Pirineos II. Geografía GEOG.
Categoria:
Geografía
Entre España y Francia, el Cantábrico y el Mediterráneo, los P. forman una cordillera rectilínea de 435 Km. de longitud y de una anchura variable que alcanza su máximo en el centro con 150 Km., y sus mínimos en los extremos, unos 10 Km. entre el Ampurdán y el Rosellón junto al Mediterráneo, y alrededor de 25 Km. en el País Vasco hispano-francés. Esta disposición longitudinal en forma de huso afilado tiene su correspondencia en el perfil altimétrico que dibuja como un gran arco cuya mayor elevación, en el macizo de la Maladeta con el pico de Aneto de 3.404 m., se sitúa en la parte central, la más abombada, a partir de la cual las alturas descienden hacia las puntas del huso, más rápidamente en el Mediterráneo y progresivamente hacia el Cantábrico, donde la cordillera queda convertida en un conjunto de elevaciones de escasa altitud. La imponente barrera montañosa central, difícilmente franqueable por collados nunca inferiores a los 1.600 m., pierde toda su hosquedad en los extremos que se constituyen en los verdaderos puertos que abren el tránsito a través del istmo pirenaico, entre la península Ibérica y Europa que han jugado un importante papel en todas las épocas históricas.Estructura y relieve. La cordillera pirenaica pertenece a la gran familia de las cordilleras alpinas del Sur deEuropa que se originaron como consecuencia de la orogenia terciaria. Pero su disposición rectilínea y su composición petrográfica con rocas calcáreo-margosas del Secundario y Terciario, con rocas más antiguas del Paleozoico, y su estructura de pliegues y fallas dispuestas en abanico a partir de un eje central, le confieren un carácter original dentro del conjunto alpino, caracterizado sobre todo por su disposición arqueada y su estructura disimétrica con grandes mantos de corrimiento, y rocas intensamente metamorfizadas. La razón de esta originalidad está, en buena parte, en su posición marginada respecto al rumbo general de los geosinclinales alpinos europeos que presta a los P. el carácter de una cordillera intracortical, como un apéndice alpino incrustado en los viejos zócalos hercinianos de la Meseta ibérica y el Macizo Central francés.La parte más elevada y central de la cordillera está formada por un macizo paleozoico de pizarras, cuarcitas y granitos que ha quedado incorporado al plegamiento terciario con una estructura de bloques levantados entre fallas verticales; es el llamado, por los geógrafos españoles, P. axial, que constituye el eje de la cordillera en su sector centro-oriental, en las provincias de Huesca, Lérida y Gerona. El macizo paleozoico desaparece a partir del meridiano de laca, hacia el Cantábrico, enterrado bajo los sedimentos más recientes. Estos sedimentos, plegados en largos anticlinales y sinclinales, rodean por ambos lados el viejo y rejuvenecido núcleo paleozoico, constituyendo las sierras interiores y exteriores que descienden escalonadamente, más rápidamente en la vertiente francesa, en cascada de pliegues, hasta desaparecer en las grandes líneas de fractura que marginan la cordillera hacia la Depresión del Ebro y la Aquitania.La formación de la cordillera se inició al comienzo del Secundario, en el periodo Triásico, con la aparición de dos surcos sedimentários abiertos a ambos lados del macizo paleozoico, ocupados por el mar, que sufrió varias pulsaciones a lo largo de la era Secundaria y comienzos de la Terciaria. La acumulación de sedimentos fue casi ininterrumpida; los mayores espesores correspondieron a los periodos de transgresión marina y estabilidad como los del Cretácico y sobre todo Eoceno, que dio lugar a un espesor de sedimentos de 2.000 m. de margas y areniscas en bancos finos que se conocen con el nombre de facies flysch. Al final del Eoceno tuvo lugar la fase de plegamiento principal que replegó estos sedimentos en la parte más interna de la cordillera. Una nueva fase de plegamiento en el Oligoceno desplazó sus efectos hacia las zonas más externas y, por último, al final del Terciario, un movimiento de gran radio de curvatura afectó al conjunto de la cordillera, elevándola y confiriéndole su actual desnivelación y volumen de relieve. La configuración topográfica del P., con sus profundos valles y elevadas crestas, es una herencia de toda su historia estructural y del modelado erosivo efectuado principalmente por la red fluvial y los ciclos climáticos del Cuaternario.Todo el relieve pirenaico es estructural, es decir, traduce con fidelidad su variada composición petrográfica y tectónica; la erosión sólo ha esculpido formas de detalle, aunque verdaderamente llamativas. El P. axial paleozoico, en su sector catalán, está compartimentado en elevados macizos que sobrepasan los 2.000 m., y depresiones alargadas y relativamente amplias como las de Cerdaña, Conflent, Ampurdán y Rosellón, en su extremo oriental. En el sector aragonés los macizos son compactos, sobrepasan los 3.000 m., y los valles son profundos y estrechos, abriéndose hacia arriba en circos. En el área sedimentaria plegada, la erosión diferencial ha sido la regla, destacando vigorosamente las crestas duras de calizas, orientadas de E a O, que dan las sierras de Collarada, Tendeñera, Peñablanca, Montsec y Cadí, todas ellas con alturas superiores a los 2.000 m.; las depresiones se abren en las rocas margosas más blandas, dando corredores longitudinales como La Canal de Berdún, o alveolos irregulares como la Conca de Tremp. Todo ello está cruzado transversalmente por los ríos Aragón, Gállego, Cinca y Segre, que han formado espectaculares cañones en las bandas de rocas más duras. Las cabeceras de estos ríos ofrecen el espectáculo de los más típicos valles pirenaicos, modelados por los glaciares cuaternarios en estrechas artesas y grandiosos circos. Los valles de Belagua en Navarra, Zuriza, Oza, Arañones, Tena, Ordesa, Pineta y Benasque en Aragón, y Arán en Cataluña, presentan los ejemplos más acabados.Clima y vegetación. El ambiente bioclimático es un mundo de contrastes que la lengua popular expresa con la denominación de "pacos" (laderas norte) y "solanos" (vertientes expuestas al S), poniendo de manifiesto la oposición violenta en una misma sierra entre sus dos orientaciones. Toda la cordillera es, en realidad, una gran divisoria bioclimática como consecuencia del "efecto de harrera" ejercido sobre el flujo húmedo del NO. La vertiente francesa es lluviosa, con precipitaciones que exceden los 1.000 mm., sin pausas estacionales. La componente altitudinal refuerza los volúmenes de precipitación e impone un escalonamiento en la vegetación en el que se suceden un "piso basal" compuesto de robles que es sustituido a partir de los 1.000 m. por el bosque de hayas y abetos que sube hasta los 1.600 m. y es coronado por los bosquetes de pino negro y las praderas "alpinas". La vertiente española adolece de una menor precipitación, intercalada por periodos secos, que sostienen una vegetación de porte más mediterráneo, con un piso basal de quejigos y encinas, uno intermedio de pino laricio y silvestre alternando con hayas y abetos en las laderas norte, y el pino negro, que puede llegar hasta los 1.700 m. de altura. Los contrastes entre ambas vertientes desaparecen en los dos extremos de la cordillera donde el efecto de barrera orográfica ya no es sensible y la componente altitudinal juega un papel más modesto. Así se puede hablar de un P. atlántico (el vasco-navarro) profusamente cubierto de hayedos y robledales, y un P. mediterráneo (el catalán), soleado y luminoso y, en buena parte, desprovisto de la cobertera vegetal original de pinos y encinas.Ocupación y explotación humana. La vertiente española del P., como la cordillera Cantábrica (v.), su prolongación hacia el O, desempeñó el papel histórico de "montaña refugio", donde se originaron los reinos cristianos de la Reconquista (v.). Pasada esta coyuntura histórica, que abarca los s. ix-xi, el P. dejó de ser el centro de gravedad, y las severas condiciones impuestas por el medio geográfico estabilizaron un tipo de vida montañés basado en la actividad ganadera trashumante y la explotación forestal. La agricultura se centró en las áreas más favorecidas de La Canal de Berdún, Conca de Tremp, depresión de Urgel y Cerdaña. Las viejas capitalidades de Pamplona, laca, Graus y Seo de Urgel, bien emplazadas para servir las difíciles comunicaciones con los valles transversales, se convirtieron en importantes mercados comarcales desde donde se organizó la vida regional.La población fue escasa y con una tendencia a emigrar, en parte por la institución del heredero único. La explotación de los recursos hidroeléctricos, iniciada a comienzos de siglo y enormemente desarrollada a partir de 1950, aprovechando el potencial que ofrecen los ibones (pequeños lagos glaciares colgados por encima de los valles), y el turismo invernal y estival, que está iniciando su equipamiento en deportes de nieve y hoteles, son la esperanza de una economía arcaica en trance de desaparecer.SALVADOR MENSUA.
BIBL.: L. SOLÉ SABARIS, Los Pirineos, Barcelona 1951; M. MATTAOER, Les traits structuraux essentiels de la Chaine pyrénnéenne, "Rev. de Géographie Physique et de Géologie Dynamique" X,1, enero-febrero 1968, 3-13; 1. M. CASAS TORRES, Los hombres y su trabajo, en Aragón, cuatro ensayos, Zaragoza 1960; O. DE BOLós, La cartografía de la vegetación en los Pirineos, Madrid 1950; V. MASACH, Aportación a la caracterización hidrológica del Pirineo, Madrid 1952.
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