Periodismo VIII. Escuelas de Periodismo EDUC.
Categoria:
Educación
Las escuelas de p., como centros académicos arbitrados por la profesión periodística para la capacitación técnica de quienes se dedican a esta labor, han seguido una gran evolución en el siglo y medio largo de tradición pedagógica que ya tienen en su haber. Nacidas estas escuelas con el deseo de perfeccionar el trabajo de los periodistas, con objeto de adecuarlos a los sucesivos inventos técnicos que se van aplicando al p. (v.I; PRENSA I) y también para dotar a los profesionales de un mayor sentido de responsabilidad ante la peligrosidad advertida en la función pública de los periódicos, suponen en su desarrollo uno de los capítulos más interesantes de la educación y la enseñanza en el siglo anterior y en el nuestro.El p. primero y las demás actividades informativas después han obligado a evolucionar los sistemas educativos en todos los países, ya que el carácter social de las funciones públicas de la información (v.) exige una continua revisión de los planes de estudio, de las técnicas a emplear y de los contenidos académicos que los nuevos instrumentos de la comunicación social plantean a la peda gogía del p. (V. COMUNICACIÓN SOCIAL II).1. Evolución de la enseñanza. Tradicionalmente, y la historia del p. lo prueba en todos los países, a la profesión periodística llegaban personas procedentes de todas las especialidades científicas y culturales, generalmente animadas de propósitos políticos o literarios. Sin hacer referencia a etapas anteriores, cuando a principios del s. XVIII (v. I) la prensa se hace diaria en Europa, y, más tarde, en América y otros continentes, comenzaron a afluir a las incipientes redacciones de los periódicos centenares de personalidades de todo tipo que darían vida al p. en todos los países: poetas y escritores de los distintos campos literarios, historiadores y juristas, los primeros economistas y sociólogos especializados en saberes aún no suficientemente definidos, muchos médicos, algunos comerciantes y numerosísimos políticos de profesión, que, desde los partidos, grupos y clubs políticos o desde el poder, habían advertido anticipadamente la importancia pública de la prensa.En un principio, el p. se concebía como una especie de arte, o de literatura menor, para el que bastaba la intuición, capacidad para moverse en la vida social y una buena dosis de despreocupación por las formas, de "bohemia" en los modos de vivir y de pensar. Y no obstante este planteamiento, que, aun con notables excepciones, avala la historia de la prensa, andando el tiempo, a la vez que cristaliza en la incipiente clase profesional la conciencia de un papel creciente en la vida social, se va abriendo paso la idea de que los profesionales de la información -primero periodistas de la prensa escrita, y, desde la I Guerra mundial, periodistas para la prensa, la radio, la TV y el cine- necesitan una capacitación específica, no solamente empírica, sino también académica y teórica.El desarrollo y el perfeccionamiento de la capacitación profesional de los periodistas, a la vista de las experiencias acumuladas en más de siglo y medio, han tenido que ir respondiendo al interrogante clásico de sí el periodista nace o se hace, y, con el correr del tiempo y la evolución de los pueblos, la enseñanza del p., desde principios del s. XIX hasta nuestros días, ha ido pasando del primero al segundo término de la proposición. Como toda profesión viva ha seguido un proceso de normalización y la antigua creencia de que el periodista (v. IX) era sobre todo un conjunto de cualidades naturales que completaba la experiencia práctica, se ha ido sustituyendo por una distinta pero complementaria: el periodista necesita una preparación para el ejercicio profesional, pero esta preparación no prenderá fácilmente en aquellos individuos que no posean un mínimo de cualidades naturales que se consideran imprescindibles para el trabajo periodístico.En el desarrollo cuantitativo que históricamente ha transcurrido entre una y otra posición hay que contar con el progresivo aumento de centros de enseñanza del p. en todo el mundo, que llegan a sumar hoy varios centenares en los cinco continentes, según los catálogos oficiales de la UNESCO. Este desarrollo, que ha ido cristalizando en los tipos más diversos de Facultades, escuelas e institutos, resulta extraordinariamente complejo, ya que la profesionalización del p., y, sobre todo su reducción a unos esquemas académicos, tiene que responder a factores muy diversos: situación cultural de cada país; proceso de madurez de su prensa; régimen político imperante y madurez política de la sociedad; desarrollo general de todos los medios de comunicación a tenor de los factores citados; y, de modo muy especial, el nivel de desarrollo general -económico, social, cultural- del país de que se trate.La combinación de estos factores ha ido depurando los planes de enseñanza, el acceso a la profesión, la clase de centros a poner en marcha y el mismo tipo humano que es necesario preparar según el esquema ideal que vamos perfilando. Podríamos decir que en la tradición escolar en el campo de la enseñanza del p., éste se ha constituido en disciplina que puede enseñarse y aprenderse y en supuesto de estudio que puede ser convertido en objeto propio de una ciencia nueva. En tal sentido, la evolución de los estudios de p. se ha visto obligada a superar y responder a una serie de interrogantes todas ellas dilemáticas y en las que está encerrada toda la evolución de los estudios de p. en el mundo:El periodista, ¿se forma espontáneamente o es necesaria la enseñanza? De decidirse por la enseñanza, ¿es necesario establecer una escuela preparatoria de capacitación o un centro de formación complementario con enseñanza paralela a la práctica periodística? De otra parte, la enseñanza, ¿debe correr a cargo de la profesión o de la universidad? De establecerse en la universidad, ¿ha de ser una escuela eminentemente técnica o una Facultad o instituto de rango universitario? Por último, ¿se trata sólo de preparar profesionales de la prensa escrita, o hay que formar también especialistas para los distintos instrumentos de la información, para los diversos mass media. Organización y contenido de la enseñanza. Un tipo único de centro y un plan de estudios fijo es muy difícil de alcanzar, y, ante la diversidad de situaciones, desde 1960 se viene tratando de buscar una síntesis, que, superando positivamente todos los dilemas, dé lugar a un tipo de centro y a un plan de estudios que asegure la preparación de los futuros profesionales en todos los aspectos señalados por los estudiosos del tema. La tendencia, en los países que adoptan una fórmula más a tono con la evolución de la información misma, es la que podríamos describir como un centro superior de preparación en los diversos mass media, plenamente integrado por su nivel -y plan de estudios en el marco de la universidad -o fuera, pero siempre a nivel superior-, conectado íntimamente con las empresas informativas y servido por profesores universitarios y profesionales de la información.Se armonizan así, en el plan de trabajo, los diversos elementos de formación profesional que se consideran claves: la técnica, la preparación cultural y doctrinal impartida a nivel superior en la universidad o fuera y la asistencia práctica de la profesión, a través de los periodistas y de las empresas, con lo que se resuelven todos los interrogantes por medio de un centro de capacitación previa y también de formación complementaria, dada la existencia de alumnos ya profesionales en los cursos normales y en los especiales de perfeccionamiento; se da carácter superior a toda la enseñanza, técnica y profesional_ y cultural, que se pone en manos de universitarios y profesionales al mismo tiempo. Y, por otra, no se olvida tampoco que si bien la prensa escrita sigue siendo el más ilustre de los medios de comunicación masiva, la nueva situación de la sociedad, los hallazgos técnicos y el acceso de masas de población no alfabetizada a la vida pública (v. COMUNICACióN SOCIAL II), exige también la atención a los otros instrumentos informativos que tienen en la voz y en la imagen sus medios naturales de expresión.Esta fórmula ideal, que es realidad desde hace años en muchas universidades de los Estados Unidos, en la URSS, en casi todos los centros renovados de América del Sur -a partir de 1960-, en Francia, en multitud de Facultades asiáticas -como en Indonesia y Japón- y que se adoptó también en Pamplona en 1958 al introducir por primera vez en España el p. en la universidad, lógicamente no es única, pues prevalecen también otros tipos de centros: más técnicos y prácticos, como en muchos de los Estados Unidos; más vinculados a la profesión, como en diversos de Francia; multiplicados en establecimientos diversos y especializados: de prensa escrita, radio, TV, en virtud de un alto nivel técnico del país, como en muchos casos de los Estados Unidos; por imperativos de una imposición ideológica, como la Escuela de P. de Agencia, checoslovaca; por los intereses generales de la política, como es el caso de algunos países en los que, de un modo un tanto anárquico, se han creado escuelas de radio, televisión, publicidad y turismo, despojándolas del tronco común de un gran centro de ciencias y técnicas de la información que tenga a la información como base.La diversidad de centros que acabamos de enumerar, que, para estar al día, tienen necesidad de acoplar sus planes de estudio a las necesidades concretas del progreso en todos los órdenes de la vida, han de poner a los futuros profesionales en condiciones adecuadas, no solamente por las exigencias del desarrollo, sino sobre todo porque la información ejerce un papel seleccionador de la realidad, que está en la entraña misma de la acción pública de la prensa y de la información en general.3. Situación actual en España. En 1887, el periodista y profesor universitario Fernando Araujo y Gómez desarrolló en la Univ. de Salamanca un curso de p., que constituye una anticipación en Europa de la enseñanza de este campo profesional. Antes, ya en el s. xvin, algunas universidades alemanas habían empezado a conceder doctorados en ciencias de la prensa, y en los Estados Unidos, desde 1869, se venían desarrollando estudios de p. que cristalizarían y cobrarían pronto gran fama en las Univ. de Chicago, Nebraska, Carolina, y, sobre todo, en la de Pensilvania. Con posterioridad al curso dado en Salamanca, en el Congreso Int. de Prensa de Lisboa (1898), se concluyó en la necesidad de formalizar de modo académico la capacitación de los periodistas. Fue decisiva, entonces, la labor del periodista francés Albert Bataille, quien, con la ayuda del director de Le Figaro, Périvier, fundaría en París la primera escuela de p. europea propiamente dicha; se estableció en 1899 como centro dependiente del Colegio Libre de Ciencias Sociales.Sobre estos precedentes y sobre algunas manifestaciones aisladas en cursos breves y declaraciones en los periódicos, en España no se fundó escuela de p. hasta 1926, en que Manuel Graña y Ángel Herrera (v.) ponen en marcha lo que se llamaría Escuela de P. de El Debate, el gran periódico católico anterior a la Guerra civil de 1936-39 (v. PRENSA I). Durante los escasos cursos impartidos, se formaron en la escuela de El Debate y en la doctrina del catolicismo político de Ángel Herrera gran número de personalidades, que, desde el p. y la política activa, contribuirían más tarde al asentamiento del nuevo régimen español.Tras unos cursos acelerados y titulaciones improvisadas por motivos políticos, se establece en 1941 la Escuela Oficial de P., dependiente de la Secretaría General del Movimiento, en aquellos momentos el Ministerio más político del Gobierno. Al ser creada la Escuela por una orden de la Delegación Nac. de Prensa, se la apartó del Ministerio de Educación, en un principio, aunque pasó adepender de él entre 1940 y 1951. En esos años, se pensó en adscribirla como Sección a la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, a diferencia de la Orden Ministerial de 8 ag. 1940, que admitía la posibilidad de adscribir estos estudios a la Facultad de Filosofía y Letras. Desde 1951, la Escuela Oficial de P. pasó a depender del creado entonces Ministerio de Información y Turismo, como un organismo autónomo de la Dirección General de Prensa.
Entre 1951 y 1970 la enseñanza de profesionales de la información se desarrolló extraordinariamente en España. Se fueron renovando los planos de estudio de la Escuela Oficial de P. que, durante años, contó con una sección en Barcelona; se fundaron escuelas para la capacitación técnica y profesional en las diversas especialidades informativas: cine, radio y TV, publicidad y turismo. Por otra parte, surgen iniciativas privadas y de la Iglesia católica: el Inst. de P. de la Univ. de Navarra, que, por primera vez en España, estableció los estudios de p. a nivel universitario (1958), y la Escuela de P. de la Iglesia (1960), dependiente esta última de la Jerarquía eclesiástica. Además de estos centros, estatales o reconocidos por el Estado, se ponen en marcha las Escuelas de P. de la Iglesia en Barcelona y Valencia; la Univ. de La Laguna abre una sección de p. dependiente de la Escuela Oficial de Madrid, y en 1969 vuelve a abrirse en Barcelona su antigua Escuela Oficial.La Ley general de Educación, que entró en vigor en España en 1970 y que incluyó los estudios de p. y demás actividades informativas en la universidad, supone el de una nueva etapa. Durante el curso académico 1971-72 comenzaron sus actividades las Facultades de Ciencias de la Información en la Univ. Complutense de Madrid y en la Autónoma de Barcelona, y fue reconocido como Facultad el antiguo Inst. de P. de la Univ. de Navarra. Equiparadas a las demás Facultades universitarias en exigencias académicas, planes de estudio y profesorado, las tres Facultades existentes en España imparten enseñanzas de p., ciencias de la imagen y publicidad: en Madrid, de las tres ramas; en Barcelona, de p. y publicidad; y en Pamplona, sólo de p.La fórmula española actual tiene en su base la comprensión científica del fenómeno de la información, sin dejar desatendidos en los planes de estudios los aspectos técnicos, prácticos y profesionales. Puede decirse que, con los precedentes citados, a partir de 1970, las ciencias de la información son un hecho en España, que viene a sumarse así a la tradición centenaria alemana de las ciencias de la prensa y a las corrientes norteamericanas de las llamadas ciencias de la comunicación social.4. Enseñanza y ciencia en Hispanoamérica. Aun con la dificultad que presenta la enorme diversidad de todo tipo que se da dentro del continente y con respecto a otras zonas del mundo, la evolución de la enseñanza y de las ciencias de la información y de la prensa en los países americanos de habla castellana y portuguesa es muy parecida en sus etapas fundamentales a la española. Un elemento diferencial es la influencia directa de los Estados Unidos que, en líneas generales, aproxima el panorama científico y pedagógico al de aquel país.En el último catálogo de centros de enseñanza difundido por la UNESCO (1970), figuran 82 centros de capacitación de periodistas en América del Sur y Central, y en México. Según los estudios realizados por CIESPAL (Centro Int. de Enseñanza Superior del P. para la América latina), establecido por la Unesco en la Univ. de Quito en 1960, en ese año las 38 escuelas de p. existentes en la región tenían una preocupación esencialmente humanística y se dedicaban, preferentemente, al p. escrito. En 1968, otro estudio del mismo CIESPAL, elaborado sobre 66 centros de los 80 existentes entonces, indicaba que nueve eran ya Facultades universitarias, 41 escuelas y 16 cursos, institutos o carreras dependientes de otros centros universitarios; 31 centros eran estatales, y 35 particulares. Cerca de 9.000 alumnos se capacitaban, en 1972, para el ejercicio profesional con planes de estudio de tres, cuatro y cinco cursos de duración (v. x).Esta evolución, con algunos precedentes en la primera mitad del s. xx, especialmente en México, Argentina y Brasil, conoció en sus primeras etapas la organización de cursos acelerados para profesionales en activo y sin título, semejantes a los celebrados en España. Así, el Congreso Centroamericano de Periodistas reunido en San Salvador en 1951, puso en marcha la titulación académica de los profesionales y preparó el terreno para desarrollar un curso de nivelación para periodistas que se celebraría más tarde, entre agosto de 1952 y diciembre de 1953. En ese mismo año y en México se realizaron las primeras encuestas sociológicas sobre audiencias de TV, semejantes a las efectuadas, también en México y en 1947, en materia de radio. Se introduciría así en el continente la preocupación investigadora en pro de una ciencia autónoma de la información y de la comunicación.No se comprendería el extraordinario desarrollo de la enseñanza de profesionales de la información en Hispanoamérica sin subrayar la labor de CIESPAL, que desde 1960 impulsa la renovación de los esquemas académicos y de las preocupaciones científicas en todo el continente. Los seminarios regionales organizados por CIESPAL en Santiago de Chile (1961), Quito (1963), Medellín, México, Buenos Aires y Río de Janeiro (todos en 1965) y otros varios; la Primera Mesa Redonda Centroamericana de Enseñanza de P. (Managua 1966); la elaboración de un plan piloto de estudios, a partir de 1964, renovador y adaptado a la evolución de la sociedad y de los medios de información y comunicación; la serie de sus publicaciones y cursos de perfeccionamiento, etc., hacen del centro de la UNESCO en Quito el núcleo y el motor de toda la evolución y puesta al día (v. X).Junto a CIESPAL, las universidades, las asociaciones profesionales y sobre todo UCLAP (Unión Católica Latinoamericana de Prensa) son otros tantos elementos de esta renovación (v. PRENSA III). UCLAP, que engloba en su seno una Federación Católica Latinoamericana de Escuelas de P., desarrolla desde esta Federación una gran actividad en el campo de la enseñanza y de su renovación, a escala internacional y nacional. Ha organizado también cursos. congresos y seminarios, como el de Lima de 1967 y el de Buenos Aires de 1972. La actividad de UCLAP se extiende también al campo estrictamente científico, debiendo subrayarse su reciente Investigación sobre la enseñanza del periodismo y de las ciencias de la comunicación social en América latina, realizada sobre nueve países americanos y en 20 centros dedicados a la capacitación profesional. La labor de UCLAP, organización católica, es importante habida cuenta la inmensa mayoría católica del continente. Sus investigaciones acerca de los fundamentos doctrinales de la formación científica y profesional de los periodistas se sitúan en la base de toda pedagogía de los profesionales que quiera contribuir al establecimiento de una estructura informativa en la comunicación social, puesta al servicio de los valores más altos del hombre, de su libertad, de su vida espiritual y de su trascendencia última.V. t.: INFORMACIÓN; PERIÓDICO; PUBLICIDAD; RADIODIFUSIÓN.A. BENITO JAÉN.
BIBL.: Además de la citada en INFORMACIÓN, UNESCO, La formación de periodistas. Estudio mundial sobre la preparación del personal de información, París 1958; A. BENITO, La enseñanza del periodismo y el progreso político, Barcelona 1967; íD, Evolución de los estudios de periodismo en el mundo, en el vol. Ciencia y enseñanza del periodismo, Pamplona 1967, 13-36; íD, Libertad de información y enseñanza del periodismo en la Europa actual, "Nuestro Tiempo", Pamplona 1969; 1. BENEYTO, La enseñanza del periodismo, en Enciclopedia del periodismo, 4 ed. Barcelona 1966, 451-508; íD, El saber periodístico, Madrid 1965; CIESPAL, Primera mesa redonda centroamericana de enseñanza del periodismo, Quito 1966; 1. FERNÁNDEZ, Tendencias de la enseñanza del periodismo en América latina, en el vol. Los profesores del periodismo, Pamplona 1970, 117-143; UNESCO, Schools of Journalism and Communications Centres, París 1970; 1. MARQUÉS DE MELO Y OTROS, O Ensino de Jornalismo, Sáo Paulo 1972; L. BELTRAO Y OTROS, Pesquisa sobre ensino de Jornalismo e Ciéncias da Comunicapdo Social na América latina, Montevideo 1972; Les possibilités de formation aux carriéres de la Communication en Afrique, "Interstage", 65, Bruselas julio 1970.
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