Portugal V. Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
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Historia
1. La transición a la modernidad. En contra de lo que ocurre en otros países, europeos, para P. no existe una fecha decisiva que sirva de tránsito entre la Edad Media y la Moderna. Aunque adelantada de Europa en algunas realizaciones (unidad política y territorial, expansión ultramarina), el establecimiento de un Estado moderno en el país se llevó a cabo tras un prolongado periodo de cambios y reformas que tuvo lugar a lo largo de varios reinados de transición. En este sentido, el dilatado gobierno de Alfonso V (v.; 1443-81) supone la supervivencia de las formas y estructuras características del Bajo Medievo. Las principales realizaciones de su mandato personal representan la quiebra del programa de modernización emprendido por el infante D. Pedro, regente durante su minoridad. La batalla de Alfarrobeira (1449) dilucidó, con la muerte de éste, la lucha entre ambas concepciones y significó la supremacía de las pretensiones nobiliarias medievales, sobre la línea política del vencido. Sobre estas bases, sus acciones en el exterior (expansión descubridora e intervención en Castilla) fueron negativas, aunque ciertos éxitos en el Norte de África le valieron el sobrenombre de Africano.La renovación definitiva de estas estructuras y, por tanto, el tránsito real a la modernidad, lo realizaría P. con Juan Il (v.; 1481-95) y, sobre todo, con Manuel I (v.; 1495-1521). Los mayores esfuerzos de ambos monarcas estuvieron encaminados al fortalecimiento de la realeza en el interior y al encumbramiento de P. en el ámbito de la expansión ultramarina y en el de la supremacía internacional, tan mermados en el reinado anterior. En el interior, D. Juan logró el definitivo sometimiento de la nobleza, a la que arrebató muchos de los privilegios alcanzados con sus antecesores. La consiguiente reacción de esta clase fue sofocada con una sangrienta represión, en la que perdieron la vida sus máximos dirigentes (duques de Braganza y Visco). Todo ello, sin embargo, no supuso una democratización del gobierno, pues Juan Il logró controlar a las Cortes, sólo convocadas cuatro veces durante su reinado. Con D. Manuel, la nobleza alcanzó de nuevo parte de su perdido poder, pero ya bajo el control de la monarquía, a la que el nuevo rey adelantó aún más hacia el absolutismo. En este camino, reprimió en parte el poderío y la relajación del clero y expulsó a los judíos (1496; v. JUDAIZANTES); reformó los tribunales superiores y aumentó el control sobre la: Cortes; reorganizó la Hacienda (reforma de los forais y de las sisas, creación de nuevas monedas) y cambió los distintos niveles de la educación acabando, entre otras cosas, con la tradicional independencia universitaria (1500-04).2. El Estado moderno. D. Manuel inaugura en P. el nuevo Estado burocrático y mercantilista. En el exterior, Juan II y Manuel I colocaron a P. en la cúspide de su poderío. Tras los últimos enfrentamientos con Castilla, Juan logra con España una paz duradera. El tratado de Tordesillas (7 jun. 1494), que estableció la frontera de la expansión colonial de ambas potencias, fue la base de la nueva situación. D. Manuel sólo tuvo que continuar en esta trayectoria intensificando la tradicional política matrimonial entre las dos dinastías. Con el resto de Europa, la neutralidad fue casi absoluta a lo largo de ambos reinados. La empresa descubridora se reemprende definitivamente con Juan lI. Durante su reinado, los portugueses circunnavegando África, doblaron el cabo de Buena Esperanza (Bartolomeu Dias, v., 1486) y pronto alcanzabanCalicut, Goa, Sofala, etc. No obstante, el mayor esplendor se alcanzaría con su sucesor, con quien en realidad se estructuró definitivamente el imperio portugués. Vasco de Gama (v.; 1497 y 1502) y Alvarez Cabral (v.; 1500) como conquistadores, virreyes como Almeida (1505-08) y Albuquerque (1508-15), entre otros, fueron los artífices más destacados de esta etapa creadora.Al finalizar sus mandatos, y pese a los enormes problemas que en sí llevaban larvados los nuevos dominios, P. se había convertido en una potencia de primer rango con el imperio comercial más poderoso del momento. También bajo su reinado, Cabral descubrió la Tierra de Santa Cruz (actual Brasil), durante su viaje a la India en 1500. Hoy nadie considera casual este suceso, sino fruto de los continuos desvelos portugueses en el campo de los descubrimientos (v.). Mención especial dentro de la época de Manuel I merece el desarrollo alcanzado en el campo cultural y que culminaría con la creación de un estilo arquitectónico propio dentro del movimiento general renacentista: el manuelino (v.; convento de Belém, hospital de la Misericordia, monasterio de Tomar). Pintores, escritores (Gil Vicente, v.) y escultores encontraron también el apoyo necesario, hasta el punto de convertirse este periodo en una auténtica edad de oro, que culminaría durante el siguiente reinado.Juan III (1521-57) completa el ciclo de los grandes monarcas portugueses en los arranques de la modernidad. Aunque sólo tenía 19 años cuando sucedió a su padre, era ya un joven curtido en las tareas de gobierno. En muchos aspectos, representa en P. el mismo papel que Felipe II en España; con él se completa la centralización estatal (extensión de la burocracia, mayor sedentarismo) y se logran las últimas conquistas ultramarinas, pero también se inicia el declive del inmenso poderío portugués (graves dificultades económicas, hambres de 1522 y 1535, epidemias de 1523, 1525, 1527, etc.). Hombre muy discutido, fue generalmente alabado, excepto en la revisión de su reinado planteada por el liberalismo, que le imputó fallos importantes en su gobierno. Sin duda, sus dos problemas más graves fueron el imperio y la cuestión sucesoria, pues en Europa, especialmente con su poderosa vecina, no tuvo serios problemas al proseguir la amistad mantenida por sus antecesores.En el imperio es donde se manifestaron palpablemente los problemas estructurales. Los portugueses habían penetrado en el sistema comercial del océano Indico, pero su presencia se vio caracterizada por el estado de guerra permanente: con los egipcios primero, con los turcos más tarde (1517), con los piratas y jefes locales siempre. En parte por esto, en parte por la rapidez con que se realizó la conquista y, sobre todo, por la enorme desproporción humana y material entre las colonias y la metrópoli, P. no logró penetrar con profundidad en los territorios conquistados, aunque llevó la cultura y civilización a todos ellos. Con Juan III se inicia el retroceso, aunque mezclado con periodos de expansión. En Oriente los portugueses toman Damáo, Diu y Bacaim, llegan a Japón (Tanegashima, 1543) y consiguen de España el control de las Molucas (tratado de Zaragoza, 1529). Sin embargo, ya no encuentran descanso ante los continuos ataques de árabes y turcos (1537 y 1546). En Marruecos también se ven obligados a abandonar Safi y Azzemur (1542), Alcazarseguer (1549) y Arcila (1550). Sólo en Brasil pueden establecer en 1549 el gobierno general con Tomé de Sousa, fundador de Salvador, la primera capital del territorio (v. BRASIL III, 2).La sucesión fue el gran problema del reinado, pues, hasta el nacimiento de D. Sebastián (v.), hijo póstumo del infante D. Juan, supuso la posible caída de P. en la esfera de influencia española. D. Sebastián (1554-78) tenía sólo tres años a la muerte de su abuelo, por lo que el país fue gobernado por la reina viuda Da Catalina hasta 1567, y por el card. D. Enrique hasta 1568. Sin embargo, los sucesos de esos años no adquieren relieve ante el carácter y las acciones del joven monarca y las circunstancias que rodearon su vida. Apasionado por la guerra, extremadamente religioso, idealista en exceso, desde su subida al trono soñó sólo con una cruzada en el Norte de África. Tras varias incidencias, al fin pudo realizar su sueño en 1578, dirigiendo una campaña que terminó en Alcazarquivir (4 agosto) con un completo desastre para P.: murió su rey, gran parte de su nobleza y desapareció lo mejor de su ejército. No obstante, su vida, su desaparición trágica y su carácter hicieron de él el símbolo portugués (sebastianismo). Sin embargo, con su muerte se abrió definitivamente el camino a la intervención española, que años después se concretaría en la subida de Felipe II al trono lusitano.El reinado del ya anciano cardenal D. Enrique (157880), tío-abuelo de D. Sebastián, se centra exclusivamente en torno al dramático pleito sucesorio planteado por la inminente desaparición de la casa de Avis (v.). Con sus indecisiones, el débil monarca dio tiempo a los pretendientes para realizar sus planes, que, en aquella coyuntura, fueron favorables a Felipe II. Sus legítimos derechos, su diplomacia, su poderío militar y, sobre todo, su potencial económico (la avalancha de plata que podía subsanar las necesidades que P. tenía desde la crisis de 1545-52) prevalecieron sobre su condición de extranjero. Frente asus oponentes -Antonio, prior de Crato, y la duquesa de Braganza- Felipe fue proclamado heredero en las Cortes de Almeirim (1579) v, tras la muerte de D. Enrique y la derrota de D. Antonio, fue proclamado rey en Tomar (15 abr. 1580). Ello suponía el triunfo de la nobleza, de gran parte del clero y de conversos partidarios del español, sobre el pueblo y las ciudades volcados en favor del portugués.3. Dominación española. Transcurre desde 1580 a 1640 y comprende los reinados de Felipe II, III y IV (1, II y III respectivamente en la nomenclatura portuguesa). P. continuó su existencia prácticamente independiente, obteniendo respeto para sus instituciones, leyes y costumbres (Ordenaciones filipinas), y, mientras España pudo, la adecuada protección para sus posesiones. Cuando estas bases fueron violadas por Felipe IV (y especialmente por su ministro el conde-duque de Olivares), el hundimiento de P. era ya definitivo. Este proceso, por lo que respecta a P., queda marcado por el desastre español ante Inglaterra (Armada Invencible), que terminó con su poderío naval.A partir de entonces, ingleses y holandeses pondrán cerco a las posesiones de P. y hostigarán a ésta en toda ocasión favorable (ataques de Drake sobre P. -1589y más tarde en Pernambuco, Arguim y Azores). Hacia 1618, aquéllos se habían establecido en lava, Molucas, Sumatra, mientras que los ingleses lo habían hecho en Archem, Molucas, etc. El panorama empeoró con Felipe IV, pues P. perdió la mitad de Brasil, Sáo Jorge da Mina y parte de Ceilán ante los holandeses, mientras que los ingleses tomaban Ormuz. La creciente reacción ante tanto desastre terminaría por desencadenarla la política centralizadora del conde-duque de Olivares (v.). Coincidiendo con el movimiento desintegrador de la monarquía española, el 1 dic. 1640 se produjo el alzamiento en Lisboa que a poco triunfaba en todo el país. Juan, octavo duque de Braganza, fue proclamado rey; con todo, la plena independencia no llegaría hasta 1668.4. Casa de Braganza (v.). Reconocido por las cortes de Lisboa en enero de 1641, Juan IV (1640-56) tuvo como primera preocupación el establecimiento de relaciones con algunas potencias europeas, pero sin descuidar al mismo tiempo el gobierno interior, legislando abundantemente y creando distintos organismos para capacitar la acción de la nueva dinastía (Consejo de Guerra, Tribunal de la Junta de los Tres Estados, etc.). En el ámbito colonial, P. continuó retrocediendo en Extremo Oriente (pérdida de Malaca y Ceilán), pero logró recuperar los territorios brasileños. A su muerte, le sucedió su hijo de 13 años Alfonso VI (1656-83), enfermizo y escasamente dotado, por lo que una parte del país se mostró partidaria de la subida al trono de su hermano D. Pedro. Alfonso pronto dio muestras de su incapacidad, permitiendo el encumbramiento de advenedizos (Conti) y validos (conde de Castell Maior), que controlaron el gobierno. El conde de Castell Maior concertó el matrimonio de Alfonso con María Francisca Isabel de Saboya y alcanzó pleno éxito en la lucha contra España (victorias de Ameixial, Castel-Rodrigo y Villaviciosa, 1665). Un movimiento dirigido por la nueva reina produjo la caída del valido y la abdicación y confinamiento de Alfonso. Las Cortes confirmaron la usurpación y reconocieron a D. Pedro como regente y heredero.La regencia de D. Pedro y su posterior reinado suponen una importante recuperación de P. en todos los órdenes. Logró de España el reconocimiento de la independencia portuguesa (1668) y devolvió al país la tranquilidad interna. Sin embargo, el suceso más destacado de su gobierno fue el descubrimiento de oro y piedras preciosas en Brasil (Minas Gerais, 1692). Con todo, firmó con Inglaterra en 1703 el nefasto tratado de Methuen, el cual, sobre la base del intercambio de los vinos de Oporto por lana inglesa, supuso la caída de P. bajo la influencia británica. La intervención portuguesa en la guerra de Sucesión española (v.) desde 1704 concluyó con el tratado de 1715 en el reinado de Juan V (1706-50), por el cual España restituía a P. la colonia de Sacramento. Durante este reinado, P. alcanzó el nivel de prosperidad más alto desde su independencia, si bien la baja del oro desde 1742 produjo el comienzo de una nueva crisis, que caracteriza los años centrales del siglo (contracción del tráfico comercial, contrabando, etc.).El reinado de José I (1750-77) lo llena por completo la extraordinaria personalidad de Sebastiáo José de Carvalho e Mello, marqués de Pombal (v.). Bajo la protección del monarca, el nuevo ministro implantó un régimen dictatorial que, aunque con ciertas matizaciones, puede calificarse de despotismo ilustrado: fortalecimiento del poder central, regalismo, política de reformas, robustecimiento económico. Sometió a las clases privilegiadas tras un enfrentamiento que culminó con la represión nobiliaria de 1759 y con la expulsión de los jesuitas en diciembre del mismo año. Delimitó los poderes del Santo Oficio, disminuyó las jurisdicciones eclesiásticas y, después de un grave choque con Roma, logró el establecimiento de nuevas relaciones bajo un fuerte regalismo (v.). Junto a esto, reorganizó la Hacienda e impulsó todas las actividades económicas bajo el signo de un profundo mercantilismo (creación de compañías monopolistas -de Asia, del Pará y Maranháo, General de la Agricultura de los vinos del Alto Duero, etc-, fundación de la junta de Comercio, prohibición de exportar oro brasileño, etc.). Además reorganizó el ejército y la marina de guerra, reformó de mal modo la Univ. de Coimbra y la enseñanza a todos los niveles e incluso trató de esclarecer sin éxito el panorama legislativo (v. vii). Pese a sus esfuerzos, la crisis del oro brasileño se acentúa desde 1760 y a ello responden las medidas de Pombal tendentes tanto a la creación de nuevas riquezas coloniales (algodón, cacao), como al desarrollo interno del país (industrias, nuevos monopolios). Mientras, aumenta la oposición contra su política, que sólo triunfaría con su caída a la muerte de José I.El reinado de María I (1777-1816) se reduce a sus primeros 15 años, pues desde 1792 fue apartada del gobierno por incapacidad y nombrado regente su hijo D. Juan. Durante esos años, concluyó con España un acuerdo sobre límites coloniales (El Pardo, 1778) y mantuvo a P. neutral en la guerra de Independencia de los EE. UU. Su labor más destacada se centró en el campo económico, donde se puede observar un inicial tránsito del mercantilismo (v.) al fisiocratismo (v. FISIOCRACIA). Sus medidas, unidas a la favorable coyuntura internacional (independencia de los EE. UU. y Revolución francesa), posibilitaron que P. volviera a tener gran importancia en la ruta del Cabo; Lisboa fue centro neurálgico del comercio internacional. Durante la regencia de D. Juan se mantiene la tónica de progreso, pero se manifiestan ya indicios de crisis (caída de la moneda, subida de precios agrícolas, contracción de las exportaciones de manufacturas a las colonias). Tras la guerra contra Francia (campaña del Rosellón y paz de Basilea, 1793-95) y el enfrentamiento contra España (guerra de las naranjas: pérdida de Olivenza), la guerra peninsular contra los franceses (invasiones de Junot, Soult y Massena) produjo una triple crisis en P.: de poder (huida de la familia real a Brasil), económica (devastaciones franco-inglesas, ruina comercial, etc.) e ideológica (desarrollo del espíritu revolucionario, división de los portugueses ante la nueva situación). Además, supuso un recrudecimiento del predominio británico con la instauración de Beresford como máximo gobernante de la nación. Esta situación, las nuevas medidas de D. Juan sobre Brasil (apertura de sus puertos al comercio con naciones amigas en 1814, elevación a reino en 1815), el nuevo tratado con Inglaterra (1810) y la represión contra los liberales (setembrizada) provocaron, ya en su reinado, un fallido levantamiento constitucional en 1817 (Gomes Freire) y un segundo triunfal en Oporto (24 ag. 1820).La primera experiencia liberal (vintismo) duró sólo tres años. Iniciada con manifestaciones de júbilo, pronto perdió sus escasas fuerzas entre la división de sus propios realizadores, la reacción militar (martinhada), la oposición absolutista y la crisis económica (depresión cíclica de 1817 a 1820: caída de precios entre el 40 y 60%, pérdida del Brasil). Al fin, un movimiento encabezado por el infante D. Miguel (vilafrancada, 1823) acabó con este primer gobierno liberal. Con todo, los moderados logros alcanzados lanzaron al infante a un nuevo golpe (abrilada, 1824), que fracasó y condujo a D. Miguel al destierro. La muerte de Juan VI en 1826 planteó un grave problema sucesorio en P., pues el país se dividió entre sus dos hijos D. Pedro (ya emperador de Brasil y considerado extranjero en P.) y el desterrado D. Miguel. Reconocido aquél tácitamente por la Regencia, otorgó una Carta constitucional a P. y abdicó el trono en su hija María de la Gloria, que habría de casar a su mayoría con su tío D. Miguel. Esta actitud provocó una fuerte oposición absolutista (miguelista, v.) que, contando con el apoyo de la Santa Alianza y la participación de España, logró el retorno de D. Miguel para ocupar la Regencia (1828). Una vez en P., el infante anuló la Carta y logró ser aclamado rey absoluto. Ante ello, D. Pedro abdicó la corona brasileña y se trasladó a Europa para defender los derechos de su hija. La guerra civil, iniciada con el desembarco de Mindelo (8 jul. 1832), concluyó dos años más tarde (convención de Évora-Monte) con un nuevo exilio de D. Miguel y la elevación al trono de María II (v.). Poco después moría D. Pedro (v. PEDRO I DE BRASIL).El nuevo reinado (1834-53) fue alterado por los enfrentamientos entre las distintas facciones del régimen liberal. En 1836 tuvo lugar la revolución de septiembre, de carácter pequeño-burgués y popular, que implantó de nuevo la Constitución de 1822. Contra este régimen conspiraron, sin éxito, la aristocracia liberal y la corte en el interior, Inglaterra y Bélgica en el exterior (belenzada, 1836; y revuelta de los mariscales Saldanha y Terceira, 1837). La Constitución de 1838, compromiso claro entre septembrismo y cartismo, preludió ya el fin del Gobierno, que llegaría en 1842 con la implantación de la Carta por Costa Cabral. La férrea dictadura implantada por éste provocó una reacción general en el país (rebelión de María da Fonte, 1846) que acabó con su mandato. La caída del nuevo Gobierno de Palmella (emboscada de Belém, 1847), dio lugar a una nueva guerra civil (Patuleia, 1847). Saldanha, como jefe del Gobierno, obtuvo el apoyo de un cuerpo de ejército anglo-español y con él el triunfo en la guerra (convención de Gramido, 1847). Él y Cabral alternaron en los últimos gobiernos, hasta que, finalmente, realizó otro golpe de Estado (Regeneracáo) que caracterizaría un nuevo periodo en Portugal. En realidad, se entraba en la larga etapa moderada de mediados de siglo.En esta situación se desarrolla el breve reinado de Pedro V (1853-61), concluido trágicamente con la muerte del rey durante una epidemia de cólera. Le sucedió su hermano Luis (1861-89), con el que P. se recupera de las pasadas contiendas y entra en la etapa decisiva del lanzamiento económico característico de toda la Península. Aunque dentro de una relativa tranquilidad política,se producen también durante este periodo continuos vaivenes, primero entre el partido regenerador (conservador) y el histórico (liberal) y, más tarde, entre aquél y el nuevo partido progresista (fusión del histórico y el reformista: pacto de La Granja, 1876): rotativismo. Al mismo tiempo, crece el socialismo y se desarrolla profusamente el republicanismo, que, a fines del reinado, es ya una realidad y una fuerza. Durante este periodo, P. realiza una extraordinaria labor de reconocimiento y control en África (Serpa Pinto, Capelo, Cardoso, etc.).Carlos I (1889-1908) inició su reinado entre las alteraciones provocadas por el ultimátum inglés de 1890 y las humillaciones a que dio lugar. Aunque un intento republicano de aprovechar esta coyuntura fracasó en 1891, el descrédito del rotativismo y el malestar por la dictadura implantada por loáo Franco (1906) motivaron otra tentativa revolucionaria en 1908 y, finalmente, el asesinato del rey y de su heredero el infante Luis Felipe (1 feb. 1908). Con Manuel I I (1908-10) la situación se deteriora aún más, pese a los denodados esfuerzos de remediarlo mediante la formación de Gobiernos de concentración, amnistía y anulación de la obra de la dictadura. Dos graves problemas -la cuestión Hinton y el escándalo del crédito Predial- terminaron por aunar los intentos republicanos y posibilitaron el rápido triunfo de éstos en el movimiento de 3 oct. 1910, con el que termina la casa de Braganza (v.).5. La República. Se inicia con el Gobierno provisional de T. Braga y una larga serie de drásticas medidas: expulsión de órdenes religiosas y confiscación de sus bienes, abolición de la enseñanza religiosa, de la cámara de los Pares, etc. (v. VI, 3). Las Cortes Constituyentes aprobaron la nueva Constitución (junio 1911) y eligieron presidente a Manuel I. de Arriaga (v.), candidato moderado. La proliferación extraordinaria de tendencias dentro del nuevo régimen (evolucionistas, unionistas, demócratas, etcétera) llevaron a éste a la formación de Gobiernos de coalición (Chagas, Vasconcelos, cte.), que se sucedieron sin éxito ante la creciente anarquía y la ruina económica. Tras el fracaso de alzamientos monárquicos en 1911 y 1912 (Paiva Couceiro), en 1915 un movimiento democrático hizo caer al jefe de Gobierno Pimenta de Castro, lo que provocó la dimisión de Arriaga y su sustitución por Braga e inmediatamente por Bernardino Machado (1915-17).El 5 dic. 1917 una conspiración unionista alzó a Sidónio País (v.), elegido presidente el 28 abr. 1918. Su intento de restaurar el orden mediante un partido único le produjo el total aislamiento de las fuerzas del país y la creciente inestabilidad, hasta que un atentado puso fin a su vida el 14 de diciembre del mismo año. Durante la I Guerra mundial, P. participó aliada a Inglaterra en la lucha contra Alemania, de la cual obtuvo ventajas económicas y territoriales (área de Kionga) al firmarse la paz. Durante la presidencia de Almeida (1919-23) continuaron sucediéndose numerosos Gobiernos, sin que la inestabilidad pudiera solucionarse, lo que fue provocando un profundo malestar en el ejército. Al fin, el 28 mayo 1926 los militares Cabezadas y Costa hicieron triunfar un alzamiento en Braga que inmediatamente se extendió por todo el país e hizo caer a Machado.6. El Nuevo Estado. La falta de cohesión e incluso los enfrentamientos dentro del grupo de sublevados permitieron al general António Oscar de Fragoso Carmona (v.) un nuevo golpe que le daría las riendas del Gobierno (9 jul. 1926) y la presidencia de la República en 1928. El nuevo Gobierno se impuso la doble tarea de restaurar el orden y la situación financiera, siendo llamado al ministerio para esta última labor el profesor de Coimbra António de Oliveira Salazar (v.; 1928). Bajo la larga presidencia de Carmona -fue reelegido en 1935, 1942 y 1949 frente a una oposición controlada- Salazar, desde distintos ministerios, logró varios superávit que permitieron la reorganización financiera, patrocinó la Constitución de 1933 e hizo la Ley Colonial que reguló la administración del imperio portugués. Hábil negociador, supo llevar a P. entre los problemas derivados de la Guerra civil española y de la II Guerra mundial.Carmona m. en 1951 y ocupó la presidencia de P. Salazar hasta la designación de Craveiro Lopes, sucedido en 1958 por Américo Thomaz. Desde 1955 P. forma parte de la ONU. En 1961 Goa y otras posesiones portuguesas en Asia son ocupadas militarmente por tropas indias; también comienzan las rebeliones en las colonias africanas (Guinea, Angola y Mozambique). En 1968 Salazar, gravemente enfermo (m. el 27 jul. 1970), es sustituido por Marcelo Caetano, derrocado por el golpe militar del 25 abr. 1974 cuyas consecuencias inmediatas son la entrega de las colonias al comunismo y una serie de experiencias socialistas que sumieron al país en el marasmo. El 27 jun. 1976 A. Ramalho Eanes ganó las elecciones presidenciales.V. t.: VI.M. RODRÍGUEZ GORDILLO.
BIBL.: A. BOUCHOT, Historia de Portugal, Madrid 1858; F. AL.MEIDA, História de Portugal, Coimbra 1929; 1. P. OLIVEIRA MARTINS, História de Portugal, 8 ed. Lisboa 1913; M. GUEDES, História de Portugal, Barcelos 1935; LIVERMORE, A New Historyof Portugal, Cambridge 1969; D. PEREs, História de Portugal, Barcelos 1928-35; N. FREITAS, Los Braganza, Buenos Aires 1947; J. SERRAO, Dicionário de História de Portugal, Oporto s. a.; V. M. GODINHO, Prix et monnaies au Portugal, 1750-1850, París 1955; 1. PAVÓN, La Revolución portuguesa, Madrid 1941.
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