Proust, Marcel
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Biografía GER
Datos biográficos. Novelista francés, n, en París el 10 jul. 1871; m., en la misma ciudad, el 18 nov. 1922.Hijo del Dr. Adrien Proust, católico, y de leanne Weil, de familia de banqueros judíos, P. se mostró siempre indiferente en lo religioso, y si en 1904 pide la resurrección de las ceremonias católicas, lo hace por su interés "histórico, social, plástico y musical". Su obra más importante, Á la recherche du temps perdu (1913-27), en forma autobiográfica, influyó en la novelística mundial y es una transposición literaria de su propio vivir.Su infancia se desarrolla en París, con paréntesis de vacaciones en Auteuil e Illiers (cerca de Chartres). De la unión ficticia de esos lugares nace Combray, paraíso perdido de los años infantiles, que con su doble vertiente, la de Méséglise y la de Guermantes (la seguridad de la realidad familiar, el mundo entresoñado de la desconocida aristocracia), simboliza, en toda la novela, la vida de P.A los nueve años, sufre un primer ataque de asma y le hacen cambiar Illiers por la costa de Bretaña (Balbec en la novela). De 1882 a 1888 es alumno del Liceo Condorcet. No fue muy brillante: mala salud, falta de ambición y exceso de imaginación. Le gusta la Historia y sobresale en el estudio de la Historia natural. De ello queda constancia en Á la recherche, anales novelados de la sociedad de su tiempo; L. Pierre-Quint destaca la frecuencia con que los personajes de P. son comparados con animales, flores o frutos (por lo que le califica de "naturalista humano", coincidiendo con Lucien Daudet: "Había en M. Proust un entomólogo. Clasificaba a los seres por grupos y por familias con una delicadeza y unos escrúpulos de sabio, como si tuviera una pinza y una lupa"). Por las tardes, P. juega en los Campos Elíseos, donde conoce a Marie Benardaky (Jean Santeuil y Á l’ombre des jeunes filles en fleur), de la que se enamora y a la que no vuelve a ver después de 1887, no se sabe por qué razón. P. llegó a pensar en el suicidio (algún biógrafo ha atribuido a estas vivencias el motivo que le condujo a las "amistades particulares", a cuyo análisis dedicó los dos volúmenes de Sodome et Gomorrhe).Con sus amigos del Liceo, funda y colabora en revistas estudiantiles. Hacia 1888 comienza a frecuentar los "salones", literarios o no, y sus amigos empiezan a calificarle de snob. En 1889 se alista voluntario. Licenciado, estudia Derecho y Ciencias Políticas. Ya en el Liceo, se había interesado por la Filosofía, a través de Darlu; en la Sorbona conoce a Bergson (v.), cuyo influjo en Á la recherche es patente en cuanto al valor del tiempo y de la intuición. Entre tanto, P. ha descubierto su vocación literaria. Con otros amigos funda la rev. "Le Banquet" y colabora en otras, especialmente en "La Rev. Blanche". Desde 1892 es ayudante de bibliotecario en la Bibl. Mazarino (la mayor parte de su tiempo lo dedica a la vida mundana). Sería, sin embargo, inexacto afirmar que lo único que le atraía era el ambiente frívolo; también le interesaba estudiar de cerca, a la manera de Saint-Simon y de La Bruyiére (v.), "los caracteres y costumbres de este siglo", aparte de que "uno se siente atraído por toda vida que represente para nosotros algo desconocido, como por una última ilusión que destruir". Y precisamente la duquesa de Guermantes fue, en la infancia del niño de Combray, lo desconocido que se sueña, atribuyéndole todas las cualidades que embellecen a los mitos que se consideran inalcanzables. Durante años, P. busca en los salones el reflejo del ideal imaginado. Pero el conocimiento y la inteligencia de aquella aristocracia, magnífica cuando todavía era inasequible, sólo pudo proporcionar al artista una triste desilusión.En 1896, P. publica dos libros: Portraits de peintres (Retratos de pintores) y Les plaisirs et les jours (Los placeres y los días), recopilación de relatos, algunos ya publicados, con prólogo de Anatole France (v.) y que recogió críticas poco favorables. Desde 1895 hasta 1899, P. redacta lean Santeuil, novela autobiográfica. Recoge las experiencias de la infancia y del Liceo, el episodio Dreyfus (v.; el proceso impresionó fuertemente a P., que se declaró dreyfusista), la vida social, la transposición literaria de su amistad con Reynaldo Hahn, y diversas peripecias que constituyen la base de otras análogas en Á la recherche. La novela no se publica hasta 1952, y P. tiene plena conciencia de sus fallos. En cierto modo, ha de ser considerada como borrador de Á la recherche. P. fracasa en esta novela porque todavía no ha conseguido distanciarse emocionalmente de lo que relata, que resulta, por ello, una autodefensa demasiado apasionada y personal. Además aún no ha alcanzado el gran descubrimiento que dará sentido a Á la recherche; en lean Santeuil el "tiempo perdido" todavía no es más que "tiempo desperdiciado", en vez de ser "tiempo olvidado" en espera de que el milagro de la "memoria inconsciente" lo recobre y lo convierta en arte.De 1900 a 1905, P. se dedica al estudio de Ruskin y de sus trabajos sobre el arte medieval en Francia. Las crisis de asma lo van alejando del mundo normal; sale de noche y se acuesta al amanecer, porque así los ataques son menos intensos. Vive rodeado de estufas y fumigadores. Salvo un viaje a Venecia, no abandona París, como no sea para visitar alguna catedral de las estudiadas por Ruskin, al que dedica, en 1900, un artículo necrológico y los ensayos: Ruskin á Notre Dame d’Amiens y John Ruskin; de él traduce, en 1904 y 1906, respectivamente, La Bible d’Amiens y Sésame et les Lys. Para P., como para Ruskin, el arte representa la salvación y estápor encima de la vida. También coinciden en la forma de "percibir la realidad", en vez de "imaginarla". Esa percepción de la realidad es muy diferente de la de los escritores realistas; P. acepta solamente los cambios que la realidad sufre en la mente del artista, y porque cada uno la vive y la transforma de manera diversa, la realidad será también variable y subjetiva. Tampoco el tiempo cronológico es válido, sólo interesa la duración psicológica. El estilo debe ser personal y fruto del esfuerzo. Esto es lo esencial; se podrán buscar, después, otros valores humanos, morales o sociales.En 1903 muere su padre; en 1905, su madre. En Pastiches et mélanges (1919) recoge artículos publicados en 1908-09. Hacia 1907 empieza a componer Á la recherche du temps perdu. Sus 14 vol. llevan varios títulos: Du cóté de chez Swann (Del lado de Swann), 1913, A 1’ombre des jeunes filles en fleur (A la sombra de las muchachas en flor), premio Goncourt en 1919, Le cóté de Guermantes (1919), Sodome et Gomorrhe (1921-22), La prisonniére (La prisionera), 1923, Albertine disparue (1925), y Le temps retrouvé, 1927 (los tres últimos, póstumos).Estudio de su obra. Á la recherche no es una novela al modo tradicional, sino la crónica de una época pasada por el filtro de una conciencia que quiere dar testimonio (de ahí la utilización de la forma autobiográfica). El descubrimiento de P. reside en la recreación literaria del pasado a través del recuerdo y del yo.Al principio, la crítica careció de criterio para juzgar. Los primeros volúmenes parecían la mera historia de una vida gastada en sucesivas decepciones: amor igual a dolor y tortura psicológica, aristocracia (símbolo de la historia y de lo noble) degradada al perder sus certidumbres y fundamentos, vicio y corrupción. Hubo que aguardar para llegar al descubrimiento de la clave. El sabor de una magdalena o el aroma de una taza de té provocan una evocación afectiva y nostálgica del tiempo aparentemente perdido y revelan la existencia de dos tipos de memoria: la voluntaria, insuficiente, y la involuntaria, que, unida al esfuerzo del artista, permite la recuperación de la realidad "percibida" y mediante esta recuperación derrota al tiempo histórico, vence al pretérito. Por este procedimiento, P. encuentra su misión: "construir el edificio inmenso del recuerdo" y salvarlo por el arte. De ahí que su técnica consista en la exploración sistemática de la conciencia, enlazando así con las más modernas corrientes de su tiempo, tan influido por Freud (v.) y el estudio de lo subconsciente.Además, con la I Guerra mundial y sus secuelas, los viejos valores de la tradición se han derrumbado y los jóvenes han perdido la seguridad de los racionalistas. Ahora se elige a los maestros precisamente entre los más irracionales, se rechazan las normas tenidas hasta entonces por morales, se produce la manifestación de la intimidad por el rechazo del pudor, que impedía la exposición de ciertos asuntos, pasiones y degradaciones. Esto explica que la obra de P., y sus personajes sobre todo, parezcan, a veces, una pura contradicción. La clave se encuentra en una aclaración de La prisonniére: "Por encima del yo consciente existe un ser profundo, de sensación pura, sobre el que la razón no tiene poder. Con frecuencia actúa en lugar de nuestra conciencia y convierte nuestra conciencia en inexplicable. Son nuestros actos más que nuestros pensamientos quienes nos permiten conocernos, sobre todo aquellos más irreflexivos. Por tanto, el novelista tiene que dejar actuar a los personajes sin disimular sus contradicciones". Así se explica también por qué ahora expone sin trabas (existentes al escribir lean Santeuil) la "enfermedad incurable" de la homosexualidad (aunque no llegue a sublimarla como A. Gide, v.). También queda aclarado el porqué del ir y venir en torno a los diversos aspectos de una verdad que ha dejado de ser única y cuya relatividad es bien perceptible en la curiosa presentación de los personajes mediante visiones parciales que, al final, se superponen en un todo y contrastan con la imagen, soñada o real, que de ellos se había formado en el primer momento, aquél en el que se les había conocido.P. sabe, y en ello coincide con los impresionistas, que el instante es fugitivo y que la realidad será diversa, aunque no menos real, en el instante siguiente. Para transmitir al lector la imagen completa, fijará su caballete en Combray, o en Balbec, o en el salón de los Guermantes, o en su infancia, o en sus años adolescentes, o en la vejez, encajando los distintos planos psicológicos o de lugar en una reconstrucción de lo que aparentemente se había perdido, diluido, y que luego, por el procedimiento de su arte es la visión recobrada de la vida total. El esfuerzo de recuperación, que se manifiesta en los tanteos, en los soliloquios y en las sucesivas exploraciones del mundo del recuerdo, tenía que alejar al novelista de la objetividad de los realistas y dejar reflejo patente en el estilo. Primero, en la longitud del periodo y en el encabalgamiento de las frases; luego, en el uso de determinadas formás estilísticas que introducen la duda y la contradicción en la expresión de una misma situación o acto. De los simbolistas, P. aprovecha la metáfora: "únicamente ella puede dar eternidad al estilo" (Chroniques, 1927), porque es el procedimiento más adecuado para definir por "aproximación", y esto es importantísimo en un mundo hecho de correspondencias, que en la metáfora se realizan liberadas de toda contingencia temporal.J. CANEDO FERNÁNDEZ.
BIBL.: L. PIERRE-QUINT, M. Proust. Sa vie, son oeut,re, París 1946; F. MAURIAC, Du cóté de chez Proust, París 1947; A. MAUROIS, Á la recherche de M. Proust, París 1949; G. D. PAINTER, M. Proust, Barcelona 1967; J. MILLY, Proust et le style, París 1970; M. BARDGCHE, M. Proust romancier, París 1971; H. BONNET, M. Proust de 1907 á 1914, París 1971; J. HUAs, Les terremes chez Proust, París 1971; J.-Y. TADIÉ, Proust et le roman. Essai sur les torrases et la technique dans "Á la recherche du temps perduu, París 1971.
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