Peste Negra MEDICINA
Categoria:
Medicina
Se conoce con el nombre de P. N. a la epidemia que azotó Europa a mediados del s. XIV, provocando a su paso una terrible mortandad y dejando en los contemporáneos un imborrable recuerdo de horror y tragedia. Los testimonios coetáneos que expresan la difusión de la epidemia son muy abundantes. En 1348, "... en la egregia ciudad de Florencia... apareció la mortífera peste... se extendió de un lugar a otro y llegó en poco tiempo a Europa", dice Boccaccio. No menos contundente es el cronista francés Froissart: "en este tiempo por todo el mundo corría una enfermedad, llamada Epidemia, de la que murió un tercio de la humanidad". Estando Alfonso XI en el cerco de Gibraltar, se lee en la crónica de su reinado "recresció pestilencia de mortandad en el real", pestilencia de la que fue víctima el propio monarca.Origen y difusión de la epidemia. En la primera mitad del s. XIV Europa fue víctima de diversas oleadas epidémicas (1315-17, 1340-42); pero ninguna tuvo la importancia de la P. N. de 1348. Los que la sufrieron tenían conciencia de que aquella epidemia era algo realmente nuevo. "Esta fue la primera et grande pestilencia que es llamada mortandad grande", dice la Crónica de Alfonso XI. En la época se dieron explicaciones fantásticas de este fenómeno. Unos creían que la p. procedía de la corrupción del aire, originada por la conjunción de tres planetas. Otros, entre ellos el famoso médico Alfonso de Córdoba, acusaban a los judíos de ser los sembradores del mal. En realidad, la catastrófica epidemia tuvo su origen en Asia, de donde pasó, por vía marítima, al continente europeo. Pero su rápido arraigo en Europa y los terribles estragos que causó fueron posibles por las condiciones específicas en que se hallaba este continente. A la inseguridad general, la corta esperanza de vida, los desastres de las guerras y la difusión de otras plagas, como la lepra, se añadía una crisis agraria muy aguda en 1340-48. Las malas cosechas significaban el alza de los precios y el hambre, lo que suponía un terreno abonado para la expansión de la peste.Se conoce, en líneas generales, el camino seguido en su difusión por la P. N. Al asaltar la colonia genovesa de Caffa, en Crimea, los soldados mongoles del khan de Oiptchaq (v. HORDA DF ORO) propagaron la enfermedad (1347). Los navíos genoveses fueron sembrando la p. por los diversos puertos del Mediterráneo. En 1348 la enfermedad afectaba ya a Sicilia, África del Norte, Italia, Francia y la península Ibérica. Al año siguiente el mal se extendió a Europa central, valle del Rin, Flandes y Sur de Inglaterra. En 1350 la epidemia penetró en el Norte de Inglaterra, Escandinavia y los Países Bálticos. La peste se presentaba en dos formas, bubónica y pulmonar. Una vez introducida la epidemia en una localidad, sus estragos se dejaban sentir durante unos seis meses, por término medio.Consecuencias demográficas. La principal consecuencia de la difusión por Europa de la P. N. fue de índole demográfica: un incremento brusco de la mortalidad y, como consecuencia, un acusado descenso de la población. Hacer evaluaciones globales de los efectivos demográficos que perdió Europa en estos años es imposible. Los datos aportados por los cronistas coetáneos (100.000 muertos en Florencia según Boccaccio) son indudablemente exagerados. La mortandad varía mucho de unas regiones a otras. Parece que algunas zonas incluso se vieron libres de la epidemia (Norte de Polonia) o, en otros casos, el impacto de la enfermedad apenas fue perceptible (gran parte del Bearn o Brabante). En el país mejor estudiado, Inglaterra, se han estimado las pérdidas humanas causadas por la P. N. en un 25% de la población (cálculos de 1. C. Russell).También existen diferencias notables entre la mortandad de las ciudades y la del campo. En general, parece que hubo más muertes en los núcleos urbanos (la población de Albi disminuyó en un 50% entre 1343 y 1357; en 1350 murió el 50% de los habitantes de Magdeburgo, y entre el 50 y el 66% de los de Hamburgo). La escasa higiene de las aglomeraciones y el nefasto papel de las ratas pestilentes pueden explicar la alta mortandad urbana. El impacto de la p. difería también en función de las clases sociales, siendo mayor la mortandad entre las populares. Por último, puede afirmarse que la p. de 1348-50 atacó especialmente a la población adulta, a diferencia de la oleada epidémica de 1360, que encontró sus principales víctimas en los niños.Repercusión social y económica. La P. N. tuvo una repercusión decisiva en la vida social y económica, siendo uno de los factores que explican la crisis bajomedieval. Muchos campos fueron abandonados, quedando gran número de aldeas despobladas. En Inglaterra se ha comprobado la abundancia de despoblados a raíz de la P. N., especialmente en las regiones de Norfolk, Suffolk y Yorkshire. En Alemania se ha evaluado en un 20% el total de despoblados en Wurtemberg, y en un 44% en Hesse. En Castilla el Becerro cíe las Belietrías registra numerosos despoblados, sólo unos años después de la peste. La expresión referente a un lugar abandonado en tierras sorianas, "que fue granja en tiempo de la regularidad y hoy es despoblado", indica claramente la tendencia dominante. El descenso de la población significaba también un descenso de la mano de obra, tanto en el campo como en la ciudad, a pesar del proceso migratorio a los núcleos urbanos. Esto provocó un espectacular alza de salarios y de precifls, lo que desequilibró por completo la vida económica. Un ejemplo muy significativo lo proporcionan las Cortes de Valladolid de 1351, en las que se dice que "non se labravan las heredades del pan et del vino", y que los campesinos exigían jornales inuy altos. Al mismo tiempo, se afirma que los productos manufacturados se vendían "por muchos mayores pre&s que valían". Ante esta grave situación los monarcas decidieron intervenir en la vida económica, regulando los precios y los salarios. Recordemos el Ordenamiento de menestrales de Pedro I de Castilla y el Statute ol Laborers de Inglaterra, ambos de 1351. Pero las medidas gubernamentales se mostraron ineficaces para contener el proceso en marcha.Las dificultades del estamento nobiliario se vieron agravadas. El descenso de la mano de obra rural, el despoblamiento de muchos campos, la caída del valor de las rentas y el fuerte alza experimentado por los productos de lujo que consumían incidieron desfavorablemente sobre la nobleza terrateniente, que a veces reaccionó de modo violento, intentando resarcirse mediante una explotación abusiva de sus derechos (los malos usos). Para la masa popular, las consecuencias de la epidemia fueron también nefastas. Muchos campesinos se encontraron desarraigados de sus hogares. El encarecimiento de los productos fue un duro golpe para campesinos y menestrales. Es cierto que también la P. N. tuvo sus beneficiarios: los que consiguieron acumular varias herencias, los comerciantes que aprovecharon la coyuntura. Pero, en su conjunto, la epidemia contribuyó a acentuar el contraste entre ricos y pobres. Por Europa se extendió un clima general de desasosiego, propicio al robo y al pillaje. La p. preparó así el terreno para los movimientos populares de la segunda mitad del s. XIV, unas veces levantamientos anárquicos de cólera (como la lacquerie francesa de 1358), otras revueltas organizadas (p. ej., la sublevación campesina inglesa de 1381 dirigida por Wat Tyler).No obstante, una de las principales manifestaciones de la crisis social desatada a raíz de la difusión de la epidemia fue el ataque contra los judíos. El odio acumulado contra la comunidad judaica, en el que confluían motivaciones ideológicas y resentimientos sociales, se canalizó en sangrientos asaltos a los barrios judíos. Son bien conocidos los pogroms de Alemania. En la corona de Aragón la aljama judía de Barcelona fue devastada en mayo de 1348, extendiéndose el furor antisemita a Cervera, Tárrega, Lérida y otras ciudades. Los poderes públicos se vieron obligados a adoptar medidas de protección de los hebreos.En medio de las catastróficas consecuencias que tuvo la P. N. en Europa es preciso recordar un aspecto de signo distinto. Por espacio de unos 10 años al menos los conflictos bélicos europeos estuvieron paralizados, especialmente la guerra de los Cien Años (v.).Otras consecuencias. La difusión de la P. N., con su trágica estela mortuoria, originó la aparición de una mentalidad colectiva específica, caracterizada por el terror y el miedo ante la muerte. Este clima era propicio a las exaltaciones violentas. El caso más típico fue el de los flagelantes, bandas de cientos y a veces miles de personasque recorrían Europa. El movimiento era una mezcla de histeria colectiva, sentido morboso, antijudaísmo y anticlericalismo. En 1349 el papa Clemente VI condenó a los flagelantes, ordenando a gobernantes y obispos que los dispersaran. La vida religiosa también sufrió el impacto de la p. La desaparición de muchos clérigos, y en particular de frailes mendicantes, causó un profundo vacío y fue causa, en muchas regiones, de una relajación de la vida moral.En el terreno de la creación literaria, la P. N. transmite el tema de la muerte, que pasa a ocupar un primer plano. Surgen las danzas macabras, en las que la muerte invita a bailar a los atemorizados humanos. En la literatura castellana este macabro baile está expresado en la conocida Danza de la Muerte (v.), probablemente de los primeros años del s. XV. Igualmente la P. N. ejerció una influencia considerable en las artes plásticas. Frente al sentido puramente narrativo triunfan unas manifestaciones artísticas que intentan captar la vida angustiosa y dolorida. Son frecuentes las esculturas que representan al cadáver putrefacto.Lo conmoción causada por la P. N. suscitó un gran interés científico para moderar sus nefastas consecuencias, pudiendo ser considerada como el punto de partida de una valiosa literatura médica medieval. En realidad, la famosa p. fue la primera de una serie de oleadas epidémicas, que afectaron al continente europeo en la segunda mitad del s. XIV (1360-62, 1373-74, 1383), si bien ninguna causó tantos desastres ni alcanzó la triste fama de la de 1348, conocida en su época como "el mal negro".VALDEÓN BARUQUE.
BIBL.: G. C. COULTON, The Black Death, Nueva York 1930; Y. RENOUARD, Conséquences et intérét délnographique de la Peste Noire de 1348, "Population" 3 (1948); L. FEBVRE, La Peste Noire de 1348, "Annales. Economies, sociétés, civilisations", I (1949); E. CARPENTIER, La Peste Noire. Famines el épidémies au XIV, siécle, ib. 6 (1962); J. C. RUSSELL, British Medieval Population, Alburquerque 1948; E. CARPENTIER, Une ville devant la Peste. Orvieto et la Peste Noire de 1348, París 1962; C. VERLINDEN, La grande peste de 1348 en Espagne. Contribution á 1’étude de ses conséquences économiques et sociales, "Rev. Belge de Philologie et d’Histoire", XVII (1938); J. GAUTIER-DALCHÉ, La Peste Noire dans les États de la Couronne d’Aragon, "Mélanges offerts á Marcel Bataillon", Burdeos 1962; G. DEAUx, The Black Death, Londres 1969; N. CABRILLANA, La crisis del siglo XIV en Castilla: la Peste Negra en el obispado de Palencia, "Hispania", 109 (1968); A. LUTRELL, Los hospitalarios en Aragón y la Peste Negra, "Anuario de Estudios Medievales", 3, Barcelona 1966; J. SOBREQUÉS CALLicó, La Peste Negra en la península Ibérica, "I Simposio de Historia Medieval" (en prensa).
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