Portugal Ix. Historia de la Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Comienzos literarios. 2. Historiografía medieval. 3. Poesía lírica. 4. Siglo XVI. 5. Literatura barroca. 6. Los árcades y la Ilustración. 7. Siglo XIX. 8. Del romanticismo al realismo. 9. Siglo XX.1. Comienzos literarios. Como acontece con casi todas las literaturas, también la portuguesa se inicia con composiciones en verso, conservadas en cancioneros que fueron copiados a fines del s. XIII y a lo largo del XIV: el Cancionero de Ajuda, que es el más antiguo, fue copiado probablemente en la corte portuguesa a fines del s. XIII; el Cancionero de la Biblioteca Nacional (también llamado de Colocci-Brancuti) y el Cancionero de la Vaticana son copias efectuadas en Italia, en el s. XVI, a partir de originales que datan posiblemente del s. XIV. Los cancioneros (v. CANCIONERO II) no constituyen colecciones de poesía nacional, sino peninsular, escrita en lengua gallegoportuguesa e incluyen, fundamentalmente, tres géneros de poemas: las cantigas de amigo, las cantigas de amor y las cantigas de escarnio y mal decir (v. CANTIGAS I).Las cantigas de amigo, en las que se supone habla una mujer, que narra sus desdichas amorosas, están henchidas de un lirismo de cuño popular y poseen una estructura rítmica y versificadora muy simples (en paralelismo con el refrán), lo que nos lleva a suponer que nacieron en un ambiente rural como complemento de la danza colectiva y que, al ser trasplantadas a otros medios, sus formas acabaron por variar y enriquecerse.En las cantigas de amor es el trovador (v.) quien canta su amor cortés por una dama de alta prez (valor), normalmente inalcanzable, que, bien sea por su sen (prudencia), bien por su elevada posición social, se encuentra ligada a un marido al que no ama y al que aborrece; el trovador la contempla así como a un soberano, a quien se debe aproximar en una actitud de vasallo sumiso. La cantiga de amor tiene ya una estructura mucho más trabajada que la de las cantigas de amigo, aunque nunca, o en muy raras ocasiones, alcance la complejidad de la cansó, género por excelencia de poesía provenzal (v. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA) de la época que ejerció gran influencia, a nivel temático, en las cantigas de amor y en la concepción del amor cortés en la lírica gallegoportuguesa (V. GALLEGOPORTUGUESA, LENGUA Y LITERATURA 2).Las cantigas de escarnio y mal decir ocupan una gran parte de los dos últimos cancioneros citados y tienen por asunto, en su mayoría, ciertos aspectos particulares de la vida cortesana: una sociedad muy especial constituida por juglares de corte (v. MESTER DE IUGLARÍA), cantarinas, mozas de servicio, hidalgos bohemios; raramente se encuentra una sátira de tema general, aunque en la multiplicidad de casos anecdóticos tratados se distingan algunos temas frecuentes. Este tipo de cantiga se utilizó como arma política y como elemento de acción sobre la opinión pública. En cuanto a la forma, las cantigas de escarnio y de mal decir se aproximan a los moldes del sistema paralelístico y del refrán, pero en los poetas más cultos se deja ver la influencia formal del serventesio provenzal. Muchas veces, el lenguaje es ostensiblemente obsceno.En un ambiente cortesano, como en el que se desenvolvió la poesía trovadoresca de la que acabamos de hablar, no podía faltar el interés por los relatos de aventuras de amor y de caballería; ello hace suponer que en el repertorio de los juglares figurasen adaptaciones portuguesas y castellanas de historias de Bretaña (V. BRETAÑA, MATERIA DE). A través de un manuscrito del s. XV sabemos que en la corte de Alfonso III (1248-79), y a finales del s. XIII, se tradujo directamente del francés al portugués, con el título de A demanda do Graal, una parte de La búsqueda del Graal (ca. 1220), hecho que contribuyó a la difusión en toda la Península del ciclo del Graal.El interés de esta traducción es doble, pues se trata del texto portugués en prosa literaria más antiguo, aunque no original, y es también una obra que contiene una intención religiosa, representando, con relación a la moral cortesana que inspira las cantigas de amor, una total inversión de valores.La influencia en P. del ciclo de Bretaña fue prolongada, y las alusiones a La búsqueda del Graal son muy frecuentes, al contrario de lo que sucede con una novela de caballería escrita en la Península: el A.nadís de Gaula (v.). La cuestión de si el Amadís de Gaula es portugués o español se debate todavía. El ideal del caballero combativo, aunque tierno y sensual, presente en el Amadís, permite suponer una concepción de la vida asaz diferente de la que se propone en La búsqueda del Graal, pero influida por lo maravilloso bretón y acorde con los deseos de una aristocracia cada vez más palaciega.2. Historiografía medieval. También tempranamente (s. XIII), la historiografía conoce un gran desarrollo en la Península. Promovida y dirigida por Alfonso X el Sabio, (V. ALFONSO x DE CASTILLA II), la Crónica general de España fue refundida y continuada, alrededor de 1344, por portugueses, y en portugués, probablemente por D. Pedro, conde de Barcelos. Este documento es importante como prueba del interés por la prosa histórica en P. desde el comienzo del s. XIV. Por otra parte, la mayor parte del texto proviene de fuentes más antiguas que la Crónica general de España, lo que revela la existencia de obras históricas portuguesas anteriores. Aún más antiguos que la Crónica de 1344 y de los textos que le sirvieron de fuente, se conocen una Relapao da Vida da Rainha santa Isabel y una Crónica de como D. Paio Correia tomou este reino do Algarve aos Mouros, ambos del s. XIV. El relato de la vida de Alfonso Enríquez en la Crónica de 1344 revela la existencia de un ciclo épico legendario en torno de aquel rey (v. ALFONSO DE PORTUGAL), del que se extrajo la llamada Terceira crónica breve de Santa Cruz de Coimbra, pero la Quarta crónica breve de Santa Cruz de Coimbra denota una versificación más próxima a la primitiva narrativa juglaresca.Respecto al origen de este ciclo legendario existen dos tipos de tesis: unas que defienden su origen portugués y otras que estiman dicho origen como leonés. Aunque interese también a la ficción, hemos de considerar asimismo dentro de la historiografía a los Livros de linhagens, que son registros de familias nobles compilados en diferentes épocas, intercalados con copias que llegan hasta el s. XVI y destinados a servir intereses de la nobleza. Existen cuatro Livros de linhagens; los dos más antiguos son de comienzos del s. XIII, y los dos más recientes, recopilados por iniciativa de D. Pedro, conde de Barcelos, del que ya hemos tratado como autor de la Crónica de 1344. Los primeros se reducen casi exclusivamente a listas genealógicas. En los segundos hay algunas narraciones con cierto interés literario. Después de la crisis de 1383 (v. IV, 5), condicionamientos de orden político y social hicieron que el régimen de mecenazgo regio dominase la producción literaria. Una nobleza naciente, encabezada por el rey, necesitaba del apoyo y la justificación aportada por un elenco de intelectuales, y dentro de este espíritu es como Juan I escoge a Fern5o Lopes (v.) para inaugurar la serie de los cronistas generales del reino, a principios del s. XV. A Lopes siguen, aún dentro de la historiografía medieval, Gomes Eanes de Zurara (m. 1474) y Rui de Pina (1440?-1522?), quienes durante todo el s. XV y comienzos del XVI continúan las crónicas de los reyes y de algunos altos señores, aunque su interés no alcanza al de Lopes ni como literatos ni como historiadores.3. Poesía lírica. Por lo que respecta a la poesía lírica, en los reinados de los primeros monarcas de la dinastía Avís (v.), Juan I, Duarte I (v.) y el Infante D. Pedro, no sabemos nada prácticamente, pero hay indicios de que los ideales literarios y doctrinales de la casa real se avienen mal con la tradición lírica. Un conjunto de obras salidas de la casa de Avis atestiguan las preocupaciones literarias de la corte: Livro da Montaria, de Juan l; Ensinanca de bem cavalgar toda a sela y Leal conselheiro, de D. Duarte (1391-1438); y la Virtuosa benfeitoria del infante D. Pedro. El Livro da Montaria puede incluirse en una literatura típicamente cortesana, destinada a la amenización de veladas palaciegas con el recuerdo de aventuras de caza y del placer extraído de ellas. La Ensinanca de bem cavalgar toda a sela (Enseñanza de bien cabalgar en cualquier silla) contiene la intención didáctica de contribuir a la educación de la nobleza, puesto que montar erguido a caballo es la exteriorización de toda una actitud moral que Duarte I desarrolla en el Leal conselheiro. En esta última obra, Duarte I pretende ofrecer a la nobleza y a los príncipes normas y modelos de conductas, y lo hace exponiendo una teoría psicológica de cuño tomista y ejemplos sacados de su experiencia, empeñándose en curiosos análisis introspectivos. La novedad que ofrece la obra no está tanto en la temática como en el hecho de que el tema esté tratado por un laico y en lengua portuguesa.La misma intención de recomendar normas de conducta para la nobleza inspira la Virtuosa benfeitoria, cuya estructura es mucho más escolástica y rígida que la del Leal conselheiro. En ella, D. Pedro expone y encarece la teoría política del feudalismo (v.), que en su época se encuentra en franco declive. Pero estas dos obras muestran grandes diferencias entre sí: D. Pedro establece las normas de conducta individual en función de la sociedad, ya que se coloca en una situación objetiva, mientras que Duarte I parte de un punto de vista subjetivo y, por ello, convierte a la conciencia en juez de las acciones del hombre.A comienzos del s. XV surge un grupo de obras de tipo religioso-popular, como el Horto do esposo (anónimo) y Laudes e cantigas espirituais (de André Dias) que reflejan una religión popular un tanto milagrera y, por ello, poco ortodoxa en ocasiones. El Boosco deleitoso (anónimo) y la Corte imperial (anónimo) reflejan ciertas preocupaciones ideológicas y están dirigidas a un público más selecto.Como señalábamos anteriormente, nada sabemos sobre el cultivo de la poesía lírica en la Corte portuguesa entre las mitades de los s. XIV y XV, pero noticias sueltas hacen suponer que la producción poética de esa época se perdió. Sabemos que se dieron circunstancias desfavorables para la poesía de corte, más allá de la probable decadencia de la tradición lírica gallegoportuguesa, decadencia queponen de manifiesto los cancioneros castellanos del s. XV. Como compensación, la producción poética de los reinados de Alfonso V, Juan II y Manuel I fue recogida por García de Resende en un Cancioneiro Geral, publicado en 1516. Su lectura da idea de lo que era la vida palaciega, dado que la mayoría de las composiciones iban destinadas a los señores de los palacios, donde se recitaba, se celebraban justas poéticas, se oía música, se galanteaba. Así se explica la frivolidad y futilidad de gran parte del contenido del Cancioneiro Geral y el formalismo conceptista de los temas, propio de una literatura peninsular aristocrática; no obstante, algunas piezas líricas y satíricas escapan a esta regla general de futilidad. Hemos de notar que en el Cancioneiro Geral se hace sentir una cierta influencia italiana, recibida a través de los italianizantes españoles, en cuanto a la temática mientras que en el aspecto formal imperan los metros tradicionales.4. Siglo XVI. Cuando, a principios del s. XVI, se vive en P. un humanismo más o menos velado, surge Gil Vicente (v.), funcionario y protegido de Juan III, y que será el gran fundador del teatro nacional. Durante la Edad Media existió un teatro religioso, nacido de las representaciones litúrgicas, y un teatro improvisado (sermones burlescos, farsas), además de los famosos momos (pantomimas espectaculares) de la corte de Juan II. En el comienzo de su carrera, Gil Vicente (1466-1540) no se presenta como producto de esta tradición mal conocida, sino de la poesía palaciega peninsular. Sólo poco tiempo después enriquece sus formas teatrales con nuevos elementos, algunos tradicionales, y aprende a observar la realidad nacional. En conjunto, su teatro es una sátira social que abarca toda la realidad portuguesa de la época. Alcanza a la nobleza (Quem tem farelos, Farsa dos almocreves), al clero, a la administración y a la magistratura corrompidas y, como punto de concentración de los tres grupos indicados, a la Corte, de la que dependía Gil Vicente.Entre los colaboradores del Cancioneiro Geral, Bernardim Ribeiro (v.) representa el tipo de inadaptable universal, del romántico "avant la lettre". En su juventud debió de colaborar en el Cancioneiro de forma completamente banal e impersonal. También colaborador del Cancioneiro es Sá de Miranda (v.; 1490-1558), quien se convierte, en pleno s. XVI, en el introductor del nuevo estilo y metros italianos, a pesar de haber cultivado siempre "la medida vieja", incluso después de su viaje a Italia y de su paso al nuevo estilo. En sus famosas églogas (Basto, Alexo), es portavoz de las ideas características de la literatura renacentista.António Ferreira (1528-69) es, por su parte, el maestro y el teórico de la nueva escuela; se limita a cultivar la medida nueva (Poemas lusitanos). Ideológicamente, es un típico humanista; literariamente, su campaña persiguió dos objetivos: promover el cultivo de la lengua nacional y difundir los ideales del clasicismo. Fue el exponente máximo del teatro clásico en P.; escribió Bristo, Cioso y la famosa Castro donde, a propósito del caso de D. Pedro l y D, Inés de Castro y dentro de la casuística moral senequista, desenvuelve la dialéctica entre los impulsos del corazón y los deberes regios (v. BORGOÑA, CASA DE).Entretanto, durante el s. XVI, la historiografía y la literatura de viajes se ven estimuladas por la epopeya de los descubrimientos (v.). Son frecuentes los derroteros y las narraciones de viajes, entre las cuales es famosa la Peregrinacáo, de Fernáo Mendes Pinto (1510-83), quien cuenta sus vagabundeos por Oriente; en la obra es difícil distinguir la realidad de la ficción. Conviene destacar también el grupo de las narraciones cortas de naufragios, editadas en folletos baratos para un público popular que, reunidas, vinieron a constituir la História trágico-marítima.Dentro de las narraciones históricas se distinguen dos tipos: uno más próximo a las crónicas medievales y, por ello, más pintoresco y con mayor interés documental, al que pertenecen las obras de Fern5o Lopes de Castanheda (História da conquista a descobrimento da India pelos portugueses) y de Gaspar Correia (Leudas da India); otro tipo, más influido por los historiadores latinos, sobre todo por Tito Livio, al que pertenecen las obras de Joáo de Barros, Diogo do Couto y Damiáo de Góis.Joáo de Barros (1496-1570), cuya obra tiene un carácter enciclopédico, fue el autor de las Décadas. La intención confesada de este libro es levantar un monumento a los hechos portugueses en Oriente, como Tito Livio lo hiciera a la memoria de Roma y, para ello, Barros se ciñe a la ideología oficial del Estado. Su concepto moralista de la historia le lleva a omitir los malos ejemplos con el fin, piensa, de que sea agradable para los lectores. La unidad arquitectónica de la obra es típicamente renacentista. Diogo do Couto (1542-1616), también humanista, escribió el Saldado prático, sobre las conquistas portuguesas en Oriente y continuó las Décadas comenzadas por Barros. Damiáo de Góis (1502-74) es un escritor humanista concienzudo, que a veces usa de subterfugios y de una falsa independencia en la narración para huir de una objetividad incómoda, lo que no consiguió siempre, ya que no se libró de persecuciones y censuras. Como historiador escribió la Crónica do príncipe D. Joáo y la Crónica do re¡ D. Manuel. Los tres fueron cronistas oficiales del reino.Humanista diferente de todos los otros, Camoens (v.; 1524?-1580) es autor de una obra multifacética, donde confluyen diversas corrientes artísticas e ideológicas del s. XVI. Comparados con él, todos los otros "quinientistas" resultan unilaterales e incompletos, y ello porque Camoens realiza la síntesis de una cultura humanística profundizada y de una experiencia agitada y completa. Escribió su poesía lírica en portugués y en castellano, en el estilo nuevo, y en los géneros y metros tradicionales. La lírica camoensiana, aparentemente fácil, consigue la plena adecuación entre el contenido y el lenguaje en un ritmo variado, adaptado al fluir de la sensibilidad. Pero la gloria internacional de Camoens se debe a que consiguió plasmar el ideal renacentista de epopeya que se respiraba dentro y fuera de P. Camoens escogió como tema general de su poema épico la historia de P., como lo demuestra el mismo título, Os Lusíadas, es decir, los portugueses. En él, narró toda la historia portuguesa a propósito del viaje de Vasco de Gama (v.) a la India.5. Literatura barroca. Aunque sus límites son imprecisos, los comienzos del siglo barroco podrían situarse en el desengaño que se extiende sobre la nación con la desaparición del rey D. Sebastián en Alcazarquivir (1578), hecho que colocó a P. no sólo bajo el poder político castellano, sino que reforzó al mismo tiempo el poder cultural español, que se venía afirmando con bastante anterioridad, concretado en un bilingüismo cada vez más notorio, sublimado por el estrechamiento de las relaciones económicas y por la movilidad social de matiz aristocratizante, principalmente. La "salvación" del idioma nacional, además de lo que se puede deber a esfuerzos aislados, cuyo modelo podría ser la actitud nacionalista de A. Ferreira y los elogios de la lengua portuguesa de más vasta significación cultural acumulados ejemplarmente en la Corte na Aldeia (1619), de F. Rodrigues Lobo (v.), sedebe a las academias (la misma obra de Rodrigues Lobo tiene algo de "academia"), que desempeñarán, como acontece un poco por todas partes, el papel de verdaderas Facultades. Entre las academias de mayor relevancia hemos de citar la de los Singulares (1628-65) en Lisboa, la de los Generosos, fundada en 1647, de carácter altamente aristocrático, como revela su propio nombre, transformada desde 1696 en la Acad. de las conferencias Discretas y Eruditas, lo cual indica un cierto viraje en su espíritu, y cuya alma fue Francisco Xavier de Meneses, cuarto conde de Ericeira, hidalgo "ilustrado". De esta academia (Academia Portuguesa desde 1617) resultará, bajo el impulso del magnánimo rey Juan V; la R. A. de la Historia, cuyo esfuerzo en la reforma de la poesía y de la elocuencia, según el código del "buen gusto", y en la investigación erudita habrá de tenerse en cuenta siempre.Como sucedió un poco por toda Europa, las academias, de nombres raros y vida efímera, proliferaron en P. (resulta extraño que su estudio esté comenzando ahora), contando con la Problemática de Guimares (1721), con la de los Laureados de Santarém (1721), con la R. A. Quirúrgica de Oporto (1748), la Litúrgica Pontificia de Coimbra (1747), otra Problemática en Setúbal (1721), la Brasílica de los Olvidados (1724), la Brasílica de los Renacidos (1759) en Bahía (Brasil), la Acad. de los Felices (1736) y la de los Selectos (1755) en Río de Janeiro. Si bien muchas de ellas mostraron alguna inclinación hacia la Ilustración (v.) del s. XVIII, la mayoría alimentaron un "barroco" cada día más insostenible, pero que honró, publicándolos, a los dos mayores cancioneros barrocos portugueses: Fénix Renascido (1716-28) y Postilháo de Apolo (1761).Al igual que en otras partes, la lírica portuguesa acentúa su barroquismo en el s. XVII, a través de una fase que cubren los más grandes nombres del siglo anterior. La influencia de Góngora (v.) y Quevedo (v.), combinada con el "poder" de Camoens, determina los matices de las modas poéticas del siglo y, como pusimos de manifiesto, de mucho del siguiente. La obra poética de Francisco Manuel de Melo (v.) es de confluencia ejemplar. En este periodo es raro el volumen de poesía de un solo autor -Francisco Rodrigues Lobo; A. Alvarez Soares, Rimas várias (1628); Manuel de Melo; Sor Violante do Céu, Rimas (1646), son algunas de las pocas excepciones-, por lo que los cinco tomos de Fénix Renascido, recogidos por Matias Pereira da Silva, resumiendo obras de los más estimados poetas del s. XVII, tienen una notable importancia. En este cancionero se entrecruzan, como en el Postilháo de Apolo (Mensajero de Apolo), las corrientes más representativas de la poesía del seiscientos, con una curiosa ausencia de poesía de carácter religioso, si exceptuamos las composiciones de eco ledesmiano "Ao Menino fesus em metáfora de doce", p. ej.Poetas de este tiempo representados en este cancionero son: Jerónimo Baía, António Barbosa Bacelar, Tomás de Noronha y Diogo Camacho, estos dos de poderosa vena satírica, Sor Violante do Céu, autora, además de las Rimas citadas, del Parnasso lusitano de divinos e humanos versos (1733).El desengaño de la vida y de los hombres, la sensación aguda de lo efímero del mundo y de las cosas con un estoicismo en presencia de determinadas circunstancias y simultáneamente un deseo de fuga que se expresa de los más variados modos constituyen, como acentuó M. L. Belchior Pontes (Os homens e os livros, séculos XVI e XVII, LX,114), la base temática de la poesía barroca, que también se dan en el Postilháo de Apolo, el otro cancionero barroco publicado en 1761 por José Angelo de Moraes y en el que están representados muchos de los poetas ya agrupados en el Fénix. A éstos se unen Manuel de Azevedo Correia, Eusébio de Matos, conde de Tarouca, António da Fonseca Soares (fray António das Chagas), etcétera.La epopeya, en español o en portugués, conoce un renacimiento con el jurisconsulto Gabriel Pereira de Castro (1571-1632), autor de Ulysseia o Lisboa edificada, con Vasco Mouzinho de Quebedo Castelo Branco y su Alonso Africano (1611), con un Ullyssipo (1640), poema alegórico cargado de erudición barroca, de António de Sousa de Macedo (1606-82), con una publicación de Malaca conquistada (1634) en que Francisco Sá de Meneses vivifica algunas páginas de las Décadas de Joáo de Barros; Brás García de Mascarenhas (1596-1656) compone un largo poema de 20 cantos -Viriato trágico (1699)-, en el que la historia se pone al servicio de un nacionalismo extremado. F. Rodrigues Lobo, con su Condestabre, podría confirmar, en parte, esta última afirmación.Características del gusto del siglo fueron las novelas pastoriles -incluidas aquí por su mezcla de verso y prosay de las que constituyen los mejores ejemplos: Primavera (1601), Pastor peregrino (1608) y Desengaño (1614) de F. Rodrigues Lobo, y Ribeiras do Mondego (1623), del jurista Eloy de Sá Souto Mayor. Como era de esperar, y a pesar del bilingüismo cultural, la lengua portuguesa experimenta un progreso importante, debido en gran parte al esfuerzo de los gramáticos y filólogos que, desde el s. XVI, trataban de fijar su vocabulario y sintaxis. Cabe señalar las gramáticas de Fernáo de Oliveira (1536) y Joáo de Barros (1540), Regras de escrever a ortograf la portuguesa (1574) de Magalháes Gándavo, Ortografía da língua portuguesa (1572) de Duarte Nunes de Leáo, Ortografías de A. Ferreira de Vera (1631) y Joáo Franco Barreto (1671), sin olvidar el Tesouro de língua portuguesa (1647) de Bento Pereira.Dentro de la misma serie nacionalizante, la Historia tiene un foco importante en la Orden del Císter en AlcobaQa. La monarquía lusitana (1597-1627) fue concebida por fray Bernardo de Brito (1569-1617) como un gran plan demostrativo de la persistencia providencial de la raza portuguesa a través de los tiempos desde la fundación del mundo. A este plan (continuado por fray Francisco Brandáo, fray Rafael de Jesus y fray Manuel dos Santos) unió Brito unos elogios dos reís de Portugal (1603).La historiografía de las órdenes religiosas (que también recibió una contribución importante de fray Bernardo de Brito con Primeira parte da crónica da ordem de Cister em Portugal, 1602) tuvo en fray Luis de Sousa (1555-1632) -en el siglo, el hidalguísimo Manuel de Sousa Coutinho, cuyo drama familiar inmortalizó Almeida-Garret- un finísimo cultivador en la mayor parte de la História de Sáo Domingos (1623), aunque él se considere como simple ordenador de materiales. Además de Anais de D. foáo III (1 ed. 1846), a él se debe la biografía más brillante del siglo: Vida de Dom Fr. Bartolomeo dos Mártires (1619). Debemos también recordar a: Jacinto Freire de Andrade (1597-1657), autor de la conocida Vida de D. loáo de Castro (1651); Manuel Faria e Sousa (1590-1649), que escribió principalmente en castellano, a pesar de ser panegirista del poeta portugués más "nacionalista", Camoens, del cual fue editor y comentarista; a él debemos Epítome de las Histórias portuguesas (1628), Europa portuguesa (1676), África portuguesa (1681) y Asia portuguesa (1666), capítulos de historia ultramarina, en la que sobresaldrán también los jesuitas Baltasar Teles (1595-1675), con la História geral da Etiópia Alta (1660), y Manuel Barradas (1572-1646), con una Descricáo da Etiópia.Francisco Manuel de Melo es el polígrafo más notable del siglo clásico en las dos lenguas más importantes de la península Ibérica. La oratoria sacra del s. XVI portugués (aunque relativamente mal conocida) tiene cultivadores famoso en fray Bartolomeo dos Mártires, Diogo Paira de Andrade, Jerónimo Osório, notable humanista e historiador en latín, Heitor Pinto, autor éste también de Imagen da vida cristá (primera parte publicada en 1572), de extensa divulgación por Europa.En el s. XVII destacan: el jesuita António Vireira (v.; 1608-97), misionero, diplomático, economista y sociólogo, defensor de los judíos y protector de los indios, cuyo arte oratorio asombró a P.; el oratoriano Manuel Bernardes (1644-1710), cuyos Sermóes e práticas (1711-33) y los cinco volúmenes de la Nova floresta (1706-28) revelan a un prosista místico, poseedor de un lenguaje preciso y rítmico; y el franciscano fray António das Chagas (1631-82), antiguo capitán de caballería y poeta romanticista, cuyos Sermóes e práticas espirituais (1690) revelan a un misionero, violento en ocasiones, que predica penitencia por los caminos de P.El teatro en P. durante el s. XVII es aún un vasto campo abierto a la investigación, pero podemos afirmar desde ahora que, sin hablar del teatro jesuítico, cuya Real tragicomedia (1620), de la que es autor António de Sousa es un bello ejemplo, la comedia española se difundió enormemente en P. durante todo el siglo (aun en el s. XVIII es posible asistir en ambientes provincianos a representaciones de Calderón), contando también con la colaboración de autores portugueses. Jacinto Cordeiro (1606-46) escribió El mayor trance de honor, y El secretario confuso; y Joáo de Matos Fragoso (1610-92), Nuestra Señora del Pilar, A su tiempo el desengaño y Reynar por obedecer. Combinando elementos tradicionales del teatro vicentino con otros de la comedia española (y hasta con- novedades celestinescas), Francisco Manuel de Melo nos dejó una farsa excelente, O f idalgo aprendiz, que durante mucho tiempo se encontró en la base de una polémica sobre las fuentes del Burgués gentilhombre, de Moliére.Si bien la traducción de la comedia española continuó hasta entrado el s. XVIII, Lisboa vio expandirse los teatros de marionetas (a veces de gran tamaño), que se especializaron en la ópera, género que aparece en la capital portuguesa alrededor de 1732, con la compañía italiana de Paghetti, que representó Metastasio. De este estilo quedan las innumerables piezas de António José da Silva (170539), más conocido por El judío: Vida do grande D. Quixote de la Mancha e do gordo Sancho Panca; Encantos de Medea, Guerras de Alecrim e Mangerona (1737), fruto logrado de su arte.6. Los árcades y la Ilustración. Al mismo tiempo, el oratoriano Francisco José Freire (1719-73) y Pedro A. Correira Gargáo (1724-72), miembros de la Arcadia Lusitana (1756-76), foco lisboetá del neoclasicismo, teorizan sobre la comedia y la tragedia, el primero en su Arte poética (1748), y el segundo con sus Dissertacóes. Correia Gargáo es, por otra parte, además del teórico sensible a las influencias del clasicismo francés, un poeta lírico y satírico y un meritorio dramaturgo (Teatro novo, Assembleia ou partida, crítica de las reuniones mundanas de la época, piezas y obras reunidas en sus Obras poéticas, 1778).Como árcades hay que considerar también a Domingos Reia Quita (1728-70), autor trágico (Mégara, Inés de Castro), que merece más atención de la que se le concede normalmente; António Diniz da Cruz e Silva (1731-99), con Falso heroísmo, sátira de la nobleza parásita; Manuel de Figueiredo (1725-1801), autor de varias tragedias -Osonia, Inés de Castro, As Irmás (las hermanas)- y comedias -O Farcola (El gracioso), O f idalgo de sua propia causa, O indolente miserável, etc-, todos ellos hitos importantes del teatro portugués de ese siglo en que se deja sentir la influencia francesa, sublimada por las traducciones que se hacen de Racine, Voltaire, Arnaud, etcétera.Con la Arcadia Lusitana, la poesía recibe un nuevo impulso que la va liberando de ecos gongorizantes que subsisten en el siglo: A. D. da Cruz e Silva, con su Hissope (Hisopo), 1801, notable poema heroico-cómico en el que está presente la sombra del Lutrin, de Boileau, y que mereció dos traducciones al francés, y con sus Poesías de Elpino Nonacriense (1807-14) y sus Odes pindáricas (1801); A. P. Correia Gargáo, cuya Cantata de Dido, pasaje de Assembleia ou partida fue exaltada hiperbólicamente por Almeida-Garret, gozando aún hoy de gran favor, logró en sus Odas, sonetos y epístolas una feliz combinación del horacianismo con la poesía de lo cotidiano.Independientemente del grupo de los árcades, hay que contar también con otros poetas en la segunda mitad del siglo, algunos preanunciadores de ciertos temas y tonos que sólo se desenvolverán plenamente con el romanticismo. Se encuentran en este caso José Anastácio da Cunha, profesor de Geometría en la Univ. de Coimbra, traductor de Gessner, Racine y Voltaire (tres nombres que, conjugados, valen un programa), autor de Composicóes poéticas (1839); Francisco Manuel do Nascimento (v.; 1734-1819), más conocido por Filinto Elisio, miembro de la Nueva Arcadia, considerado "el último maestro del arcadismo", admirador de Chateaubriand y amigo de Lamartine, cuyas Obras completas (1817-19) nos revelan, en sus partes más valiosas, una tentativa de armonizar el clasicismo arcádico con el simbolismo y los gustos neoclásicos de la Revolución; José Maria Barbosa de Bocage (1765-1805), sonetista admirable y autor de una vasta obra poética (Rimas, 1791), en que parece concretarse la fase final entre el arcadismo y el romanticismo; Leonor de Almeida, marquesa de Alorna (17501839), personalidad típica de mujer culta del siglo, con veleidades políticas, poetisa inmersa aún en las formas del clasicismo, pero personalmente abierta a las nuevas corrientes literarias y que ejerció una influencia directa en algunos de los futuros románticos; Nicolau Tolentino de Almeida (1741-1811), poeta de memoriales y de requerimientos en verso donde abundan trazos de finísima sátira a la sociedad de su tiempo.No es posible esbozar una síntesis esquemática del s. XVIII en P. sin aludir a la Ilustración portuguesa (v, ILUSTRACióN u, 3) representada por Azevedo Fortes (1660-1740), con su Lógica Geometría analítica (1744); Rafael Bluteau (1638-1734), autor de un Vocabulario portuguéslatino (8 vol.), más abierto a los gustos científicos y a los progresos de la industria y comercio del tiempo; António Ribeiro Sanches (1699-1782), médico de Catalina II de Rusia, corresponsal de Buffon, colaborador de la Enciclopedia y autor de las Cartas sobre a educacáo de mocidade (1759), que parece están en la línea de la orientación pedagógica y cultural del colegio de los nobles en Lisboa; Martinho de M. de Pina e Proenga (1693-1743), autor de los Apuntamentos para a educacao dum menino nobre (1734), que es uno de los "clásicos" del pensamiento pedagógico portugués; Francisco Xavier de Oliveira (1702-83), autor de Discours pathétique sur les calamités du temps present (1756) y Cartas familiares, históricas, políticas e críticas (1741). Hay que nombrar también, y quizá de modo principal, al célebre "Barbadinho", el oratoriano Luis António Verney (1713-92), autor del Verdadero método de estudar (1746), que tan grande polémica desencadenó en la península Ibérica; y también recordar a fray Francisco de Natividade (1726-1800), benedictino, autor de unas Reflexóes morais e políticas (1765), que prolongan actitudes de la crítica de Feijoo (v.).También en el terreno de la pedagogía, además de las obras ya mencionadas, hay que referir: la novela pedagógica del P. Teodoro de Almeida (1723-1804), O feliz independente do mundo e da fortuna (1779) y su vasta obra Recrecáo filosófica (1751), en la que confronta las posiciones filosóficas del Oratorio con las de la Compañía de Jesús; y el P. Manuel Álvares, autor de una Instrucáo sobre Lógica ou diálogos sobre a f ilosof la racional (1778).Bajo la protección de Juan V y de la R. A. de la Historia (1720-76), la Historia se desenvolvió en un clima de probidad científica y de rigor; ello dio como fruto los 15 volúmenes de la Colecáo dos documentos e memórias da Academia Real de História (1721-36). Entre los miembros de esta Academia son dignos de recordarse los nombres de Sebastiáo da Rocha Pita (1660-1738), con su História da América portuguesa (1730), António Caetano de Sousa (1674-1759), autor de los 13 volúmenes de la História genealógica da Casa Real portuguesa (1735-48), Diogo Barbosa Machado (1682-1772), con su Biblioteca lusitana (1741-59), instrumento bibliográfico de perenne actualidad, e Inácio Barbosa Machado (m, 1776), hermano del anterior, al que se deben los Fastos políticos y militares de antiqua e nova Lusitania.7. Siglo XIX. Se acostumbra a datar el s. XIX literario portugués a partir de 1825, fecha de publicación del poema Camoens de Almeida-Garret (v.), poeta, crítico, dramaturgo y doctrinario romántico, matizado por una formación clásica. Con este autor arranca lo que podemos denominar teatro moderno portugués, que él quería, románticamente, que también fuese nacional. Entre los dramaturgos que le sucedieron podemos recordar a José Mendes Leal (1818-66), con Os dois renegados (1839), Pobreza envergonhada, Doña Leonor de Alencastro; Fernando Caldeira (1841-94), autor de O sapatinho de Setim, A mantilha de renda, Varina, etc.; Joáo da Cámara (1852-1908), el más vigoroso de los dramaturgos de su generación y uno de los primeros del s. XIX portugués, con Alfonso VI, Alcacer Quibir (ambas en verso) y O pantáno, A rosa engeitada y Casamento e mortalha; Marcelino Mesquita (1856-1918), autor de Peraltas e Secias, un "clásico" de la comedia portuguesa de la época.La novela histórica, género que también cultivara Almeida-Garret, tuvo en Alexandre Herculano (v.) un punto álgido -Eurico (1844), O Bobo (1843), y O monge de Cister (1841)- cimentado en su saber histórico y en su dimensión humana de soldado y ciudadano. Esta actividad literaria de Herculano como novelista e historiador fue continuada por Luis Augusto Rebelo da Silva (1822-71) que en A mocidale de D. Joáo V, A casa dos fantasmas, Contos e lendas se revela tanto un buen evocador como un catedrático de Historia autor de una História de Portugal; Joáo Andrade Corvo (1824-91), dramaturgo (Doña Maria Teles) y novelista (Um ano na corte) ; Arnaldo Gama (1828-69) hace revivir el Oporto de otro tiempo en O sargento mor de vilar, O segredo do abade y Balio de Leca; Rodrigo Paganino (1835-63), dramaturgo (Os dois irmáos) y autor de cuentos en cuyas páginas se pergeñan notas que desenvolverá Júlio Dinis (Os Contos do tio Joaquim).Entre los historiadores tout-cour recordaremos a Simáo da Luz Soriano (1802-91), autor de História do cerco do Porto e História da guerra civil e do estabelecimento do govérno parlamentar, además de una História do reinado de D. José e da administracáo do marqués de Pombal; José María Latino Coelho (1825-91), defensor del iberismo, que escribió História política e militar de Portugal desde os Íins do século XVII até 1814 (1847), y Manuel Pinheiro Chagas (1842-95), que, además de poeta, fue el autor de una vasta História de Portugal, que juntamente con las de Fortunato de Almeida (1869-1933) y Damian Peres (n. 1889) son las tres grandes síntesis modernas de la historia de Portugal.Al lado de Almeida-Garret y de Alexandre Herculano, aparece António Feliciano de Castilho (1800-75), poeta y pedagogo, amén de traductor casi oficial, al portugués, de Ovidio, Virgilio, Moliére, Goethe, etc. Ejerció un largo patriarcado sobre los últimos románticos ya como modelo, ya como doctrinario y protector, actitudes éstas que estuvieron en el origen de la Cuestión Coimbra (v. RAMALHO ORTIGÁO). Como poeta dejó Cartas de eco e Narciso (1821), Primavera (1822), A noite do Castelo (1836) y Ciumes do Bardo (1836). Bajo su protección nace en Coimbra O Trovador (1848), periódico en el que colaboraron Joáo de Lemos (1818-90), que resumió su obra en un melancólico Cancioneiro (1858-66), seguido de Cancóes da tarde (1875); Joáo de Lemos fue además un excelente prosista en Seroes da Aldeia (1876), además de dramaturgo (Doña Maria Pais Ribeiro, 1845); José Freire de Serpa Pimentel (1811-70), poeta y dramaturgo; Luis Augusto Palmeirim (1825-93), poeta (Selecta, 1879), y, sobre todo, dramaturgo (Duas filhas, Brasia parda y A Heranca do barbadao. Siguiendo la orientación de O Trovador se publica también en Coimbra O Novo Trovador (1851), dirigido por António Augusto Soaresde Passos (1826-60), genuino poeta (Poesías, 1858), que urge revalorizar por encima de todos los tópicos de una estética ultrarromántica.Entre los nuevos poetas conviene citar a Joáo de Deus (1830-96), con su Flores do campo que se "abrirán" en Campo de flores (1893); y Tomás Rimeiro (1831-1901), que nos legó un largo poema en nueve cantos Dom Jaime (1862), Vésperas (1880) y Dissonáncias (1890).8. Del romanticismo al realismo. La novela portuguesa posterior a Almeida-Garret y Herculano, además de con los nombres ya referidos, conoce dos momentos importantes con Júlio Dinis (v.) y con Camilo Castelo Branco (v.) que, de modo diverso, marcan una evolución del romanticismo al realismo, el cual, como aconteció un poco por todas partes no dejó de ser romántico. La transición puede situarse alrededor de 1871, momento en que las conferencias del casino lisboeta consagraron la "generación" de la Cuestión Coimbra, la "generación del setenta", para muchos, a la que pertenecen, aunque discutiblemente, Antero de Quental (v.), poeta y filósofo; Teófilo Braga (1843-1924), poeta, historiador, crítico y político; Guerra Junqueiro (v.); Joaquim P. Oliveira Martins (v.), historiador, ensayista, economista y político partidario del iberismo (História da civilizacáo ibérica), Eca de Queiroz (v.), Ramalho Ortigáo (v.), y un poco más distanciadamente, José Valentim Fialho de Almeida (1857-1911), cuya obra de novelista y satírico (Contos, O país das uvas, Lisboa galante, Vida errante, Os gatos, etc.) está servida por una notable figura estilística; Abel Botelho (18561917), dramaturgo (Germano, Vencidos da vida), novelista de orientación social (Bardo de Lavos, Próspero Fortuna) y excelente autor de cuentos (Mulheres da Beira).Un poco posterior, imbuido también de serias preocupaciones por la cosa pública, como los de la generación anterior, es Trinidade Coelho (1868-1908), autor que vive para evocar y recordar en Os meus amores (1901) e In illo tempore. Esta generación de prosistas que consagran el realismo en la literatura portuguesa tiene su correspondencia en el movimiento poético que se afirma en A Folha (desde 1868), gaceta de Coimbra que, no obstante haber acogido orientaciones poéticas diversas, consagró el parnasianismo (v.), que tuvo su logro más completo en O libro de Cesário Verde, del poeta del mismo nombre (v.; 1855-86), aunque no debamos olvidar a: António Cándido GonQalves Crespo (1846-83); António Feijó (1860-1917), que pone al servicio de su musa muy personal la perfección formal característica de la "escuela" en Transfiguracóes, llha dos amores, etc.; Guillermo Braga (1845-74), con Heras e violetas; y José Duro (1873-99), autor de Fel.,La ola de realismo cosmopolita sufrió el asalto del nacionalismo y, tal vez como condición, las letras se separan de la política (a pesar del cariz político de un poeta como António Sardinha, 1888-1925, uno de los mentores del integralismo lusitano), y el regionalismo, el folklore, el exotismo colonial aportan ahora nuevos matices a una literatura que nunca los abandonara completamente.9. Siglo XX. Desde 1910, Á Aguia, revista literaria y doctrinal, en la que pesan Teixeira de Pascoaes (v.); Jaime Cortesáo, poeta, dramaturgo, ensayista y notabilísimo historiador; Leonardo Coimbra; los poetas Mário Beiráo, Augusto Casimiro y Afonso Duarte; y en la que colaboró Fernando Pessoa (v.), y cuyo corresponsal en Salamanca es Unamuno, marca el momento de la Renascenca portuguesa. A partir de entonces, y también en relación con esa época, bien ciertamente que oblicua, hay que recordar a António Nobre (v.; 1867-1900), el poeta y diplomático Alberto de Oliveira, los poetas Joáo de Barros (1881-1960) y Eugénio de Castro (1869-1944), poeta éste que, en sus Oaristos (1890), se revela un sensual y un sentimental, haciendo la guerra al formalismo, a la vulgaridad, a la pobreza de vocabulario en una actitud que lleva lejos algunas de las premisas del simbolismo (v. SIMBOLISMO II), que en P. cuenta, por otra parte, con Clepsidra (1920) de Camilo Pessanha (1867-1926), con las poesías y el teatro de António Patrício (1879-1930) y, de alguna manera, con la obra de Florbella Espanca (18941930), Augusto Gil (1873-1929) y Manuel da Silva Gaio (1861-1934).El movimiento del Orpheu (1915), lanzado por Fernando Pessoa, Mário de Sá Carneiro (1890-1916), José de Almada Negreiros (1893-1972), poeta, novelista (Nome de guerra, 1938, marca una época en la narrativa portuguesa) y pintor, tuvo sus consecuencias en el movimiento de Presenqa, revista surgida en Coimbra (1927-40), orientada por José Régio (v.), Miguel Torga, Adolfo Casais Monteiro (1908-72), poeta, ensayista y crítico literario, Joáo Gaspar Simóes (n. 1903), novelista y crítico literario, Branquinho da Fonseca (n. 1905), y donde colaboraron los poetas Fausto José, Carlos Queirós, Francisco Bugalho, Alberto de Serpa, Edmundo de Bettencourt, Vitorino Nemésio, Saul Dias, Pedro Honem de Mello, António de Sousa, etc. Alrededor de Augusto Casimiro y Raúl Proenga (18841941), que fueron de los de Águia, nació la Seara Nova, revista de literatura y acción cívica, a la que pertenecerán de alguna manera: Raúl Brandáo (1867-1930), que en Os pobres, O pobre de pedir y Húmus se vuelca hacia los humildes y la verdad trágica de la existencia; António Sergio (1883-1968), ensayista en el pleno sentido de la palabra; Manuel Teixeira Gomes (1860-1942), novelista estetizante (Mario Adelaida, 1938) y viajero (Inventário de funho, Agisto azul, Regressos, etc.) y Aquilino Ribeiro (v.).En el límite del neorrealismo y de la novela sociológica conviene recordar a: Ferreira de Castro (n. 1898), con Terra fria, A curva da strada; Alves Redol (n. 1911), autor de Gaibéus, Avieiros, Fanga, O cavalo espantado, etcétera; Fernando Namora, Mário Braga, José Cardoso Pires, Augusto Abelaira, Virgilio Ferreira, Fernando Botelho, Agustina Bessa Luis, Virgilio Godino, Vitorino Nemésio, Isabel da Nóbrega, Urbano Tavares Rodrigues, etcétera. El nouveau roman (v.) o las técnicas narrativas que de alguna manera pueden aproximársele, encontrarán eco en Alfredo Margarido, Almeida Faria, Maria Velho da Costa, además de las experiencias hechas por algunos de los citados anteriormente, como Augusto Abelaira (Bolor, 1969).El teatro contemporáneo de costumbres continuó con Alfredo Cortés (Tatuar, 1936), Ramada Curto, Carlos Selvagem, Costa Ferreira, Bernardo Santareno (O crime da aldeia velha, O judeu, etc.), David Mouráo Ferreira, que es, sobre todo, uno de los más profundos poetas contemporáneos, que pone al servicio de la investigación del amor una depurada técnica formal y es uno de los representantes de la llamada generación del 50, a la que pertenecen, entre otros, Natércia Freire, Sebastiáo da Gama, Fernanda Botelho, Rui Cinatti, que admitió también un discreto surrealismo, más visible en algunos poemas de Sofia de Mello Breyner, Tomás Kin, Jorge de Sena, ingeniero, poeta, cuentista, crítico literario e historiador de la cultura y, sobre todo, Mário Cesariny de Vasconcelos. Entre los poetas de las novísimas generacionesconviene citar a António Ramos Rosa, Herberto Helder, Melo e Castro, Ruy Belo, Pedro Tamen, Cristovam Pavia, Maria Teresa Horta, Luisa Neto Jorge, Gastao Cruz, António Barahona da Fonseca, etc.JOSÉ A. DE CARVALHO.
BIBL.: A. J. ANSELMO, Bibliografía das bibliografías portuguesas, "Rev. de História" VIII, 29 (1919); D. BARBOSA MACHADO, Biblioteca lusitana, 4 vol. 1965; I. F. DA SILVA, Dicionário bibliográfico portugués, 22 vol. Lisboa 1858-1923; MASSAUD MoisÉs, Bibliografía da literatura portuguesa, Sáo Paulo 1968; FUNDAi~io GUBELKIAN, "Bol. de bibliografía luso-brasileirae, Lisboa (desde 1960); J. Do PRADO COELHO, Diciónario de literatura, Oporto 1969; A. J. SARAIVA, Breve historia de la literatura portuguesa, Madrid 1971 ; v. t. la bibl. especializada para las diversas voces de autores portugueses.
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