Portugal IV. Historia Antigua y Medieval. HIST.
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Historia
1. Primeros pueblos. La vida sedentaria iniciada en el Neolítico se afirma en la Edad del Bronce. Ciudades fortificadas con murallas, conocidas con el nombre de citanias (v. CASTROS Y CITANIAS), torres enmarcando las puertas de las ciudades, casas circulares, calles pavimentadas y dinteles decorados, corroboran estas afirmaciones (v. III).Las primeras noticias escritas sobre P. se refieren al momento de la introducción del hierro. Según Avieno (Ora maritima, s. IV), la población indígena del Norte de P. estaba constituida por los oestrimnios, realizadores de la cultura del bronce, que fueron expulsados de sus tierras por los celtas armoricanos, portadores del hierro. Más al S, en la actual comarca de Coimbra, habitaban los conios, de los que, pese a haber sido también sometidos por los celtas (v. CELTAS 1, 7), se conservan huellas toponímicas como Conimbriga, o fortaleza de los conios.Noticias contenidas en el Periplo massaliota, de Piteas (s. IV a. C.), mencionan a los se/es establecidos en la costa central de P., y a los cempsi, en el Sur; y otras fuentes más cercanas -Estrabón, Mela, Plinio el Viejo y Ptolomeo- hablan con mayor exactitud de estos pueblos celtas; en las regiones del Miño y Tras-os-Montes, hasta la orilla del Duero, sitúan a los brácaros (v.); entre el Duero y el Tajo a los lusitanos (v. LUSITANIA), pueblo de origen ibérico; y, finalmente, en el Algarve, dominaban los celtici. Entre estos pueblos, los más conocidos, por la resistencia que prestaron a los ejércitos romanos narrada por autores clásicos, eran los lusitanos, que ocupaban originariamente las regiones montañosas, la Beira Alta y la sierra de Estrella, y vivían dedicados al pastoreo. Pero las necesidades de su población, cada vez más numerosa, les obligaron a extenderse hacia el océano, entre los ríos Duero y Tajo, y ca. 153 a. C. cruzaron el Tajo y llegaron hasta el cabo Cempsico. Sus núcleos urbanos más importantes eran Olisipo (Lisboa), Ebura (Évora) y Scalabis (Santarém).De estos pueblos prerromanos, las principales culturas son producto de los de origen celta. Se conocen los nombres de sus dioses contenidos en inscripciones latinas, así como el lugar donde estuvieron sus principales santuarios. Las divinidades más populares eran Endovellico y la diosa Ataecina, ambas veneradas por considerárseles con poderes curativos; el santuario más visitado era el de Hieron Akroterion, o promontorio sagrado, en el cabo de San Vicente (v. CELTAS III).2. Época romana. Las continuas incursiones que los caudillos lusitanos dirigieron sobre la Hispania Ulterior obligaron a Roma a mandar un ejército destinado a contenerlos. Los primeros encuentros datan del 155 a. C.; Púnico, caudillo lusitano, venció a los ejércitos romanos en dos ocasiones consecutivas. Sus sucesores, Césaro y Cauceno, siguieron la misma política ofensiva. El primero venció a las legiones dirigidas por el pretor Lucio Mummio; y el segundo ocupó el Algarve y, desde allí, pasó a África, pero fue derrotado por Mummio en Okile (Arcila, Marruecos). A pesar de este fracaso, las incursiones de rapiña lusitanas sobre las ciudades de la Ulterior prosiguieron, y en el año 149 a. C., Galba, después de haber sido vencido, intentó llegar a un acuerdo con ellos, prometiéndoles tierras que cultivarían bajo la protección de Roma. Ante esas promesas, acudieron 30.000 lusitanos, que fueron divididos en tres campamentos y obligados a entregar sus armas en señal de amistad. Una vez indefensos, fueron rodeados por las legiones romanas y asesinados o vendidos como esclavos. Semejante traición produjo un nuevo levantamiento del pueblo lusitano, incitado por Viriato (v.), que inició una guerra que se prolongó durante ocho años (147-139).Viriato penetró en la Hispania Ulterior en dirección a Carteia (Algeciras), y en Tribola derrotó a Vetilio, sucesor de Galba, que murió en el campo de batalla junto con 4.000 de sus legionarios. El cuestor Plaucio, que se encargó del ejército, pidió auxilio a la Citerior, que le mandó un cuerpo expedicionario formado por celtíberos aliados. Pero Viriato les salió al encuentro y les venció, dirigiéndose luego contra Plaucio, al que derrotó igualmente en el monte de Venus (sierra de San Vicente). Y, no contento con todo ello, dirigió sus pasos a Segóbriga (v.), ciudad situada a orillas del Cigüela, en la provincia de Cuenca, saqueándola por sorpresa. Roma, dispuesta a acabar con esta guerra, decidió enviar a la Ulterior a un cónsul; fue designado Quinto Fabio Máximo Emiliano, que obligó a Viriato a evacuar el valle del Betis (145-144 a. C.) y a retirarse de Despeñaperros. Al año siguiente, Viriato reanudó sus ofensivas, esta vez desde Tucci (Martos, Jaén). El cónsul Serviliano, hermano y sucesor de Fabio Máximo, cercó Tucci, obligando a Viriato a abandonarla. Pero cuando las legiones regresaban victoriosas a su campamento, fueron de nuevoatacadas por Viriato, provocándoles sensibles bajas. Tras esta campaña, lusitanos y romanos firmaron la paz, y Viriato fue reconocido como "amigo del pueblo romano". Cepión, sucesor de Serviliano, consiguió del Senado romano la anulación de la paz firmada por su antecesor y atacó a Viriato por sorpresa (139 a.C.) en la Beturía, localizada en la comarca de Azuaga (Badajoz).Los lusitanos tuvieron que retirarse hacia las montañas de Carpetania, pero, cansados de la guerra, propusieron a Roma una nueva paz. Esta circunstancia fue aprovechada por Cepión para comprar a los intermediarios entre ambos pueblos, Audas, Ditalcón y Minuros, que asesinaron a Viriato mientras dormía. El pueblo lusitano se vio privado del mejor de sus caudillos, y su sucesor, Táutalos, aunque intentó la resistencia, hubo de rendirse ante la superioridad del ejército romano. Décimo Bruto penetró en Lusitania, apoyado en el mar por una flota; ocupó Olisipo, ciudad que fue fortificada, y estableció a los restos del ejército de Viriato en una colonia recién fundada, en Valen~a do Minho. Los territorios lusitanos quedaron incluidos en la provincia Ulterior hasta el 27 a. C. en que Augusto la dividió en dos provincias: Lusitania y Bética. La primera fue una provincia senatorial, gobernada por un procónsul y dividida en tres conventos jurídicos, con sus capitales en Emerita (Mérida), Pax Augusta (Befa) y Scalabis (Santarém).Desde el momento de su incorporación al Imperio romano, se inició la romanización de estas tierras, en las cuales se desarrolló la agricultura, la ganadería y la minería. En relación con la minería es interesante mencionar los bronces de Ajustrel o Lexmetalli, encontrados en una antigua mina de Vipasca, al Sur de P., leyes modélicas para las minas de todo el Imperio. Los romanos fundaron colonias y fortificaron ciudades en los puntos más estratégicos del país. Entre ellas destacan Lisboa y Oporto, importantes puertos comerciales; Lamego, Viseo, Évora y Mértola, que dominaban los más importantes cruces de caminos. Vespasiano concedió el ius latinum a los habitantes de Lusitania, y Caracalla les convirtió en ciudadanos romanos.Son numerosos los restos arqueológicos romanos que subsisten en territorio portugués. Fortificaciones, como la de Conimbriga; templos, como el de Diana en Évora; termas, como las de Nossa Senhora en el Algarve; arcos honoríficos, como el de Bobadela; calzadas que unían entre sí a las principales ciudades; puentes como el del río Elja y el de Alter do Chao, en el Alentejo, son síntomas de la intensa actividad colonizadora ejercida por Roma. Sin embargo, las principales obras artísticas y los monumentos más sobresalientes de la Lusitania romana se encuentran en Mérida, su capital. En el aspecto religioso, Roma toleró el culto a las deidades indígenas junto con el oficial romano. La fecha exacta de la introducción del cristianismo no se conoce (v. vi, 1), y las primeras noticias de comunidades cristianas en territorio portugués se remontan al 160, en el que S. Cipriano (v.), obispo de Cartago, aconsejaba sobre la conducta y actuación.3. Suevos y visigodos. En el s. v, la península Ibérica fue invadida por los bárbaros. El Norte de Lusitania cayó en poder de los suevos (v.), y uno de sus reyes, Remismundo, extendió sus fronteras hacia el S, anexionando Coimbra y Lisboa (464). Pero la ofensiva de los visigodos (v.; 468-469), mandados por Eurico (v.), les obligó a retroceder hacia el N, y sus fronteras quedaron fijadas entre las ciudades de Santarém y Coimbra. Estas fronteras se mantuvieron hasta que Leovigildo (v.; 584-585), pretendiendo unificar la península Ibérica, intervino en las luchas suscitadas en el reino de los suevos entre Eborico y Andeca, que se disputaban el trono; les hizo prisioneros, y convirtió su reino en provincia visigoda.4. Musulmanes y Reconquista. En el 711 penetraron en la península Ibérica los musulmanes y derrotaron a los visigodos; tres años más tarde, en el 714, `Abd al-`Aziz, hijo de Muza, emprendió la conquista del Sur de P. y avanzó hasta Galicia. Un documento fechado en el 734 y firmado por un emir da idea de la situación del país bajo el dominio musulmán; conservaron sus magistraturas tradicionales en los pequeños centros, y en Coimbra subsistió un conde encargado de defender los intereses de la comunidad cristiana ante las autoridades musulmanas.Los avances reconquistadores de la monarquía asturleonesa. Entretanto se inició la Reconquista (v.) desde Galicia y Asturias. Alfonso I de Asturias (739-757) y su hermano Fruela realizaron las primeras correrías por el Norte de P. (741-754). Pese a ello, los musulmanes mantuvieron las marcas fronterizas, conservando en su poder las principales ciudades, como Coimbra y Coria. Alfonso II (791-842) saqueó Lisboa en tres ocasiones (793, 796 y 798), pero sin ocuparla. Alfonso III de Asturias (v.; 866-910), aprovechando las sublevaciones que Zaragoza, Badajoz, Coimbra y Toledo realizaron simultáneamente contra el emirato de Córdoba (v.), ensanchó sus fronteras hasta la línea del Duero y saqueó Mérida (870). Inició en el 874 la repoblación (v.) de - Chaves, Braga y Oporto con gentes de Galicia. Restableció en estas tres ciudades sedes episcopales y, asegurados estos territorios, continuó su avance por Lusitania repoblando los núcleos urbanos de Lamego, Visco y Coimbra (v. REPOBLACIÓN). Fortificó la línea del Duero y creó dos condados, Tuy y Oporto, que encomendó a su primo Hermenegildo.Los monarcas castellanos. Las fronteras establecidas por Alfonso III se mantuvieron con escasas variantes; únicamente las ciudades emplazadas en la línea del Duero fluctuaron entre uno y otro campo. Sin embargo, todas ellas quedaron definitivamente reconquistadas por Fernando I de Castilla (1035-65). Visco y Lamego, que en ese momento dependían del rey de Badajoz al-Muzaffar, fueron tomadas en 1057. Lo mismo ocurrió a Coimbra, que cayó en poder de Fernando 1, tras seis meses de asedio, en 1064. Después de esta victoria, los musulmanes tuvieron que abandonar las tierras situadas entre el Duero y el Mondego. Al morir Fernando I repartió sus reinos entre sus hijos; Galicia y los territorios portugueses, los condados de Coimbra y Oporto correspondieron a García, el tercero de ellos. La independencia de Galicia y P. fue efímera (v. GALICIA, REINO DE).En 1073, tras un periodo de luchas entre los hermanos, Alfonso V I de Castilla (v.) reunió bajo su cetro los Estados que habían pertenecido a su padre. Tras ser derrotado por los almorávides en Zalaca (v.; 1086), compensó este fracaso ocupando las ciudades de Santarém y Lisboa. Pero los almorávides (v.) pronto las recuperaron y avanzaron hacia el Mondego. Para detenerles, Alfonso VI pidió auxilio a la cristiandad. Entre los caballeros que respondieron a su llamada se encontraba Enrique de Borgoña, el cual tomó parte en la recuperación definitiva de Santarém, Lisboa y Cintra (1093); al año siguiente contrajo matrimonio con una de las hijas del monarca castellano, Teresa, que recibió como dote los condados portugueses (1094), los cuales permanecieron vinculados a la corona de Castilla en calidad de feudos. Enrique de Borgoña repobló los territorios más meridionales entreel Mondego y el Tajo, y concedió privilegios especiales a quienes los ocuparan.Independencia de Portugal. A la muerte de Alfonso VI (1109), aprovechando las discusiones surgidas en la Corte de Castilla, Enrique de Borgoña y su mujer declararon a P. independiente, a la vez que el obispo de Braga intentaba librarse de la jurisdicción del arzobispo de Toledo. Sin embargo, no pudieron evitar que los musulmanes ocuparan Lisboa y Santarém. Cuando Enrique de Borgoña pretendía recuperarlas le sobrevino la muerte (1114). Al fallecer Enrique de Borgoña, su mujer, Teresa, asumió el gobierno y luchó contra Castilla con suerte diversa; en 1126 fue sometida de nuevo a vasallaje por su sobrino Alfonso VII de Castilla (v.).En 1138 Alfonso Enríquez, primer monarca de la casa de Borgoña (v.), apoyado por los nobles, se rebeló contra su madre y asumió el gobierno (v. ALFONSO I DE PORTUGAL). Negó el vasallaje a Alfonso VII, invadió Galicia y le venció. Pero con motivo de un ataque musulmán tuvo que firmar la paz con Castilla, en Tuy, reconociéndose como vasallo (1138). Se dirigió entonces contra los ejércitos musulmanes que le habían usurpado el castillo de Leiria, y les venció en la batalla de Ourique (1139). Volvió de nuevo contra Castilla, e invadió Galicia, pero Alfonso VII, entonces en guerra contra los musulmanes, firmó la paz. Alfonso Enríquez fue coronado rey por el obispo de Braga (1139), pero pocos años después, tras nuevos reveses en la frontera gallega, fue declarado vasallo del rey castellano (1143). Para sacudirse este yugo, acudió al papa Alejandro III, que le tomó bajo su protección a cambio de un censo anual, al mismo tiempo que le reconocía como rey.Alfonso Enríquez, para proseguir la obra reconquistadora, hizo llegar a su reino a las órdenes militares de hospitalarios y templarios, a las que entregó tierras fronterizas, encomendándoles su defensa. Con su ayuda, consiguió apoderarse de Cintra y Santarém, en 1147. En ese mismo año se fundaba la Orden de Avis o de Évora. Por último, con el apoyo de una escuadra de cruzados, que procedentes de Inglaterra se dirigían a Tierra Santa, tomó Lisboa (1148). En acción de gracias por estas campañas victoriosas, decidió levantar el monasterio de Alcobaga (v. x, 3). Después ocupó Alcácer do Sal y, por último, redondeó sus conquistas lanzándose sobre el Alentejo y ocupando Beja (1162) y Évora (1165).A su muerte, ocurrida en 1185, le sucedió su hijo Sancho I (1185-1211), quien no pudo proseguir la obra reconquistadora debido a la presencia de los almohades (v.) en el Sur de la Península, que acaudillados por Abú Yúsuf (1184-99) se habían hecho fuertes en el Algarve. Tampoco se hicieron avances considerables en las fronteras meridionales durante los reinados de Alfonso II (1211-23) y Sancho II (1223-48), como consecuencia de los problemas suscitados en el país por la nobleza y el clero, que reclamaban el reconocimiento de especiales privilegios. Alfonso II, que tomó parte en la batalla de las Navas de Tolosa (v.; 1212), tuvo dificultades con el clero por no ceder a sus pretensiones y prohibir a los eclesiásticos adquirir nuevas posesiones. Alfonso II fue el primer monarca que convocó Cortes, las cuales se desarrollaron en Coimbra (1211). Cuando subió al trono, Sancho II devolvió a los nobles y al clero algunos de los privilegios de los que les había privado su padre, pero, no satisfechos aún con ellos, el obispo de Braga, Juan Egas, y los obispos de Oporto y Coimbra obtuvieron de Inocencio IV en el I concilio de Lyon (1245) su destronamiento (v. vi, 5).Fin de la Reconquista. Para ocupar su lugar fue nombrado su hermano Alfonso III (1248-79), quien ante una reunión de eclesiásticos y nobles celebrada en París, juró respetar a la Iglesia y oír los consejos de sus prelados para cualquier decisión de gobierno. Cuando Alfonso regresó de París fue recibido con entusiasmo por la burguesía de Lisboa y fue coronado recibiendo el título de "Defensor del reino". Su hermano Sancho, apoyado por Castilla, intentó recuperar el reino, pero fue vencido y hubo de refugiarse en Toledo. Para distraer la atención de los nobles y evitar problemas internos, Alfonso III continuó la reconquista incorporando el Algarve (1248). Se dirigió luego hacia la Andalucía musulmana y ocupó Niebla (1249). Pero Alfonso de Castilla (luego Alfonso X) le hizo reconocer sus derechos sobre los territorios situados al E del Guadiana, por lo que en ese mismo año tuvo que abandonar la fortaleza. Concluida la reconquista portuguesa, se encaró con los problemas internos apoyándose en la burguesía de las ciudades y dando entrada en las Cortes a los municipios, los cuales se vieron representados por primera vez en las Cortes de Leiria, en 1254. A partir de su reinado, se comenzó a usar el portugués en los documentos oficiales, aunque la lengua portuguesa se documenta con anterioridad (v. vIii).5. Reconstrucción interior y expansión marítima. Don Dionís (1279-1325), su sucesor, prosiguió la obra de reconstrucción interior que había iniciado su padre, intentando sacar el mayor provecho posible de la explotación de los recursos naturales del país (v. DIONN I DE PORTUGAL). Se preocupó por la. cultura y creó la primera Universidad portuguesa en Lisboa (1290), fundación confirmada en 1290 por una bula del papa Nicolás IV. Más tarde (1308) trasladó la sede universitaria a Coimbra (v.). Firmó con Fernando IV de Castilla el tratado de Alcañices (1297), importante porque en él se fijaron las fronteras entre el Algarve y Andalucíá, fronteras que con ligeras variantes perduran hasta nuestros días. Inició construcciones navales; reorganizó la marina portuguesa haciendo llegar a marinos genoveses, que introdujeron las técnicas más modernas, y favoreció el desarrollo de la industria textil y minera, todo ello encaminado al enriquecimiento de su Estado. Cuando Clemente V suprimió la Orden templaria, transfirió las pertenencias de ésta a la Orden de Cristo, netamente portuguesa, fundada por Don Dionís (1318). Alfonso IV (1326-56), buscando una solución a la inquietud de los nobles, tomó parte en la batalla del Salado (v.), campaña emprendida por Castilla y Aragón contra los benimerines (v.; 1340). Alfonso IV fomentó el desarrollo mercantil de Lisboa y organizó la justicia, encomendando su ejercicio a los juizes de lora.Su hijo Pedro I (1356-67) subió al trono con la idea de vengar la muerte de Da Inés de Castro, su mujer, asesinada por una orden de su padre dada a instigación de la nobleza. Mandó por ello ajusticiar a los nobles que tomaron parte en ese crimen e hizo que la Corte entera le rindiera honores de reina, desenterrándola de su primitiva sepultura y trasladándola al monasterio de Alcobaca. Los amores de Pedro I e Inés de Castro han sido cantados por Camoens (v.) en Os Lusíadas. En su gobierno interior, Pedro I reformó la justicia y extendió la jurisdicción de sus tribunales sobre los nobles; para restringir el poderío del clero, estableció como obligatorio el placet regio para todos los Breves y escritos pontificios; por último, se distinguió también por la organización de expediciones marítimas, afirmándose que sus navegantes llegaron hacia 1336 a las islas Canarias. Fernando 1(1367-83) protegió las construcciones navales y la agricultura, promulgando la ley Das Sesmarias (1375), por la que castigaba con la expropiación a quienes no cultivasen sus tierras. Favoreció la exportación y eximió de determinados impuestos a los mercaderes que se dedicaran a ella. A raíz de los sucesos de Montiel (v. PEDRO I DE CASTILLA), disputó a Enrique de Trastámara la corona de Castilla, alegando ser descendiente de Alfonso X el Sabio. Las luchas se prolongaron entre 1369 y 1371.Fernando no logró sus propósitos y tuvo que firmar un tratado con Enrique II de Castilla, por el cual se comprometía a casarse con la hija de éste (v. TRASTÁMARA, CASA DE). La boda no llegó a consumarse, porque Fernando se enamoró de Leonor Téllez de Meneses, y Enrique II, ofendido, atacó Lisboa apoyado por ejércitos franceses. P. se alió con Inglaterra firmando con ella, por medio de Juan de Gante, duque de Lancaster, hijo de Eduardo III de Inglaterra, el primer tratado anglo-portugués. Enrique II sitió Lisboa, pero se llegó a la paz en 1371, concertándose el matrimonio de Da Beatriz, hija de Fernando I de P., con el príncipe heredero de Castilla. En ese mismo año volvieron a romperse las hostilidades entre Castilla y Portugal. El pretexto fue, por parte de los portugueses, apoyar las pretensiones del duque de Lancaster al trono castellano, porque su mujer era hija de Pedro I el Cruel y de María de Padilla. Por fin, en 1383, tras diversas alternativas en la lucha, volvió a concluirse la paz celebrándose, como sello de ella, el matrimonio de Da Beatriz de P. con Juan I de Castilla. En ese mismo año murió Fernando I, el rey portugués, y su mujer, Leonor Téllez, asumió la regencia. Da Leonor quiso nombrar reina de P. a su hija Beatriz, pero este derecho le fue negado por ser ya reina de Castilla.6. Casa de Avis. Fernando I fue el último monarca de la casa de Borgoña. En su testamento. había incluido una cláusula por la que trataba de impedir la unión de Castilla y Portugal. A pesar de ello, Juan I de Castilla invadió P. apoyado por los nobles. Frente a Juan I, los candidatos nacionales a la corona eran: Juan de Castro, hijo mayor de Inés de Castro, y el infante Juan, hermano bastardo de Fernando I. Juan I de Castilla consiguió prender a Juan de Castro, acusado de haber asesinado a su mujer, María Téllez, hermana de la regente de Portugal. Desde ese momento, la burguesía portuguesa se fijó en otro candidato, Juan de Avís, maestro de esta Orden y también hermano bastardo de Fernando I, y que alegando las relaciones ilícitas de la regente con el conde de Ourém, la obligó a salir del país y a recluirse en el monasterio de Tordesillas. Desde ese momento, Juan de Avís (13851433) tomó el título de gobernador, pero, aclamado por el pueblo, fue nombrado rey iniciando en P. una nueva dinastía, la de la casa de Avís (v.; 1385). Redujo las ciudades que permanecían adheridas a la causa de Da Beatriz y obtuvo la victoria de Atoleiros y Aljubarrota (1385). Este triunfo sobre los castellanos fue conmemorado con la construcción del monasterio de Batalha (v. x,, 3). Apoyaron a Juan de Avís en su lucha el arzobispo de Braga y el condestable y beato Nuño Alvares Pereira (v.). El ejército castellano sitió Lisboa, pero la epidemia de peste obligó a levantar su cerco. En el monasterio de Batalha fue donde Juan I de Avís y su mujer recibieron sepultura.Juan I nombró canciller a Juan de Regras, famoso jurista, y constituyó un Consejo Real con representantes de los estamentos sociales: un prelado, dos nobles, tres letrados y cuatro burgueses. El rey gobernaba con las Cortes y por medio de ellas; determinaba su papel y regularizaba sus funciones. Se inició un robustecimiento de la autoridad real, con la colaboración del pueblo. Durante su reinado, una expedición organizada por sus hijos Duarte, Pedro y Enrique el Navegante (v.) conquistó Ceuta (1415) y, a partir de entonces, P. se orientó hacia el mar, con expediciones marítimas dirigidas por el infante Enrique el Navegante, gran maestre de la Orden de Cristo y gobernador del Algarve. Enrique fundó en Sagres un centro de estudios cartográficos y cosmográficos e hizo construir un puerto de donde partirían las expediciones oceánicas. Los viajes realizados durante el reinado de Juan I de Avis dieron como resultado el descubrimiento de las islas de Porto Santo, por loáo Goncalves Zarco y Tristáo Vaz Teixeira (1418); Madeira, por Bartolomé Perestrello en 1419; y Santa María, una de las Azores, por Gonzalo Belho Cabral en 1431 (v. DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS, 2). Sucesor de Juan I fue su hijo Duarte (1433-38). Su reinado es una continuación del de su padre con el mismo canciller e iguales directrices de gobierno. Se intentó la conquista de Tánger, pero el ejército portugués fue derrotado y hubo de abandonar esta empresa (1437). Duarte fue un rey amante de las letras y escribió tratados sobre moral y filosofía (v. DUARTE I DE PORTUGAL).A su muerte, le sucedió su hijo Alfonso V (1438-81). Como era menor de edad, el país quedó bajo el gobierno de su tío el infante D. Pedro, al que se deben las Ordenanzas alfonsinas, que constituyen uno de los pilares de la legislación moderna de P. Alfonso V fue llamado el Africano, pues organizó tres expediciones sucesivas a ese continente, conquistando Alcazarseguer (1458), Arcila y Tánger (1471) -inmortalizadas en los celebérrimos tapices que hoy se guardan en la colegiata de Pastrana (Guadalajara, España), tejidos en Bruselas sobre cartones de Nuno Gonzalves-, y acabando con los nidos de corsarios que saqueaban las costas portuguesas y andaluzas. En 1470 sus navíos llegaron al golfo de Guinea, tras descubrir las islas de Santo Tomé, Príncipe y Annobón (V. GUINEA PORTUGUESA II). Alfonso V fue el último monarca portugués típicamente medieval consagrado a empresas guerreras (v. ALFONSO V DE PORTUGAL). Con su hijo Juan II se inicia la Edad Moderna portuguesa.V. t.: VI.M. VILAPLANA MONTES.
BIBL.: A. C. MALTOSO, História de Portugal, Lisboa 1939; S. CHANTAL, Historia de Portugal, Barcelona 1960; L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Relaciones entre Portugal y Castilla en la época del infante D. Enrique (1393-1460), Madrid 1960.
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