Proteccionismo ECON.
Categoria:
Economía
La teoría de la ventaja comparativa justificó plenamente la bondad del libre comercio (v. LIBRECAMBIO). Si se permite a todos los países especializarse en aquellas producciones en las que tienen ventaja comparativa se logrará el máximo bienestar mundial y de cada país. Por supuesto, este bienestar máximo es potencial. Se admite la posibilidad de que su distribución dentro de cada país sea tal -después de las transformaciones exigidas por la especialización- que algunos grupos o individuos estén peor que antes. En cualquier caso, si la ventaja comparativa conduce a un máximo bienestar y si la especialización se logra con el libre comercio, se sigue evidentemente que la ortodoxia económica exige la defensa del libre cambio.Dejando a un lado la copiosa literatura dedicada a defender y atacar la protección, podemos centrar nuestro análisis en la cuestión principal que plantea la protección hoy, es decir, su relación con los problemas de los países subdesarrollados. ¿Es posible afirmar que el libre comercio es la mejor política para aquellos países? ¿No se puede reforzar un programa de desarrollo utilizando la protección y los obstáculos al comercio para estimular la industrialización de un país? ¿Es, en definitiva, la protección arancelaria o no arancelaria un instrumento útil en la política de desarrollo?Así planteada la cuestión, resulta ser una revitalización y generalización del argumento de mayor tradición en su favor: el de la industria naciente. Un país puedetener una ventaja comparativa potencial en el desarrollo de una cierta industria, pero como ésta ya funciona en otro país y existe una situación de libre cambio, resulta imposible para los empresarios del primer país iniciar la fabricación del bien de que se trata. Un arancel -u otra forma de protección- pueden posibilitar tal implantación.El arancel (v.) o la protección sirven para que la industria del país pueda defenderse de la competencia en el periodo inicial, en el que los costes de producción son superiores a los internacionales, aunque no sea más que por la necesidad de que la población ocupada adquiera la necesaria especialización. No es ésta, sin embargo, una justificación suficiente para el arancel protector. Parece normal en todo proyecto industrial que se cuente con algún periodo inicial de pérdidas, y forma parte de la financiación normal el arbitrar recursos para financiarlas. Para que una industria tenga derecho a la protección debe ser capaz, además, de proporcionar a otras industrias o a la comunidad ganancias adicionales. Así el argumento de la industria naciente se convierte en argumento para proteger una industria de la que se esperan economías externas (v.), con el paso del tiempo. Este razonamiento es de especial interés para los países subdesarrollados si se tiene en cuenta que la principal manifestación de una implantación industrial puede ser la difusión de nuevas tecnologías que conducen a nuevas economías externas para otros tipos de industrias, facilitando así el proceso de desarrollo industrial. Podría decirse que el argumento de la "industria naciente" se ha convertido hoy en el del "país naciente" a la industrialización.Para concluir esta línea de razonamiento, pueden especificarse las condiciones que deben darse para la validez del argumento de la industria naciente: 1) Deben obtenerse economías externas a la firma. 2) Debe existir algún elemento dinámico en el modelo que permita esperar un cambio en la posición competitiva de la industria en el futuro. 3) El coste de la protección debe ser igual o inferior al de las ganancias que se esperan.Otra línea clásica de argumentos en favor de la protección, que ha sido, asimismo, reformulada en los últimos años, es la basada en la existencia de paro encubierto en la agricultura en los países subdesarrollados. El grado de paro encubierto en dicho sector, en muchos países subdesarrollados, es tal que puede mantenerse la misma producción total con un número considerablemente menor de trabajadores. Ello significa que la productividad marginal de estos trabajadores es nula, aunque, de hecho, no estén ociosos.Una estructura proteccionista que estimulara la aparición de un sector industrial permitiría utilizar esta mano de obra más productivamente. Es más, en términos dinámicos, la introducción del progreso tecnológico en la agricultura aumentará el volumen de mano de obra cuya productividad es nula, e incluso negativa, puesto que su sola presencia física en el sector primario puede dificultar los incrementos de producción que permite la nueva tecnología. Si a ello se une un crecimiento demográfico rápido, no queda otra alternativa que una industrialización acelerada que permita la absorción de esa mano de obra sobrante y creciente. Cierto que esta industrialización puede optar por incrementar las exportaciones o por sustituir importaciones. Pero, dadas las dificultades que los países subdesarrollados han encontrado para abrir mercados a sus nuevas producciones, no es de extrañar que se haya elegido la segunda opción, exagerando, sin duda, el papel de la protección como estímulo a la industria nacional y conduciendo a protecciones absurdas por su elevado nivel y las características de los productos protegidos (bienes de lujo, p. ej.).Desde un punto de vista práctico, nadie puede negar hoy la posibilidad de utilizar la protección para estimular el desarrollo. Pero las políticas proteccionistas deben adoptarse después de una cuidadosa consideración de sus implicaciones. Una protección generalizada para todos los bienes puede conducir a un país a costes elevados e innecesarios.L. LERENA GUINEA.
BIBL.: HABERLER, Theory of International Trade, Nueva York 1950; MEADE, Trade and Welfare, Oxford; MEIER, The International Economics of Development; WELLS, International Economics.
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