Prerrenacimiento HIST.
Categoria:
Historia
Concepto. Uno de los conceptos más difíciles de precisar en la historia cultural y literaria es el de Renacimiento (v.). No obstante, como el fenómeno en sus notas más generales alcanza a toda Europa en el s. XVI, solemos proyectarlo mentalmente sobre esta época, reservando el concepto derivado "Prerrenacimiento" para todos aquellos hechos culturales que asoman ya con contenido renacentista en los s. XIV y XV.El P. es una etapa de transición y crisis, en la que hay que observar la diversidad y aun contradicción de las formas y los esquemas artísticos y literarios, en vez de intentar encuadrarlos, no sin esfuerzo, en una visión unitaria que conduciría a mutilar y sacrificar impulsos y tendencias, aunque secundarios, vitales. Tampoco para dar relieve a los motivos y brotes de modernidad (tan frecuentes y vivos en esta época) es lícito dejar en sombra las formas tradicionales y medievales, necesarias además, en su posición, al surgir de las nuevas tendencias.María Rosa Lida ha señalado este momento como "una de esas edades ricas en tanteos e iniciativas, con producción abundante, de la que sólo una pequeña porción sobrevive por su puro valor estético, más allá de las circunstancias históricas de su nacimiento". Época de luchas y contrastes ásperos, que a veces se muestran conflictivos en el propio ánimo de las grandes personalidades señeras de estos siglos.El Prerrenacimiento, época conflictiva. Para esbozar el periodo que nos ocupa, hemos de situarnos en un plano esencialmente europeo o, más exactamente, románico. Si en el s. XIV la literatura castellana consigue coronar sus más altas cimas, culminando en ella las tres corrientes culturales -y, por supuesto, literarias- de su suelo en la obra del Arcipreste de Hita (v.), Don Juan Manuel (v.) y el canciller López de Ayala (v.), estos tres escritores, exponentes de una España, como se ha dicho, mudéjar, pese a sus ricas y complejas personalidades, no dejan de comportarse como hombres medievales. Precisamente las notas de semitismo, indiscutibles en Juan Ruiz y Don Juan Manuel, los afirman todavía más en la España medieval, configurada culturalmente por la convivencia de las tres religiones y literariamente por la absorción que la literatura castellana, más dinámica, hace de creaciones árabes y hebreas. En el siglo siguiente, las letras castellanas se ensanchan por la íntima unión con las literaturas catalana y portuguesa que la flanquean. Y el contacto con las literaturas de Francia, continuamente mantenido en épocas anteriores, se extiende ahora a la literatura italiana.Es preciso, antes de proseguir, señalar, aunque sea sumariamente, las características de modernidad que Italia ha desarrollado en su cultura en el siglo XIV. Algunas de ellas -la gran libertad en los medios de lucha política- no serán difundidas hasta después del Prerrenacimiento. Otras, como la mentalidad filosófica (que como forma mentis es todavía escolástica), deja ya traslucir tendencias innovadoras, tanteando nuevas ciencias, a veces utopías, a veces raras especulaciones (v. MODERNA, EDAD III, 1-3). Los conatos de rebelión "adquieren el aspecto, más que de razonadas filosofías, de confusas reacciones sentimentales" (Sapegno). Ráfagas de esta novedad serán percibidas, aisladamente, entre los españoles. Y, por último, la pasión filológica que comienza en Italia y se propaga a toda Europa, y que en su más elevada y amplia significación es el humanismo (v.), trasciende límites cronológicos e incluye todos los aspectos de la cultura italiana: a Dante (v.), desde la Vita Nttova a la narrativa de Boccaccio (v.), y las experiencias paralelas de una lírica psicológica y refinada (Petrarca). Este primer humanismo, no sólo de los escritores en latín, sino también de los de lengua vulgar, pone su ideal de perfección humana en la época clásica y, en principio, en la romana.Como muestra de este mundo de contrastes, destacaremos, por vía de ejemplo, la nueva visión de la mitología. En toda la literatura castellana medieval aparecen filtraciones mitológicas, sobre todo en la Grande e General Estoria de Alfonso el Sabio que, con su grandiosa concepción, parecida a las biblias historiales, incorpora el rico tesoro mitológico ovidiano. En el s. XIV vuelven las historias troyanas, pero únicamente en el XV la mitología pierde su posición didáctica e ilustrativa (la típicamente medieval), para alcanzar, por vez primera, una plenitud de goce estético y ello no sin parsimonia y conradicciones. Los doce trabajos de Hércules (1417), de Enrique de Villena, obra impresa en Burgos en 1499, es absolutamente medieval, pues a la historia del héroe, contada según la socorrida Crónica troyana, se añade una declaración alegórica conectada con los 12 estados del mundo y una conclusión de tipo caballeresco. En cambio, aunque no puede decirse que Juan de Mena (v.), en su constante referencia a personajes mitológicos, tenga un claro espíritu renacentista, pues siempre los utiliza con predominante intención didáctica, ya vacila, y este vaivén entre lo propiamente humanista y lo que todavía es concepto medieval, dándole, precisamente, sello prerrenacentista, aparece de modo claro en lo tocante a la Antigüedad griega. Así, p. ej., Safo es citada al aludir al Parnaso, al mismo tiempo que la llama "la infanta Safo". Esta actitud mixta para lo mitológico es seguida por Gómez Manrique (en su Planto de las virtudes e poesía por Iñigo López de Mendoza) y por el más fiel seguidor de Mena, Juan de Padilla, fuera ya de la Edad Media, asociando a la mitología a estilo de Mena nombres bíblicos o de tradición popular.Dante, Petrarca y Boccaccio en el Prerrenacimiento español. Dante. El contacto español con los tres grandes toscanos es poético y erudito y, por tanto, desigual. El colosal espíritu de Dante, su mensaje intemporal, no fue entendido ni asimilado por los grandes poetas españoles del XV, pese a imitarlo todos. Micer Francisco Imperial, al que Fernando de la Torre llamaba "hombre sin letras que escribió polidas cosas", en su Decir de las Siete Virtudes tiene imitaciones gélidas y desvaídas de las alegorías y un conocimiento superficial del poema sacro. Porque en Imperial -como sucederá, en parte, en los otros- pesa todavía el alegorismo francés, anidado desde mucho tiempo en la lírica. Igualmente, los poetas del Cancionero de Baena, que conocen a Dante, toman de él lo más superficial (Villasandino, Ferrán Manuel de Lando o Gonzalo Martínez de Medina). Fernán Pérez de Guzmán (v.) se hace eco de ideas dantescas al tratar de la nobleza, sin que pase de un contacto superficial. Tampoco los intentos de traducción son satisfactorios. La de Enrique de Villena, recientemente estudiada por Joaquín Arce, es desafortunada.El marqués de Santillana (v.) representa algo muy distinto. Lo que le atrae y emociona de Dante es la vestidura exterior del poeta, que es lo que trata de adaptar en sus propias concepciones, donde la imitación dantesca es fehaciente y sobradamente conocida. Santillana sintió por Dante una verdadera admiración. Le colocó entre sus poetas y doctores favoritos toda su vida. No sólo es ilustre imitador de Dante, - sino un fervoroso dantista, el primero de los españoles, como dice Farinelli. Juan de Mena es un alma más dantesca, más afín al genio fuerte, al poeta del vasto fresco. Por ello, compone un verdadero poema nacional.Diego de Burgos, Gómez Manrique, Pedro de Escavias, jerónimo de Artes, Pero Gillén de Segovia, hasta el Arte de la poesía castellana de Juan de la Encina (1498) siguen a Dante, sin olvidar a sus dos traductores que cierran la Edad Media, Pedro Fernández de Villegas y Hernando Díaz, con una versión hoy perdida. Puede decirse que Dante está representando sólo con su obra mayor (nada de las latinas). Un decir alegórico de Villasandino (1407) parece imitar la canción Tre donde, pero es aventurado hablar de otras, salvo en la erudición de Santillana, que cita también a Cino da Pistoia y otros autores del Stil nuovo.Petrarca. Hay que descartar como fantástico un supuesto viaje de Petrarca (v.) más allá de las columnas de Hércules. En una epístola de las Seniles (XVI,7) sólo sealude a un perugino, hombre muy oscuro, que viejo ya y desafortunado con las musas en Italia, buscaba en España laureles. Las fantasías de los españoles sobre la vida del poeta canónigo surgen sólo con el petrarquismo (v.). Es posible que algo se supiese de la asombrosa erudición del aretino en España a finales del XIV. Sin embargo, Petrarca llega traído por los brotes del humanismo. Ha sido coronado en el Capitolio y así lo recuerdan Santillana y Rodríguez del Padrón en la Cadira del honor. Pedro Martín, en sus Seis Sermones de romances, no contento con exaltarle junto a los filósofos, le coloca con los Santos Padres. Alonso de Madrigal, el fecundo Tostado (v.), lo recuerda, por haber elogiado la vida solitaria, en el opúsculo De como al ome es necesario amar y en su Comento de las chrónicas de Eusebio. Por este tiempo, un anónimo que Farinelli identifica con Pero Díaz de Toledo extrae de De Vita Solitaria una bella colección de sentencias (Flores e Sentencias de la Vida de Soledumbre). El arzobispo burgalés Alonso de Cartagena utiliza también el famoso tratado petrarqueso para las glosas de su versión de De Providentia de Séneca (Cinco libros de Séneca, Sevilla 1491). Vuelven a Petrarca, al tocar el tema de la fortuna, tan típico del siglo, el agustino fray Martín Alonso de Córdoba con su Compendio de la Fortuna; El Corbacho; el Diálogo de Bias contra Fortuna; etc.En lengua vulgar sigue teniendo más difusión el poeta alegórico -con lo que volvemos, de nuevo e indirectamente, a Dante- que el poeta puro de la vida amorosa. Todos los grandes poetas del s. XV, Santillana, Mena, Manrique, son deudores al autor de los Triunfos, que han estudiado detalladamente Farinelli y, más recienmente, Luigi Sorrento. A Petrarca y no a Boccaccio iban los aplausos por la historia de Griselda, la epopeya nupcial y piadosa que cierra el Decamerón. La extractada versión castellana no puede compararse a la contemporánea, en catalán, de Bernat Metge (v.).Boccaccio. Si Dante es aprehendido sólo en lo más superficial de su capa alegórica y hay que aguardar también a la renovación poética de Garcilaso de la Vega (v.) para que sea saboreado el Petrarca de las rimas de amor, Boccaccio tampoco es conocido, en el s. XV, en su admirable arte de creador de la prosa, en su visión fantástica de lo real. Para sus admiradores cuatrocentistas españoles era un sabio erudito, tratadista de cosas graves, de los hombres y las mujeres ilustres, de los dioses paganos, "de los montes, rios e selvas", como dice su anónimo traductor. Todos lo proclaman gran poeta y, gratuitamente, lo hacen algunos laureados. Como Petrarca, era enciclopédico, de tal modo que monjes, frailes, teólogos y próceres españoles lo leen con deleite. Además, su doctrina es de más fácil acceso, más amena que la de Petrarca. . Entre los obras latinas del de Certaldo, hay una que despierta mayor interés por su aplicación a las realidades cotidianas, De casibus virarum, que ya al final de su vida (antes de 1407) traducía Ayala (Caída de Príncipes) y completaba el arzobispo de Burgos en 1422. De nuevo aparecía el tema de la fortuna. Su eco resonaría en otros autores: Pero Díaz de Toledo, el bachiller de la Torre, Diego de Valera. "Ni el mismo Dante, ni el mismo Petrarca tuvieron en España más lectores y admiradores que Boccaccio" (Menéndez Pelayo).Perejo en popularidad es el otro libro de Boccaccio De claris mulieribus, que desata toda la literatura pro y antifeminista del tiempo. Sus obras mitológicas son también muy citadas. De los libros menores en lengua vulgar, Fiammetta es recordada en la Comedieta de Ponza.Había dos versiones manuscritas en El Escorial, siendo impresa la traducción en Sevilla (1497). Toda la novela sentimental (San Pedro, Juan de Flores) la recuerda. También Il Filocolo, La Teseida, Il Filostrato y los dos Ninfale los poseyó Santillana y fueron aprovechados para sus decires narrativos. El Decamerón, no ajeno a los escritores españoles del s. xv, no fue tan de su agrado como las otras obras. Sólo en la segunda mitad del s. xvi se empezaría a explotar el tesoro narrativo del Decamerón (Torquemada, 1553; y Timoneda, 1566).A. SORIA ORTEGA.
BIBL.: M. R. LIRA DE MALKIEL, Juan de Mena, poeta del parnaso español, México 1950; A. FARINELLI, Dante in Spagna, Turín 1922; W. P. FREDERICX, Dante’s Fame Abroad, Roma 1950; J. ARCE, Estudios sobre Dante en el VII Centenario, "Atlántida" 18, Madrid 1965; V. BRANCA, Tradizione delle Opere di Gioaanni Boccaccio, Roma 1958.
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