Paret y Alcázar, Luis
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Biografía GER
El más insigne pintor español del S. XVIII, aparte Goya, y, aun considerado éste, el mejor intérprete del espíritu del rococó. N. en Madrid, en la calle de la Cruz Verde, el 11 feb. 1746, hijo de Pablo P., de origen francés, y deMaría del Pilar Alcázar, madrileña, siendo bautizado el 15 en la parroquia de S. Martín con los nombres de Luis Pablo Saturnino. Siendo muy niño, recibe sus primeras lecciones de dibujo del trinitario descalzo Bartolomé de San Antonio y del joyero Agustín Duflos. A los diez años de edad ingresa en los estudios de la Acad. de San Fernando, y en 1760 obtiene el segundo premio de la segunda clase. En 1763 se presenta al concurso de la primera y, aunque es derrotado, el infante Luis de Borbón le costea de su propio bolsillo una pensión en Roma, ciudad en la que P. no sólo progresa en sus estudios artísticos sino que aprende la lengua griega.Ya ha regresado a Madrid antes del 22 jul. 1766, fecha en que vuelve a presentarse al concurso de la Academia, obteniendo el primer premio de la segunda clase, a la que acude con un espléndido dibujo. Por entonces, parece que aprovechaba las -lecciones del pintor francés Charles dje la Traverse, cuyo influjo en el artista parece haber sido notable. Y ya cumplidos los 20 años de edad, resultan encantadoras las primeras obras del joven maestro, que comprenden: la Escena galante de la col. Muñoz, de Barcelona; los cinco cuadros, se cree que de 1763, que reflejan otros tantos aspectos de Madrid en las fiestas de la proclamación de Carlos III (Madrid, Museo Municipal); acaso, La procesión (Museo Lázaro Galdiano) y Vista de Valencia (Madrid, col. Casa Torres); y desde luego, el bonitísimo Baile en máscara, del Prado, del que se guarda portentoso dibujo en el British Museum de Londres.La primera noticia siguiente se refiere a 1770, en que consta hallarse P. en Aranjuez, pintando Las parejas reales (Prado), esto es, la fiesta hípica celebrada en dicho real sitio el 6 de junio del mencionado año. Es el cuadro de mayor tamaño del artista, ya con su característico predominio de los tonos azulados, y resulta absolutamente encantador, no tanto por la crónica del festival como por la portentosa variedad y por el poderío de observación derrochados en las figuras espectadoras del primer término. De parecida época, pero sin fecha, aunque con donosa firma en caracteres griegos, es el maravilloso cuadrito del Prado La comida de Carlos III, verdadera obra maestra del mejor momento rococó de la pintura española. Se siguen otras maravillas. Una está firmada en 1772, y es la Tienda de sedas, del Museo Lázaro Galdiano, no inferior a la enseña de Gersaint, de Watteau, y obra primorosa por todo concepto; dos vistas de Aranjuez, en el mismo museo; La carta, en la col. Monreal de Barcelona; La Puerta del Sol, firmada en 1773 (Museo de La Habana), verdadera delicia de pormenor y gracia; y la decoración de la silla de manos del conde de Altamira (Museo Arqueológico Nacional), con maravillosas pinturas mitológicas. Quizá también de estos años, los floreros y La niña de la rosquilla (col. conde de Casal, Madrid).Destierro y regreso a la Península. Pero en 1775 el artista sufre un rudo golpe. Hombre de confianza del infante D. Luis y por éste protegido, tuvo Carlos III noticia de que el gran artista favorecía la vida licenciosa y mujeriega de su hermano, lo que determinó un castigo. En septiembre de 1775, P. es confinado a San Juan de Puerto Rico, adonde llegaría en diciembre. Pero no perdió con ello el humor ni el tiempo. No perdió el humor porque en enero de 1776 se autorretrata en atuendo de campesino puertorriqueño y cargando un racimo de plátanos, cuadro que remitió al rey a modo de súplica mientras otra réplica quedaba en la isla (col. Marxuach), y no perdió el tiempo porque se dedicó a instruir al pintor puertorriqueño José Campeche (1751-1809), que llega a obtener en sus obras unas calidades muy próximas a las del gran madrileño.Por fin, éste ve terminado su confinamiento en agosto de 1778, sustituido por la pena de alejamiento a 40 leguas de la corte. Embarca seguidamente y llega en diciembre a La Coruña, de donde pasa a Bilbao, y aquí casa, a fines de 1779 o principios de 1780, con María de las Nieves Micaela Fourdinier, vecina de Madrid. Pide P. a la Acad. de S. Fernando el nombramiento de miembro de la misma y le es acordado el 7 mayo 1780. Como prenda de recepción del nombramiento, remite a la corporación el cuadro La circunspección de Diógenes, soberana e ingeniosísima composición de fantástico colorido, sin duda muy superior al Cristo en la Cruz, que Goya presentó en idéntica ocasión.’Por lo demás, la estancia de P. en el Norte es no sólo fecunda, sino demostrativa de que su arte es más rico que nunca, como si el destierro antillano, en lugar de mermar sus facultades, las hubiera acrecentado. En 1781 pinta la bella Invención de la Santa Cruz para el oratorio de los señores de Gortázar. En 1782, el Buen Pastor para el sagrario de la iglesia de S. Antonio y El martirio de Santa Lucía, en la parroquial de Larrabezúa. En 1783 pinta vistas de la ciudad y da trazas para las fuentes de las plazas de Santiago y de la Villa, que se inauguran en 1785. En 1787 decora la capilla de S. Juan de la iglesia de Viana (Navarra), con la pintura de la cúpula -hermosos dibujos preparatorios de las pechinas en el Museo del Prado- y con grandes, bellos y acabadísimos lienzos, de lo mejor en el opus religioso del artista: La Visitación y Aparición del ángel a Zacarías. En 1788 proyecta P. dos fuentes públicas en Pamplona, semejantes a las realizadas en Bilbao. Durante estos últimos años, 1786-89, habíase ocupado también en un encargo de Carlos III, el de pintar vistas de los puertos norteños, debiendo entregar dos por año. Se conocen las que retrátan los de Bilbao, Olaveaga, Pasajes y San Sebastián, tan bellas como todo cuanto salió de su mano.Levantada del todo la sanción, consta que reside en Madrid desde antes de septiembre de 1789, y colabora en la ornamentación de los festejos para celebrar la subida al trono de Carlos IV y María Luisa, a los que habíaretratado ya como Príncipes de Asturias. En 1791 firma otro cuadro importante, jura de Fernando VII como Príncipe de Asturias (Prado), en el que perseveran, a más de 20 años fecha, todos los ingredientes estilísticos de Las parejas reales. Desde 1792, en que es nombrado presidente de la sección de Arquitectura de la Academia, colabora activamente en las tareas de ésta. Y de por estos años data otro bello tema paretiano del que se conservan, por lo menos, tres versiones: Paseo frente al Jardín Botánico de Madrid. Dedica cada día más tiempo a los trabajos de la Acad. de S. Fernando, pero sufre un grave disgusto cuando, a la muerte de Ramón Bayeu (v.) en 1795, no logra ser votado para la tenencia de pintura que desempeñaba el cuñado de Goya. Siguió ocupándose solícitamente en mil cuestiones de arte, pero la enfermedad no le permitiría prolongarlas. Hizo testamento el 12 feb. 1799 y falleció el 14, dejando prácticamente en la miseria a su anciano padre, a su viuda y a sus dos hijas. La viuda, Micaela, pleiteó largamente por obtener jubilación, pero lo que se oponía legalmente a esta pretensión era el hecho, inverosímil, de que P. no fue nombrado jamás pintor de cámara. Y, en realidad, lo merecía muchísimo más que otros de sus colegas, pues nadie como él captó en España el espíritu del siglo, ni nadie derrochó tanta gracia ni tan atractiva.Artista completísimo, se deja admirar tanto en los cuadros citados como en otros varios y en los retratos, de que son ejemplo admirabilísimo el presunto Autorretrato y el de Un oficial de marina (Bilbao, col. Arteche), el de Un botánico (col. Muñoz, Barcelona) y el del grabador Teodori (col. Sanzo, San Sebastián). Encantadores y perfectos, sus dibujos, que suelen ser rizados y perfilados, absolutamente magistrales. Ilustró varios libros (El Parnaso español de Quevedo, El Quijote y Novelas ejemplares de Cervantes), pintó algún abanico, y no se desdoró al dibujar viñetas, blasones e incluso tarjetas de visita. En suma, sus prodigiosas dotes acudieron a embellecer todo cuanto pudiera ser embellecido. Estrictamente contemporáneo de Goya y, por supuesto, lejos de su genialidad, P. ha sido largamente víctima de la sombra sobre él proyectada por la magnitud solar del gigantesco aragonés, pero la verdad es que no sería posible ya enaltecer la pintura española setecentista sin que P. permaneciera en primerísimo término. Se repetirá que no era un genio; pero como pintor dieciochesco, en nada cede a sus de siempre celebrados colegas franceses contemporáneos.J. A. GAYA NUNO.
BIBL.: M. L. CATURLA, Paret, de Goya coetáneo y dispar, en Goya. Cinco estudios, Zaragoza 1949, 29; J. A. GAYA Nuño, Luis Paret y Alcázar, "Bol. de la Soc. Española de Excursiones", LVI (1952) 87; O. DELGADO, Paret y Alcázar, pintor español, Madrid 1957; J. A. GAYA Nuño, Actualidad de Luis Paret, "Goya", enero-febrero 1958, 206; ÍD, losé Campeche, el colega de Goya en Puerto Rico, "Goya", julio-agosto 1965, 2; X. DE SALAS, Aportaciones a la obra de, Luis Paret y Alcázar, "Archivo Español de Arte", XXXV (1962) 123.
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