Poesía Pura II. Literatura Hispanoamericana. LIT.
Categoria:
Literatura
Generalidades. Si en cl habla castellana (v. I) los intentos de p. p. coexisten desde que la poesía toma conciencia de la especificidad de su función (y así Góngora hace poesía pura al pretender expulsar del poema todo cuanto lo haga anecdótico o explicativo), en los países de la América hispana también pueden citarse intentos antiguos, como el de numerosos versos de El Arauco domado de P. de Oña (v.), de delicada estirpe gongorina, o el de sor Juana Inés de la Cruz (v.), en cuyos poemas la selección del epíteto y de la metáfora, y el predominio cerrado del ritmo musical intentan parecido resultado.Tendrán que pasar siglos, sin embargo, para que la poesía hispanoamericana renueve formalmente sus intentos de purificación. Los poetas de la independencia se encuentran con dos hechos: la emancipación, que los inclina a los temas cívicos, y el romanticismo (v.), que los proyecta hacia la liberación de los contenidos emocionales individualizados. El poema es para ellos vehículo de desahogo personal o de expresión de entusiasmos ideológicos. Pero en las postrimerías del s. XIX surge ya una poesía celosa de sí misma, que preludia la futura aparición de Rubén Darío (v.), y que siente el llamamiento del parnasianismo (v.) e incluso algún atisbo del simbolismo (v.). En ese instante la poesía se plantea como problema y artificio y busca formas que la liberen de toda dependencia prosaica.En México, Salvador Díaz Mirón (1853-1928) y Gutiérrez Nájera (v.), en Cuba José Martí y Julián del Casal (v.), en Colombia José Asunción Silva (v.), y en Chile, en escala menor, Pedro Antonio González (18631903), ensayan ya la renovación de los temas y del lenguaje poético. El verso se repliega dentro de sí mismo, e intenta sustituir las formas naturales y la simple producción de ideas o sentimientos directos por otros objetos que aspiran a ser fundamentalmente estéticos. El ritmo se amplifica y la música, así como la elección de adjetivos, sustantivos y vocablos, cobra valor predominante en el poema.Cuando aparece Rubén Darío, influido por Gustavo Adolfo Bécquer en el primer momento, y más tarde por Verlaine y el simbolismo, su genio busca rápidamente nuevos modos de expresión. Lo que en sus predecesores era tanteo, se convierte en formal descubrimiento. Laimagen, asociada a la rítmica y a la selección de metáforas y epítetos, se encamina a la liberación poética. No es sólo el intento de decir cosas inéditas y decirlas con formas novedosas; es la reivindicación directa de la poesía como un dominio creador donde la realidad se transmuta y adquiere una dimensión tan autónoma como irreductible a cualquiera otra. La poesía se empeña en deslindar y aislar sus fronteras, para no depender de nada ni deber nada a otros dominios. "Como cada palabra tiene un alma, dirá Rubén Darío, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal". La metáfora, huyendo de la referencia inmediata y concreta a la realidad, y refugiándose en un sistema de signos cada vez más hermético, promete a la poesía conducirla a una esfera suprema e inaccesible por otros medios. Darío lo reitera, reivindicando la identificación de poesía y música: "...He querido ir hacia el porvenir, siempre bajo el divino imperio de la música, música de las ideas, música del verbo".El modernismo (v.) sacude a la poesía hispanoamericana y le inyecta un fuerte ímpetu de renovación, que seguirá la huella dariana. Guillermo Valencia (1873-1943) en Colombia, acompañado más tarde por León de Greiff (v.) y Porfirio Barba Jacob (v.); José Santos Chocano (v.), excesivamente ampuloso y verbal, y José María Eguren (1874-1942), indirecto y pudorosamente soslayado, en Perú; Pezoa Véliz (1879-1908), con sus reminiscencias verlainianas, y Magallanes Moure (1878-1924), en Chile, junto a un Pedro Prado (1886-1952); en Argentina, Leopoldo Lugones (v.), y en cierta etapa Evaristo Carriego (18831912), a los que prolongan posteriormente los intentos poéticos de Jorge Luis Borges (v.) y generaciones más jóvenes; en Venezuela, Andrés Eloy Blanco (v.) y Rufino Blanco Fombona (v.), en la huella dariana, deben catalogarse entre los más sobresalientes intentos de una ininterrumpida aventura hispanohablante, deseosa de descubrir el venero imposible de la poesía pura.Dos países, con todo, merecen capítulo aparte en la materia, por la singularidad de sus aportes: Uruguay y México.Uruguay. En Uruguay se da el ejemplar más sorprendente de p. p., que renueva la visión lírica y los modos de expresión, hasta situarse en la frontera de la poesía ultramoderna. Es julio Herrera y Reissig (v.). En él se hace presente también la obsesión y la pasión por la música. Blanco Fombona anota que lo perseguía la fobia del lugar común, el afán torturante de evitar el prosaísmo y la conciencia mallarmiana de la expresión vulgar o demasiado patente y directa. La influencia de Mallarmé y la de Rimbaud introducen en sus poemas las asociaciones verbales más inesperadas, junto a un culto de la metáfora y a una desrealización del objeto, que le confieren una alta categoría poética. Color, musicalidad y sustantivación de la metáfora, pasan a crear nuevos objetos estéticos, manifestándose en su poesía un categórico y decidido gesto reivindicador. Se comprende, como lo explica Guillermo de Torre, que las corrientes ultraístas y más radicalmente desrealizadoras de la poesía, lo reconozcan como uno de sus maestros y precursores, solazándose en las raíces gongorinas de una poesía donde la elusión del objeto y su evocación evasiva cobran un poder mágico. A su tradición cabe asimilar también la poetisa Sara Ibáñez (n. 1910), dotada de un lenguaje muy actual pero a la vez riquísimo, brillante y flexible, herméticamente poético.México. El caso mexicano es curioso, aunque menos resonante. Amado Nervo (v.) avanza, en la dirección de Gutiérrez Nájera, hacia una poesía infiltrada de rico simbolismo, que se reviste de las mismas formas refinidas del rubendarismo, para llegar después a una poesía de intención filosófica, más débil y discutible, en que se mezclan un vago misticismo y un retorno de temas e imágenes dudosamente franciscanas. Enrique González Martínez (v.) debe también situarse entre los que intentaron, consiguiendo finos hallazgos, el logro de una poesía aspirante a pura. Pero en el afán de elaborar una lírica en que la palabra reclamase su autonomía, independizándose incluso de su sumisión al significado, para subrayar la primacía del sonido, el alerta y clásico espíritu de Alfonso Reyes (v.) llegó hasta la célebre "jitanjáfora". Ésta no es otra cosa que la liberación de la palabra, emancipada de toda referencia lógica, y entregada a su puro sonido. De este modo, llega a convertirse, aunque por breves momentos, en un airoso instrumento musical, irónico y burlesco, que resuena sin dependencia de tema alguno, pero subraya así su anhelo de sonoridad y búsqueda de matices eufónicos.Más tarde, este afán liberatorio tendrá otras repercusiones, en la poesía hispanoamericana, que merecen tratarse específica y detalladamente al analizar las corrientes ultramodernistas o ultraicas. El posmodernismo, llámese creacionismo (v. III), ultraísmo (v. II) o cubismo, dispondrá de egregios representantes, en quienes la búsqueda de una poesía quintaesenciada llegará a ser obsesiva. En Argentina, cabe recordar la primera etapa poética de Francisco Luis Bernárdez (v.), a Leopoldo Marechal (v.), Oliverio Girondo (n. 1891), Ezequiel Martínez Estrada (18951965) o Ricardo Güiraldes (v.); en Uruguay, a Carlos Sabat Ercasty (n. 1887), Delmira Agustini (v.), Juana de Ibarbourou (v.), Emilio Frugoni (n. 1880); en Colombia, a Rafael Maya (n. 1898) y Eduardo Carranza (n. 1913); en Cuba, a la poesía no inclinada a lo social, de Nicolás Guillén (v.), Ballagas (1908-54) y Lezama Lima (v.); en Puerto Rico, a Palés Matos (v.); en México, a Salvador Novo (n. 1904), Villaurrutia (1903-50) y José Gorostiza (n. 1901); y en Chile, a Pablo Neruda (v.) en ciertos poemas de Crepusculario, al Vicente Huidobro (v.) de Altazor, a Juan Guzmán Cruchaga (n. 1895), en su inolvidable Canción, y en fin a Humberto Díaz Casanueva (n. 1908), y a Rosamel del Valle (n. 1901).F. DURÁN VILLARREAL.
BIBL.: V. la de los autores citados que tienen voz propia.
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