Perú XII. Etnografía y Folklore
Categoria:
Cultura
Introducción. En el P., Etnografía es descripción de culturas específicas, por lo común no urbanas; Etnología, análisis comparativo de datos etnográficos; y Folklore, disciplina antropológica particular que, en el análisis de limitadas expresiones de la tradición popular, persigue 10 objetivos básicos: 1) revelar de qué fase del desarrollo social proviene la expresión; 2) cuáles fueron las condiciones histórico-sociales que sirvieron de marco al surgimiento y cuáles las circunstancias que pudieron ocasionarlo; 3) cómo pudo estar integrado al todo social y cultural de la fase originaria; 4) en qué forma se produjo el desplazamiento a través de las fases posteriores; 5) cómo se presentó en cada momento del proceso; 6) cómo se ensambla dentro del sistema en que hoy aparece; 7) qué factores lo mantienen en vigencia; 8) cuál es la resonancia mental y práctica que tiene en los portadores actuales y en la sociedad de la que forman parte; 9) qué tipo de perspectivas de continuidad ofrecerá en una sociedad que haya alcanzado los grados más avanzados del desarrollo; y 10) cómo y en qué condiciones las respuestas a estas preguntas pueden hacerse extensivas a otras expresiones similares o diferentes.Fuentes. Las fuentes escritas surgen en el s. XVI. Los primeros inventarios son hechos por españoles, indios y mestizos de diversos intereses y profesiones, testigos o factores del proceso de consolidación del nuevo orden introducido por la conquista. Por tal causa, el Léxico del P. Domingo de S. Thomás (Lexicón, o Vocabulario de la lengua general del Perú, Valladolid 1560) debe considerarse, también, como la más antigua monografía sinóptica de carácter etnográfico, etnológico y folklórico del Perú. Más tarde aparecen las obras de viajeros curiosos y hombres de ciencia. Sus acopios son fruto tanto del afán esclarecedor de los s. XVII y XIX como de la necesidad de inventario de riquezas naturales y mercados de consumo para configurar las "zonas de influencia" en que la revolución industrial dividió al mundo. Los estudios concretamente antropológicos son un subproducto de las conmociones sociales de los s. XIX y XX. Se originan, por un lado, en la indagación de la propia real identidad y de argumentos justificativos de cambios pensados inaplazables, y, por otro, en la búsqueda de medios que permitan, a los usufructuarios, nativos o extranjeros, mantener el orden económico y social establecido en el virreinato y celosamente preservado, como "orden público", en todo lo que va de su continuidad republicana.Fuentes adicionales son las que aparecen en vastas expresiones de la ciencia, la literatura y el arte. Estudios psiquiátricos recientes (como varios publicados en los Anales del III Congreso Latinoamericano de Psiquiatría, Lima 1966) son también, trabajos sobre folklore médico; muchas novelas "costumbristas" e "indigenistas" son casi monografías etnográfico-folklóricas, en las que la inventiva literaria marcha muy a la zaga de la fidelidad documental; y, las acuarelas de Pancho Fierro son católogos de costumbres populares de su época, y, en parte, de la actual.Hechos. Las diversas fuentes muestran al P. como una totalidad continua y unitaria en la que persisten, obstinadamente, modos de producción y formas de conciencia propios de fases superadas del desarrollo social, procedentes del patrimonio de pueblos nativos entrecruzados de migraciones dirigidas, mitimáes, del caudal que correspondió a patrones generales y matices regionalizados de la España de ultramar y, por obvias razones, del fermento que surgió, como algo nuevo, diferente y sincrético, de la confrontación de esos elementos conjugados con la variedad de ambientes geográficos y circunstancias particulares de vida histórica.La Costa, pese a las exigencias transformadoras que llegan por cielo y mar, y a ser sede de un incipiente proceso industrial y comercial, mezcla de plantación, ensambladora y factoría, conserva muy antiguas formas culturales. En Trujillo se pesca, todavía, con "caballitos de totora" heredados de los mochicas del 300 a. C.; en lea se cultivan vides con procedimientos de riego nazca de hace 1.500 años, se desecan uvas y se elabora vino con técnicas medievales; en Arequipa y Moquegua se crían olivos, se fabrica aceite y se practica el "rebusco" como cuando, en España, regían las Ordenanzas de Castilla y, en cuanto a ideas acerca del mundo sobrenatural, pueblos y aldeas presencian aún santificaciones populares (melchorita, de Chincha; de humay, de Pisco, etc.) y, como en tiempos del virrey conde de Lemos, se hacen grandes romerías a los sitios de "aparición milagrosa" de imágenes (Señor de Marcabalito, en La Libertad; de Los Milagros, en Lima; De Luren, en lea; De Locumha, en Moquegua; Virgen de Chapi, en Arequipa). Esta periódica religiosidad popular, unida a corridas y peleas de toros, riñas de gallos, apuestas, désfiles, procesiones, bailes festivos (como la marinera) y derroche culinario, delatan una intensa fe en el azar y un sentido orgiásticode la existencia, con raíces en la notoria polarización de riqueza y miseria. La intensa migración de campesinos pobres a las "barriadas" costeñas, si bien acucia una homogenización basada en los patrones del área receptora, es, en otro plano, el avance contemporáneo de los mundos selvático y serrano hacia el mar.La Sierra, región de vida tradicional más intensa, del huayno (baile), el poncho y la llama, alberga, junto a escasos pobladores ricos, la más amplia capa social de ínfimos comerciantes y artesanos, con una existencia que no encaja en la vida campesina ni en el frío individualismo de la urbe. De esta capa provienen las más famosas, aunque agónicas, artesanías: retablos, filigrana, tejidos con telar de pedal, talla de "piedra de Huamanga" (Ayacucho), mates burilados (Huancayo), imaginería (Cuzco), platería de Catacaos (Piura), San Jerónimo de Tunán (Junín), San Pablo (Cuzco), talabartería de Huancavelica, etcétera. La masa sustancial de las aldeas y "haciendas" serranas está formada de indios quechuas y aymarás, que nutren el germinal proletariado del país, las filas del ejército o la servidumbre doméstica. Ella es el cimiento de las "comunidades" libres y cautivas, formas desintegradas de los antiguos ayllus, en ardua lucha con el poder de los "gamonales". La frugal familia campesina, agricultora de maíz y patatas, quinua y otras plantas, cría unos pocos animales, limitando sus artesanías comerciables a los tejidos de telar horizontal y la cerámica a veces primorosa ("toritos" de Pucará y Santiago de Pupuja, en Puno; "toros" y "catedrales" de Quinua, en Ayacucho).Las actividades agrícola y ganadera, unidas a la lucha social por la tierra, enmarcan todas las expresiones culturales. El sincrético panorama espiritual es buen ejemplo. S. Isidro, que dirige las siembras; S. Marcos, S. Lucas, S. Antonio, S. Inés, que presiden las ceremonias de marcación del ganado, adquieren más significación que cualquier otra divinidad, y la frondosa mitología precristiana sigue activa por causa de su conjunción con la tierra: Pacha Mama (Tierra Madre) aún recibe ofrendas; los Wamani, con sus diferentes nombres regionales (Achachila, Apu, Awki, lirka, Ruwal, Tayta Orqo), almas de los montes, cuidan el ganado; Illa o Enjaycho, piedra animizada, fecundas vacas y ovejas; loa, felino de los manantiales, origina el arco iris; Wayra, espíritu del viento, sopla el polen; Amaru, toro áureo padre de la orogenia, erosiona los campos; y los "condenados" son, principalmente, almas y cuerpos de "gamonales" salidos de las tumbas, que vagan devorando hombres, cenizas y gusanos de sus propios cuerpos.Hay, desde luego, otras objetivaciones, nativas o foráneas, que guardan relación más sutil con las mismas ideas: sirenas, duendes del agua (Ichik Olljo), de minas (Muki) y terrestres, mulas infernales y el Degollador (Nakaj, Pishtako, Karikari, Karisiri, Llikichiri), personaje fabuloso nacional que, en el s. XVI, es el español que extrae la grasa de los indios para "curar las llagas de los castellanos" o "cierta enfermedad del rey", o es el misionero en el s. XVII, el hermano betlemita en el XVIII, el fraile en el XIX, y termina siendo, hoy, el norteamericano que extrae el "unto" para lubricar naves espaciales, armas atómicas y cañones destinados a las guerras de Corea o de Vietnam.La región de la Selva Amazónica, si bien invadida por colonizadores, misioneros, soldados y funcionarios, sigue siendo la morada natural de 23 grupos nativos importantes en diferentes grados de aislamiento y desarrollo: achual, aguaruna, amahuaca, amuesha, bora, campa, cashibo, cocama, culina, huambisa, huitoto, machiguenga, mashco, mayoruna, ocaina, orejón, piro, quechua, shapra, shipibo, ticuna, y yagua, agrupados en grandes familias lingüísticas: arahuac, cahuapana, huitoto, jíbaro, pano, záparo, y cinco independientes: culina, quechua, yagua, ticuna y orejón.El aborigen selvático ("chuncho" o "salvaje"), básicamente recolector, vive junto a ríos y lagos, en dependencia del "monte". La caza con arco, flecha, cerbatana o armas de fuego, la pesca con redes, anzuelos o barbasco y una agricultura primaria de yuca y plátano, proporcionan el soporte de la casa de palma y pilotes, mientras que las pieles finas, la extracción del jebe, caucho, lechecaspi, palo de rosa, castañas, la salazón de peces, y, en casos, una delicada artesanía, como la cerámica de los shipibo, le pone en contacto con un mundo exterior que le expolia.Los grupos, aun los más numerosos en la actualidad, como el campa, el aguaruna y el huambisa, se han ido extinguiendo desde la "época del caucho" (1890 a 1920, más o menos) en que los caucheros o sus enfermedades los diezmaron en una medida que, pese a la multiplicidad de lenguas y culturas -que hace difícil una visión generalizadora -se sintetiza en un relato cosmogónico machiguenga de las potencias creadoras: la del bien, que originó lo navegable de los ríos, los alimentos, las flores bellas y los hombres nativos; la del mal, que creó los rápidos, las enfermedades, las plantas ponzoñosas, las serpientes y el hombre blanco. La creciente presión del exterior sobre la Selva hace esperar, a corto plazo, una dramática dilución de los pueblos nativos en la vorágine de un mundo al que juzgan inmensamente cruel y al que, venciendo la enorme multiplicidad idiomática, nombran, por igual, "cristiano" y "civilizado".E. MOROTE BEST.
BIBL.: R. PORRAS BARRENECHEA, Fuentes históricas peruanas, Lima 1963; F. SCHWAB, Bibliografía etnológica de la Arnazonia peruana, Lima 1942; W. MANGIN, Bibliografía etnológica de la Costa y Sierra del Perú, Lima 1956; J. M. ARGUEOAS, Bibliografía del folklore peruano, México-Lima 1960; H. MARTÍNEZ Y OTROS, Bibliografía indígena peruana 1900-60, Lima 1968.
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