Peloponeso (pelopónnésos) II. Historia Antigua HIST.
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Historia
. Esta península no constituyó nunca una unidad política; sin embargo, por su configuración geográfica, los diferentes Estados que en ella se formaron vivieron unas vicisitudes bastante paralelas.La invasión doria y la formación de los diversos Estados. En época micénica, P. fue el centro político de Grecia. Aquí estaban radicados los más poderosos Estados griegos: Micenas (v.), Tirinto (v.), Argos (v.), Pilos, etcétera. Todo este mundo micénico se vino abajo hacia el s. xii a. C. con las invasiones dorias (v. noatos), que afectaron al P. más que a ninguna otra región griega. Estas invasiones, ampliamente atestiguadas en la leyenda y la tradición griegas, como el "retorno de los Heráclidas", no son sino la última consecuencia de un amplio movimiento de pueblos que tuvo lugar en el bajo Danubio, hacia el 1.200 a. C., debido quizá a un repentino cambio climatológico. Parece que los primeros dorios llegaron al P. no por el istmo, sino atravesando el estrecho brazo de mar de unos 9 Km. de anchura que forma el golfo de Corinto. Desde un principio, se vieron atraídos hacia el E de la península llevados por la fama de la riqueza de sus ciudades (Micenas, Tirinto, etc.). Sición y Flionte fueron las primeras ciudades en caer en sus manos. Uno de sus jefes, Aletes, destruyó el antiquísimo establecimiento de Korakou y se apoderó de la gran acrópolis que domina Corinto (v.). Otro jefe se apoderó del establecimiento micénico de Nisea, al tiempo que otro grupo se fijaba en Epidauro, desde donde en el s. VIII a. C. pasaría a la vecina isla de Egina.En la Argólide (v.), la resistencia fue mayor; la leyenda habla de las luchas mantenidas por el rey Temenos contra los invasores, luchas que atestiguan las ruinas de la época. Micenas y Tirinto fueron arrasadas, siendo reemplazadas por Argos. Posteriormente, atravesaron la Tyreatis bajo el mando de Aristodemo y se apoderaron de Laconia, fundando hacia el 950 a. C. Esparta (v.). Diversos grupos se lanzaron al mar conquistando las islas de Tera, Melos, Creta, Rodas, Cos, etc. Los aqueos (v.) quedaron reducidos a la zona interior de Arcadia (v.), en el centro de la península, sin contacto alguno con el mar; ellos permanecieron como el último testimonio del glorioso pasado micénico que las invasiones habían destruido. De este modo, casi todo el P. y las islas próximas fueron poblados por gentes dorias; con razón, siglos después, Esparta representará ante los griegos el espíritu dorio frente a la jonia Atenas (v.).Terminadas las invasiones, quedan definidas en el s. X a. C. las diferentes regiones y Estados que configurarán a lo largo de toda la historia griega el mapa político del P. En el N, bordeando la costa del golfo de Corinto Acaya (v.), en la que se puede incluir la importante ciudad de Sición, aunque ésta se mantuvo siempre como Estado independiente, pese a la proximidad de Corinto. Al E, Corinto, que controlaba la región del istmo. Corinto supo aprovechar esta estratégica situación para convertirse política y militarmente en la llave del P., y económicamente en una de las principales potencias industriales y comerciales de Grecia. En el ángulo noroeste se encontraba la Élide, la zona más fértil del P., pero no pasó nunca de ser un Estado agrícola, por lo que su papel en la historia fue escaso, pese a estar enclavada en su territorio el importantísimo santuario panhelénico de Olimpia (v.). En el centro de la península se encontraba Arcadia (v.).Sólo en el E, por donde pasaban las rutas, entre la Argólide y Laconia, surgieron algunas ciudades: Orcomenos, Mantinea y Tegea. El E de la Arcadia lo ocupaba la Argólide, sede anteriormente de los principales centros micénicos. El S del P. estaba ocupado por Laconia, en el ángulo Sudeste, y Mesenia al SO. Laconia, región montañosa dividida en dos por el Párnon, y de costas inhospitalarias, fue un Estado agrícola y continental que logró una fuerte unidad política en torno a Esparta. El afán de buscar mejores tierras llevó a los espartanos a conquistar los fértiles territorios de Mesenia habitados en su mayoría por gentes prehelénicas y aqueos. Esta conquista se consumó tras las dos Guerras mesenias. Hasta el s. iv a. C., Mesenia no logrará de nuevo su independencia.En los siglos que siguen a la ocupación doria, cada uno de estos Estados adquiere sus características, configurándose como Estados agrícolas, comerciales e industriales. A éstos les afectaron más los cambios sociales, políticos y económicos que caracterizan la historia de Grecia en los s. VIII y IX a. C.: las colonizaciones y las tiranías. Fue Corinto el que más activamente participó en las colonizaciones. La colonización de la costa nordeste de Grecia fue obra suya casi exclusivamente, y con ello pretendía mantener el control del comercio con Italia, así surgieron Ambracia (Arta) y Anactorio; Corcira (Corfú), fundada por Eretria, fue pronto ocupada por Corinto. También en la península calcídica jugó un importante papel con la fundación de Potidea; con todo, la colonia más importante fue Siracusa en Sicilia (734 a. C.). Junto a Corinto, los aqueos fueron los que intervinieron en las colonizaciones para buscar salida a sus excedentes de población. Fundaciones aqueas de finales del s. VIII a. C. fueron Sibaris, Crotona y Metaponto, las tres en las fértiles tierras del S de Italia. Cercanas a ellas estableció Esparta su única colonia, Tarento, fundada en 706-705 a. C. con los hijos bastardos que tuvieron las mujeres espartanas mientras sus maridos luchaban en la primera Guerra mesenia.El movimiento de las tiranías sólo afectó a las ciudades más’ evolucionadas del P.: Corinto y Sición. Ésta fue la ciudad griega donde más tiempo duró la tiranía: estuvo en manos de los Ortagóridas durante un siglo (ca. 670-570 a. C.). Corinto tuvo la tiranía más famosa; la instauró Cipselo en el 675 a. C., tras derrocar a la familia aristocrática de los Baquíadas. Cipselo fue sucedido por su hijo Periandro y éste por su sobrino Psamético quien, después de tres años en el poder, fue asesinado en el 582 a. C., instaurándose un régimen democrático. Esparta tuvo una solución original a los problemas sociales y económicos que en otros lugares dieron origen a las tiranías y a las colonizaciones; la pobreza de la gran masa de la población y la falta de tierras se solucionaron mediante guerras de conquista. Éstas se llevaron a cabo contra la vecina y fértil Mesenia. De la primera Guerra mesenia se sabe muy poco. La fecha debió de ser el último tercio del s. VIII a. C. La región sudoeste parece que fue sometida fácilmente, pero en el E y O la lucha se prolongó ferozmente durante 20 años (735?-716? a. C.). Los mesenios pasaron a la condición de semiesclavos (hilotas). La segunda (668-660 a. C.) fue consecuencia de las guerras mantenidas por Esparta con otros Estados del P. (Argos, Arcadia, Élide, etc.). A raíz de la derrota sufrida por los espartanos frente a Argos en el 669 a. C., en Hisias, los mesenios se sublevaron. Sólo tras ocho años de guerra fueron sometidos nuevamente. Esparta creó entonces su célebre Constitución atribuida a Licurgo y pasó a ser el Estado más poderoso del P.La época de la liga del Peloponeso. La expansión de Esparta no terminó hasta el s. VI a. C. en que apareció un personaje a quien Heródoto (V11,235) califica como"el hombre más sabio de Esparta", el éforo Quilón. La política de Quilón fue tratar de conservar el poder adquirido por Esparta siguiendo una política egoísta basada en un abstencionismo exterior mientras la intervención no favoreciese los intereses directos de Esparta. De este modo Esparta se erigió en la campeona del dorismo y la aristocracia en Grecia. La culminación de tal política fue la creación de la liga del P., especie de confederación que agrupaba bajo la hegemonía de Esparta a todos los Estados de la península, excepto Argos. Los dos principios fundamentales por los que se rigió la liga fueron: 1) autonomía de todos los Estados; éstos no pagaban tributos, ni soportaban guarniciones y conservaban libertad en sus relaciones exteriores, a condición de no atentar contra el interés federal. 2) Hegemonía de Esparta, que comportaba la obligación de dejar la dirección de las guerras y aportar contingentes militares cuando el interés común lo exigiese. Esta confederación alcanzó un gran prestigio, aun fuera de Grecia, y tuvo la oportunidad de constituirse en el aglutinante de la unidad griega y en líder del helenismo frente a Persia, pero sus miras cortas y egoístas no le permitieron jugar este papel. Sin embargo, la liga participó en los dos hechos más importantes de la historia griega del s. V a. C.: las Guerras médicas (v.) y la guerra del P. (v.).En las Guerras médicas, Esparta se convirtió en cabeza de la gran liga panhelénica que unió en el 481 a. C. a casi todos los griegos frente a Persia, y en ella recayó el mayor peso de las operaciones militares terrestres, mientras Atenas llevaba el de las marítimas. Muy brillante fue el papel jugado por Esparta en las Termópilas, y por toda la liga en Platea. Tras la victoria griega, Esparta renunció a erigirse en cabeza de la lucha por liberar a los griegos de Asia sometidos a Esparta, y el vacío lo llenó Atenas. Ello permitió a ésta erigirse durante 50 años en la cabeza de Grecia y crear su propia confederación: la liga ático-délica. Estos cambios de la balanza política tuvieron como consecuencia un debilitamiento de la liga pelbponesia y algunos conatos de coalición contra Esparta favorecidos por Atenas; en el 472 a. C. estalló una revolución democrática en la Élide que supuso la expulsión de los aristócratas y un "sinoicismo" de aldeas que dio lugar a la creación de su capital, Elis. El mismo "sinoicismo" se produjo en Arcadia con la fundación de Mantinea. Tegea primero (473-472 a. C.), y Arcadia después, con la excepción de Mantinea, se levantaron contra Esparta, pero fueron vencidas (472-471 a. C.).En el 464 a. C. y como consecuencia de un terremoto que destruyó Esparta, los mesenios se levantaron de nuevo (tercera Guerra mesenia) y, a pesar de contar con una expedición de socorro ateniense, fueron sometidos tras cuatro años de lucha. Atenas, en la cumbre de su poder, abandonó la liga panhelénica y logró una coalición antiespartana en la que entraron Acaya, Argos, Mégara y Egina entre otros Estados pero, tras los fracasos de las expediciones a Tesalia y Egipto, Esparta y Atenas firmaron en el 452 a. C. una paz de 30 años en la que Atenas renunció a su alianza con Argos. De este modo, Esparta logró salvar su liga.La guerra del P. no fue sino la salida a esta situación que había dividido a Grecia en dos bandos opuestos, igualmente poderosos: Atenas, jónica y democrática, y con la hegemonía militar en el mar; y Esparta, dórica y aristocrática, y con la hegemonía en tierra. Esta guerra que enfrentó a los griegos durante 28 años (432-404 a. C.), aunque la derrota militar correspondió a Atenas, en realidad supuso la autoderrota de toda Grecia; la liga del P. siguió existiendo pero había sufrido demasiadas resquebrajaduras internas que no la permitieron recuperar ni la unidad ni el poder de que antes había gozado. El primer tercio del s. iv a. C. se caracteriza por las continuas luchas que enfrentaron a los griegos entre sí y que llevó a convertirse al rey de Persia en árbitro de la política griega. Este arbitraje se consumó en el 386 a. C. con la llamada "paz del rey" que puso fin a la guerra de Corinto (395-386 a. C.), que había visto la deserción de ésta de la liga del P. y su alianza con Atenas. El golpe final a la liga vino dado por la hegemonía que durante nueve años (371-362 a. C.) ejerció Tebas (v.) al mando de Epaminondas (v.). Esparta sufrió duras derrotas que llevaron a Arcadia a crear una confederación propia con capital en Megalópolis, a la independencia de Tegea y Mantinea, y la liberación de Mesenia, que se constituyó también en confederación con la fundación de la ciudad de Mesene como capital. Esparta quedó reducida a un Estado regional más dentro del P. Cuando unos años más tarde, en el 342 a. C., Atenas logró reunir una última alianza griega para hacer frente a Filipo, sólo Corinto, Mesenia, Argos y parte de Arcadia se unieron a la empresa. En Queronea, Grecia sucumbió ante Filipo en el 338 a. C.Épocas helenística .y romana. Aunque Esparta no tomó parte en Queronea, ello no fue obstáculo para que fuese considerada igual que el resto de Grecia, entre los vencidos. Filipo (v. FILIPO It DE MACEDONIA) se esforzó por continuar la obra de Tebas desmembrando el P. y recortando los territorios de Esparta. Los territorios que ésta había disputado a sus vecinos de Argos, Arcadia y Mesenia le fueron arrebatados, Poco después Filipo formó en Corinto, en el 337 a. C., una confederación panhelénica como instrumento de su política en Grecia, pero Esparta rehusó formar parte de ella. Posteriormente, viviendo aún Alejandro Magno (v.), Esparta, sin ayuda de los restantes Estados del P., emprendió bajo la dirección de su rey Agis, aliada con Persia, una campaña contra el rey macedónico, pero Agis sucumbió ante el general de Alejandro, Antípatro, en Megalópolis (331 a. C.). Cuando a la muerte de Alejandro se produjo otro levantamiento, encabezado por Foción y Demóstenes (Guerra lamiaca), Esparta no estaba aún en condiciones de tomar parte en la empresa.En la división que se produjo del imperio de Alejandro a su muerte, Grecia pasó a depender de Macedonia. En adelante, el P. al igual que el resto de Grecia será escenario tanto de las luchas internas de los diversos Estados griegos entre sí, como de las innumerables guerras en que se enzarzaron los diadocos, sucesores de Alejandro por la posesión de Macedonia y Grecia (v. GRECIA IV Al2). El istmo de Corinto jugó un papel militar de gran importancia en esa época como enclave estratégico de Polipercón, que fue nombrado por Antígono estratega del P., y de Antígono mismo después que instaló en Corinto una guarnición que se mantuvo allí 60 años. Los diadocos, sin embargo, se dieron cuenta de que las ciudades griegas estaban demasiado apegadas a su libertad política como para renunciar a ella de la noche a la mañana. Por eso su política fue salvaguardar las formas externas de estas libertades desde que Antígono proclamó en el 315 a. C. las libertades griegas según las cuales las ciudades serían libres, autónomas y estarían exentas de guarniciones, aunque esto no siempre se habría de cumplir.Las ciudades, de este modo, siguieron rigiéndose por sus propias Constituciones y, únicamente, tuvieron que renunciar a desarrollar una política exterior propia. Este afán de libertad chocaba con las nuevas tendencias a laformación de Estados supranacionales que aparecen en esa época en todo el mundo helenístico. Para salvaguardar ambas tendencias, surgen y proliferan nuevas formas políticas: las ligas o confederaciones de Estados, que son la mejor manifestación de la decadencia del nacionalismo urbano que comporta el helenismo. Así fue como el P. vio surgir en el s. Iii a. C. diversas ligas de las cuales la arcadia y la aquea fueron las más importantes. Pero estas ligas, al igual que las que proliferaron en el resto de Grecia, no consiguieron, en realidad, ninguno de los objetivos propuestos; de la democracia sólo salvó la forma externa, no consiguió erigirse en una nacionalidad independiente y poderosa, y la guerra siguió llevándose a cabo en su territorio con la misma frecuencia que antes.La liga aquea, sin embargo, habría de jugar un importante papel en la conquista de Grecia por Roma. Cuando Roma entró en contacto con Oriente, a raíz de la alianza entre Aníbal y Filipo V de Macedonia durante la segunda Guerra púnica (v.), tuvo la habilidad de presentarse ante los griegos como liberadora de Grecia del yugo macedónico (v. MACEDONIA II, 1). En la primera Guerra macedonia, se formó en Grecia una alianza contra Filipo V en la que entraron Esparta, Mesenia y Élide, y que impidió al rey macedonio atacar a Roma en la misma Italia. En la segunda Guerra macedonia, la liga aquea y el resto de los griegos se unieron espontáneamente a Roma; incluso el tirano espartano Nabides, bajo presiones, a pesar de ser viejo amigo de Filipo V, rompió con Macedonia. El resultado fue que, tras la derrota macedonia en Cinoscéfalos (197 a. C.), el cónsul romano Flaminio estableció como cláusula primera del tratado de paz la liberación de los griegos. Pero esta liberación no era más que una maniobra política, como se demostró en seguida al establecer Roma guarniciones en Corinto, Calcis, etc., y en la política seguida de favorecer los regímenes oligárquicos frente a los democráticos, lo cual tuvo su mejor expresión en el derrocamiento de la tiranía popular de Nabides en Esparta; el famoso estratega de la liga aquea, Filopomenes, apoyado por Roma, derrotó a Nabides en el 192 a. C. e incorporó Esparta a la liga.El yugo romano sobre Grecia se hizo sentir pronto, lo que aprovechó Perseo para presentarse a su vez él como el liberador de Grecia en la tercera Guerra macedonia. A pesar de ello, la liga aquea, controlada por los oligarcas, siguió apoyando a Roma, la cual, sin embargo, una vez terminada la guerra (168 a. C.), no tuvo ya necesidad de seguir fingiendo; 10.000 nobles aqueos fueron deportados a Italia. Cuando en 149-148 a. C. Macedonia se levantó de nuevo contra Roma, Grecia, con la liga aquea al frente, hizo lo propio; pero en el 146 a. C. los aqueos fueron derrotados, Corinto fue completamente destruida por el cónsul Lucio Munio, y toda Grecia fue sometida a Roma. Sólo las ciudades que se habían mostrado prorromanas, Esparta entre ellas, recibieron un trato favorable. Así comenzó la larga existencia del P. como posesión romana.La decadencia económica claramente preceptible desde el s. tv a. C. continuó agravándose durante la época romana. en la que nunca volvió a recuperar su antiguo esplendor. En el P. sólo Corinto y Patras, donde se instalaron colonias romanas, tuvieron cierta vitalidad derivada del comercio. Las vicisitudes políticas del P. como provincia romana fueron escasas. En el 46 a. C., César hizo de Acaya una provincia independiente. En el 43 a. C., Acaya y el resto de Grecia fueron unidas a Macedonia para formar una sola provincia, para separarse de nuevo y definitivamente en el 27 a. C., estableciéndose en Corinto la capital de Acaya, pero el P. no volvió a jugar ningún papel político de importancia en el mundo antiguo.
R. TEJA CASUSO.
BIBL.: A. TOVAR-M. S. RUIPÉREZ, Historia de Grecia, Barcelona 1963; W. G. FORREST, La democracia griega. Trayectoria política del 800 al 400 a. C., Madrid 1966; G. GLOTZ-R. COHEN, Histoire grecque, 4 vol., París 1938; S. 1. KOVALIOv, Historia de Roma, 2 vol. Buenos Aires 1964.
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