Perret, Hermanos
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Biografía GER
En homenaje a la duplicidad de nombres con que firmaron muchos de sus proyectos, se dan aquí los nombres de los dos hermanos, mas no sin advertir que fue Auguste, mayor en dos años que Gustave, el que ha pasado con toda justicia a la Historia del Arte y, más singularmente, a la de los albores de la arquitectura novecentista. N. en Bruselas en 1874, estudió en la Escuela de Bellas Artes de París con ánimo de ser arquitecto, pero, curiosamente, el que lo había de ser en altísimo grado salió de la institución antes de ser graduado. Una explicación hay para ello, la misma que conduciría tanto a Auguste como a Gustave a sus investigaciones más felices: su familia poseía una empresa de construcciones de hormigón armado, con lo que no les iba a faltar trabajo.Ahora bien, este sistema de construcción, que hacia 1900 sólo se empleaba en rudas estructuras de lo que pudiéramos denominar obras públicas, fue, merced a las investigaciones de los dos hermanos, incorporado a la edificación urbana y monumental y alcanzó tempranamente el mismo prestigio que otros modos ennoblecidos tras la experiencia de muchos siglos. Y aún se preocupaban de prestigiarlo más en conferencias. Auguste gustaba de declarar que el hormigón armado es el más antiguo de los materiales de construcción, y que la Puerta de los Leones, de Micenas, está realizada con este material. En todo caso, predicó con el ejemplo, y en 1903 alzaba su famosa casa de seis pisos en la calle Franklin, de París, toda ella construida con el procedimiento aludido, perfeccionado mediante un ingenioso y racional entramado de montantes y vigas, cada uno de estos elementos respondiendo a una función dada, a una razón estructural y económica. Pero sería erróneo suponer que todo el mérito de Auguste radicaba en la novedad constructiva, ya que se trataba de un consumado arquitecto.Las obras que siguieron al incunable citado fueron, siempre en París, el garaje Ponthieu (1906) y el teatro de los Campos Elíseos (1910-13), obras éstas con las que P. mostraba su preferencia para con los grandes edificios llamados a cumplir una necesidad social. Lo siguió demostrando con los almacenes de Casablanca, en 1915, con un gran taller de pintura teatral, de París, en 1919; y con las grandiosas naves para laminados de acero y aluminio de Montataire, en 1920. Sin embargo, aún estaba por demostrar el verdadero genio artístico de los hermanos P. en alguna construcción verdaderamente antológica, y ella fue la iglesia de Notre Dame, en Le Raincy. Jamás se les había ocurrido a Auguste y Gustave construir un templo, pero, en 1918, se les presentó el párroco de un suburbio parisiense en demanda de ayuda, y no supieron negarse. Proyectaron algo de extremada simplicidad en planta, un rectángulo de 70 m. de longitud por 56 de anchura, compartido en tres naves por sencillísimas columnas de 11 m. de altura. En vez de ábside propiamente dicho, un gran muro encristalado y luminoso. La fachada, dignísima, culminada en una alta torre que se va escalonando en su tercio final. Las obras duraron 13 meses, y el templo fue inaugurado en 1923. Toda la construcción se hizo a base de encofrado de hormigón, y el procedimiento que parecía en principio tan sólo apropiado para fines industriales realizó el milagro de sustituir, con toda especie de belleza y eficacia, a la arquitectura gótica.Con procedimientos semejantes, los P. construyeron la iglesia de S. Teresa, en Montmagny (1925-36), en planta más reducida de 35 por 12 m. Y en 1927 fue rechazado su proyecto de una soberbia basílica en honor de S. Juana de Arco. Pero siguieron las audaces estructuras P.: en 1928, los laboratorios de la Marina en el bulevar Víctor, de París; en 1931, el edificio del Guardamuebles Nacional; en 1937, el centro de investigación atómica Saclay; en 1947, la reconstrucción de El Havre. Puede decirse que hasta el fallecimiento de Auguste -en París, 1954- no conoció descanso la actividad constructiva de este hombre, verdadero pionero de la arquitectura novecentista, maestro de tantos y, muy especialmente, de Le Corbusier (v.). Se le reprochó haberse hecho demasiado clasicista en su última etapa. Podía hacerlo, ya que había señalado infinitas directrices nuevas a la arquitectura mundial del s. xx.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: A. PERRET, Contribution á une théorie de l’architecture du béton armé, París-Bruselas 1927; P. JAMOT, Auguste et Gustaae Perret et l’architecture du béton armé, París 1927; E. N. NOGERS, Auguste Perret, Milán 1955; B. CHAMPIGNEULLE, Auguste Perret, París 1959.
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