Prerrafaelistas I. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
El prerrafaelismo es una doctrina estética, seguida de todo un activo movimiento plástico que se desarrolló en Gran Bretaña a partir de 1848 hasta su desintegración por la muerte sucesiva de sus componentes. Éstos eran los siguientes: Dante Gabriel Rossetti, William Holman Hunt, John Everett Nlillais, James Collinson y Frederick Georges Stephens, todos ellos pintores; Thomas Woolner, escultor, y William Michael Rossetti, hermano de Dante Gabriel, escritor y crítico de arte y, consiguientemente, encargado de la defensa escrita del grupo, tarea que comenzó con la fundación, en 1850, de la publicación The Germ, órgano del prerrafaelismo. Pero como se confiaba escasamente en el poder convincente de William Michael, los conjurados encontraron un bravo campeón en el tenazmente equivocado John Ruskin, hombre que defendía sus opiniones estéticas con violencia. Era, a no dudar, el abogado que necesitaba un movimiento recibido desde sus comienzos con risas, chistes y bromas.Lo que se proponían los conjurados, que se hicieron presentes en la Exposición Nacional de 1849 y que exigiría toda la dialéctica ruskiniana para mediatizar la opinión adversa durante 1850 y 1851, era lo siguiente: el arte (o, por mejor decir, la pintura, único campo en que actuaron) debía ser eminentemente religioso y moralizador en sus temas, y de una precisión minuciosa en la realización. Para lograr estos fines, había que retornar al arte anterior a Rafael (v.) -al arte italiano, se entiende-, debiendo conducirse los artistas con un fervor y una sencillez estrictamente medievales, a fin de aumentar, si ello era posible, su misticismo. Rafael quedaba estigmatizado como un apóstata, responsable de haber llevado el arte por derroteros mentirosos y meramente hábiles. Dados tan elevados fines, los conjurados no formaban equipo ni grupo, sino hermandad, y debían añadir a sus firmas las siglas P. R. B., esto es, Pre-Rapliaelite Brothers (Hermanos prerrafaelistas o prerrafaelitas). El despropósito era excesivo para quienes no podían blasonar, a mediados del s. XIX, de conocer al pormenor la pintura italiana de los s. XIV y XV, y a la vez mostraban que tampoco sabían muy correctamente qué o quién hubiera sido Rafael.En puridad, todo ello les importaba poco, porque las raíces del prerrafaelismo no fueron buscadas en Italia, sino en la propia Inglaterra, donde la afición de signo romántico para con el medievalismo y los temas de Shakespeare habían influido grandemente la obra de dos precursores de la tendencia: uno, Thornas Stothard (1775-1834); otro Ford Madox-Browri (1821-93), pintor de temas históricos, religiosos y literarios en crudos colores, y que realmente era el primer p., si bien prudentemente no se adhirió a la Hermandad. Era también muy amigo del que se puede considerar el pseudogenio más estridente del grupo, Dante Gabriel Rossetti (1820-82), hijo de un revolucionario napolitano que se exilió a Inglaterra, lo que explica el escaso britanismo de su nombre y apellido; respecto al primero hay que tener en cuenta que su padre había publicado un comentario sobre La Divina Comedia. Dante Gabriel había sido discípulo de Madox-Brown y de Holman Hunt, y, más fiel a los principios de la Hermandad que ninguno de sus compañeros, expone en 1849 La infancia de María y en 1850 La Anunciación, cuadros tan melosos como incorrectos. No volvió a exponer porque cambió su inspiración para con la iconografía constante de su amada Elizabeth Siddal, una costurera de grandes ojos y demasiado prominente barbilla, una belleza que el artista (y también poeta, v. II) se complace en convertir en morbosa, llegando, tras la muerte de la muchacha, a intentar desenterrar el cadáver. Siguió retratándola innumerables veces, bajo los atuendos y las advocaciones cristianas y paganas (se pudiera añadir que hasta sacrílegas) más variadas.En comparación con esta especie de demente, Holman Hunt (1827-1910) parece bastante más normal. Sus aportaciones a las exposiciones de la Hermandad en 1849 y 1850 fueron respectivamente El juramento de Rienzi y Claudio e Isabel, que se dirían miniaturas muy ampliadas. Holman Hunt hizo una peregrinación a los Santos Lugares, pues creyó así poder hacer más documentales y testimoniales sus raras pinturas, lo que, por supuesto, no consiguió. Su obra más famosa, Yo soy la luz del mundo, en que Jesús aparece con corona de espinas, dalmática bordada y un horrible farol de hierro, queda ya suficientemente definida con su descripción. En suma, se trataba del artista menos medieval que sea dable imaginar. Esta obra se conserva en la catedral de San Pablo, de Londres. Otra de sus pinturas, Sombra de muerte, en el Museo de Manchester, es tan espectacular que hubiera espantado a cualquiera de los óptimos italianos anteriores a Rafael.Bastante más artista fue John Millais (1829-96), desde sus prometedores principios de niño precoz (entró en una escuela de pintura a los seis años de edad y recibió a los 15 un gran premio). En 1848 expuso El festín de Lorenzo e Isabel (Museo de Liverpool), obra de un pormenor de pincelada indescriptible. Sigue con el asesinato del tal Lorenzo en 1849, con Cristo y sus padres en 1850, y con la Muerte de Ofelia (el tema que más sedujo al grupo) en 1852. En 1855 y 1867 expone en París, y, según Chesneau, "nadie, entre los que vieron (sus cuadros) ha podido olvidar la extraña mezcla de irritación y fascinación que nos causaban, en aquella época, la rareza de sentimientos y la excentricidad de factura de los tres lienzos expuestos". Pero Millais, por fortuna, no se detuvo en el sentimentalismo prerrafaelista. Siguió su propio camino concediendo cada vez menor beligerancia a los asuntos de rigor y obtuvo aplauso con su Guardia real o Guardián de la Torre de Londres (Londres, Tate Gallery), excelente estudio de color. Progresivamente se fue dando al retrato (notables los de Juan Bright, el Cardenal Newman, Lord Lytton, Lord Tennyson, etc.), género en el que siempre había sobresalido, siendo de citar el retrato juvenil denominado Recuerdo de Velázquez, en la Royal Academy.Si james Collinson y F. G. Stephens no figuraron sino en el coro nominal de la Hermandad, y si consideramos virtualmente separado de la misma a Millais, un refuerzo importante se allegaría al grupo en la persona de Edward Burne-Jones (1833-98), demasiado joven en 1848 para figurar en el grupo fundacional. Antiguo estudiante de Teología en Oxford, viajero con Ruskin en Italia, muy afecto a las maneras de Dante Gabriel Rossetti y de Madox-Brown, se adhirió también al movimiento modernista de William Morris (v.), y, en este aspecto, sobresalen sus muchas vidrieras para edificios públicos y privados de Inglaterra y Estados Unidos, y sus mosaicos en el ábside de la iglesia americana de la Via Nazionale, de Roma. Y a la vidriera y al mosaico añadió, como era de esperar, la pintura al fresco, para no dejarse inédita ninguna vieja técnica. Con ella decora el Unión Club, de Oxford, desarrollando temas de la leyenda de Merlín. Era ésta una inspiración que preocupó mucho a BurneJones, y que aparece en varios de sus cuadros, así como en otros especula con temas medievales ingleses, con motivos mitológicos, con préstamos tomados a los cuatrocentistas italianos y con leyendas varias. Pero, fuere cual fuere el asunto elegido, todos quedaban hermanados por la característica falta de solidez del artista, por el aspecto enfermizo, lánguido y clorótico de sus figuras y por ese constante estar ausente de la realidad que constituyó el principal punto de unión de los hermanos prerrafaelistas.Figuras menores dentro de la misma orientación fueron los paisajistas J. C. Hook, John Linnell, Vicat Cole y John Brett, alabados al extremo por Ruskin, y, sin pertenecer propiamente al grupo, William Dyce, Walter Deverell y Thotnas Frith. También aparte, George Watts (1818-1904), pintor extraño, poseedor de un ejemplar mal gusto en las más personales de sus obras, como el feo e ingracioso Mamnton (Londres, Tate Gallery) o la ridícula alegoría de La Esperanza (Tate Gallery).Ya se puede comprender que los seguidores del prerrafaelismo de menor fuste y que lo corearon en acuarelas, grabados, dibujos, etc., constituyeron legión, en suerte tal que el movimiento no desapareció con facilidad. Pero el juicio definitivo sobre el mismo ha de ser aún más agrio y negativo que el que pueda merecer el grupo, de similares orientaciones, de los Nazarenos (v.). Elaborar fríamente un falso medievalismo sin cuerpo ni sangre, precisamente en los momentos (1848) en que el arte europeo se disponía a reñir sus más valientes batallas en pro de la realidad, no podía conducir sino al fracaso y a la consideración de un curioso movimiento, sin duda nacional en Inglaterra, pero provinciano dentro de la escala europea.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: E. CHESNEAU, La pintura inglesa, Madrid s. a.;W. HOLMAN HUNT, Pre-Raphaelistim and the Pre-Raphaelite Brotherhood, Londres 1905; H. C. MARILLIER, Rossetti, Londres 1901; W. ARMSTRONG, Sir John Millais, Londres s. a.; LADY BURNEJONES, Lile ol Sir Edtuard Burne-Jones, Londres 1906; R. IRONSIDE y J. A. GERE, Pre-Raphaelite Painters, Londres 1948.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.