Pigalle, Jean-baptiste
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Biografía GER
Escultor francés del s. xviii. N. en París en 1714, y allí m. en 1785. ldijo de un carpintero parisiense, alumno de Lemoyne. Tuvo un principio de carrera difícil (después de su fracaso en los concursos tuvo que ir por su cuenta a Roma donde permaneció tres años) y conquistó el éxito en la Exposición de 1744 con su elegante y nerviosoMercurio (Louvre). Fue muy apreciado por Madame de Pompadour, y ejecutó para ella varias obras cuyos temas había elegido la favorita (Educación del Amor, El amor y la amistad, 1758, Louvre). Se hizo popular por estatuillas llenas de gracia (El niño de la jaula, El niño del pájaro) que siguen la línea de la primera mitad del siglo. Pero con su temperamento robusto, su lucidez, y su amor por la realidad, debía de compartir las aspiraciones de aquellos años decisivos de 1760, la vuelta al "gusto grande", contra la "pequeña manera". El estilo de sus obras principales es viril y grave. En el monumento de Luis XV en Reims (1761) el rey aparecía -signo de los tiempos- en legislador, no en guerrero; y en el pedestal está sentado El ciudadano feliz, admirable figura pensativa, que es un autorretrato. Aunque sus monumentos funerarios no se libran todavía de las enfáticas y complicadas alegorías en boga desde Luis XIV, se imponen por la claridad y fuerza de la composición (sepulcro del conde de Harcourt, 1776, París, Notre-Dame) y por el ritmo heroico; en su obra maestra, el sepulcro del mariscal de Sajonia (1756-77, Estrasburgo, Santo Tomás), el vencedor de Fontenoy baja, erguido y sereno, hacia la tumba donde la Muerte le espera.P. anuncia también el retorno a lo antiguo con su estatua de Voltaire (1776, Louvre), a quien representó desnudo, habiendo modelado la cara del natural, pero utilizando para el cuerpo la flaca anatomía de un soldado inválido. La obra no gustó al escritor, que se consideró "disfrazado de mono" y, a pesar de su excepcional fuerza expresiva, valió al artista más de un epigrama burlón. Cabe añadir que, si P., a diferencia de la mayor parte de sus contemporáneos, se dedicó raras veces al retrato, los pocos bustos que hizo de sí mismo (Louvre) o de personas de su confianza (el pintor Desfriches y su criado, el Negro Paul, museo de Orleáns) cuentan, por su vigor y cordialidad, entre las obras maestras de su autor, y de la escultura del s. XVIII.PAUL GUINARD.
BIBL.: S. ROCHEBLAVE, Pigalle, París 1929.
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