Providencia I. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
La palabra p. es la transcripción de la latina providentia, la cual deriva del verbo providere, que significa ver de antemano, divisar antes; y también suministrar auxilios, proveer. Los clásicos emplean este término con diversos matices, pero generalmente expresan así la idea de cuidar o mirar por otros, atender a que nada les falte. En el terreno religioso, y es ésta la acepción que ha prevalecido y así la tomamos aquí, la p. expresa la preocupacióno cuidados de la Divinidad por el mundo y por los hombres, dirigiéndolo todo hacia su fin.Así entendida, la idea de una p. se encuentra en todas las religiones. La base de esto es la actitud que el hombre siempre ha mantenido ante la Divinidad: si la adora, es porque cree en su poder y omnisciencia, es porque nadie se sustrae a su mirada y es porque los dioses no son indiferentes a las cosas humanas. No es, pues, extraño que los antiguos hayan sentido la p. actuando en todo el ámbito en que sus vidas se desenvolvían. Así, la p. dirige el mundo y el orden de la naturaleza: en Asiria-Babilonia, los dioses son dueños del universo y lo rigen conforme a leyes que dicta una asamblea anual; los elementos atmosféricos son siempre distribuidos por los dioses, como hacía Zeus (v.) desde el Olimpo helénico; los cambios de estaciones o ciclos anuales a ellos se deben, por lo que eran acompañados con fiestas religiosas.La p. dirige también la historia. La convicción de que la Divinidad actúa en la historia y se revela por los acontecimientos es común a todos los pueblos. En el antiguo Oriente Medio abundan los textos donde se ve a tal o cual dios intervenir en favor de su pueblo y realizar sus planes, sobre todo respecto a los reyes y en las guerras. Las relaciones entre los dioses y los hititas (v.) eran íntimas, especialmente entre el rey y su dios, guardando éste de ordinario los pasos de aquél; hay un texto del rey Hattusilis en el que se cuenta con detalles toda la ayuda y continua asistencia que le prestó la diosa Ishtar de Samuha en las desgracias de su borrascosa vida. En una inscripción de Nabónides, la destrucción de los santuarios de Babilonia por Senaquerib se debe a la cólera del dios Marduk.Pero la p. incluso se manifiesta en la vida corriente de los hombres, ya que los dioses son sus protectores. Homero acentuó este oficio de bienhechores de la humanidad en sus dioses. Los semitas conciben al dios como a un padre, por lo que es necesariamente amigo y protector. Los yamanas de la Tierra de Fuego dicen: "todo viene de lo alto", porque creen que su dios es bueno con ellos. Dicha p. se extiende sobre todos los aspectos de la vida humana. Los primitivos cazadores sabían que sus actividades cinegéticas no tendrían éxito sin la ayuda de los dioses. Cuando aparece la agricultura, los hombres acuden a los dioses para que les envíen la lluvia, el sol, la cosecha buena. En la mitología grecorromana, la p. es una diosa romana, coronada de laurel y apoyada en un bastón con un cuerno de la abundancia y un cesto de frutas. Es más, la p. llega hasta la vida privada de cada uno. Zeus envía la felicidad y la desgracia, pues, como decía Homero, a la puerta de su palacio hay dos toneles: uno con los bienes, otro con los males; el dios mete la mano en ambos y distribuye a cada hombre su parte. Para los antiguos persas, Ormuz era el autor de cuanto bueno hay para el hombre: luz, fuego, agua, campos, animales domésticos. Los romanos tenían incluso dioses protectores del hogar, como los Lares y los Penates. Según las confidencias de un pigmeo, "aquel a quien Imana (el dios) odia, muere"; cuando estés enfermo, "si Imana está contigo, curarás; si no le tienes a él, morirás"; "cuando vamos a la selva y pasamos cerca de un león que duerme y cerca de una serpiente que muerde la tierra y cerca de un leopardo adormecido, tenemos a Imana con nosotros, él nos guarda de las bestias malas".V. t.: PIEDAD I; ORACIÓN I; CULTO I; Dios II.J. GARCÍA TRAPIELLO.
BIBL.: M. J. LAGRANGE, t tudes sur les Religions semitiques, París 1903, 109-118; J. GOETZ, Religiones prehistóricas y primitivas, Andorra 1960, 59-100; B. ALBERKTSON, History of the Gods. An Essay on the Idea ot Historical Events as Divine Manitestations in the Ancient Near East and in Israel, Lund 1967.
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