Prensa II. Cuarto Poder. MEDIOS
Categoria:
Medios de Información
El calificativo de "cuarto poder", aplicado a la p., evoca la capacidad de penetración que los contenidos informativos (v. INFORMACIÓN) tienen en los estados de opinión pública (v.) y referido muy concretamente a la vida política. Cuando se dice que la p. es el "cuarto poder" -denominación ya bastante en desuso-, se quiere subrayar, simbólicamente, que la p. puede ser utilizada como un instrumento de convencimiento de los ciudadanos con finalidades políticas. Evidentemente, al llamar a la p. "cuarto poder", se añade la función pública de los periódicos (v.) a la de los tres poderes clásicos que distinguiera Montesquieu: legislativo, ejecutivo y judicial (v. PODER).La expresión "cuarto poder", que ha venido usándose tanto en sentido positivo como negativo, se suele atribuir a Edmund Burke (v.). Parece ser que, en cierta ocasión, increpó a la tribuna de la p. en la Cámara de los Comunes con la frase: "vosotros sois el cuarto poder". Pero, lo cierto es que en la Cámara de los Comunes no existió tribuna de p. hasta después del --fallecimiento de Burke, y que fue Macaulay el que, en 1823, escribiría que "la tribuna ocupada por la prensa se ha convertido en el cuarto poder del reino" (a fourth State of the Realm). La política parlamentaria del s. XIX, el desarrollo de la p. de partido y el uso de los periódicos por parte de los ocupantes del poder en todos los países, dio la razón, durante más de un siglo -incluso hasta la II Guerra mundial- a todos los que han tratado de ver y estudiar la historia de la p. como un capítulo de la historia política, en la que los periódicos aparecen, no sólo como exponentes y portadores de opiniones políticas, sino como instrumentos de poder para la lucha política y aun militar.Función política de la prensa. El asentamiento de esta función de "cuarto poder", referida a la p., cristaliza en el s. XIX debido a causas históricas generales, al desarrollo de la p. misma y al fin fundamental que se atribuyó a los periódicos desde sus orígenes y casi hasta nuestros días: el convencimiento de los lectores por medio de la persuasión. La p. es un procedimiento para la comunicación (V. COMUNICACIÓN SOCIAL II), y toda comunicación establece siempre una relación entre dos elementos humanos que comparten un mismo mensaje. Esta breve descripción del proceso informativo, que se establece a través de la p. como de todos los medios de comunicación social, es una herencia directa de la Retórica aristotélica. Para el filósofo griego, el discurso era el contenido comunicativo que el orador proporcionaba al auditorio. Modernamente, cuando se ha querido fijar el proceso de la comunicación de un modo esquemático, se señala que la información ha de expresarse con la fórmula quién dice qué a quién.En el discurso aristotélico y en toda la primera historia de la p. (v. PERIODISMO I) hasta bien entrado el s. XVIII, la finalidad buscada es, casi exclusivamente, la persuasión de todos aquellos a los que va destinado el [mensaje, oral o escrito, según el procedimiento empleado. He aquí por qué los orígenes históricos de la p. van unidos al desarrollo de la banca y al proceso de consolidación del poder de los Estados, al comienzo de la Edad Moderna; desde un primer momento, los periódicos fueron utilizados, dada su capacidad persuasiva y el valor político de la noticia, tanto por parte del poder económico como por el político. La atención de los banqueros alemanes Fugger por el desarrollo de la p. y el interés del poder real por controlar la circulación de los periódicos durante los s. XVI, XVII y XVIII y por el establecimiento de Gacetas oficiales en los distintos países, es una demostración evidente de la utilización de la p. como instrumento de poder (v. PERIODISMO I; GACETA).Pero la cristalización de la p. como "cuarto poder" es un fenómeno, sobre todo, del s. XIX. Sabido es que la Revolución francesa y todos los procesos revolucionarios de signo burgués dan paso a una nueva forma en el desarrollo de la vida política: el parlamentarismo (v.) europeo asentado en el pluralismo (v.) expresado por los partidos (v.) políticos -con las evidentes diferencias de tiempo y estilos según los países-, que tendrá, por otra parte, en la p. una de sus más claras manifestaciones. La p. de partido -ya de partidos asentados en el poder o en la oposición-, que vio proliferar sin límites el número de los periódicos en casi todos los países europeos, es el ejemplo típico de la p. como "cuarto poder".Al amparo de la política y a impulsos del auge económico que trajo consigo el capitalismo decimonónico, la p. se fue convirtiendo en gran empresa, en fuente de poder por sí misma, en virtud de su desarrollo económico, técnico y organizativo. El motor de este desarrollo de la p., a partir de la segunda mitad del s. XIX, fue el descubrimiento del valor político de la noticia (v.), con la organización, a escala internacional, del mercado de las informaciones periodísticas. Y otra vez, como a fines del s. XV y primera mitad del XVI, el desarrollo del noticierismo, ahora tecnificado y de ámbito supranacional, va a venir también de manos del dinero; el nacimiento de las que luego se llamarían agencia de noticias va unido a la necesidad de circulación de las cotizaciones de las bolsas europeas. Los nombres de Havas (v.), Wolff y Reuter (v.), entre otros, pertenecen tanto a los orígenes de las agencias de noticias como a la primera circulación internacional organizada de informaciones de bolsa (v. AGENCIA DE PRENSA).Prensa, desarrollo e integración social. El sentido que hoy debe darse a la p. como "cuarto poder", fundamentado en el comprobado valor político de la p. y de las noticias, es su carácter de instrumento para el control (v.) social, que comparte con la utilización para los mismos fines de los medios de información audiovisuales: la radio (v.) y la televisión (v.) especialmente. La historia de la información, en la evolución de la sociedad contemporánea, ha situado toda la labor informativa en paralelo con la vida social de los individuos y de las colectividades, convirtiendo a la p. y demás medios de información y comunicación en un bien social, que contribuye al desarrollo general de los pueblos y que en sí mismos -los instrumentos informativos- constituyen un elemento más del desarrollo.En nuestros días, la p. y todos los instrumentos de la comunicación social han de ser utilizados en bien de la sociedad: para un cabal y adecuado conocimiento de la realidad por parte de todos, para el diálogo político, para el equilibrio de intereses y de opciones políticas, para la vigilancia y control social de aquellos que detentan cualquier tipo de poder, para denunciar los abusos y satisfacer a todos su razonable curiosidad por los asuntos públicos-, su derecho a la información, que es previo al ejercicio del deber de participar en la cosa pública. La información así entendida, reglamentada, fomentada y utilizada, es un servicio al hombre, como individuo y como ser social; a la sociedad en su conjunto y a los que ocupan el poder. En este contexto de funciones públicas de la información, la p. vuelve a encontrar el verdadero sentido del calificativo decimonónico de "cuarto poder", al concebirse como un servicio a la sociedad.Es evidente que tal concepción de las funciones públicas de la p. va mucho más allá que su utilización como instrumento para el desarrollo. Ha de ser concebida como un elemento de y para la integración de los individuos y de las colectividades, tanto a nivel nacional como internacional. El poder de la p. no puede ser otro actualmente que el de contribuir a la participación de todos en los destinos colectivos, el de facilitar la información previa que posibilite la consecución libre de los fines individuales y sociales.Tal como han señalado los estudiosos de la contribución de la información al desarrollo y la integración social, la p. juega "un papel de observación, amplía el horizonte intelectual de los lectores, dirige la atención, suscita aspiraciones nuevas que elevan el tono y el ritmo social, crea un clima favorable al desarrollo; contribuye a la toma de decisiones sociales, facilita elementos para las comunicaciones personales, para el diálogo público y el contraste político; confiere prestigio a las personas; y, en definitiva, los medios de información, y, sobre todo, la prensa, pueden asegurar la aplicación de normas sociales". En este último sentido y superada la etapa de utilización de la p. como un vehículo de propaganda, la p. volverá a ser el "cuarto poder", si sirve para contribuir al control social, es decir, si la reglamentación de su función pública, que corresponde a los Estados, y la responsabilidad social de los periodistas, proponen a la p. la tarea correctora de los desequilibrios de que adolece la sociedad de masas contemporánea. Esta función correctora de la p. ha de perseguir la cohesión de los grupos sociales y sus relaciones, la estabilidad y dinamicidad de las instituciones sociales donde el individuo se perfecciona, la conservación y enriquecimiento del patrimonio social -la fe religiosa, la cultura, el arte, etc.-; el bienestar de todos los hombres en su doble dimensión de cuerpo y espíritu. Con esta tarea, la p. será el "cuarto poder".V. t.: I; III; INFORMACIÓN; CENSURA; PERIODISMO.A. BENITO JAÉN.
BIBL.: A. BUZEK, Prensa e ideología, Buenos Aires 1967; W. SCHRAMM, Mass Media and National Development, Stanford París 1964; R. R. FAGEN, Política y comunicación, Buenos Aires1966; J. ELLUL, Historia de la propaganda, Caracas 1969; B. VOYENNE, La prensa en la sociedad contemporánea, Madrid 1968; D. MCQUAIL, Sociología de los medios masivos de comunicación, Buenos Aires 1969; J. L. HULTENG y R. P. NELSON, The Fourth State, Nueva York 1971; F. y L. VOELKER, Mass Media: Forces our Society, Nueva York 1972; J. L. MARTÍNEZ ALBERTOS, La información en una sociedad industrial, Madrid 1972; J. XIFRA, La información, Barcelona 1972; Á. BENITO, Teoría general de la información, 1, Madrid 1973; y las últimas obras citadas en la Bibl. de 1.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.