepción de los demás no lleva ningún juicio implícito, ni en verdad exige tiempo. La fenomenología ha demostrado que el conocimiento del tú es inmediato: vemos un hombre y sabemos que lo es. Pero hay más. El hecho de identificar la actividad característica de la conciencia con el yo sólo se hace posible como fenómeno correlativo de la presencia del tú; de suerte que, si no hay sujeto sin objeto, tampoco hay yo sin tú. La categoría fundamental de la autorreferencia de la personalidad y de sus relaciones es el tú (López Ibor). "El hombre no es primero una persona y luego un miembro de la sociedad... Ya su existencia y sus cualidades personales son el resultadó de su vida junto a sus congéneres" (Kimball Young). El hallarse remitido el individuo a la sociedad se muestra con especial claridad desde su nacimiento. Portmann, biólogo suizo, subraya insistentemente el carácter de prematuridad del hombre respecto de los demás seres vivos que nacen más preparados para desenvolverse con cierta independencia de sus congéneres.3. La sociabilidad. El segundo problema es el del desarrollo y actuación de las tendencias sociales. En general, los sociólogos, los pedagogos y los psicólogos están de acuerdo en admitir que la forma inicial del psiquismo es un estado de confusión en el que el sujeto no advierte una separación precisa entre él mismo y los demás. A este sincretismo de breve duración, típico del recién nacido, sucede, a partir del quinto o sexto mes, un periodo de sincretismo diferenciado, donde el contacto afectivo -a través de la mirada, el gesto y la sonrisa-, ciertos juegos y los primeros balbuceos del lenguaje, señalan el tránsito del aislamiento e ignorancia de la realidad del mundo exterior a los primeros contactos conscientes. Según Piaget (v.), prof. de Psicología infantil de la Univ. de Ginebra, el fenómeno sería una consecuencia del desarrollo intelectual. Henry Wallon, psicólogo francés contemporáneo, piensa que esa liminar condición sociable está relacionada con la afectividad (v.). Lévy-Bruhl (18571939), partiendo de sus estudios sobre las sociedades primitivas (Les fonctions mentales dans les sociétés inférieures, 1912; La mentalité primitive, 1923, y L’áme primitive, 1927), denominó este periodo como de "participación inicial", atribuyéndole un carácter "prelógico", cuya cualidad sería la carencia de capacidad de contradicción; aunque luego rectificó, diciendo que no se puede hablar propiamente de ese carácter "prelógico" ni de ausencia de capacidad de contradicción en los llamados pueblos primitivos (v. PRIMITIVOS I, 4). Este tipo "mentalidad participacionista" se puede encontrar, según el autor, en múltiples situaciones sociales del adulto y no sólo en agrupaciones primitivas (el clan y la tribu, p. ej.), sino en el ámbito impersonal del se ("se dice", "se vive", "se comenta", etc.) (v. PSICOLOGÍA DE MASAS).En realidad, intervienen en el proceso, desde el primer instante, tantos factores instintivos como afectivos e intelectuales. Ya en la llamada participación inicial cabe distinguir cierta identificación del niño con las personas que le rodean y que, a la vez, sigue dos direcciones claras: la de lo social -anónimo- y la de lo individualizado -interpersonal-. Ambas direcciones pueden comprobarse también en el sujeto adulto, y representan los dos momentos en el paso del sincretismo a la segunda etapa de la sociabilidad, cuyo hecho central, el descubrimiento del propio yo, constituye, precisamente, el eslabón entre la primera y la segunda infancia.Evidentemente, la autoconciencia del yo (v.) implica cierta contraposición, pero en modo alguno debe confundirse contraposición con hostilidad. El niño es atraído de forma positiva por los objetos y las personas que le rodean, y si no fuera así, no habría desarrollo. Incluso la eventual hostilidad, como cualesquiera dificultades, actúan, de ordinario, como estímulos capaces de orientar la dialéctica egoísmo-altruismo en el sentido de una progresiva apertura.Hacia los seis años, la conducta del niño acredita un grado de colaboración muy claro. Los juegos paralelos ode imitación, p. ej., son sustituidos por otros en los que los fines y los medios son compartidos. Este inicial sentido comunitario incluye el germen del nosotros característico de la juventud. El contacto con personas ajenas al ámbito familiar, compañeros de colegio y de juego, sobre todo, al ofrecer nuevas formas de relación, estimulan la tendencia y desarrollan su actuación consciente. La dependencia de los padres, maestros y personas adultas que se ocupan de ordenar su vida, decrece a medida que el niño descubre sus posibilidades en los nuevos grupos. Sin embargo, tales posibilidades se configuran preferentemente de manera competitiva hasta que el descubrimiento de la intimidad como factor desencadenado de la crisis de la adolescencia (v.) provoque en el yo social, tan aparentemente firme de la segunda infancia, un definitivo cambio de dirección.Al final de la crisis, la presencia de los demás deja de ser una simple presencia social para convertirse en un hecho personal. El nosotros colectivo se va debilitando a favor del establecimiento de relaciones yo-tú. Una exigencia de completamiento personal, realizada con empeño original y creador, abrirá los horizontes de la sociabilidad del adulto. La dimensión social de la vida humana alcanza su máximo desarrollo en la diversidad de las formas ofrecidas por los valores de la cultura: desde la amistad surgida de una relación eventual hasta )a asociación determinada por fines espirituales, pasando por las ordinarias fórmulas de la convención o el contrato.4. Formas de asociación. La P. social se plantea, por último, el estudio de las diversas formas de asociación, atendiendo preferentemente a los modos primarios, naturales y espontáneos de actuarse la sociabilidad, y al de la influencia psicológica de las formas y los hechos sociales sobre el individuo. Ello ha dado lugar a un capítulo, cada vez más importante, de la P. social, a saber, el tratado del concepto de grupo, del origen y las clasificaciones de los grupos y del análisis de la estructura de los mismos.El concepto de grupo se aplica a "todo conjunto de personas que en su vivencia y conducta se hallan directa o indirectamente relacionadas y dependen unas de otras, no apareciendo sólo como homogéneas hacia afuera, sino sintiéndose ellas mismas homogéneas, lo que expresan en la conciencia del nosotros" (Lersch, o. c. 22). El grupo así definido debe distinguirse de lo expresado en los conceptos de clase, multitud y masa (v. PSICOLOGÍA DE MASAS).Los grupos pueden clasificarse desde distintos puntos de vista. Suele utilizarse el de su tamaño porque sirve para comprender, a la vez, el problema de su origen y estructura.Se admiten las llamadas constelaciones de dos y tres personas, el pequeño grupo (small group, de los psicólogos americanos) con un límite de 30 individuos, y el gran grupo. La diferencia cualitativa reside en que la amplitud de la vivencia común y la intensidad en la relación recíproca disminuyen a medida que aumenta el número de personas. La intimidad o familiaridad más profunda sólo puede darse entre dos personas. "La relación del yo y tú es única, pero esto no quiere decir que para cada yo sólo exista un único tú" (K. Lówit, cit. por Lersch). La característica del grupo de tres es, precisamente, la recíproca amenaza de la intimidad. En el pequeño grupo se mantiene la posibilidad, aparte de la específica visión de conjunto que lo determina, de que cada individuo puede llegar a la relación personal en un contacto "cara a cara". Ejemplos de pequeño grupo son: la clase en la escuela o la comunidad de vecinos de una casa. El gran grupo tiene, como condición, la exigencia de suplir o sustituir las anteriores formas de contacto por la organización o institucionalización de los fines y los medios. El límite entre el grupo psicológico y el grupo social en sentido estricto está en que tal organización, a pesar de crear cierta lejanía interpersonal, no rompe la vivencia del nosotros, como puede verse en la espontaneidad de un eventual encuentro.El factor de unión, motivación u origen de los grupos puede ser biológico, psicológico y nomológico (bios, psique y logos, según Lersch), sin que pueda mantenerse una separación categórica, ni para clasificar ni para comprender la estructura de los grupos particulares. La P. colectiva acentúa el valor de los factores psicológicos en la estimación de las pequeñas asociaciones. Más que el esperar -lógico- algo de alguien, es el consentimiento -afectivo- de sus ideas y responsabilidades. Es la afectividad lo que hace posible la vivencia (v.) del otro, no como uno más, sino como un tú concreto. También el estar interesados, no por algo, sino en algo, así como la comunidad de una meta supra-personal, son claras motivaciones de carácter psicológico.El creciente interés de la P. colectiva está en ofrecer nuevos puntos de vista en la comprensión de los grandes fenómenos sociales del mundo moderno.V. t.: PSICOLOGÍA SOCIAL; PSICOLOGÍA DE MASAS; OPINIÓN PÚBLICA II.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: Además de la citada en el texto y en la VOZ PSICOLOGÍA SOCIAL: J. J. LÓPEZ IBOR y J. M. POVEDA, Lecciones de Psicología, II, Madrid 1964, 235-253; J. H. CURTIS, Psicología social, Barcelona 1962.
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