Pilar, Santuario de Nuestra Señora Del
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Biografía GER
Famoso por la devoción mariana que alberga, su singular silueta domina en Zaragoza la orilla derecha del Ebro. Según piadosa tradición, allí se apareció al apóstol Santiago el Mayor (v.) la Virgen María en carne mortal, acompañada de un coro de ángeles que traían un pilar de jaspe sobre el que deseaba se venerase una imagen de la Virgen; se añade por la tradición local que este singular suceso tuvo lugar la noche del 2 de enero del a. 40, y que el apóstol edificó un pequeño templo de 20X10 m., que tras la paz constantiniana se amplió rodeándolo con una columnata y arquerías de alabastro.La historia documentada asegura que en el s. xi, después de una oscura vida y culto de la mozarabía zaragozana, fue la fama de este antiquísimo santuario motivo para que Pedro de Librana, preconizado obispo de Zaragoza, obtuviese indulgencias de cruzada del pontífice de Roma. Por ello, en diciembre de 1118, conquistada Zaragoza por Alfonso el Batallador y sus cruzados francos, el prelado se apresuró a comunicar a todo el orbe cristiano la grata nueva de la liberación de aquella iglesia de la beata y gloriosa Virgen María, estimada por antigua fama de santidad y dignidad. Esta iglesita mozárabe, conservada dentro del muro de piedra de Zaragoza, era una pequeña capilla rodeada de un modesto claustro, junto a un cementerio general de la ciudad, y albergó en los primeros momentos al nuevo obispo zaragozano, que probablemente dispuso obras de las que solamente queda el recuerdo de un tímpano labrado en piedra con el crismón constantiniano.En el orden eclesiástico la iglesia de S. María se reorganizó como colegiata en la que vivieron canónigos regulares según la norma agustiniana bajo un prior; de estos primeros priores solamente ha llegado noticia de sus nombres, el más antiguo un tal Guillermo. Las gentes de la conquista la distinguieron con los primeros obsequios y colaboraron a las obras de reparación: así Lope Garcés el peregrino, o Sancho Gómez, quien se acordará de S. María de Zaragoza al caer mortalmente herido en la batalla de Fraga en 1134; algunas figuras de la reconquista de la ciudad eligieron allí su sepulcro, como Gastón, vizconde de Béarn, por muchos años enterrado bajo los arcos de la puerta del santuario. El prior Pedro Jiménez de Ricla obtuvo beneficios fiscales de Alfonso VII durante su breve dominación en Zaragoza y en su tiempo Inocencio II aprobó el orden regular establecido en su comunidad por el prelado Bernardo. La obra románica del templo se realiza hacia 1140 y a la vez surge una hospedería u hospital contiguo para peregrinos, y comienzan a influir donativos de devotos; en torno al templo, zona al parecer poco edificada, surge un barrio formado por nuevos vecinos que obtienen los solares ocupándolos sencillamente.Desde 1171 Alejandro III autoriza las sepulturas y el nuevo prior Guillermo de Narbona acrece la fama del santuario: comienzan a arder lámparas votivas ante el altar de la Virgen; se admiten socios participantes en beneficios espirituales y también en la ayuda alimenticia durante los días de su estancia en Zaragoza; se lleva a cabo una restauración de la obra y sacristía de la Virgen; en el claustro que rodea el santuario hay ya capillas servidas por capellanes propios y hasta del escritorio de S. María puede hablarse, a juzgar por las suscripciones de los contratos de la época: de 1187 data la noticia de un canónigo, Sebastián, que se ausenta para ampliar estudios, cuatro años después se cita por vezprimera con el apelativo de "mayor" al santuario. Alfonso II y Sancho VII el Fuerte le conceden su real protección. Una decena de priores se sucedieron en el s. XIII: se confirman las protecciones regias, se crea la primera capellanía real y los canónigos conciertan hermandad con otros cabildos.El obispo Hugo de Mataplana (1289-96) dará nuevos vuelos a la devoción al santuario: ordena al prior Ramón Becha reedificar los arcos y paredes de la capilla que amenazaban ruina y obtiene de Bonifacio VIII en 1296 generosas indulgencias para los peregrinos: en el templo, además de la capilla de S. María, había al parecer entonces ya otras capillas dedicadas al Espíritu Santo, a S. Miguel, a Santiago el Mayor, a S. Cristóbal y a S. Martín de Tours. La ciudad de Zaragoza concede salvaguardia a los peregrinos que visiten el santuario y por vez primera, en 1299, se documenta la advocación de S. María del Pilar. Coincidiendo con este auge peregrino, a fines del s. XIII o primeros años del s. XIV se escribe una buena copia de los Moralia in Job de S. Gregorio, y el manuscrito inserta un relato de la aparición de la Virgen María a Santiago, de corte literario conforme a la moda hagiográfica de entonces. Una quincena de priores regentaron el templo durante el s. XIV; paulatinamente se enriqueció su patrimonio por generosos donantes y pías fundaciones; y la obra se mantuvo en buen estado pese a las graves avenidas del río Ebro, que en aquellos tiempos incidía directamente en los cimientos del edificio.La fama del santuario crece en el primer tercio del s. XV, ya que la reina Blanca de Navarra, agradecida a un milagro que atribuyó a la intercesión de S. María de Zaragoza, visitó su templo y fundó una congregación de seglares devotos de esta advocación que vistieron una banda azul en la que estaba representado un pilar y la leyenda "A ti me arrimo"; la visita real fue en 1433. Al año siguiente, un incendio de la santa capilla tiznó la pared, el retablo. e incluso la imagen: debió de arder la vieja techumbre de madera y se la sustituyó por una bóveda de crucería, construyéndose un retablo en alabastro con relieves alusivos a la venida de la Virgen sufragados por la familia zaragozana de los Torrero, de cuya obra queda aún un fragmento inferior en el seminario de S. Carlos Borromeo de Zaragoza. Con motivo de estas obras se descubrió la pared tras la sagrada imagen, a la que se tenía por el muro primitivo del s. i, que se recubrió para defenderlo de los amigos de arrancarle trozos como reliquia y recuerdo de su visita, muro que se conserva aún en dos cavidades cerradas hoy a ambos lados del ara sobre la que se venera la imagen.Fernando el Católico autorizó colectas para una nueva obra y en 1515 se elevó un templo gótico al costado del claustro y primitiva capilla; entre aquél y ésta quedaba espacio suficiente para venerar la imagen de la Virgen de frente y desde fuera de su santuario; la nueva obra debió de arruinar el claustro antiguo: era una iglesia de una sola nave, ábside a oriente, capillas laterales y amplio coro; al centro de la nave una puerta accedía al claustro que separaba del santuario tradicional que se mantuvo intacto; su fachada izquierda se apoyaba en la muralla romana. Para esta nueva iglesia se encargó en 1509 a Damián Forment el retablo de alabastro, todavía conservado, lo mismo que el estupendo coro plateresco de los artífices Moreto, Lobato y Obray, y el órgano de Guillaume de Lupe. Éste es el momento álgido de la obra.Pero la fama y la leyenda milagrosa que apoyaba fomentó en los canónigos de S. María la pretensión de ser su iglesia la más antigua y principal de Zaragoza, su verdadera sede episcopal. Ya en 1530, al coronarse Carlos V emperador en Bolonia, Clemente VII concedía a S. María de Zaragoza privilegio de exención, y el arzobispo Fernando de Aragón abrió un proceso para cimentar la situación jurídica de este templo. Durante un siglo archiveros y eruditos del Pilar y La Seo, los dos templas catedralicios, se lanzaron mutuos escritos y réplicas que superó Clemente X en 1675 uniendo ambas iglesias en un solo cabildo. Mientras, desde 1638 se pensó en un nuevo templo que albergase a la vez la santa capilla de la Virgen, cuya disposición aprovechaba la muralla existente para cimentación y daba una planta atravesada a la de la capilla del Pilar. Un dilatado acopio de materiales durante casi 30 años, la jura de Carlos II y visita de Juan de Austria en 1677 movieron las obras del nuevo templo, el actual, que proyectó Felipe Sánchez con modificaciones de Francisco de Herrera; su primera piedra se colocó en 1681 y en 1718 se terminaba una mitad del templo, dentro de la cual iría una nueva santa capilla que respetara la planta y la situación tradicional del sagrado pilar, capilla que se empezó en 1754 y fue replanteada por Ventura Rodríguez, el cual obvió estéticamente la situación lateral en que quedaba la columna de la Virgen. En 1872 se consagraba este nuevo templo que había costado levantar 234 años.El culto del Pilar está organizado en honor de la Virgen: los canónigos divididos en dos residencias que alternan anualmente con La Seo, acuden procesionalmente en las liturgias solemnes hasta la imagen de la Virgen; era también tradicional la exposición sacramental en las cuarenta horas precedentes a festividades marianas; niños músicos llamados infantes ayudan al culto de la Virgen y unos capellanes cuidan del diario vestido de la Virgen con los típicos mantos que cubren su pilar: desfilan bajo ese manto rosarios -y medallas y lo besan los niños en señal de veneración a la Señora. Ésta es el centro de peregrinaciones y de fiestas solemnes el 12 de octubre, día de la dedicación de ambos templos catedrales; su procesión, y especialmente el rosario de faroles que data del s. xvil y el diario rosario de devotos en la santa capilla, gozan de ganada fama. En estos años recientes, la coincidencia de la fiesta de dedicación con el día del Descubrimiento de América, ha elevado la fecha y la devoción del Pilar a festividad religiosa de la Hispanidad. Hoy la singular arquitectura del templo moderno se remata con su completa teoría de torres que le dan una silueta única en el mundo cristiano.ÁNGEL CANELLAS.
BIBL.: D. MURILLO, Fundación milagrosa de la capilla angélica de la Madre de Dios del Pilar, Barcelona 1616; M. NDUGUÉS, Historia apologética de la Virgen del Pilar y su templo, Madrid 1862; R. DEL ARCO, El templo de Nuestra Señora del Pilar en la Edad Media, Zaragoza 1945.
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