Propaganda Política POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Se puede describir la p. p. como unesfuerzo dialéctico para captar a un público dividido e indeciso, o para sustraerlo a la influencia de los rivales. Su interés y necesidad nacen cuando se pretende dar una nueva fundamentación a la actuación de los gobernantes de cara a la opinión pública (v.). "No se puede mandar contra la opinión pública", dice Ortega, que advierte a la vez su carácter gaseoso y sus posibilidades de creación (Obras completas, IV,233). Los controles sociales (v.) rudimentarios de Montesquieu han cedido el paso a otros mucho más eficaces que matizan la concentración demográfica y la aparición de nuevos medios de comunicación masiva; aquélla facilita la difusión numérica; éstos, la espacial. La Iglesia los califica de "ayudas valiosas al género humano" (Conc. Vaticano II, Decr. Inter mirifica, l), porque han favorecido la fuerza explosiva de la p. p. a la que agudamente se refería Ortega, como la "intervención que hoy ejercen de hecho la opinión de unas naciones en la vida de otras" (o. c., IV, 303). Entonces alude a la España de 1936, pero antes (Semana Trágica 1909) ya se había producido el hecho notorio de la movilización de la opinión en virtud de una p. p. determinada hacia objetivos concretos que encubren su finalidad bajo la forma de aparentes manifestaciones a las que es preciso asentir.Origen y evolución. La p. p. surgió como algo necesario y de carácter permanente con el partidismo político (V. PARTIDOS POLÍTICOS; PROGRAMA POLÍTICO). Andrés Borrego (1855) afirmó el valor de la difusión de la idea, la formación de la opinión y dejó un cuadro clarísimo de directrices propagandísticas. La fuerza de la p. p. fue evidente entre los españoles en varias ocasiones durante el s. XIX (notoriamente en 1839, 1843, 1852-54). Dejando de lado el juicio que puedan merecer los hechos concretos es obvio que la p. p. tiene en esta situación el valor inmenso de superación de contrastes, para unificar actitudes, sirviendo así a la creación de la voluntad nacional o a la canalización de las opiniones discrepantes, merced a estas coincidencias. El hecho magno de nuestro tiempo es la existencia de gobiernos pensantes con p. propia. La obligación y el derecho del Estado (v.) a proveer deeducación cívica y política (V. FORMACIÓN POLÍTICA) a los súbditos está reconocida por la Iglesia (Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 175). De ahí que el peligro no resida tan sólo en que el Estado monopolice los medios de comunicación social (v.), sino en que pueda, gracias a su potente intervención en la sociedad, disfrazar los objetivos reales bajo una forma conveniente. Tendríamos así una versión tecnológica del maquiavélico consejo de vestir de lobo o cordero según las circunstancias. La difusión cultural, la educación y la ordenación económica pueden ocultar graves decisiones políticas, o ser vehículo para ciertas definiciones, configurando la mentalidad de los súbditos. El viejo deseo de Rousseau de formar una conciencia única, si no se ha logrado estamos en peligro de que gracias a la p. p. se pueda alcanzar, masificando totalmente al hombre.Indudablemente, los totalitarismos (v.) y las guerras ideológicas favorecen este proceso. Lenin y Stalin, Hitler y Goebbels han sabido usar perspicazmente las técnicas propagandísticas que han depurado y sintetizado. No se debe olvidar, tampoco, el uso de la radio por Queipo de Llano, y el de la televisión por Roosevelt. Esto demuestra el enorme valor de los medios masivos de comunicación y la fuerza de p. p. que sabe mover multitudes en una dirección. Los distintos resultados que ofrece a juicio del lector la manipulación de la opinión pública ratifica lo dicho. Los medios modernos y la existencia de la multitud permiten, en opinión de Schischoff, que una minoría (v.) temerosa de la fuerza de la masa y consciente de su poder sepa ilusionarla con objetivos concretos y hacer de ella un instrumento al servicio de unos pocos, que de esta manera consiguen objetivos de dominación.La p. p. de nuestro tiempo debe contar con la existencia de la sociedad de masas, de este mundo "lleno" por todas partes (Ortega), a todos los efectos, tanto por referencia al contenido como a los medios, ya que ella busca la eficacia, ángulo desde el cual debe de juzgarse. Debemos de tener presente que la sociedad en que vivimos ofrece la concurrencia de distintos y variados estratos culturales, que alguien ha simbolizado con el uso del carro y el avión, que pueden contemplarse al tiempo en muchas ciudades. Ahora bien, el tempo de evolución no sólo se ha acelerado, sino que su ritmo cabe calificarlo de progresivamente acelerado. Esto significa que el uso de las técnicas antiguas, y lo que es más importante, el recurso a los viejos contenidos debe ser rechazado. Teniendo presente todo esto, examinemos la p. p. desde el punto de vista de los instrumentos -medios de comunicación-, el contenido y ciertos puntos cardinales de coincidencia programática.Instrumentos. La palabra ha sido siempre el gran medio, y especialmente la palabra hablada; la oratoria (v.) no ha perdido su eficacia. Sin embargo, lo que interesa es hacerla llegar a la masa de nuestro tiempo, y hoy la radio (v.) y la televisión (v.) han producido un brusco cambio. La voz y hasta la figura del propagandista adquieren un valor extraordinario. No obstante, la prensa (v.) ha vuelto por sus fueros de una manera singular. Los que así se llaman periódicos independientes -Le Monde (v.), Corriere della Sera (v.), The Times (v.)son instrumentos para la difusión de ideas y actitudes, aunque sólo cabe hablar de independencia porque la tecnoestructura, y no el capital, los dirigen aparentemente. A todos estos medios afecta la concentración ineludible por el coste de mantenimiento, y producción. En unos, como la prensa, se nota claramente; en otros, como la radio y la televisión, el elevado. coste y la importancia de su uso conducen o al monopolio estatal o a enormes limitaciones. Más que defender la libertad de los poseedores de medios de información (v.) es necesario defender al ciudadano del uso ilícito de ellos, ya que la libertad de información se ha convertido en privilegio de los económicamente fuertes, o del Estado (v. PRENSA I-II).Contenido. La p. p., para ser eficaz, debe ofrecer una solución global, aceptable e ilusionada. No sólo la crítica demoledora es infecunda a plazo breve, sino que también la oferta de soluciones modestas sólo sirve en niveles de decisión política muy localizados. El contenido ha de procurar que el objeto de la p. p. sea creíble y que no se le atribuya a quien pretende un beneficio, es decir, que al difundir un pensamiento aparezca como directamente derivado de la realidad de las cosas. En este aspecto la máxima perfección la han conseguido las p. calificadas de totalitarias, especialmente la marxista, que ofreció en el Manifiesto comunista uno de los mejores ejemplos de fijación de un contenido netamente revolucionario, con aire universal y recogiendo parte de la realidad. Se persigue la creación de la conciencia revolucionaria, alejar a la masa, dirá más tarde Lenin, del sentido tradeunionista, para darle una conciencia de clase revolucionaria. Se busca, por tanto, el poder para imponer la doctrina, de lo que se deriva todo el condicionamiento constitucional, cuyo índice más claro está en el art. 125 de la Constitución rusa de 1936, en que se ponen todos los medios de p. p. en manos del partido comunista. La actitud de los regímenes del mismo carácter ya extinguidos o vigentes no difiere en esencia de la rusa.Coincidencias. La naturaleza del fin perseguido por la p. p. hace que existan profundas coincidencias entre todas ellas. Sencillez de lindes discursivas, repeticiones constantes, favorecimiento de las tendencias populares, etcétera, son el denominador común. Estas técnicas por las que se tiende a manipular la verdad buscando un fin determinado, si son peligrosas cuando las usan los particulares, son gravísimas desde el poder público. El Estado tiene obligación de informar a los súbditos "sobre aquellas cosas que convienen a los hombres según las circunstancias de cada cual, tanto particularmente como unidos en sociedad" (Inter mirifica, 5). Al cumplir este deber para con los súbditos debe ser fiel y exacto, riguroso y claro. En la fijación de los límites en que debe desenvolverse una p. p. honesta, y hasta cómo el deber de información ha de ser cumplido en beneficio del bien común, son de las cuestiones más delicadas que tiene planteadas en la actualidad el Derecho constitucional, porque son muchos los peligros que de la actuación contraria se siguen.D. SEVILLA ANDRÉS.
BIBL.: J. DRIENCOURT, La propagande, nouvelle /orce politique, París 1950; J. M. DOMENACH, La propagande politique, París 1959; C. MANNHEIM, Ideología y utopía, Madrid 1958; J. BENEYTO, Mass communications, Madrid 1957; VARIOS, Educación, información y desarrollo, en Ciencias Sociales, I, Barcelona 1967.
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