Poesía Bucólica LIT.
Categoria:
Literatura
El término ’bucólico’ tiene su origen en bucolicus, y éste procede del griego boukolikós, que significa ’boyero’, es decir, encargado de llevar los bueyes. Se aplica a un género de poesía, o composición poética, referida a la vida campestre o a los que habitan en el campo, en especial los pastores. Aunque en la Biblia (Libro de Ruth), Rainayana, Mahabarata y Kálidása, hay rastro de este modo de poetizar, su verdadero arranque se produjo cuando la cultura griega, en su periodo helenístico, se fundió con algunos elementos de la cultura egipcia, y de ese cruce surgió un tipo de poesía que supuso, según afirman algunos críticos, "la romántica despedida a los dioses míticos". Entre los signos de aquel tiempo, se hallaba el deseo de huir de las grandes ciudades, ya entonces prodigadas, para ir hacia el campo buscando una existencia menos artificial.El bucolismo poético, que otros llaman arcadismo, aparece en el s. III a. C. en los versos de Teócrito de Siracusa (v.), que vivió en Egipto bajo la protección de los Ptolomeos (Filadelfo). Pueden captarse algunos antecedentes en Estesícoro de Himera, en Dafnis, pero fue el autor de Idilios el fundador del género, para el que se inspiró en canciones populares sicilianas. Le Jmitaron sus discípulos Brión de Esmirna y Mosco de Siracusa, así como otros grandes poetas a través de los tiempos. Convirtiendo en tema principal lo que hasta entonces había sido secundario, Teócrito escribió 30 composiciones, más 25 epigramas y un poema titulado Siringa, en los que se refleja deliciosamente la vida humana en la Naturaleza y se tiende a crear una armonía entre ambas. Estos idilios, lo mismo que las églogas, unos escritos en metros cortos y otros en hexámetros y endecasílabos, representaron una transición entre la lírica y la dramática. Podemos seguir la huella de la p. b. en distintas épocas y autores. Así en Virgilio (s.V; v.), al inspirarse en Teócrito para crear sus Eglogas, donde se remarca más aún que en su modelo esa necesidad de vida campesina, si bien es cierto que el ansia de asemejarse a la imagen ideal de lo campestre, tan enraizada en la filosofía neoplatónica, daría desde el principio un aire falso a lo pastoril.Durante la Edad Media, no hubo propiamente p. de ese corte, aunque asoman atisbos de ella en algunos Cancioneros (v.), Marqués de Santillana (v.) y Arcipreste de Hita (v.), entre otros, pero con un realismo apartado de lo usual en la lírica bucólica. El Renacimiento, con su recreación apasionada del clasicismo grecolatino, volvió a potenciar lo pastoril. La máxima versión española de ese reencuentro con la égloga la representa Garcilaso de la Vega (v.), quien volvió a la fuente más pura de aquélla con la titulada Salicio y Nemoroso, en la que, bajo la apariencia de pastores que dialogan bellísimamente, se encubren personas y anhelos muy reales. Un papel semejante al de Garcilaso lo encarnaría Sá de Miranda (v.) en Portugal.También en el s. XVI la p. b. tuvo destacadas manifestaciones en Francia e Inglaterra (aquí, a través de Spenser, v.), tomando a veces la forma de alegoría (v.) como medio de lograr efectos satíricos, por lo que hubo de adaptarse al ambiente propio de cada país; en el primero sobresale, posteriormente, la figura de Jasmin (pseudónimo de J. Boe; 1798-1866). Sin perder su índole de exaltación de la vida campesina, la égloga adquiriría nuevo interés durante el s. XVIII; sus principales cultivadores fueron: Meléndez Valdés (v.), Cadalso (v.), Iglesias (1748-91) y fray Diego González de Porcel, en España; Pope (v.) y Gray (1716-71), en Inglaterra; Fontenelle (1657-1757), Segrais (pseudónimo de J. Regnauld; 1624-1701) y Ch. Sorel (ca. 1600-74), en Francia. No es aventurado suponer que esta tendencia hacia lo natural, aunque con expresión artificiosa, pudo tener influencia en el Émile de Rousseau (v.), portador de una ideología, basada en la bondad ingénita del hombre, que tendría efectos revolucionarios.El romanticismo no prestó apenas atención a lo pastoril. Hacia 1834, coincidiendo con el renacimiento literario de Cataluña (v. RENAIXENCA), Rubió y Ors (1818-99), Aribau (v.) y M. Aguiló (1825-97), entre otros, vitalizaron momentáneamente el bucolismo, visible en Verdaguer (v.), Guimerá (v.), etc. El ejemplo de Miréio, de Frédéric Mistral (v.), con su gran aliento mediterráneo, significa la última obra maestra de la literatura en la que la herencia de los poetas grecolatinos que expresaron la vida del campo tomó forma inolvidable. La p. b. propiamente dicha no es tratada por los poetas del s. xx pero sí se halla patente, de manera muy aislada, el uso de algunas fórmulas próximas a este género, aunque predomine el sabor realista, según ocurre en José María Gabriel y Galán (v.) y algunos otros cantores de la España agrícola.L. JIMÉNEZ MARTOS
BIBL.: TEÓCRITO, Idilios, trad. y pról. A. GONZÁLEZ LASO, Madrid 1963; VIRGILIO y HORACIO, Obras completas, trad., interpretación y comentarios L. RIBER, Madrid 1940; GARCILASO DE LA VEGA, Poesías completas, Madrid 1945; Á. VALBUENA PRAT, Historia de la literatura española, Barcelona 1960.
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