Perú VIII. Arte ARTE
Categoria:
Arte
Época virreinal. El virreinato de P., junto con el de Nueva España, ofrece el panorama más rico y variado de monumentos erigidos por los españoles en América. En P., las condiciones geográficas se dejaron sentir con fuerza como determinantes de materiales y estructuras; el problema de los terremotos, como en Guatemala, originó un tipo de estructuras y sistemas constructivos, que perfilan la fisonomía de los edificios. Las proporciones, el empleo de ciertos materiales flexibles a los temblores de tierra, o la pervivencia del empleo de las bóvedas de crucería obedecen a la necesidad de contrarrestar las consecuencias de este fenómeno. Lo mismo puede decirse en cuanto a los materiales. En algunos edificios es frecuente el ladrillo o el adobe, mientras que en otros se utiliza más la piedra. Según dondese construya, en la costa o en la zona andina, son unos u otros los materiales usados.A diferencia de lo que puede verse en el arte mexicano del s. XVI, son muy escasos los monumentos góticos de esa centuria conservados en P. Además de porque se construyó menos, la razón también hay que buscarla en las destrucciones producidas por los terremotos. Algunos, empero, como Santo Domingo de Lima, San Agustín de Saña y la iglesia de Guadalupe acreditan el arraigo de las formas góticas en la geografía del virreinato. Sin embargo, lo más frecuente es que estas estructuras y elementos decorativos góticos aparezcan mezclados, principalmente en lo que se refiere al aspecto ornamental, con las soluciones renacentistas del plateresco. Es en la decoración de las portadas donde a mediados del s. XVI aparece la decoración plateresca (portada de San Francisco de Ayacucho). Estas soluciones se difunden en edificios modestos, distribuidos en la meseta del Collao. A causa de la similitud que presentan, se han podido establecer unos caracteres comunes: iglesias de una nave con un atrio formado por una arquería de medio punto, nave estrecha y larga, dos capillas que hacen las veces de crucero y torre a los pies (Asunción de Chucuito, San Miguel de Pomata, San Juan de Acora). El renacimiento se desarrolla en P. a través de diversas modalidades. Una de ellas es en iglesias rurales o de menor importancia, en las que existen portadas bellamente proporcionadas (Paucarcolla, la Asunción de Juli y Chucuito y la de la iglesia de Santo Domingo de Cuzco), y, en una fase purista, en las grandes catedrales de Lima (v.) y Cuzco (v.). Ambos tipos de edificios, catedrales e iglesias, presentan unos rasgos diferenciados: versión culta en los primeros, popular en los segundos. A éstos hay que añadir la presencia de elementos mudéjares, especialmente en cubiertas, a pesar de lo mucho que se ha perdido, pero de lo que tenemos noticias por los cronistas (un ejemplo importante es la del presbiterio de la iglesia de la Asunción de Ayacucho).Un capítulo importante en el arte peruano del s. XVI son los claustros; formados por dos cuerpos y cuatro brazos, emplean sistemáticamente el arco de medio punto. De los más bellos de toda América son los del noviciado de San Francisco de Cuzco y el de Santo Domingo. Es interesante resaltar que algunas casas tienen patios con un trazado no muy diferente, como las cuzqueñas del Almirante, con interesante ventana de ángulo en su fachada, y la llamada "casa de los cuatro bustos", en la que también destaca la bella portada que le da nombre.La construcción de catedrales discurre siempre vinculada al desarrollo de las ciudades. Las peruanas de Lima y Cuzco se corresponden con el impulso constructor de las levantadas en México y con una serie de soluciones constructivas que les son comunes. La estructura urbana de Lima es de cuadrícula, una de las primeras que con esta forma hacen los españoles en América. En la plaza se reservó lugar para la catedral, la cual, tras una estructura provisional, traza Francisco Becerra (v.), a quien se debe también la del Cuzco. Con testero plano, alinea tres naves con dos de capillas separadas por pilares, en los que es evidente el recuerdo de la solución dada por Siloé en Granada (v. SILOÉ, FAMILIA). Las bóvedas proyectadas en arista fueron sustituidas, a principios del s. xvii, por otras de crucería, a causa de los terremotos. Sin embargo, hay una coincidencia no advertida hasta ahora. En la catedral de Granada, donde no existían problemas sísmicos, a principios del s. XVII se decide cubrir las naves con bóvedas de crucería, modificando de esta Imanera el proyecto del renacentista Siloé, aspecto que emparenta, por otro motivo más, las catedrales americanas con la granadina.Al tiempo que tiene lugar este florecimiento arquitectónico en P., se desarrolla una interesante producción en pintura, escultura y retablos; de ello es más lo que se sabe por documentos que por obras conservadas. Algunas de éstas ponen de manifiesto que la escultura deriva de la escuela sevillana, bien a través de artistas procedentes de esta ciudad o por ser obras de allí importadas (Virgen de Candelaria de la iglesia de Copacabana).Sin embargo, no fue hasta el barroco cuando el arte peruano alcanza una dimensión y significación realmente importantes, perfilándose aportaciones llenas de originalidad. Puede decirse que, a partir de ese momento, la escuela peruana presenta un repertorio formal que en muchos aspectos supera al hispánico. Si en los primeros años del s. XVII, lo mismo que en México, son todavía las formas del s. XVI las que persisten (escultura de estilo sevillano premontañesino, manierismo tardío en pintura y formas clásicas en arquitectura), durante la segunda mitad del siglo triunfa un estilo decorativo dinámico y fluido, que alcanza su culminación en la centuria siguiente. Lima y Cuzco, Cajamarca y Arequipa (v.), y la región del Collao se incorporan dentro de sus caracteres propios a este florecimiento artístico. Desde el arte refinado y culto de Lima al enjundioso y popular de Arequipa discurren una serie de realizaciones que hacen del arte peruano de ese momento uno de los más ricos de América.A la primera etapa corresponde la portada de la catedral de Lima, obra que realiza luan Martínez de Arrona y que concluye Pedro Noguera, introduciendo variantes, como el frontón partido, de tanto arraigo en el arte peruano. Por otra parte, el tipo de portada-retablo, que alcanzara tan extraordinario desarrollo posteriormente, está aquí determinado. Esta primera etapa del barroco tiene su culminación en obras realizadas durante la segunda mitad del s. XVII en Lima. La principal es el convento de San Francisco, cuya portada desarrolla al máximo las sugerencias expresivas apuntadas en la comentada de la catedral, al tiempo que señala el camino que seguirá la decoración barroca de la centuria siguiente. A propósito de su origen, se han establecido relaciones con retablistas y autores de sillerías en Lima. El claustro del convento es otra de las obras limeñas del seiscientos más representativas. La nómina de edificios que se construyen en Lima durante el s. XVII resulta amplia, y lo mismo cabe decir de los que se levantan a lo largo de la centuria siguiente. Entre éstos, Santa Rosa de las Monjas o Las Nazarenas, cuya estructura es síntoma de un nuevo estilo, más dinámico y con una nueva idea espacial, son buenos ejemplos del barroco limeño. El claustro y portada de la Merced o la portada de San Agustín son expresión de originalidad y de profusión decorativa emparentada con la de los retablos y las portadas.La escuela cuzqueña alcanza su máximo florecimiento, dentro de este periodo, a partir del terremoto de 1650. La portada de la catedral parece iniciar este florecimiento arquitectónico, con una significación análoga a la que la portada de Martínez de Arrona y Pedro de Noguera de la catedral de Lima tuvo para el desarrollo del barroco en esta ciudad. La Compañía, el claustro de la Merced o la iglesia de San Pedro son testimonios de este original, y al mismo tiempo, desde el punto de vista formal, disciplinado, barroco cuzqueño. También en Cuzco domina el tipo de portada-retablo. Frente a estructuras arquitectónicas cuyo origen puede hallarse en soluciones del s. XVI, la ornamentación de las portadas pone una nota uniformada de barroquismo. Pero a diferencia de lo que hemos visto en la escuela limeña, en algunos elementos decorativos y sobre todo en el tipo específico de la ornamentación, se aprecia una tendencia hacia soluciones mestizas, que culminan en otras escuelas.En este sentido, destaca el proceso de mestización que se efectúa en la decoración de algunas portadas de Cajamarca (Belén, catedral) y Arequipa (Santo Domingo, La Compañía, San Agustín); derivación de formas cultas, la portada se reviste de una talla plana y abstracta, en la que lo autóctono pone una nota de personalidad en la ornamentación barroca.Paralelamente a este desarrollo de la arquitectura religiosa se produce una importante arquitectura civil. De todos los ejemplos que puedan enumerarse en la casa Torre-Tagle de Lima, por su portada y balcones volados de madera y su patio, una de las más bellas. Las mismas diferencias pueden marcarse también entre las diversas escuelas, en lo referente a la arquitectura civil. Basta comparar la portada de la mencionada casa con la de Ugarteche en Arequipa, en la que se aprecia el mismo tipo de talla plana ya comentado.En la escultura, según dijimos, se deja sentir con fuerza la influencia sevillana. Durante el s. XVI fueron varios los artistas sevillanos establecidos en Lima, como, p. ej., Cristóbal de Ojeda; su número aumenta en los primeros años del s. XVII: Martín Alonso de Mesa y Gaspar de la Cueva. Pero lo más interesante son las obras de Montañés (v. MARTÍNEZ MONTAÑÉS, JUAN) que se envían a Lima, como el retablo de San Juan Bautista de la iglesia de la Concepción. El eco de su arte en tierras peruanas será grande. Junto a los escultores hay que destacar las sillerías de coro (Santo Domingo y San Francisco de Lima; San Francisco y catedral del Cuzco) y los retablos, labor ésta que enlaza con el tipo de portadas a que hemos hecho referencia anteriormente. En pintura, a las soluciones manieristas del s. XVI que se prolongan durante el XVII, sucede el tenebrismo y una versión propia y popular en la escuela cuzqueña (v.). También aquí fueron muchas las obras enviadas y los artistas procedentes de la Península que trabajaron en P., aunque no se alcanzó la pujanza plástica a que hemos hecho mención al tratar la arquitectura.Época independiente. Durante el s. XIX, la actitud antiespañola determina en el plano artístico una tendencia a la asimilación de soluciones contrarias a la tradición. El palacio del Senado de Lima se hace a imitación de soluciones del estilo clásico de los Estados Unidos; no obstante, algunos artistas mantienen relación con el arte español, como el pintor Teófilo Castillo (1857-1922), que fue influido por Fortuny. El academicista Ignacio Merino (1817-76) tuvo por discípulos a Luis Montero (182669) y Francisco Caso (1823-68), que trataron temas netamente peruanos. En 1918 se creó la Escuela de Bellas Artes de Lima. Un nuevo deseo de beber en fuentes propias supone el movimiento pictórico indigenista, encabezado en los a. 30 por José Sabogal (1888-1956), que inicia una nueva renovación de la pintura, continuada por Macedonio de la Torre (n. 1893), Ricardo Sánchez (n. 1912), Ricardo Grau (n. 1908) y los vanguardistas Alberto Dávila (n. 1912) y Fernando Vega (n. 1932), entre otros. Entre los escultores contemporáneos deben citarse, entre otros, Rocarey, Alberto Guzmán, Joaquín Roca Rey (n. 1923) y Varela Neyra.VICTOR NIETO.
BIBL.: E. MARco DORTA y OTROS, Historia del Arte hispanoamericano, Barcelona 1950-55; lo, La arquitectura barroca en el Perú, Madrid 1957 (con bibl.); L. CASTEDO, Arte precolombino y colonial de la América latina, Barcelona 1970.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.