Paris III. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
El París antiguo, medieval y renaciente. Los monumentos más antiguos pertenecen a la época galo-romana, pero su importancia es muy relativa. No subsisten más que vestigios insignificantes de sus iglesias prerrománicas y modestos de las románicas (campanariopórtico de Sannt-Germain-des-Prés, 1014). Sólo a partir del S. XII, cuando nace el arte gótico, y sobre todo en el XIII es cuando surgen monumentos importantes en los tres barrios de la capital y cuando florecen los oficios artísticos, miniaturistas, vidrieros, eborarios, etc., cuya fama se extiende por toda Europa. A pesar de lamentables destrucciones, subsiste un grupo importante de edificios, sobre todo religiosos, del S. XII al XIV. Los monumentos esenciales son los de la isla, la catedral deNotre-Dame, magnífico resumen de la historia del gótico, con su interior de cinco naves con robustas columnas cilíndricas y tribunas (1160-96), hace de ella la última catedral de la primera edad gótica; su fachada tripartita (1200-50) es de clásica pureza, sus brazos de crucero son luminosos, y los atrevidos arbotantes del ábside, que parecen remos al flanco de una galera gigante, llegan hasta el S. XIV. En la parte occidental de la isla subsisten del palacio real la Santa Capilla, de S. Luis, relicario creado a mediados del S. XIII por el gran arquitecto Pierre de Montreuil, joya translúcida donde las vidrieras sustituyen casi totalmente a la piedra.La época ulterior es más compleja; al pintoresco gótico flamígero pertenecen unos pocos "Hoteles" de próceres del S. XV (Hotel de Sens, de Cluny) con sus torrecillas y sus escaleras de caracol, y bastantes iglesias parroquiales (S. Merry, S. Gervais, cte.), algunas de las cuales, de un S. XVI ya avanzado, demuestran la fidelidad de los parisinos a la tradición gótica. A pesar de la vuelta de la Corte después de 1530, el Renacimiento no cuajó mucho en la capital; salvo el Louvre de Enrique II, ha dejado pocas huellas en el P. de hoy. Destruidos en 1871 el palacio de las Tullerías y el Ayuntamiento edificado por el italiano Boccador, quedan la encantadora Fuente de los Inocentes y el Hotel Carnavalet del gran escultor lean Goujon (v.), y la grandiosa y curiosa iglesia de S. Eustache, transposición bastarda de la catedral con pilastras y decoración italianizante.El París clásico. Es sólo a principios del S. XVII, después de las guerras de religión y con el reinado reparador de Enrique IV, cuando surgen, al lado del núcleo antiguo, barrios nuevos de calles rectas, amplias perspectivas, plazas con pórticos y estatuas, aquel P. monárquico y clásico, donde se unen severidad y magnificencia.El Puente Nuevo, terminado en 1608, primer puente sin casas, que une las dos orillas, aprovechando la punta de la isla para la erección de una plaza triangular (Dauphine) y de una estatua del rey, tomó en seguida un valor simbólico. El crecimiento de la capital es ya continuo. Los conjuntos urbanos, paseos que marcaron las etapas de tal crecimiento, se han conservado en su mayor parte y han creado el "rostro" del P. que conocemos. Son de naturaleza muy diversa. Los más espectaculares reflejan la presencia del monarca o, incluso después de crear Luis XIV una nueva capital, su deseo de gloria: palacios reales (la larga empresa del Louvre y de su enlace con las Tullerías, el Luxemburgo de María de Medicis), puertas concebidas como arcos triunfales (Saint-Denis, SaintMartin de Luis XIV), paseos (el conjunto occidental de los jardines de Tullerías, Cours-la-Reine, y después Campos Elíseos), y sobre todo la serie de plazas reales al margen de los ejes de circulación, destinadas a recibir una estatua del rey. A principios del XVII, además de la "Dauphine", la "Real", hoy de los Vosgos (1607-12) al Este de P., está muy próxima a su contemporánea, la "Mayor" de Madrid, por sus pórticos, sus pabellones de ladrillo y piedra, reflejando las mismas influencias septentrionales. Para Luis XIV, al O del Louvre, Mansart (v.) creó dos majestuosas plazas achaflanadas (Victoires, Vendóme). Por fin, a medidos del XVIII, J.-A. Gabriel (v.) concibe la plaza Luis XV (hoy de la Concordia) según una fórmula nueva y feliz (por desgracia desfigurada en el siglo pasado), asociando los dos palacios del lado norte, inspirados por la columnata del Louvre, con perspectivas abiertas sobre el río y los jardines.De inspiración monárquica son también los monumentos de utilidad pública que surgen especialmente en dos momentos: a principios del reinado de Luis XIV, con grandes edificios de una majestad romana: colegios (Cuatro Naciones, hoy Inst. de Francia, por Le Vau; v.), hospicios (Salpétriére, Inválidos, de Bruand y Monsart). Después, una segunda ola coincide con el neoclasicismo severo de fines del S. XVIII. Surgieron entonces muchos monumentos, unos que renuevan la tradición del siglo anterior (Escuela militar de Gabriel, Moneda de Antoine), otros de menor amplitud, que buscan una pureza helénica (Escuela de Medicina, Teatro del Odeón) y sobre todo los curiosísimos pabellones de Ledoux para las "barreras" de P. (rotonda de la Villette, etc.).Otro elemento esencial del P. clásico lo constituyen las moradas aristocráticas de los nuevos barrios residenciales, los "hoteles" entre patio y jardín, separados de la calle por una portada con dependencias y cocheras, tan típicos de P. También se agrupan en dos núcleos principales. El oriental, que corresponde a la primera mitad del XVII, cuando la moda atrae a los parisinos hacia los nuevos barrios del Marais (venido a menos en el siglo pasado, hoy en plena renovación: Hoteles de Sully, Salé, d’Aumont Soubise, etc.) y de la Isla Saint-Louis (Hoteles Lambert, Lauzun), más ampulosos, con sus escaleras monumentales y galerías de fiestas. El occidental se extiende por ambas orillas del Sena durante el S. XVIII: son los dos faubourgs Saint-Germain (hoteles de Lassay, Matignon, Biron, de Salm, etc.), y Saint-Honoré (Elysée, etcétera), que destronaron el Marais, cubriéndose con numerosos hoteles de sobria y refinada elegancia, que en su mayor parte están ocupados hoy por ministerios o embajadas.No menos importante, en la fisonomía urbana, son las fachadas y cúpulas de las numerosas iglesias clásicas, tan ricas además de obras de arte, pomposos sepulcros y cuadros de altar. El renacimiento católico y monástico que sigue a las guerras religiosas las hizo especialmentenumerosas durante el S. XVII (Sorbona, de Richelieu, Monasterio real del Val-de-Gráce, Oratoire, Saint-Roch, etcétera), adaptándose las fórmulas romanas a la tradición "verticalista" de la Francia gótica (Saint-Paul, SaintLouis de los jesuitas, la iglesia del "Dóme" de Mansart en los Inválidos). El mismo espíritu se mantiene en algunas grandes iglesias del XVIII, como la fachada de dos torres en Saint-Sulpice o el conjunto de Sainte-Geneviéve (hoy Panteón) donde Soufflot (v.) quiso unir la pureza griega con la grandiosidad gótica.El París moderno. La primera mitad del S. XIX no trae cambios fundamentales en el aspecto de P., salvo el derribo de las casas en los puentes antiguos en vísperas de la Revolución y muchos conventos suprimidos por ella durante la época imperial.El urbanismo de los arquitectos de Napoleón, Percier y Fontaine, se dedica a proyectos grandiosos que sólo en parte llegaron a realizarse en el eje este-oeste de P. (calle Rivoli al norte del Louvre, arcos triunfales del Carrousel y de FÉtoile). El neoclasicismo se mantuvo, más frío y pesado en los edificios públicos (Bolsa, Cámara de los Diputados) y las iglesias inspiradas en templos paganos o basílicas paleocristianas (Madeleine, Saint-Vincent de Paul). En cambio, durante el Segundo Imperio, con la dictadura del prefecto Haussmann (1853-70), se realiza una radical transformación: la anexión de una docena de municipios suburbanos en 1860 duplica la extensión de la capital. Una serie de grandes vías rectilíneas pone en comunicación directa los barrios antiguos y nuevos, al mismo tiempo que hace más difícil la construcción de barricadas, obsesión de los gobernantes anteriores. El efecto estético es desastroso; estas calles tan monótonas como confortables han destripado los barrios antiguos, especialmente la Cité, convertida en desierto de cuarteles y hospitales. La moda del neo-gótico o del neo-renacimiento esteriliza los monumentos religiosos (Sainte-Clotilde, Saint-Augustin, la Trinité), un eclecticismo recargado domina en los civiles, de los cuales la ópera de Garnier (desde 1861) aparece como símbolo. La Tercera República repite las mismas fórmulas, favorecidas por las Exposiciones Universales de 1877, 1889, 1900 (Grand Palais y Petit Palais de los Campos Elíseos, Nueva Sorbona, Estación de Orsay, etc.); el mejor acierto es el de la Torre Eiffel (1889), que utiliza a fondo los recursos de la arquitectura metálica y cuya línea esbelta y nerviosa la incorporó definitivamente al panorama de P.El "modernismo" de principios del siglo (Héctor Guimard, v.; etc.) ha dejado unas pocas casas en los barrios residenciales del Oeste y las pintorescas Entradas del Metro. En cambio, al clasicismo personal y depurado de Perret (v.), utilizando las materias y técnicas modernas, se deben aciertos indiscutibles como el teatro de los Campos Elíseos.Después de la indecisión ecléctica de los a. 1919-39, que ponen de manifiesto construcciones religiosas (SaintEsprit) o civiles (Palais de Chaillot, museo de Arte moderno para la Exposición de 1937), la posguerra se orientó francamente hacia la arquitectura de cemento, metal y vidrio, con aciertos indiscutibles (el gran conjunto de la Défense, a la salida oeste de París), pero también con graves errores. La desaparición de los espacios verdes, especialmente en los antiguos barrios residenciales (Passy, Auteuil), la proliferación de las "torres", especialmente en el frente occidental del Sena o al lado de barrios históricos (Torre Montparnasse) cuyas perspectivas desequilibran, la creación de autovías rápidas en las orillas del Sena, pueden alterar de manera irremediable el rostro de P. Se han salvado y restaurado muchos edificios históricos, se limpiaron y revocaron felizmente por iniciativa de Malraux sus fachadas, que revelaron bellezas nuevas. Pero hace falta una política más coherente para conservar la herencia de dos milenios de historia conciliándola con las nuevas exigencias de la vida.Los museos. Además del Louvre (v.), P. posee unos 60 museos, entre los cuales muchos, aunque de carácter histórico (Museo de la Historia de Francia en el Hotel Soubise, Museo del Ejército en los Inválidos, Museo de la Marina en el Palacio de Chaillot, Museo de la Asistencia pública, o sea, de los Hospitales parisinos), etnográfico (Museo del Hombre en el Palacio de Chaillot, Museo de Artes y tradiciones populares, con su modernísima instalación en Neuilly, etc.) o técnico (Museos del Conservatorio de Artes y oficios, del Conservatorio de Música, etc.), poseen valiosas obras de arte. Entre los propiamente artísticos, sólo se citan aquí los más importantes, sean estatales, municipales o autónomos, siempre que aporten un elemento imprescindible al tesoro artístico de la capital.Empezando por los más amplios, complementos o prolongaciones lógicas del Louvre, hay que destacar entre los nacionales el Museo de las Termas y de Cluny, que presenta, en un marco pintoresco galo-romano y medieval, muchos vestigios del P. primitivo y una admirable colección, formada por el arqueólogo Du Sommerard a principios del S. XIX y muy ampliada después, de objetos de la Edad Media, orfebrería, esmaltes, tapices (como la célebre "Dama del Unicornio", etc.). También para la Edad Media y el Renacimiento, el Museo de los Monumentos franceses (Palacio de Chaillot) permite el estudio de los conjuntos escultóricos y pictóricos de toda Francia, a través de reproducciones perfectamente presentadas. El Museo de Arte moderno completa el panorama pictórico del Louvre y del leu de Paume, con un cuadro muy equilibrado de la evolución artística del S. XX a partir de los nabis, fauves y cubistas, incluyendo los extranjeros de la "Escuela de París". Mientras, el Museo Guimet, cuyo núcleo fue desde 1885 una importante colección particular dedicada a las artes de la India y del Extremo Oriente, se convirtió en la prolongación asiática del Louvre.Entre los municipales sobresalen dos grandes conjuntos: el Museo de Bellas Artes de la ciudad de París ("Petit Palais" en los Campos Elíseos), cuyas colecciones, muy ricas y variadas, son especialmente importantes para la pintura francesa del S. XIX (Corot, Courbet, Daumier, Lautrec, etc.) y principios del XX, debiendo llegar hasta el arte de hoy con un Museo de Arte moderno, en curso de reorganización; el museo Carnavalet, maravilloso conjunto dedicado a la historia de P. en uno de los "hoteles" más evocadores del Marais (donde la marquesa de Sevigné pasó los últimos años de su vida), donde se reconstituyeron valiosos conjuntos decorativos procedentes de moradas desaparecidas, y cuya colección de paisajes, retratos y escenas de género constituye un espejo único de P. y de la vida parisina a través de los siglos.Apenas menos importante es el Museo de la Unión Central de Artes Decorativas, museo autónomo, pero que se hospeda desde 1905 al lado del Louvre, en el Pabellón de Marsan; entre sus muchas riquezas (pintura europea, artes asiáticas) ofrece un panorama muy completo del mueble y de ’a decoración interior en Francia de la Edad Media al S. Xlx.Pero no se puede hacer caso omiso de algunos museos "monográficos". Unos reflejan la personalidad de un coleccionista del siglo pasado en el mismo marco elegido por él; así los museos que pertenecen hoy al Inst. de Francia: facquemart-André, muy importante para el arte italiano y el XVlit francés; Marmoltan, enriquecido hace poco con una serie de Claude Monet y capital para el estudio del impresionismo; así también museos municipales como Cognacq fay (XVlil francés) y Cernuschi (arte chino). Otros están dedicados a una figura relevante, como el Estudio de Delacroix, conservado intacto al lado de Saint-Germain-des-Prés; la Casa de Víctor Hugo, museo abierto en 1902, que ocupa la casa del Marais donde vivió el poeta desde 1832 a 1848; reúne, además de un gran conjunto de pinturas y documentos relativos al poeta y a sus obras, más de 300 dibujos originales, uno de los aspectos del gran visionario que más interesa a nuestra época. Lo mismo que el Museo Gustave Moreau, en la casa donde vivió y murió, es el único lugar donde se puede apreciar plenamente la obra singular de aquel gran pintor solitario, hoy tardíamente situado en el alto lugar que le corresponde. También se conservaron como museos los estudios de escultores: Rodin, al final del siglo pasado; Bourdelle, al principio del nuestro. El de Rodin, espejo muy completo de su obra, tiene además el encanto de un marco excepcional en P.: el Hotel Biron y sus amplios jardines.V. t.: LOUVRE, MUSEO DEL;FRANCIA X.PAUL GUINARD.
BIBL.: P. LAVEDAN, Paris, París 1965; G. HuISMAN y G. POISSON, Les monuments de Paris, París 1968; Y. CHRIST, Églises de Paris, París 1956; A. BOINET, Les églises parisiennes, 3 vol. París 1958-64; M. AUBERT, Notre-Dame de Paris, París 1950; G. PILLEMENT, Les Hótels de Paris, París 1945; M. GAUTHIER, Les Musées de Paris, 2 vol. París 1966.
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