Pereda, Antonio de
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Biografía GER
Pintor español contemporáneo de Velázquez; su personalidad artística se realza gracias a la solidez de su dibujo y a la serenidad de sus composiciones.N. en Valladolid ca. 1608, y m. el 30 en. 1678 en Madrid. Hijo de pintor, queda huérfano muy joven y realiza estudios artísticos en su ciudad natal, con Diego Valentín Díaz. Luego se traslada a Madrid, donde cuenta con dos poderosos protectores: el presidente del Consejo de Castilla, Francisco Tejada, y el marqués de la Torre. Gracias a este mecenazgo, logra el encargo de un cuadro para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro en 1634, que, sin ser obra maestra, logra digna altura entre los demás: El socorro de Génova por el segundo marqués de Santa Cruz por el que, como María Luisa Caturla ha probado, se pagaron 74.114 reales de vellón, cantidad en esa época muy estimable. Es obra de brillante colorido, de perfectas proporciones y fuerte expresividad en los rostros. Hoy, después de un largo exilio accidentado,por donación del húngaro De Nemes, se encuentra en el Museo del Prado.De 1637 es su Anunciación, del Prado, en la que destaca su maestría de dibujante. Un año de gran fertilidad artística es 1640, durante el que realiza obras de gran importancia, como los Desposorios de la Virgen, pintado para el altar mayor de los Capuchinos de Valladolid, y conservado en la iglesia de S. Sulpicio de París; es de grandes proporciones y en él la composición rima con el dibujo. Otras obras de ese año son la Magdalena penitente, en el Museo Pushkin de Moscú, y los cuadros del altar de Las Teresas, de Toledo. Su vida la dedica en gran parte a la producción de estos cuadros para retablos; aún intactos se conservan los de La Encarnación de Madrid (1650) y los de Las Carmelitas de Cuenca (1667). Distintos y de composición más sencilla son obras como el Cristo Varón de Dolores (1641) y el S. Gerónimo (1643) ambos en el Prado, donde se percibe la influencia de Ribera, y copia en el libro abierto el Juicio Final de la Pequeña Pasión de Durero. En el mismo año fecha el S. Pedro liberado por el ángel (Prado). En estos cuadros se observa un gran gusto por el natural, especialmente en los detalles inanimados. Ello le lleva a realizar espléndidos bodegones, como las dos naturalezas inertes del Museo de Lisboa (1654), donde cestas de frutas se combinan con cacharros de cobre y otros utensilios; otros dos bodegones se encuentran en Rusia (Museo del Ermitage y Pushkin); el del último está fechado en 1652, año en que realiza la Curación de Tobías (Bowes Museum, Barnard Castle), y de 1654 una Inmaculada (col. particular, EE. UU.); al año siguiente fecha un S. Antonio de Padua con el Niño (Hispanic Soc., Nueva York), de la que hay otra versión en el Museo de Budapest.Hacia 1659, su pintura se hace más fluida, aunque no por ello abandone su sobriedad característica. Obra representativa de ese momento es La última Comunión de S. Magdalena de Pazzi. Dos o tres años después realiza obras de fuerte carácter italiano, como Judit y Holofernes (col. particular), tema muy usado en la pintura italiana, pero pocas veces en la española. De esas fechas es el Matrimonio místico de S. Catalina (Museo de Sarasota), y el Descendimiento del Museo de Marsella, obra de gran tamaño e importancia. Es posible que la deliciosa Sagrada Familia del Museo Lázaro Galdiano termine la serie de ese momento.Se conoce también de P. algún paisaje, como el casi romántico, que se conserva en el Museo de Berlín, y son atribuibles a su mano ciertas escenas de género. Pero posiblemente lo más importante de su producción, y las obras más ambiciosas del maestro vallisoletano, sean los cuadros del tipo llamado Vanitas, a los que P. logra dar un interés compositivo y una fuerza pictórica por encima de lo habitual, sólo comparables en este género, en la pintura española, con las Postrimerías de Valdés Leal (v.). El más importante ejemplar se halla en la Acad. de Bellas Artes de S. Fernando, y es su obra maestra, conocida por El sueño del caballero. Otra obra dentro de este género se conserva en el Museo de Viena, pero aunque llena de gracia, empaque, jugosidad, color y habilidad compositiva, no llega a superar a la citada de la que parece versión primeriza. Mayer le atribuye un caballero vestido de rojo, al que un ángel le muestra la caída de Luzbel (Museo de Bucarest). Y, por último, podemos citar entre otras Vanitas dos versiones de El Niño fesús y la vanidad del Mundo, como jeroglífico de la Redención; la primera, de 1640, de la iglesia de los Carmelitas de Toledo ha pasado a la de Arc-Senans (Francia); la segunda, en malas condiciones, se conserva en una iglesia madrileña.J. ROGELIO BUENDÍA.
BIBL.: E. TORMO Y MONZó, Un gran pintor vallisoletano. Don Antonio de Pereda, "Bol. de la Soc. Castellana de Excursiones", IV (1909-10) 469-475; 507-511; A. MAYER, Historia de la Pintura española, Madrid 1942; E. LAFUENTE FERRARI, Breve historia de la Pintura Española, Madrid 1953.
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