Pirateria I. Historia HIST.
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Historia
Comienzos. Se llama pirata al ladrón que anda robando por la mar. Una de las más antiguas actividades humanas es la p.; al agruparse los hombres en colectividades y mantener entre ellas relaciones mercantiles, aparece la p., que, con el tiempo, contará con una verdadera organización. Lo remoto de su origen lo demuestran las leyendas mitológicas, en algunas de las cuales juegan importante papel los piratas; en la empresa de los argonautas se mezcla la leyenda con la historia. Hacia el 2000 a. C., era Fenicia una de las grandes potencias mediterráneas; expertos los fenicios en empresas piráticas en un principio, pese a que después será el comercio marítimo su especialidad, la trata de esclavos siguió siendo una de sus principales actividades. Los griegos y otros pueblos costeros del continente, así como los de las islas del mar Egeo, practicaban la p. en gran escala; ésta y la guerra eran consideradas nobles actividades de los ciudadanos; la p. constituía una profesión, además de lucrativa, honrosa. Con la pérdida del poderío naval ateniense, el "oficio" recobra fuerza en la zona oriental mediterránea, pese a la guerra que le hacen Alejandro Magno y los faraones; adquiere con las guerras Púnicas notable incremento, ya que Roma, que no contaba con una Armada suficiente para luchar contra Cartago, tomó a su servicio gran número de piratas, que bien pronto serán su pesadilla; esto y la situación de Grecia hicieron que la p. se extendiera por todo el Mediterráneo, llegando a poner en grave peligro a Roma, al ser atacados los suministros que de sus colonias recibía, al punto que el Senado consideró preciso atacar a los piratas en sus guaridas; Augusto, en poco tiempo, consiguió acabar con ellos, aunque aún quedaron pequeños focos de escasa importancia.En la Edad Media, aparecen en las costas occidentales de Europa los vikingos (v.) o normandos, procedentes del Norte de Europa; la dureza del clima y la pobreza del suelo les incita a la mar, llegando en sus incursiones a ser, durante casi tres siglos, el azote de Europa. De sus correrías y depredaciones guardan recuerdos no sólo Escocia, Inglaterra e Irlanda, donde se establecen; también llegan hasta París (885) y se apoderan del país que se llamó Normandía (912). Después, desde el Norte de España y Portugal, bajan, remontando el Guadalquivir, hasta Sevilla. En el 859 aparecen en el Mediterráneo, asolando las costas de África y del Levante español; llegan a Italia y Constantinopla (886), a la que atacan, fracasando en su intento, aunque, entrando en tratos con los griegos, se incorporan a su Ejército, donde prestan su servicio hasta la invasión turca de 1456. Habiendo abrazado el cristianismo, su última acción importante en el Mediterráneo es la ocupación de Sicilia, de donde expulsan a los musulmanes (1060), y a partir de entonces dejan la p. para constituir un Estado político al igual que lo hicieron en el s. x en Normandía.Antes de que los vikingos hicieran su aparición en el Mediterráneo, eran los musulmanes señores de él, al punto de que saquean Roma (846). Grave peligro era el de los corsarios berberiscos; para combatirlos, Génova les ataca en su refugio de Metredia, en la costa de Túnez, a la que sitian, fracasando en la empresa (1390). No fueron sólo éstos los que ejercitaron la p. en dicho mar; durante el s. xi aparecen los dálmatas, duramente combatidos por Venecia.Edad Moderna. Turquía, a finales del s. XV, con su poder naval, se había hecho dueña del Mediterráneo, se apoderó de toda la costa berberisca, verdadero nido de piratas, que habían obligado a las potencias cristianas a tomar serias medidas contra ellos. En 1505 comenzó a descollar entre los piratas un renegado cristiano, Arñy, que inició sus p. con la protección del sultán turco; ya en 1512 intentó infructuosamente apoderarse de Argel; pero al año siguiente la ocupó colocándola bajo el vasallaje turco; a su muerte (1518), su hermano layr al-Din, llamado Barbarroja, pidió ayuda a los turcos, que le obligan a quedar como bey; aliado con sus vecinos, se apoderó de todas las ciudades ocupadas por los españoles en Argelia; a su muerte, tuvo dignos sucesores: Dragut; Sinán (m. 1596), el judío de Esmirna; y otros. Tan gravellegó a ser la situación, que Carlos 1 organizó una expedición victoriosa contra Túnez (1535). Se formó una Liga hispano-veneciana y el Papa que se deshizo tras la batalla indecisa de Trevisa (27 sept. 1539); Barbarroja se apoderó de Castilnuovo (7 ag. 1539), y a partir de entonces el Mediterráneo quedó dividido en dos zonas: una occidental cristiana, española, y otra oriental, turca. Con la victoria de Lepanto (v.; 7 oct. 1571), el poder naval turco decreció, pero no terminó, ni tampoco la p., que durante siglos siguió siendo una pesadilla.A finales del s. XVIII, el desarrollo del comercio marítimo había adquirido gran auge, y otro tanto ocurrió con la p. La navegación por las aguas del canal y mar del Norte era peligrosa; piratas franceses, holandeses, ingleses e irlandeses acechaban a los barcos mercantes, llegando a tal punto las cosas, que los mercaderes se veían en la necesidad de organizarse para su defensa, formando la Liga de los Cinco Puertos (Hastings, Hythe, Dover, Romney y Sandwich), a la que más tarde se unieron otros dos (Winchelsea y Rye), para proteger la costa sudeste de Gran Bretaña y vigilar la mar; la corona les concedió grandes privilegios, pero al final fracasó, no sólo por la enemiga de otras ciudades, sino también por el matiz pirático que llegó a adquirir su actuación.El descubrimiento de América (12 oct. 1492) dio a la p. un nuevo auge y modalidad al lanzar gran número de aventureros a practicar el oficio por los lugares recién descubiertos. Varios son los términos empleados para de nominar a estos "espumadores del mar": piratas, corsarios, filibusteros, bucaneros, forbantes y pechelingues, cada uno con su significado propio. Corsarios se denominaron los piratas que operaban respaldados por una patente de corso (carta de marca); filibusteros, del holandés vrij buiter, libre conquistador de botín, asociados formaron los hermanos de la costa; bucaneros eran individuos dedicados en un principio a la caza de toros salvajes, cuya carne adobada les servía de alimento, vendiendo los cueros; forbantes, franceses que, fuera de la ley, practicaban la p. por su cuenta; pechelingues, de origen holandés, la mayoría tuvieron su centro en San Eustaquio y otras islas antillanas Menores. Fue el campo de acción de todos ellos principalmente el mar Caribe y el golfo de México, aunque también llegaron con sus depredaciones a las costas del Pacífico y del Atlántico.Factores coincidentes con la aparición de la p. en las Indias Occidentales son: La bula Inter Coetera, 3 mayo 1493, del papa Alejandro VI, que repartió esas tierras entre España y Portugal, con la consiguiente doctrina del mare clausum (mar cerrado), que impide a otros países no sólo su expansión por estas nuevas tierras, sino también traficar con ellas; la unión con Felipe II de ambas coronas, que hace que los portugueses puedan navegar libremente por todas aquellas aguas, conociendo puertos, fondeaderos, etc., que después algunos enseñaron a ingleses y franceses, o les guiaron; las guerras de España con Inglaterra, Francia y Holanda, que hace que éstas amparen y protejan las p., dei las que se benefician; la persecución religiosa, que en Francia obliga a muchos hugonotes a abandonar su país, enviándoles el almirante Coligny a las nuevas tierras, donde, enemigos mortales del católico Felipe II, practican la p. por las costas del Caribe, llegando incluso al Brasil y hasta Florida y Canadá, estableciéndose en algunos puntos.En el s. xvi, la p. adquiere un matiz peculiar: la rivalidad entre España, Inglaterra, Francia y Holanda, con la pretensitín de éstas de hundir la economía española, que emplea como medio atacar a los barcos que venían de América cargados de riquezas, valiéndose de la protección encubierta o no mediante patentes de corso a los piratas. En un principio, son los ataques por sorpresa contra los indefensos barcos españoles en su tornaviaje; después, cuando los españoles emplean el sistema de flotas, en las que las naves mercantes van protegidas por otras de guerra, también ellos organizan escuadras para atacarlos, y, bien pronto, aprovechando el abandono por España de algunas islas Menores antillanas y parte del litoral de otras Mayores, se instalan en ellas, creando bases desde donde envían sus expediciones no sólo contra los barcos sino también contra ciudades costeras, a las que atacan y, si pueden, saquean y arrasan. Instalados en estas islas, dado lo difícil que para España resultaba mantener, pese a las medidas adoptadas, el monopolio comercial, pues no eran suficientes los envíos que se hacían de los productos que allá precisaban, organizan el comercio clandestino; Inglaterra, Francia y Holanda ayudan a estos piratas, organizándoles y, en ocasiones, dándoles un gobernador, que les concedía patentes de corso, que les servían no sólo en tiempos de guerra, sino también en la paz, y aquél cerraba los ojos previo el oportuno regalo proporcionado a la cuantía de lo robado.En la Historia de la p. en el mar de las Antillas cabe distinguir varias épocas; son los franceses los que la inician, aunque ya Colón habla de corsarios galos, que encontró a la altura de las Canarias en su primer viaje, y, en 1497, de un pirata, cuyo nombre se desconoce, que le atacó al regreso del tercero: Jean Ango, armador deDieppe (1480-1551), ataca a galeones españoles y portugueses; en 1522, lean Fleury se apodera en el mar de Azores de dos carabelas españolas; se distinguen también Robert Baal y Jacques Sores, éste nombrado capitán general; el príncipe de Condé de acuerdo con la reina de Inglaterra, es enviado a las Indias "con gruesa armada para señorearlas y a las flotas" (C. Fernández Duro, Armada española, Madrid 1895-1913). Una segunda, de 1585 a 1627, en la que son ingleses los que abundan: John Hawkins y Francis Drake (v.) son los principales de ellos. De 1627 a 1640, son los holandeses con Balduino Enrico a la cabeza; hasta que, de nuevo, los ingleses vuelven a distinguirse con Vernon, Morgan, sir Walter Raleigh y otros, que ocultaban sus p. con la máscara de corsario.La primera base pirática fue la isla Tortuga, de allí pasan a La Española, de donde, expulsados por los españoles, se instalan en otras islas: Montserrat, Antigua, San Bartolomé, Guadalupe, Martinica, etc. En 1640, el francés Levasseur ocupa de nuevo la Tortuga, y en 1650 el almirante inglés Penn se apodera de Jamaica, que se convierte en el cuartel general de los filibusteros; allí, bajo la protección de los gobernadores ingleses, se proveían de barcos, armas, municiones, víveres, etc.; allí se concentraban las sociedades filibusteras de las demás islas, llegando a ser su capital, Santiago de las Vegas, un verdadero emporio, de donde salían y recalaban los piratas después de sus rapiñas. Las costas del Caribe y golfo de México, puertos de Veracruz, La Habana, Cartagena de Indias, Portobelo, Maracaibo, Santa Marta, Nombre de Dios y tantos otros fueron los preferidos por estos depredadores para sus ataques, que llegan con Drake a "visitar" los hasta entonces tranquilos puertos del Pacífico. Estos hechos, que llegan a atemorizar a los habitantes de aquellas costas que, bajo la amenaza del degüello y saqueo, comerciaban con los piratas, principalmente en esclavos, que éstos llevaban, obligan a Felipe II a legislar, en 1556, castigando a "todo el que contrate y rescate con extranjeros y corsarios". La p. acaba aquí, cuando Inglaterra, Francia y Holanda se instalan definitivamente en algunas de estas tierras, dejando de ayudarles y persiguiéndoles.Piratas femeninos y piratería oriental. No sólo han sido hombres los que han practicado la p.; también hubo mujeres: Teuta, reina de Iliria, que combatió a los romanos; Alwida de Suecia, que en el s. xii operaba en el Báltico; Juana de Belleville que, habiendo sido decapitado su marido en Nantes (principios s. XIV), vendió sus bienes y armó tres barcos con los que ejerció la p.; lady Killierew, que con su marido, John, gobernador de Falmouth, en el reinado de Isabel I, dirigió una gran organización pirática; Graine Dubhara, hija del pirata Owen, que casó dos veces con piratas; Ana Dic. lo quiere, casada con Pedro el Largo; María Read, que, ocultando su sexo, se enroló en el Ejército y después en la Marina; capturado el barco donde iba por el pirata John Rackhan, conoció a Anna Bonney y se unió a ellos.A finales del s. xvii aparece en la costa Malabar una dinastía de piratas, Angria, tan poderosa, que durante 60 años llegó a ser un quebradero de cabeza para la East India Company, pese a la ayuda que a ésta le prestó la Armada inglesa; no todos los que la formaban eran indios, la mayoría eran europeos; fue su primer jefe Conajes o Kanhoji, que, como verdadero almirante, mandó barcos y llegó a apoderarse de toda la costa al S de Bombay en una extensión de 300 millas; allí construyó fortalezas e hizo su punto de partida para sus incursiones, pero al fin fue aniquilado. Durante el s. xv, la ruta de la India es una tentación para los piratas, que atacan desde sus guaridas en Madagascar, Santa María y Reunión. Se distinguen entre ellos, desde 1685, Teat, Read, David Williams, William Kid, John Avery, lames Plantin y Minon; éste se estableció en la isla Johanna, donde fundó la República Libertalia. Otro centro de p. fue la isla de Borneo, donde la especialidad era la caza del hombre.Se desconocen los orígenes de la p. china; uno de sus jefes, Koxinga, fue el terror de las costas chinas y murió siendo rey de Formosa, que arrebató a los holandeses (1661); también algunos fueron mujeres, como la señora Ching, la Viuda Amarilla, que mandó una flota de juncos a finales del s. XIX; otra, Cho Lo, viuda; más moderna, La¡ Chon San. Sin embargo, no fueron sólo los chinos los que pirateaban en Extremo Oriente; también los japoneses, el más célebre de ellos Yajiro, que, convertido por S. Francisco Javier, pero por diversas vicisitudes, volvió a la p.; además de éstos, también hubo piratas europeos por aquellas latitudes: los portugueses Simón de Andrada, António da Faria y, el más famoso, Mendes Pinto.Decadencia. En el s. XIX, la p. en general decae, todos los países la persiguen; sin embargo, aún se dan casos como el de lean Laffite, en aguas del Caribe; el de El Defensor de Pedro, bergantín brasileño armado en corso, que en la noche del 9 al 10 mayo 1828 apareció varado en la playa de la Cortadura (Cádiz); sospechando las autoridades gaditanas ante la actitud de su tripulación, se vino a poner en claro que, instigados por el contramaestre Benito Soto, parte de los tripulantes, después de abandonar al comandante y a otros en tierra, se dedicó a la p., consiguiendo gran botín; tras varias vicisitudes, un error náutico les hizo encallar; el final lo dictó un Consejo de Guerra; diez fueron ahorcados, y Soto entregado a la Justicia inglesa, que le condenó a muerte por haber asesinado a varios súbditos británicos. Ya en el s. XX, también se han dado casos: los mares de China, archipiélago malayo, Tánger, etc., han sido o son nidos piráticos. El último caso de renombre es el del transatlántico portugués Santa María, que el 23 en. 1961 fue asaltado en aguas venezolanas por un grupo capitaneado por Henrique Galváo, apoderándose de él, asesinando a uno de sus oficiales e hiriendo a otros; días después, tras negociaciones vergonzosas con el contralmirante Smith, jefe de la flota norteamericana del Caribe, acaban abandonándolo, buscando asilo político en Brasil.En definitiva, la p. ha existido desde los más remotos tiempos, perseguida unas veces, y otras amparada, por los Estados que, bajo pretexto de corso, ya hemos visto, protegían a estos depredadores de la mar. Hoy día, el Derecho internacional fija normas para el castigo de todo lo que atente a la libertad de los mares y personas (v. II).J. FERNÁNDEZ GAYTÁN.
BIBL.: P. GOSSE, Historia de la piratería, Madrid 1935; A. MASÍA DE ROS, Historia general de la piratería, Barcelona 1959; F. MORALES PADRÓN, Historia de América, en Manual de Historia Universal, V, Madrid 1962, 539-581; E. SILBERSTEIN, Piratas, filibusteros y corsarios, Buenos Aires 1969; A. O. EXQUEMELIN, Piratas de América, Barcelona 1971.
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