Perú VII. Lengua y Literatura. LIT.
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Literatura
1. Lengua. P. es una realidad cultural formada por la superposición de la cultura occidental sobre las culturas aborígenes unificadas por la acción del imperio incaico. El proceso de trasculturización que trajo consigo la conquista lleva implícito, pues, junto con el trasplante del idioma, el del pensamiento, las costumbres y los ideales del pueblo español del s. xvl. Debemos apreciar que, por la base, el castellano reemplazó al quechua (v. QUECHUAS II) como "idioma oficial". Carlos I de España prescribió que los caciques aprendieran el castellano; que la instrucción religiosa se diese en lengua castellana; que hubiera maestros para los que quisieran aprenderla; y estableció que los procesos judiciales se sustentasen en el habla de Castilla y dentro de los procedimientos establecidos en aquel reino. El proceso idiomático y literario es de trasplante y luego de adaptación de elementos autóctonos, englobándolos dentro de las formas importadas. El mestizaje presentó los más variados caminos. A la castellanización de palabras y topónimos indígenas, siguiendo las reglas idiomáticas de la Península (tambo, pampa, inca, Lima, etc.), se siguió un despertar de las formas lingüísticas quechuas, que se tradujo en múltiples manifestaciones, y pueden encontrarse en su literatura el Ollantay, por consiguiente, rasgos de uno y otro lado que la hacen mestiza desde los primeros años del virreinato.2. Literatura. Hasta la independencia. Los viejos mitos yungas y andinos, los cortos poemas líricos, los cantos triunfales que adquieren carácter de representaciones en algunos casos, la entusiasta euforia de la cosecha, la ironía campesina, el cuento tradicional quechua, junto con el significativo sentido histórico del incaico, fueron pasando, a través de las Crónicas, por un tamiz europeo y crearon una literatura genuina, que tiene su más alto representante, en el primer siglo de la dominación española, en Garcilaso de la Vega, el Inca (v. GARCILASO, INCA). Es indudable el impacto producido por el imperio andino y su cultura en secretarios de la conquista, funcionarios, oidores, sacerdotes, misioneros y simples aventureros.España llegó al P. en momentos de culminación de un proceso histórico, lingüístico y literario y aportó una ebullición de formas populares y eruditas que encontraron un camino de producción nueva, con temas interesantes para el ancho campo de las- posibilidades de la España de entonces. No puede dejar de recordarse que la colonia española del P. tuvo, antes de un siglo, universidad, imprenta, asociaciones de escritores, representaciones (primero religiosas y luego laicas), y profusión de autores en prosa y verso, entre los que habría que citar figuras criollas de relieve al lado de consagrados escritores hispanos avecindados entre los indecisos límites de las tierras peruanas. Así Sancho Ribera, Juan Dávalos, Cristóbal de Molina (m. 1585), Blas Valera (1538-98), Alonso Hurtado, Amarilis (s. xvti), por no repetir al Inca Garcilaso, figuran al lado de Cieza de León (v.), Cabello Valboa, Dávalos de Figueroa, Diego de Hojeda (v.), etc.En P. habían surgido coplas y romances de guerras civiles, cantos al mar Austral y "misceláneas antárticas", al lado de las crónicas de soldados y eruditos, de fantasiosos escritores y documentados historiadores. En el Canto a Calíope de Cervantes, en los últimos decenios del s. XVI, aparecían poetas peruleros entre los que figuraba un lusitano, Enrique Garcés, 40 años residente en P.; éste traducía a Petrarca y a su compatriota Camoens, iniciando una corriente de influencia de este poeta, al lado de la itálica, que perdura a través del s. XVII.En el Cuzco florece la voz preciada de la prosa culterana de América: Juan de Espinosa Medrano (1632-88), el Lunarejo, a quien el escritor brasileño Euclydes da Cunha, consideraría la más alta representación del pasado americano y cuyos sermones y tratados están llenos de una delicada estructuración artificiosa. Avanzando ese siglo se halla a Caviedes (1652?-1700?) que imita a Quevedo, pero tiene, además, el antecedente del Príncipe de Esquilache, Francisco de Borja y Aragón (1581-1658), que vivió en P. como virrey. En Caviedes se da la sátira violenta y agresiva, el arrepentimiento, la trascripción y aun la copia de poemas españoles del conceptismo. Es costumbrista, con principales ataques a los médicos dentro de un cuadro en que deambulan personajes típicos de la Lima de entonces. Caviedes se mueve desde el ataque duro y procaz, al soneto místico. Los años del neoclasicismo (v. NEOCLASICISMO II, 3) culminan con la extraordinaria figura de Pedro de Peralta y Barnuevo (16631743), síntesis de la literatura colonial en la poesía, la historia y el teatro.Se vuelve en el s. XVIII a la literatura popular de las coplas y cantares, a la vez que se estudia inquietamente y a escondidas a los enciclopedistas franceses. La personificación literaria del s. XVIII oscila entre El drama de los Palanganas, panfleto contra Amat y el satírico y costumbrista Lazarillo de ciegos caminantes de Concolorcorvo, apodo de Carlos Calixto Bustamante, entre la figura del repentista Francisco del Castillo (1716-70) y la del contradictorio Pablo de Olavide (1725-1804), quien compone y adapta Salmos, pero antes escribe obras afrancesadas. Surgen y se forman después Baquíjano y Carrillo (v. 1751-1818), Toribio Rodríguez de Mendoza (1750-1875), y los eruditos del "Mercurio Peruano", primera revista cultural del P. a fines de ese siglo.Siglo XIX. Romanticismo. En loss del s. XIX la literatura peruana se pone al servicio de la emancipación con la repetición de palabras propias del momento: "libertad", "patria", "indio". José Faustino Sánchez Carrión (1787-1825) es el escritor representativo de los ideales de la República. El nativismo poético peruano está representado en esos mismos años de la independencia por los yaravíes (composiciones cortas, cantados con acompañamiento y, por lo general, de lamento amoroso) de Mariano Melgar (1791-1815), que abre el pórtico de una poesía mestiza, como lo hiciera en la prosa de los Comentarios reales Garcilaso el Inca, dos siglos antes. Melgar, precursor del romanticismo sudamericano en la sensibilidad, en el tono vernacular, no tiene continuación en la literatura de los "clérigos" peruanos, que recogen, más bien, el costumbrismo (v.) español (primer momento romántico de España) y lo trasplantan a un criollismo donde se reflejan los años peculiares de un P. que oscila entre la dictadura y la anarquía. Pardo y Aliaga (180668) y M. A. Segura (v.) dan la clave de ese costumbrismo, particularmente limeño. El sentimiento nativista languidece en P. después de Melgar y tiene tan sólo un pequeño escape en las páginas indigenistas del relato panfletario El Padre Horán, novela de Narciso Aréstegui (1826-69), anticipo de realismo y cuyo principal personaje es el propio Cuzco. Después de él, la novela romántica peruana persistió en el costumbrismo de Luis Benjamín Cisneros (1837-1904), que criticó la sociedad de Lima en Julia y el caudillismo en Edgardo; mientras tanto, Fernando Casós (1829-82) escribía una particular novela política con tendencia al "romance histórico", como él lo llamó, aunque se trataba de una presentación del cuadro político peruano visto desde el lado en que él actuó como radical y miembro de la fallida revolución militar de los hermanos Gutiérrez.La poesía romántica peruana tiene un sentido generacional; hay un grupo de poetas que escriben bajo los mismos signos iniciales (v. ROMANTICISMO IV). El más calificado poeta romántico es Carlos Augusto Salaverry (1830-91), en quien con cierta mesura se dan las notas de confidencia, deseo de permanecer en la infancia, presencia de la muerte, angustiosa desolación: "Cuando veas que un ave solitaria / cruza el espacio en moribundo vuelo / buscando un nido entre el mar y el cielo / acuérdate de mí"; pero también encierra una visión de la Naturaleza como reflejo de sus pesares y angustias, con recursos poéticos bastante logrados y con personalísima impresión peruana y europea de la realidad. A su lado estarán Manuel Nicolás Corpancho (1830-63), Clemente Althaus (1835-81), con toda la vehemencia romántica; Luis Benjamín Cisneros (1837-1904), con cierta melancólica serenidad y con preocupación cristiana, que vive el momento de una poesía romántica social de influencia de Víctor Hugo, en el que también se halla el poeta Arnaldo Márquez (1830-1903), quien canta a la humanidad, se siente intérprete de la Naturaleza y traduce hábilmente a Shakespeare. Entre el romanticismo pesimista y una amarga presencia de la realidad, en poesía y crítica, está la figura de Pedro Paz Soldán y Unánue (Juan de Arona, 1839-95). Habría que destacar también las leyendas y tradiciones de José Antonio de Lavalle, la literatura periodística, plena de humor, de Manuel Atanasio Fuentes (1820-89) y por supuesto la máxima figura del romanticismo peruano, Ricardo Palma (v.), que constituye la nota más sugestiva del P. en la literatura del s. XIX, con su ironía, la "risa leve", el escéptico concepto de la vida, la superación de la realidad por el arte, su proyección hacia el pasado con la crítica irónica del mundo viejo, que se manifiesta acentuadamente en él dentro de su lenguaje a la vez popular y castizo. Reproduce la vida de su pueblo, con persistencia en el fatum romántico y forja la Tradición, como un método nuevo para la observación de las costumbres, rasgos y perfiles de la historia peruana.Realismo. Como en Europa, en reacción contra el romanticismo, apareció el realismo (v. REALISMO IV), que al estudiar con criterio científico el medio social ahondó en problemas y fórmulas netamente peruanas. La guerra del Pacífico (v.) significó, además, una experiencia que tuvo resonancia en la literatura peruana formando el espíritu crítico y radical de la llamada generación González Prada. La obra de Manuel González Prada (v.) cumple, dentro del ensayo, la poesía y el panfleto, un significativo papel, con depurado lenguaje, expresión viva y pasión criticista, con una manifiesta esperanza de alcanzar, a la par que la reforma de las condiciones políticas y sociales del país, la revolución literaria que consideraba imprescindible. La vasta tarea cumplida por este autor puede apreciarse a través de su nutrida bibliografía. Dentro de la generación radical se cumple el proceso de la novela realista en P., con los siguientes polos: "la escuela positivista" y la "diatriba de la sociedad peruana". Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909) es el más alto exponente de este tipo de novela, que culmina con las publicaciones de Blanca Sol y El conspirador; junto a la expresión novelística, tiene una amplia tarea en el ensayo y la crítica literaria. Clorinda Matto de Turner (1854-1909) es otra novelista representativa del momento radical. Iniciada en tradiciones cuzquenas, expresa la protesta indígena en Aves sin nido, obra que ha tenido difusión continental. Habría que citar en esta etapa a Abelardo Gamarra (1857-1924) con sus cuadros de costumbres, y a los poetas y dramaturgos que formaron el Círculo Literario y que escribieron en El Ateneo, La Revista Social y El Perú Ilustrado.Del modernismo a la actualidad. Desde González Prada se inicia en el P. el movimiento parnasiano en la poesía que tiene a aquel mismo autor por su mayor exponente. Luego, la poesía peruana entra en el modernismo (v. MODERNISMO III), con José Santos Chocano (v.) como una de sus grandes figuras representativas. Éste mantiene en su poesía un afán nacionalista por un lado, y por otro la expresión de un orgullo altisonante y retórico. Su voz es esencialmente épica, con un acento propio y rebelde, y predomina en ella el empleo audaz de la metáfora, que tiene calidades nuevas en él. Dentro de sus diversas colecciones poéticas, ocupa lugar preferente Alma América. Es indudablemente uno de los grandes poetas del P. por encima de sus destacados defectos de excesiva sonoridad y declamación retórica.Dentro de la prosa modernista pueden citarse: Enrique Carrillo (Cabotín; 1875-1936), autor de novelas y algunos cuentos y poesías; Clemente Palma (n. 1872), con tonalidades universales en sus cuentos, y la influencia de Poe, Eca de Queiroz, etc.; su hermana, Angélica Palma, que cumple una valiosa tarea novelística dentro de las formalidades del modernismo; Manuel Beingolea (18811953); y sobre todo Enrique López Albújar (n. 1872) que significa un paso adelante en la novela peruana con Matalaché y Cuentos andinos, en los que prima la observación sagaz del medio y el estudio psicológico de los personajes. De allí arranca en P. una tendencia neorrealista que es la base de la prosa de ficción, que en las décadas del 20 y del 30 está representada por José Díez Canseco (1905-49), Fernando Romero (n. 1908) y Francisco Vegas Seminario (n. 1903).Corresponde al idealismo de Ariel de Rodó (v.) la generación que en el P. se ha llamado "del Novecientos", y que trae el desenvolvimiento de tipo académico de la historia, la literatura y la política del P. En primer plano aparece José de la Riva Agüero (v.) con su ensayo literario e histórico, que muestra al investigador a la vez que al depurado castellanista; al lado de él habría que citar a Francisco Ventura García Calderón (1887-1960) y Víctor Andrés Belaúnde (1883-1968).La poesía modernista se hizo más intimista, más del estilo del segundo momento rubendariano, primero en José Gálvez (n. 1885) y más tarde en Alberto Ureta (n. 1885), en ambos pesaron el simbolismo francés, la poesía española de Unamuno, Machado y Juan Ramón Jiménez y cierto orientalismo muy en boga al comenzar el s. xx. En la literatura contemporánea del P. hay que observar una reacción antiacadémica después de 1910.El simbolismo (v.) europeo, llegado tardíamente, irrumpe en la poesía de José María Eguren (1874-1942). Al mismo tiempo, Abraham Valdelomar (v.) inicia una revolución estética contra el retoricismo, en nombre de la estilización de los motivos populares. A este movimiento se le ha llamado "colónida" por la revista que sirviera de expresión a Valdelomar, Enrique Bustamante y Ballivián (1883-1917), Federico More (n. 1889), José Carlos Mariátegui (1895-1930), etc. Éste emprende estudios históricos y literarios con dialéctica marxista, como se manifiesta a través de su básico libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. La crítica con tendencia a apreciar la literatura con mira histórica está representada por Luis Alberto Sánchez (n. 1900). Criterio científico, sin abandonar la posición historicista, adoptan Alberto Tauro (n. 1914) y Estuardo Núñez (n. 1908), éste más interesado en la literatura comparada. En las tendencias últimas se sitúan Luis Jaime Cisneros (n. 1921) y Alberto Escobar (n. 1929), entre otros.El gran poeta de la literatura peruana en el s. XX es César Vallejo (v.), que dio a la poesía una voz humana, pero a la vez llena de comparaciones y sonidos propios de su tierra, y en la que se marca la soledad, la tristeza, la nostalgia, la superstición, el pesimismo y una extraña mística que confunde a Dios con el cosmos, al hombre con su sufrimiento. Las generaciones literarias a partir de su muerte, en 1938, están grandemente influidas por su poesía.En la novela merece citarse Ciro Alegría (v.), con los consagrados éxitos de La serpiente de oro, Los perros hambrientos y El mundo es ancho y ajeno. En el cuento y la novela, José María Arguedas (v.), de entraña indígena en el pensamiento y la sintaxis, y cuyos principales hitos son Agua, Los ríos profundos y Todas las sangres, donde se plantea la lucha de las dos culturas en el corazón de cada hombre. Julio Ramón Ribeyro (n. 1929), con sus cuentos y novelas de la ciudad. Mario Vargas Llosa (v.), cuyas novelas La ciudad y los perros, La Casa Verde y Conversación en La Catedral, han alcanzado resonancia universal. En poesía, podría hablarse de la poesía futurista de Juan Parra del Riego (1894-1925); del vanguardismo de Alberto Hidalgo (n. 1897); del indigenismo de Alejandro Peralta (n. 1899) y otros poetas; del estridentismo de la década del 20; del grupo poético del 26, con los nombres singulares de Martín Adán, seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides (n. 1908), Oquendo de Amat (1909-36), Enrique Peña (n. 1904), Xavier Abril (n. 1903); la generación "Palabra" con Luis Fabio Xammar (n. 1904), Manuel Moreno Jimeno (n. 1913); Luis Nieto (n. 1910), Juan Ríos (n. 1914), Mario Florián (n. 1917), voces del auténtico lirismo peruano; los neomodernistas del P. del 45 con Jorge Eduardo Sielson (n. 1921), Javier Sologuren (n. 1922), Washington Delgado (n. 1927), Cecilia Bustamente (n. 1932); la poesía concreta de Alejandro Romualdo (n. 1926); y los valores de los últimos años como Carlos Germán Belli (n. 1927), Francisco Bendezú (n. 1928), Juan Gonzalo Rose (n. 1928) y otros. Dos corrientes pueden apreciarse en el panorama del P.: una indigenista con afirmación nacional y telúrica, con motivos geográficos y socialesy otra de tendencia universal y que sigue las fuentes literarias europeas.V. t.: QUECHUAS 11.A. TAMAYO VARGAS.
BIBL.: Biblioteca de Cultura Peruana, 12 vol. París 1938; L. A. SÁNCHEZ, La Literatura peruana, 5 vol. Lima 1966; A. TAMAYO VARGAS, Literatura peruana, 2 vol. Lima 1968.
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