Pintura II. Historia. A. Orígenes y Edad Antigua. HIST.
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Historia
1. Comienzos de la pintura. La p. ha sido, en sus orígenes, figurativa antes que bella, y parietal, en la modalidad rupestre (v.). Los hallazgos prehistóricos sitúan el nacimiento de la p. en el Paleolítico (v.) superior, ya en su primer periodo o auriñaciense (v.), cuyos comienzos pueden situarse unos 35.000 años a. C. y que probablemente finaliza 20.000 años a. C. Los creadores de la p. corresponden a las razas Cro-Magnon (v.) y Combe-Capela (v.). Los temas principales son figuraciones zoomorfas exentas, huellas de manos y motivos ideomorfos, con rasgos muy elementales, cuyo significado no se ha aclarado, aunque se han apuntado varias teorías; tales teorías pretenden resolver la cuestión del origen de la p. (v. I). En lo que concierne a la p. de manos, no se puede decir, según H. Sedlmayr, que tal p. sea arte, "porque le falta el momento de la conformación. No toda imagen -tanto en el pasado como hoy día- es una imagen artística" (o. c. en bibl., 10). Sin embargo, a tal p. se la denomina arte.El hecho de que la p. fuera en un principio figurativa y no bella hace pensar que al hombre de Cro-Magnon o al de Combe-Capela no le preocupaba la belleza, sino la representación, sobre todo de los animales que ocupaban su entorno y de los que se defendía. Que en esta p. no se refleje belleza, según nuestra idea de lo pictóricamente bello (V. BELLEZA A, I b), no quiere decir que no se buscara el goce estético. Tal vez la paleopsicología pueda responder algún día a una serie de interrogantes que plantea esta cuestión. Lo cierto es que la p. paleolítica es espontánea, intuitiva y vivencial, y si el hombre pinta manos y animales es que no sabe pintar otra cosa; no elige entre uno y otro estilo, porque no tiene posibilidad de elección; y pinta del modo que sabe, en sus circunstancias vital y ecológica, sin presiones ni prejuicios, sin otros condicionamientos que los de su persona y los medios de que dispone.Las impresiones de manos han configurado la hipótesis de que "el artista", por sí o por mandato de sus jefes de clan o de tribu, quisiera dejar su huella de un modo físico, para contemplación de generaciones sucesivas. Tal deseo responde a la necesidad primordial en el hombre de permanecer, de alguna manera, a través de su obra, al darse cuenta de la caducidad de la vida terrena. Podría ser también un modo de marcar la posesión de una tierra frente a otros grupos humanos. Los motivos ideomorfos nos acercan a la teoría, discutible, del origen mágico-religioso de la p. Podría verse en dichos motivos un interés por la expresión figurada, un incipiente lenguaje escrito (el nacimiento de la p. en India y China responde a esta idea). Menos discutible es que la p. surja como consecuencia de la actividad creadora del hombre, hecho a imagen y semejanza de su Dios creador. En esta p. primitiva tal vez no haya mensaje, pero sí la emotividad que requiere el acto creador.La zona geográfica más rica en estas primeras manifestaciones pictóricas es la franco-cantábrica (V. ESPA ÑA V; ASTURCÁNTABRA, REGIÓN II; ALTAMIRA, CUEVA DE; FRANCIA III), cuya área de dispersión abarca Europa central, Italia insular y la zona de los Urales. Los primeroscolores usados son simples; básicamente, ocre y negro. Éste se obtenía de humo y carbón vegetal. El ocre, que variaba de rojo intenso a amarillo claro, se elaboraba con tierras minerales reducidas a polvo. El blanco se utilizaba poco y procedía de margas y polvos de calizas naturales. Las sustancias colorantes se aplicaban directamente a la roca y se amasaban con grasa animal, resinas o sangre. Se han conservado por fosilización. El color se extendía con los dedos y con las placas de piedras o de hueso, que hacían las veces de espátula. Cañas afiladas, y luego palos y plumas servían de pincel. Sobre el empleo del color ocre, H. Sedlmayr opina que "en este precedente se encuentra encerrado el sentido del carácter numínico del color rojo" (1. c.).En esta fase de la p., que Goethe llama formativa, se distinguen varios periodos, cuyo estudio se hace coincidir con las divisiones del Paleolítico superior. Al auriñaciense sigue el solutrense (v.), entre 20.000 y 15.000 años a. C. La mayor benignidad del clima amplía el hábitat humano a zonas fuera de las cuevas (v.). Sin embargo, no desaparece la p. rupestre, que también se manifiesta en abrigos rocosos y no casi exclusivamente en los fondos de las cuevas, como en el periodo anterior. Posiblemente, las cuevas donde se "refugiaba" el "arte" tuvieran un carácter sagrado, o fueran centros de p., al modo de escuelas o academias. Junto a placas grabadas, aparecen otras pintadas. El bajorrelieve de esa época combina el grabado y la p. Las siluetas de los animales se pintan en negro (V. LEVANTE ESPAÑOL II, 1). En el solutrense ya se conoce la técnica del esfuminado y se aprecia un principio de dinamismo en las figuras de animales.En el magdaleniense (v.), entre 15.000 y 9.000 años a. C., la p. cuaternaria llega a su apogeo y a su ocaso. Se evidencia mayor realismo, una técnica más elaborada, cierta preocupación por algunos detalles, se capta el movimiento y se aborda la perspectiva con simplicidad. Esquemas y motivos geométricos, en la fase más avanzada del magdaleniense, acercan la p. al arte abstracto (v.), sobre todo en Europa oriental. El color de distinta densidad produce una idea de relieve. Las protuberancias de la roca se aprovechan para dar corporeidad y resaltar la anatomía. Las representaciones antropomórficas se esquematizan. Estas figuras humanas se enmascaran con vestimentas de pieles de animales, cuyo movimiento se, imita. La superposición de figuras y colores (que no es policromía) resalta la importancia del lugar de creación de la obra de arte, la continuidad a través de los cambios climatológicos y de vida, la tendencia conservadora del hombre (V. CASTILLO, CUEVA DEL).2. Del Mesolítico a la pintura esquemática. Con el magdaleniense termina el arte paleolítico o cuaternario, pero no el rupestre, que se continúa en abrigos rocosos de escasa profundidad, en el Levante español, Nubia, zona ártica, etc. El hombre ya no es sólo cazador y depredador, sino que produce alimentos. El fin de la era glaciar señala el comienzo generalizado de la vida al aire libre. Estos cambios se reflejan en la p., una de las principales fuentes de la Prehistoria. Se inicia entonces el Mesolítico (v.), desde 9.000 a 5.000 años a. C. aprox. Las composiciones de escenas dan idea de una incipiente concepción social. Siguen representándose animales de perfil, pero con las pezuñas y los cuernos de frente. Con la disminución de la figura, ésta adquiere más dinamismo. La figura humana adquiere importancia, hasta el punto de convertirse en tema central. Se amplía la temática: caza de animales, luchas entre hombres (¿defensa del medio?), siembra, recolección de frutos, conducción de ganado, industria de cestería y escenas rituales de carácter sexual, que parecen indicar el interés por la reproducción (v. FÁLICO, CULTO; FERTILIDAD II). La técnica es más descuidada que en épocas anteriores. El resultado es una p. más expresiva, que refleja las principales manifestaciones de la vida de entonces. Predomina el color rojo, aunque también se emplean el blanco y el negro. Lo que se ha considerado policromía es un simple repintado. Además de los colores, se superponen las figuras y los estilos.La última fase de la p. rupestre es la esquemática. Cronológicamente, encaja en el Neolítico (v.), desde 5.000 a 2.500 años a. C., aunque ya se sabe que estos límites no son los mismos para todas las zonas geográficas, e incluso la p. esquemática pervive en la Edad del Bronce (v.). En Mesopotamia, donde hacia el 3850 empieza la historia escrita, esta p. ya no es prehistórica; pero en otras regiones, sí. También es coetánea esta p. de la rupestre africana (v. ÁFRICA IV, 3; KHOISÁNIDAS), que se extiende por casi todo el continente, y que no es esquemática. Lo mismo ocurre con la p. rupestre asiática (v. ASIA MENOR II, 1) y australiana. Las primeras noticias de la p. rupestre norteafricana son anteriores al descubrimiento de Altamira.Motivos principales de la p. esquemática son los símbolos solares y las representaciones simplificadas zoomórficas y antropomórficas. La razón de ser de todo este "arte" primitivo tal vez se deba, según Sedlmayr, a "la continua presencia de lo numínico. Las formas artísticas, como los dibujos de las fieras en las cuevas, no fueron creadas inicialmente para actuar sobre otros individuos del grupo, sino para actuar sobre `esencias’ o poderes" (o. c. en bibl. 13). Pero el creador de este arte no fue el grupo, "fue un don de unos pocos que `fundamentaron’ el arte y fomentaron en los otros miembros del grupo las posibilidades de expresarse con estos medios" (o. c., 12).3. Edad Antigua. La individualización del pintor es más patente en épocas más próximas y ya plenamente históricas. La p. deja de ser totalmente rupestre, y como una derivación de ésta surge la p. mural, aunque posiblemente no haya una relación de conocimiento entre el creador de la p. mural y la obra rupestre. La única continuidad, probada arqueológicamente, es la p. sobre cerámica (v. CERÁMICA I). La constante de la p. parietal podría interpretarse como un afán del hombre por revestir las paredes desnudas, en expresión de su íntima soledad en busca de compañía espiritual (horror al vacío). El hombre vive ya en construcciones, cuyos muros interiores adorna con p. En la razón de estas p. hay un ideal de belleza. Pero no deja de ser curioso que, tanto entonces como ahora, y siempre, el hombre conviva con la p.De la p. cuaternaria a la ya histórica hay un largo camino con muchos y amplios paréntesis sin dilucidar. Uno de ellos es la discontinuidad. Con el gran cambio en la p., al producirse una tal variación en los modos y medios de vida, así como en las técnicas, cabe preguntarse si el creador de la p. romana o de la egipcia conoció la p. rupestre. La respuesta creo que es negativa, en cuyo caso puede hablarse de un nuevo nacimiento de la p.Egipto. Del Egipto predinástico, en la segunda mitad del IV milenio, se tienen noticias de unas p. murales, en un sepulcro, que representan un hombre entre dos leones afrontados, y éstos sobre una rueda. Puede establecerse una relación entre esta p. y otras similares de Mesopotamia y del Occidente ya cristiano (Gilgames mesopotámico, Daniel bíblico, cte.). En época tinita, que comprende las dos primeras dinastías (hasta fines del IV milenio y comienzos del III milenio), se aprecia ya unade las constantes de la p. egipcia: cabezas y piernas de perfil, torso de frente. La tradición mural se continúa, yadesde el Imperio antiguo (2700-2500 a. C.), en el arte funerario. El Imperio medio (2000-1780 a. C.) es rico en p. al temple (v. III), diluida con goma y aplicada con pincel, y que representa escenas de la vida doméstica, de lucha, etc. Aparece ya un paisaje de fondo con casas, árboles, etc. Durante el Imperio nuevo (1580-515 a. C.), que termina con el dominio persa de Egipto, los murales no sólo se encuentran en tumbas, sino también en templos y palacios. La p. en las tumbas reales adquiere cierto relieve. Se abandona el perfil y se aborda el movimiento con soltura. Pero la gran creación pictórica en Egipto es la del retrato sobre tabla, al temple o a la encáustica, del que se conservan numerosas muestras, correspondientes a los s. i-Iv, cuando en el país dominaban los romanos (v. FAYUM).Mesopotamia y Asia Menor. Los asirios empleaban colores pálidos para llenar las figuras de trazo negro. Las muestras son escasas y evidencian un estilo más bien hierático en la última fase de su evolución. Hacia el 2800 se descubre la técnica de la p. al fresco, como puede apreciarse en el templo de Tel Uqair. Los hititas utilizaron la p. al fresco en las paredes de algunos santuarios.Mediterráneo prehelénico. La p. en esta zona y época es mucho más rica que en Mesopotamia y Asia Menor. El palacio de Cnosos, al N de la isla de Creta (v. CRETA III), muestra un notable progreso en la p. al fresco, durante el minoico final (1700-1400 a. C.), con escenas de gran realismo y colorido suave, en palacios y sarcófagos (Hacia Tríada), en las que se representa, además de la figura humana, una variada flora y fauna. De muros pintados con peces de colores, la civilización egea (v.) ofrece notables ejemplos (islas Cícladas). En la Grecia continental, los muros del palacio de la acrópolis de Micenas (v.) están decorados con frescos.Grecia posmicéníca. La civilización micénica, que casi coincide con el minoico final y fue desarrollada por los aqueos (v.), termina hacia el 1200 a. C., con la invasión de Grecia por los dorios (v.). La p. de esta época se conoce a través de las fuentes literarias y los vasos pintados (v. CERÁMICA III, 5). Por primera vez en la historia de la p. es posible saber algunos nombres de pintores, entre ellos el ateniense Micón, del s. v a. C., su hija Timárete y su colaborador Polignoto (v.), creador éste de la p. de historia y captador de la expresión psicológica. En la p. de los vasos predomina el estilo geométrico en los s. IX-VIII a. C., al que sigue el estilo orientalizante en el s. vil a. C., en el que los contornos de las figuras se marcan en negro, con algún toque en rojo, blanco o gris. El desnudo masculino se mancha en color pardo, y el femenino en amarillo (isla de Milo). A esta época corresponden los sarcófagos de terracota de la ciudad jonia de Clazomene decorados con p. (escenas de lucha, meandros, guirnaldas, etc.). Resultado de la mezcla de este estilo y el geométrico es el protocorintio (Sición, en el Peloponeso), al que siguen los estilos áticos, libre, etcétera (v. CERÁMICA 1, 9), hasta mediados del s. IV a. C., con escenas de la vida diaria.Desde el s. VI a. C. es frecuente que la p. sobre cerámica aparezca firmada. Así se conocen los nombres de Sófilo, Exequias, Cimón de Clona (introductor del escorzo y el plegado de los vestidos), Epicteto (siluetea el contorno marcando un movimiento atlético), Brigo, Dúrida, Epigene, Eufronio, Hierón, Macrón, Meidias, Nearco, Olto, Sosias, etc. A los pintores ya mencionados del s. V a. C., el siglo de Pericles (v.), de extraordinario desarrollo de la p. monumental, habría que añadir los de Aristofonte, Panaino, Onasias, Dioniso de Colofón, Pauso, Agátarco de Samos, Apolodoro de Atenas (maestro en el modelado con claroscuro), Zeuxis y Parrasio (pintor de caballete). La p. sobre cerámica en el s. IV a. C. ya no aparece firmada y decae. En cambio, sigue en auge el resto de la p. con nombres como Antífilo (originario de Egipto y considerado el creador de la p. grotesca), Apeles, Nicias (pintor del volumen), Protógenes y Timantes (pintor de las pasiones humanas), entre otros. Posteriormente, algunos pintores griegos trabajan en Egipto, donde han dejado algunos retratos a los que ya se ha hecho referencia.Etruscos y romanos. En la Península italiana merece destacarse en primer lugar, cronológicamente: la p. etrusca (v. ETRUSCOS II) funeraria en los muros de cámaras excavadas en la roca, con escenas de la vida cotidiana, especialmente la danza (Tarquinia, Chiusi, Cerveteri, Vulci y Orvieto), y de decoraciones historiadas en las urnas (del s. VII al III a. C.); y la p. romana (v. ROMA II). Ésta imita el retrato helenístico sobre tabla, es más bien realista, y el modelado con fuerte sombreado sustituye a la p. plana. También es de influencia helenística la p. mural. En cambio, es original la p. paisajística. En la representación de la figura humana se abandona el arcaico perfil. En Pompeya (v.), conquistada por los romanos en el 89 a. C., se han encontrado numerosos frescos, que decoraban las paredes de las casas privadas. Anterior a la época romana cabe distinguir en la p. pompeyana el estilo samnita (200-70 a. C.), que imita paneles de mármol.CARLOS R. EGUÍA.
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